Paisaje después de los sucesos (La Pupila Insomne).

iroel-sanchez

Por Iroel Sánchez


Vivo en un país libre
cual solamente puede ser libre
en esta tierra, en este instante
y soy feliz porque soy gigante.

Silvio Rodríguez, “Pequeña serenata diurna” (Interpretada en  Santiago de las Vegas el 20 de septiembre de 2013, en concierto al que invitó al pianista Robertico Carcassés)


“Romper el autobloqueo” titulaba el diario Granma -órgano oficial del Partido Comunista de Cuba- el 29 de marzo de este año una fuerte denuncia de un ciudadano que, luego de exponer cuatro puntos que afectan cotidianamente al pueblo, hablaba de “esa hidra de 7 000 cabezas, que todo lo complica, prolonga y siempre que se hace algo para ayudar a la población, establece controles que parecen fáciles, pero que luego, en la práctica, vemos lo contrario”. El lector J.A. del Toro González afirmaba: “nada de lo que aquí planteo, es culpa directa del bloqueo yanqui. Simplemente abriendo nuestras mentes romperemos el autobloqueo que tanto daño hace y haremos más fácil la vida de nuestro heroico pueblo. Fidel y Raúl nos han convocado a cambiar lo que deba ser cambiado y si queremos, lo podemos hacer.”

A pesar de su crudeza, he estado buscando y comprobé que ningún medio de prensa extranjero se hizo eco de las palabras de del Toro. No les servían para tender una cortina de humo sobre una causa sagrada para los cubanos como la de nuestros Cinco compatriotas, condenados injustamente en Miami por defender a su país del terrorismo, como sucedió recientemente con la expresión del músico cubano Robertico Carcassés durante un concierto en la Tribuna Antimperialista José Martí por la libertad de quienes muchos en el mundo consideramos héroes, que ya comenté en mi blog. Las audiencias del planeta que gozan de la “libertad de información” que falta en Cuba no han conocido que antes de Carcassés, un ciudadano casi anónimo dijo en parte lo mismo que él, con más profundidad, en el periódico de mayor circulación nacional, haciendo uso de uno de los lugares -todos perfectibles y que incluyen desde asambleas estudiantiles, de trabajadores y comunitarias, organizaciones gremiales, espacios academicos, hasta cientos de sitios personales y públicos en la red y una prensa que busca transformarse para estar a la altura de la sociedad. En todos ellos los cubanos se han pronunciado, y se pronuncian, sobre los cambios que desean en su país; en una participación que muchos juzgamos aún insuficiente porque dista de revertirse siempre en soluciones en manos del pueblo contra los problemas que enunciaba el lector de Granma.

Nuestra Constitución proclama la igualdad de derechos para todos los cubanos, algo que incluye la libertad de información pero hoy están más cerca de disfrutarla a plenitud los “disidentes” a quienes EE. UU. les suministra veinte millones de dólares anuales y pueden pagar el acceso a Internet al equivalente de 4.50 dólares la hora que los militantes del Partido Comunista de Cuba, cuya única ventaja por serlo es estar dispuestos a mayores sacrificios por ser miembros de una organización que deben contribuir a financiar con sus ingresos personales. Lo disfrutan tal vez más aquellos que en vez de ir frente a la Tribuna antiimperialista a apoyar la causa de Los Cinco, visitan a unos metros de allí la Sección de Intereses norteamericana para recibir dinero e instrucciones del gobierno que bloquea a su país, algo que en cualquier otro  lugar del planeta significaría con toda seguridad largas penas de cárcel. A esas personas, sin embargo, nadie les impide participar en procesos como la discusión de los Lineamientos Económicos y Sociales, la nominación de candidatos a las Asambleas Municipales o el actual análisis para el nuevo Código del trabajo, oportunidad inexistente para las mayorías en “democracias” que se proclaman como ejemplos para el mundo. Si bien es cierto que no pueden utilizar los medios de comunicación cubanos para sus fines -definidos por la política de “cambio de régimen” de EE.UU. hacia Cuba-, ellos tienen a su disposición un entramado mediático y un presupuesto que supera con creces el de toda la prensa cubana junta para realizar lo que en cualquier nación del mundo constuiría delito: la difusión de información falsa dirigida a provocar una crisis que justifique una intervención militar extranjera.

Radio pública en Miami: La verdadera historia de la censura (La Tarde Se Mueve).

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Por Edmundo García.

Foto: Virgilio Ponce.


Les voy a hablar hoy de un tema que tiene varios aspectos. Esta semana se dio a conocer un caso de censura en Miami. En La Tarde se Mueve del martes 17 y ayer miércoles 18 hablamos también de la censura de la noticia sobre ese acto de censura. Por último, también me quiero referir a lo que la radio alternativa de esta ciudad pudo hacer, y logró, para que todo eso empezara a solventarse. Un resultado feliz en el duro empeño de todos los días.

Muchos saben, porque ha repercutido en la prensa cubana e internacional, que el pasado lunes 16 de este mes de septiembre el Comité Internacional por la Libertad de Los 5, a través de Alicia Jrapko y Nancy Kohn, dio a conocer que el profesor canadiense Stephen Kimber estaría realizando una gira por varias ciudades de Estados Unidos para promover su libro “Lo que hay del otro lado del Mar. La Verdadera Historia de los Cinco Cubanos”. Como su título indica, la publicación trata de mostrar las verdaderas motivaciones de los antiterroristas y Héroes de la República de Cuba, pero tiene también un interés académico porque el autor realizó una investigación documental de más de 20.000 páginas de registros judiciales del caso más largo en la historia de Estados Unidos.

El profesor Kimber ha estado haciendo sus presentaciones sin dificultad; si descontamos un incidente con la radio WLRN (Miami 91.3 FM) que le canceló una entrevista previamente acordada. Sobre la suspensión un empleado de WLRN comunicó lo siguiente: “Lamento informarle que el productor ejecutivo y host del programa Topical Current, Joseph Cooper, me ha pedido cancelar la entrevista con Stephen Kimber. Después de leer parte del libro y el material que lo acompañaba, [Cooper] siente que el tema es demasiado ‘incendiario’ y teme una reacción negativa por parte ciertos segmentos de la comunidad.”

Con “comunidad” el mensaje se refería realmente a los grupos de extremistas radicados en el sur de la Florida; porque la WLRN es un medio de comunicación basado aquí. Algunos de ustedes podrían pensar que entonces la noticia no tiene nada de particular, pues la radio de Miami está en poder de los anticubanos y está más que confirmado que la prensa de esta ciudad es enemiga declarada de Los Cinco.

Todo eso es cierto. Pero lo peculiar en este caso es que la WLRN es una estación pública, uno de esos medios que hasta el momento han dejado abierto al menos un resquicio, mínimo, de liberad de expresión. Como dice el colega Eddie Levy, copresentador de La Tarde se Mueve, la WLRN, afiliada a la National Public Radio, no se sostiene por anunciantes sino por subvenciones y su rol está precisamente en marcar la diferencia respecto a los medios vendidos al capital. ¿Es que acaso instituciones públicas de Miami como Florida International University, el Miami Dade College y ahora la WLRN también se van a poner al servicio de la derecha extremista? Se entiende que lo haga Radio Mambí, La Poderosa, el Canal 41, el Diario Las Américas y otros por el estilo, pero, ¿los medios públicos también?

Una vez producido el acto de censura sobre la entrevista del profesor Kimber, vino entonces la censura informativa sobre ese mismo hecho. La prensa servil de Miami tenía poderosas razones para tratar de esconder la noticia y solapar la decisión de la WLRN. Eran varios sus motivos. En primer lugar porque se trataba de un flagrante acto de censura sobre la libertad de expresión en Miami, en la propia ciudad donde viven.

Entrevista a Pedro Miguel: Periodismo y Tecnología, por Rosa Miriam Elizalde e Iroel Sánchez (La Pupila Insomne).

pedro_miguel-2Pedro Miguel es editorialista del diario mexicano La Jornada. Recientemente estuvo en La Habana y volvió a fines del mes pasado para un intercambio en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Esta entrevista es un diálogo que sostuvimos con él en distintos momentos de su visita a Cuba que incluyó un intercambio con blogueros y usuarios de las redes sociales en nuestro país al que Pedro Miguel accedió amablemente. Diversos temas como las transformaciones provocadas por Internet y la informática en el periodismo, su relación con Wikileaks y Julian Assange y  la formación de un nuevo profesional para la información son abordadas por el experimentado periodista en estas conversaciones.

RME / IS: -Háblanos un poco de ti. ¿quién eres?, ¿de dónde vienes, ¿cómo te hiciste periodista? ¿Cómo has llegado acá?

PM: -Vengo de México, y como esas señoras que trabajan lavando ropas de otras familias, algo que en esa tierra llaman “lavar ajeno”, yo también vivía de escribir ajeno, ese era mi oficio.

Nací en Guatemala. En 1967, a la edad de 9 años, llegué a México, y me quedé allí como guatemalteco, siendo y sintiéndome guatemalteco hasta los 20, 21 años. Después perdí todo interés y todo vínculo con Guatemala y me consagré a México.

No tengo una formación universitaria. Básicamente mi educación transcurrió en México donde llegué a hacer cuarto de primaria y luego un año de secundaria en Guatemala. De formación académica superior solo dos semestres de lengua francesa, uno de arquitectura, tres de antropología y ya.

Sin embargo tenía un oficio: escribir, y me ganaba la vida escribiendo, ajeno. Guiones, tesis, discursos, cartas de amor, por supuesto, ¿no?

RME / IS: -¿Confundías los programas?

PM: -No, no llegué a tanto. Me pasaron cosas muy graciosas a ese respecto, pero no llegué a tanto. Por ejemplo, responderme a mí mismo; eso sí fue muy divertido.

RME / IS: -¿Cómo fue eso?

PM: -Una amiga quería seducir a un tipo y me dijo: “Oye, escribe algo, que yo lo firmo”. Le dije que sí. Como a las dos semanas llegó el tipo, que era otro amigo y me dice: “Recibí algo, pero no estoy a la altura. Por favor, ayúdame.” También le dije que sí, que le redactaría una respuesta. Fue un error. Se casaron y fueron una pareja horrible.

Yo vivía de eso. Me metí de lleno en la museografía, y comencé a especializar mis textos; creo que uno de ellos logró salvarse. Esto requiere muchísima producción de textos, desde el guión museográfico.

Después, en una de las tantas crisis económicas de México, me quedé sin contratos, sin trabajo. Necesitaba un sueldo, porque si no me moriría de hambre. Entonces fui donde necesitan gente para escribir: ¿qué mejor que un periódico?

Toqué las puertas de El Día, diario que vivía su momento de gloria, y me dieron trabajo como redactor de información internacional.

RME / IS: -¿En qué año fue eso?

PM: -1983. Ya para entonces yo tenía muchos amigos en el viejo periódico Uno más uno, y colaboraba en el suplemento de historietas que se llamaba El más o menos. Ahí escribía una seccioncita que se llamaba Hoy más o menos, que era el acontecer nacional y mundial en versos, como para niños.

Entonces yo lo escribía, un tipo lo ilustraba, y hacíamos una tira cómica en versos. Recuerdo que hicimos poemitas más o menos de la elección de Reagan, se llamaba “El imperio contraataca”, esa serie de cosas.

Nos divertíamos muchísimo. Y en El más o menos aprendí cosas técnicas de periodismo: fotocomposición, diagramación; especialmente con Magoon, el jefe de este medio. Sabía cómo se armaban los cartones para los originales; para las placas, cómo se reproducían las cosas. En aquel momento no había impresora láser, ni Photoshop; todo era fotográfico.

Acababa yo de entrar al periódico El Día, cuando el Uno más uno, otro medio mexicano, se desgaja y sale un grupo de descontentos e inconformes para fundar La Jornada. Ahí estaban mis amigos: “te tienes que venir a La Jornada”, y entonces fui. Me presenté con Carmen Lira, actual directora general de La Jornada, a un examen para ver si decidían o no contratarme. El examen fue a hacer editoriales, por tanto empecé a hacer también ese trabajo. Terminé de redactor de internacionales, el mismo trabajo que hacía en El Día. Yo tenía esas cosas de la museografía: ser sintético, tener una visión globalizadora, por eso no me resultó difícil.

Entonces en La Jornada empecé como redactor y muy pronto empecé a hacer editoriales.

RME / IS: -¿Las editoriales siempre tenían una pauta del director?

PM: -Sí, siempre me preguntan sobre eso.

RME / IS: -Lo que pasa es que uno siente que en los editoriales de La Jornada hay como algo más.

PM: -Mira, te voy a decir que es lo que hay: una tradición. Se hacían dos editoriales; uno nacional y el internacional. Es decir, los editoriales escritos por mí, a veces eran del área internacional, del área nacional jamás. ¿Quiénes hacían los editoriales de La Jornada? Aguilar Camín, Granados Chapa, Gilly, Palmeira, Rodríguez Araujo,  esos eran los editorialistas.

Se fue forjando un lenguaje, un universo semántico, unas reglas; se fue formando sobre todo el manejo de principios que permitió tener una visión sobre cualquier asunto.

RME / IS: -Aunque no es algo estricto.

PM: -No, no, no. No hay una constitución, no la hay. Sí están planteados los principios fundacionales del diario en un documento, en el que se convocó a la sociedad a formar un periódico en el 84. Pero no así aplicado al editorial.

La Jornada se fundó en medio de la miseria, nuestra gran maestra fue la miseria, porque nuestros recursos no alcanzaban, y para entonces –te hablo del principio de los años 80-, lo que había en el mercado eran sistemas de fotocomposición, dedicados, especiales,  y cada terminal de fotocomposición costaba de cinco a diez mil dólares.

Y alguien descubrió que una computadora personal (PC) IBM podía hacer el trabajo de una terminal de fotocomposición, si tú la programabas, y podía hablar con una fotocomponedora, si tú le ponías los programas y cierres necesarios.

Se compraron entonces 12 computadoras personales, que estaban enchufadas a la fotocomponedora por medio por medio de una caja, era la caja HIJ.

RME / IS: -¿Cómo de qué año estamos hablando?

PM: -1984. Eso conformándose, era Word Star, era Word Perfect, era DOS. Tú con tu mando le decías  a la caja HIJ: “compón así; justifica; línea a la izquierda, centra”.

Así se funda La Jornada. Es decir, debió haber salido a circulación el primero de septiembre del 83. Es el día del informe presidencial. A los directivos les parecía era una fecha crucial, políticamente importante. Pero empezamos a circular el 19 de septiembre. El cable que conectaba a la computadora con la HIJ, no podía salir de la aduana, y retrasó toda la salida un cable, un cable serial.

Y como era todo economía cerrada, estábamos a diez años casi de firmar el TLC. Sacar un tornillo de la aduana era una pesadilla. Tenía que llegar un especialista evaluador a cotizar, para ver qué impuesto tenías que pagar.

En el tiempo de solicitud de la autorización para poder sacar el cable serial, alguien en el periódico dijo: “oigan, seguro vienen los diagramas de las conexiones. Vamos a fabricarlos nosotros; con soldaduras.” Y el cable todavía está en la aduana. Fabricamos uno y lo enchufamos, ya desesperados.

Son historias muy interesantes. Entonces tú le decías a la HIJ, conformándose entre brakes lo que tenía que hacer: permitir una capitular, que la metiera en negrita, que la metiera en cursiva, que le diera tanto de interlínea, que le diera tanto ancho.. Y salían galeras, en papel fotográfico que había que revelar y después encerar para pegarlas en cartones para ir armando las planchas, y después al Off Set. Estábamos saliendo del linotipo, de los tipos calientes.

Después Payán me encontró con una computadora bajo el brazo. Las primeras computadoras personales que podía uno comprarse eran unas que enchufabas al televisor y almacenabas información en casetes de audio, ¡un horror! Cuando hubo una, me la compré, por supuesto.

RME / IS: -Eso no llegó a Cuba. Aquí llegaron los flopys de 8 pulgadas…

PM: -Ah, los flopys. Aquella computadora es contemporánea de los flopys de 8 pulgadas, pero los flopys eran muy caros, casi prohibitivos. Entonces tenías la alternativa barata que era la casetera, que grababa.

Yo tenía inquietudes con la informática desde mucho tiempo atrás. Para mí las computadoras fueron un hallazgo, un descubrimiento, una obsesión.

Me atraía el aspecto literario. Yo decía: “es que este aparato me puede ayudar a escribir”. Por supuesto, cuando en México aparecieron las máquinas de escribir electrónicas, yo empeñé mi choche y me fui a comprar una. Era una maravilla. Las compu que hacían galeras.

Payán estaba obsesionado, yo estaba obsesionado. El día que Payán me descubrió con la computadora me dijo: “¿Y eso qué es?” “Es una computadora.” “No, si es más grande.” “No, es que esto es solo el teclado y el CPU, luego la enchufas a la tele.” “Te nombro coordinador  informático del periódico”, es fue el peor error de Payán en su gestión como director, nombrarme a mí jefe de sistemas.

Me pone la obligación de automatizar el periódico. Debía comprar una computadora a Estados Unidos para hacer el periódico, para formar el periódico en pantalla, ya no en cartones. Era muy adelantado para su tiempo.

Fui a Estados Unidos varias veces, a ver sistemas y estudiar por tres meses el funcionamiento de la computadora que íbamos a comprar.

RME / IS: -¿Dónde estudiaste? ¿En una universidad o en un periódico?

PM: -No, en una academia de esa empresa, tenían sus propias academias en donde formaban los técnicos. Tenías que aprender a reparar, a reprogramar, las funciones, desde el sistema operativo. Era una máquina multiusuario, con 32 terminales, CPU paralelos, floppys de 8 pulgadas, respaldo. Unos discos duros inmensos.

Una aventura muy interesante, muy de pesadilla también. Acabé mal, es decir, acabé hundido en una depresión total, porque no era lo que yo podía esperar.

RME / IS: -¿Y cómo asumiste ese cambio tan brutal?

PM: Pésimo, pésimo. Estamos hablando del 87, 88; y ya había en el gobierno una tendencia neoliberal configurada: los tecnócratas. Pasé a ser el tecnócrata, el que iba a dejar sin trabajo, el enemigo público número 1. Tuve al sindicato absolutamente en contra, también a los reporteros. Pasaron cosas inverosímiles, inverosímiles.

Uno de los reporteros me decía: “No, me niego a escribir entonces”. Le pregunté por qué y respondía: “Mira, yo tacho continuamente guiones, y guiones. Si no me gusta empiezo a escribir otra cosa, entonces tengo que estar viendo lo tachado, no puedo”.

Bueno, le inventé una fuente tachada que no existía. Le dije: “mira, escribe, si no te gusta lo marcas, lo vuelves fuente tachada y sigues escribiendo.” Entonces, estuvimos perdiendo disquetes que eran de cinco un cuarto porque las computadoras tenían dos lectores de disquetes, uno arriba y otro abajo. Y ellos tenían las habilidades para meter el disquete en medio de las ranuras. “Se comió mi disquete la máquina”. “¿Cómo que se lo comió?” “Sí, no sale.” “Tiene que salir, nada más mueve la palanca.” “No, no sale.” Entonces iba, “pero es que no hay disquete.” “Sí, está en medio.”

RME / IS: -De la ingeniería al periodismo…

PM: -Y el gerente, en esa época, como buen gerente, me mandó a  comprar para él la mejor computadora, la más cara. La más inútil computadora que se compró, la compró él. Un día me llama y me dice: “Oye, mi computadora no sirve.” Le digo: “¿Qué le pasa?” Dice: “se le descompuso el porta vaso.” “Las computadoras no tienen porta vaso”, dije yo. “La mía sí tenía, ven a ver”. El lector de CD ROM; se había comprado una computadora de CD ROM y lo usaba como porta vasos. En fin, pasaron muchas de esas cosas.

Salí de informática, y fui a buscar un ingeniero que me reemplazara, y le dije: es mejor que se encargue de los hierros. Y regresé a mi trabajo de redactor.

RME / IS: -¿De vuelta a la redacción internacional?

PM: -Sí. Muy poco tiempo después empezó La Jornada con un proyecto de cooperación entre varios medios: World Mailer, lo inventaron unos chicos que salieron de Liberación, en Francia, para hacer su propio medio. Lo inventaron en El País, que en ese tiempo tenía una relación muy fraterna con La Jornada. Después, sabes lo que pasó, El País siguió…

RME / IS: -Su rumbo inexorable…

PM: -Su rumbo. Entonces, Payán me pidió que me pusiera al frente de eso. Fue muy hermoso, primero porque viajabas mucho y conocías diferentes lugares: Estambul, Jerusalén, etc. Pero era muy hermoso, porque realmente se hacían visiones globales de las cosas, eran repasos muy exhaustivos de un tema mundial.

RME / IS: -¿Qué fue la World Mailer?

PM: -La World Mailer era una red de periódicos, donde estaban Liberación, El País y, por supuesto, La Jornada.

RME / IS: -¿Qué hacían? ¿Trabajos en conjunto, publicaciones simultáneas?

PM: -Mira, había dos reuniones anuales de los medios. Entonces, una vez aprobado el tema, se fijaba un calendario para producir el material, y se dividía el trabajo.

Podía ser el panorama religioso, por ejemplo. “¿Qué nos propones como reportaje?” “Bueno, tenemos el tema de la santa muerte, que es un tema que está surgiendo.” Entonces, “¿qué más tienes con colaboradores?” “Bueno, tenemos al hijo de Rulfo que es fotógrafo, y que está bien…” “Entonces ahí tenemos fotos de México, tenemos un reportaje de México.”

Propones un escritor, “Fulano”. Bien, La Jornada va a aportar esto, eso y aquello. “¿Qué vas a hacer tú?” “Voy a hacer algo sobre el culto gaélico, el culto celta de muerte.” “Perfecto, ¿tú qué vas a hacer?” “Quiero hacer algo sobre la masificación de los velorios, el mercado de la muerte en Estados Unidos.” “Perfecto.” Entonces íbamos juntando materiales a lo largo del exterior.

RME / IS: -Tenían unos traductores espectaculares, ¿no?

PM: -En muchos casos se hacían sinergias. Por ejemplo, nosotros usábamos las traducciones que hacía El País, les servían a ellos y a nosotros. O bien no nos gustaba y hacíamos la nuestra.

RME / IS: -¿Quién financiaba todo eso?

PM: -Cada medio ponía un dinero para cada número, y eran suplementos que quedaban para publicar, 64 páginas si querías. Entonces cada medio tomaba sus decisiones soberanas, en cuánto a qué publicaba, cómo lo publicaba, con qué diseño, con qué formato. Si lo publicaba todo junto, si lo hacía a lo largo de un mes, a lo largo de una semana; eso ya cada quién lo decidía.

RME / IS: -Ah, no era un suplemento, o sí, lo podías hacer como suplemento o como artículo del domingo, era libre a utilizar el material.

PM: -Artículos cuestionables, y la redacción central producía las tipografías.

RME / IS: -¿Qué tiempo duró el proyecto?

PM: -Duró cuatro años. La participación de La Jornada fue solo de dos, porque entró a partir del segundo número, y se salió porque hubo una crisis en México, y no podía costear los 10 mil dólares por número.

RME / IS: -¿Por mes, al año?

PM: -Por edición, dos veces al año.

RME / IS: -¿Y por qué fracasa entonces la World Mailer?

PM: -No funcionó el modelo de publicidad. Los medios participantes no aguantaron, es decir, invirtieron e invirtieron, pero nunca lograron vender la suficiente publicidad como para sostener aquello. La idea de poder comercializar esos suplementos y sacarle mucho más dinero, eventualmente, despareció.

Después, con la renuncia del coordinador de opinión, hay un momento de crisis en La Jornada. Yo asumí el cargo.

En el 92, hicimos un proyecto de televisión, hacer programas noticiosos, en el que el periódico aportaba el diseño editorial. Nos tuvieron también ahí destacados. Creo que hacíamos el guión y todo.

RME / IS: -¿Ya eso después del levantamiento zapatista?

PM: -Antes. Entonces como coordinador de la opinión de La Jornada debía invitar a escritores, hacer mi comentario, en fin.

De ahí pasé a ser coordinador editorial, y en ese tiempo inventé un suplemento de cibercultura, que se llamaba Virtualia, duró unos tres años. Después de eso me dediqué solo a hacer artículos, columnas, editoriales. Hasta la fecha no tengo ningún cargo.

RME / IS: -Háblanos de la experiencia de Cibero América.

PM: -Bueno, ese es un proyecto mío que no tiene nada que ver con La Jornada. Lo inventamos un amigo y yo,  pensando que queríamos tener en Internet el pensamiento de integración de América Latina, y que este era el instrumento para integrarlo.

RME / IS: -Rebelión fue en el 96. ¿Eso es antes o después?

PM: -Es contemporáneo, pero nosotros no teníamos nada, podemos decir. Teníamos una preocupación regional, de continente idiomático, una preocupación semiótica sobre cómo eran los lenguajes en Internet.

Yo sabía, que a Walter lo mató la policía (TV PTS / CORREPI)

Walter Bulacio

CORREPI - BOLETÍN INFORMATIVO Nº 701

CORREPI - NUEVO

Sumario:

1. Al garabato judicial, ¡ movilización popular !

2. Basta de persecución a los trabajadores de EMFER y TATSA.

3. Cerámicas Lourdes: la triple alianza antiobrera a la orden del día.

4. El gatillo fácil nos sigue matando.

5. ¿Qué te pasa, Berni?

6. Represión en el acampe contra Monsanto en Córdoba.

7. Próximas actividades.

El 2, 3 y 10 de octubre, continúa el juicio al comisario Miguel Ángel Espósito, en Paraguay 1536, a las 10:00 hs. Seguí día a día el juicio en el blog www.juiciowalterbulacio.wordpress.com


1. Al garabato judicial, ¡ movilización popular !

La limitación de que, tras 22 años y medio, se llegue a juicio contra un solo policía por un delito menor, más el antecedente de la intención frustrada del gobierno de presentar al estado como querellante en 2008, muestra la posición oficial con claridad.

La primera perlita azul de las audiencias, fue enterarnos que el comisario Miguel Ángel Espósito sigue viviendo a costillas del dinero público, pues lo que era su haber de retiro desde su voluntaria jubilación a fin de 1995 y hasta su exoneración formal y tardía en 2008, se convirtió en pensión para su esposa. Resulta ser que a las esposas de los policías exonerados se les reconoce el derecho a pensión, como si fueran viudas. O sea que, aquella propagandizada “exoneración”, anunciada por el ministro Aníbal Fernández después que la Corte Interamericana les tirara de las orejas por seguir incumpliendo la sentencia de septiembre de 2003, no significa un despido más que en los papeles, y, como el propio comisario lo dijo desde la pantalla de su privilegiada videoconferencia, mientras su esposa viva, lo seguirá manteniendo el estado.

En las tres audiencias que hubo hasta ahora, se habló mucho sobre las normas policiales internas, como el Memorandum 40, y de las contravenciones, regidas en 1991 por los edictos policiales, como si hoy no existieran ni unas ni otras. Los edictos policiales fueron reemplazados, tras la autonomización de la Ciudad de Buenos Aires, con el Código Contravencional, que sólo se distingue de sus antecesores porque es más prolijo en su forma y “legítimo” en su origen, ya que, en lugar de escribirlo el jefe de policía, lo votan los legisladores porteños. Pero, como cualquier código de faltas de cualquier provincia, habilita detenciones y sanciones penales por conductas que no son delitos, y, con las detenciones por averiguación de antecedentes, es la columna vertebral del sistema de detenciones arbitrarias, herramienta fundamental para el ejercicio del control social.

En cuanto al Memo 40 y los chicos de menos de 18 años detenidos por la policía, como dijo un comisario general retirado en la última audiencia, “me imagino que sigue igual”. Y es así. Aun sin la cobertura expresa de una orden del día o un memorandum, porque el caso Bulacio los obligó a eliminarlos, la policía y las demás fuerzas de seguridad tienen plenamente vigentes las facultades, cada vez más amplias, de detener a cualquiera, mayor o menor, en cualquier momento y lugar, sin tener que expresar causa alguna. Total, si después hay algún cuestionamiento, siempre podrán argumentar la Doble A, la contravención, la “actitud sospechosa”, la “necesidad de identificar”, o la remanida “remisión del menor a la dependencia para preservar su salud física y moral”...

Por eso, cuando el presidente del tribunal que juzgó a los asesinos de Mariano Ferreyra dijo: “Con la muerte de Walter Bulacio se terminaron las razzias en la Argentina”, respondimos que las detenciones arbitrarias, las torturas y asesinatos policiales no sólo no terminaron, sino que la represión recrudeció en cantidad y calidad en pos de un mayor control social.

Así se va verificando en el juicio por Walter, de boca de los “testigos” traídos por la fiscalía y la defensa, que deberían, en la enorme mayoría de los casos, estar sentaditos junto al comisario Espósito como acusados, pues eran sus subordinados, sus superiores o sus mandos políticos. Ni hablar de los funcionarios judiciales que conocían la existencia de normas internas policiales como el Memo, y no sólo las toleraban, sino que las promovían, porque eran la garantía de dormir de corrido los fines de semana, sin molestias telefónicas por inoportunas detenciones de pibes.

Por eso, aun con el acotado margen impuesto al juicio, sólo contra el comisario Espósito y por un delito menor, este debate viene poniendo sobre la mesa qué, cómo y para qué hacen los policías (y hoy también los gendarmes y prefectos) con los hijos de los trabajadores, para disciplinarlos desde chiquitos y acostumbrarlos a agachar el lomo frente a “la autoridad”.

Seguí todas las novedades día a día en el diario del juicio por Walter Bulacio:

http://juiciowalterbulacio.wordpress.com/

2. Basta de persecución a los trabajadores de EMFER y TATSA.

Historias de trabajadores organizados contra la patronal existen de a millones, y no sólo en el pasado. En el presente, los trabajadores de las fábricas de EMFER y TATSA, ubicadas en San Martín, siguen escribiendo la suya.

Si bien luchan desde hace mucho tiempo contra la patronal dirigida por los hermanos Claudio y Mario Cirigliano, se volvió más intensa la pelea después de que obreros de EMFER denunciaron a los empresarios de la ex TBA por el intento de ocultar documentación que mostraba el desfalco de los subsidios estatales y entregaron buena parte de ella al fiscal de la causa del choque del tren en la estación Once, cuando éste allanó la planta.

Claudio Cirigliano, que estuvo brevemente en prisión domiciliaria por ese hecho, se tomó revancha denunciando a ocho delegados de EMFER, quienes están acusados por “robo en poblado y en banda” de la documentación que está en poder del fiscal, mientras que otros cuatro delegados fueron imputados por un supuesto robo de un dispenser. Uno de ellos es el delegado Julián Radic que ya está procesado por un corte de vías de 2011, con un embargo por $30.000 y prohibición de salir del país.

El Grupo Cirigliano, en el año 2006, desprendió de la empresa EMFER a TATSA, que quedó dedicada a la fabricación de colectivos, como los que se usan en reemplazo del tren cuando hay un “accidente” en las líneas de trenes, trenes que hacen en la fábrica de EMFER, claro.

El 1º de septiembre de este año, la empresa, que ya antes había “reubicado” a 80 de 180 trabajadores, echó a 16 compañeros más. Allí se reactivó la lucha de los trabajadores de TATSA, quienes –después de acordarlo en asamblea- bloquearon la puerta de la fábrica y cortaron la General Paz esa misma mañana. La fuerza represiva del estado, al servicio de la empresa, llegó rápidamente para romper la medida de lucha. Los trabajadores resistieron la amenaza, mientras Cirigliano aprovechó a colarse por una escalera trasera y se encerró en una oficina, para desde allí denunciar que los delegados lo tenían secuestrado.

El último episodio ocurrió el 28 de septiembre, por la noche, cuando la policía fue a buscar a los delegados de EMFER Juan Aquino y Alfredo Luque, argumentando una orden de arresto porque no se habían presentado a declarar en alguna de las tantas causas que Cirigliano armó en su contra, lo que es una gran mentira. Siempre que fueron citados, los compañeros se presentaron.

Ante estos ataques arteros de los patrones, con el inestimable apoyo de las fuerzas de seguridad y el aparato judicial, los trabajadores y delegados de TATSA, también imputados por los bloqueos de portones en diciembre de 2012 y abril de 2013, cuando reclamaban un aumento salarial, se solidarizaron con los compañeros de la fábrica vecina. Además de organizar un derribo al muro de chapa que dividía ambas fábricas, colocado por los Cirigliano para que no se junten en asamblea, empezaron a ser parte de casi todas las demás acciones que ejecutarían los trabajadores de EMFER.
 
Actualmente, nueve delegados de EMFER y cinco de TATSA están en la misma situación procesal que el delegado Julián Radic, y son reiteradamente sometidos a  pedidos de desafuero y denuncias penales por parte de la empresa, mientras Cirigliano continúa disfrutando de su vida acomodada, gozando de la plata de negocios que le dejaron tantos años de subsidios públicos de todo el pueblo. No por casualidad, los empresarios buscan avanzar en quitarle los fueros gremiales para luego proceder a su despido con causa y así frenar la concientización de todos los trabajadores.

Los compañeros ahora se organizan para exigir la reincorporación de los despedidos, la absolución de los 15 delegados y para frenar el hostigamiento judicial que se les hace. Lo que se está poniendo en cuestión es el derecho a reclamar, el derecho de huelga y las libertades sindicales. Sólo la solidaridad de los trabajadores, la unión y la lucha podrán frenar la persecución y el acoso de los representantes del capital.

3. Cerámicas Lourdes: la triple alianza antiobrera a la orden del día.

El miércoles 18 de septiembre, los obreros de la empresa Industrias Cerámicas Lourdes S. A., ubicada en el Parque Industrial Almirante Brown, representados por la Filial Nº 2 de la Federación Obrera Ceramista de la República Argentina (FOCRA), resolvieron declarar huelga general con ocupación de la fábrica, en el marco del reclamo por un salario digno (el que hoy perciben está debajo de la línea de la canasta básica familiar, y comenzó a reducirse en proporción al salario insuficiente que habitualmente se percibía); por mejoras en las condiciones de trabajo (jornadas insalubres que comprenden siete días de corrido y uno de descanso), así como la denuncia a la persecución sindical contra los delegados.