Pedro Miguel es editorialista del diario mexicano La Jornada. Recientemente estuvo en La Habana y volvió a fines del mes pasado para un intercambio en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Esta entrevista es un diálogo que sostuvimos con él en distintos momentos de su visita a Cuba que incluyó un intercambio con blogueros y usuarios de las redes sociales en nuestro país al que Pedro Miguel accedió amablemente. Diversos temas como las transformaciones provocadas por Internet y la informática en el periodismo, su relación con Wikileaks y Julian Assange y la formación de un nuevo profesional para la información son abordadas por el experimentado periodista en estas conversaciones.
RME / IS: -Háblanos un poco de ti. ¿quién eres?, ¿de dónde vienes, ¿cómo te hiciste periodista? ¿Cómo has llegado acá?
PM: -Vengo de México, y como esas señoras que trabajan lavando ropas de otras familias, algo que en esa tierra llaman “lavar ajeno”, yo también vivía de escribir ajeno, ese era mi oficio.
Nací en Guatemala. En 1967, a la edad de 9 años, llegué a México, y me quedé allí como guatemalteco, siendo y sintiéndome guatemalteco hasta los 20, 21 años. Después perdí todo interés y todo vínculo con Guatemala y me consagré a México.
No tengo una formación universitaria. Básicamente mi educación transcurrió en México donde llegué a hacer cuarto de primaria y luego un año de secundaria en Guatemala. De formación académica superior solo dos semestres de lengua francesa, uno de arquitectura, tres de antropología y ya.
Sin embargo tenía un oficio: escribir, y me ganaba la vida escribiendo, ajeno. Guiones, tesis, discursos, cartas de amor, por supuesto, ¿no?
RME / IS: -¿Confundías los programas?
PM: -No, no llegué a tanto. Me pasaron cosas muy graciosas a ese respecto, pero no llegué a tanto. Por ejemplo, responderme a mí mismo; eso sí fue muy divertido.
RME / IS: -¿Cómo fue eso?
PM: -Una amiga quería seducir a un tipo y me dijo: “Oye, escribe algo, que yo lo firmo”. Le dije que sí. Como a las dos semanas llegó el tipo, que era otro amigo y me dice: “Recibí algo, pero no estoy a la altura. Por favor, ayúdame.” También le dije que sí, que le redactaría una respuesta. Fue un error. Se casaron y fueron una pareja horrible.
Yo vivía de eso. Me metí de lleno en la museografía, y comencé a especializar mis textos; creo que uno de ellos logró salvarse. Esto requiere muchísima producción de textos, desde el guión museográfico.
Después, en una de las tantas crisis económicas de México, me quedé sin contratos, sin trabajo. Necesitaba un sueldo, porque si no me moriría de hambre. Entonces fui donde necesitan gente para escribir: ¿qué mejor que un periódico?
Toqué las puertas de El Día, diario que vivía su momento de gloria, y me dieron trabajo como redactor de información internacional.
RME / IS: -¿En qué año fue eso?
PM: -1983. Ya para entonces yo tenía muchos amigos en el viejo periódico Uno más uno, y colaboraba en el suplemento de historietas que se llamaba El más o menos. Ahí escribía una seccioncita que se llamaba Hoy más o menos, que era el acontecer nacional y mundial en versos, como para niños.
Entonces yo lo escribía, un tipo lo ilustraba, y hacíamos una tira cómica en versos. Recuerdo que hicimos poemitas más o menos de la elección de Reagan, se llamaba “El imperio contraataca”, esa serie de cosas.
Nos divertíamos muchísimo. Y en El más o menos aprendí cosas técnicas de periodismo: fotocomposición, diagramación; especialmente con Magoon, el jefe de este medio. Sabía cómo se armaban los cartones para los originales; para las placas, cómo se reproducían las cosas. En aquel momento no había impresora láser, ni Photoshop; todo era fotográfico.
Acababa yo de entrar al periódico El Día, cuando el Uno más uno, otro medio mexicano, se desgaja y sale un grupo de descontentos e inconformes para fundar La Jornada. Ahí estaban mis amigos: “te tienes que venir a La Jornada”, y entonces fui. Me presenté con Carmen Lira, actual directora general de La Jornada, a un examen para ver si decidían o no contratarme. El examen fue a hacer editoriales, por tanto empecé a hacer también ese trabajo. Terminé de redactor de internacionales, el mismo trabajo que hacía en El Día. Yo tenía esas cosas de la museografía: ser sintético, tener una visión globalizadora, por eso no me resultó difícil.
Entonces en La Jornada empecé como redactor y muy pronto empecé a hacer editoriales.
RME / IS: -¿Las editoriales siempre tenían una pauta del director?
PM: -Sí, siempre me preguntan sobre eso.
RME / IS: -Lo que pasa es que uno siente que en los editoriales de La Jornada hay como algo más.
PM: -Mira, te voy a decir que es lo que hay: una tradición. Se hacían dos editoriales; uno nacional y el internacional. Es decir, los editoriales escritos por mí, a veces eran del área internacional, del área nacional jamás. ¿Quiénes hacían los editoriales de La Jornada? Aguilar Camín, Granados Chapa, Gilly, Palmeira, Rodríguez Araujo, esos eran los editorialistas.
Se fue forjando un lenguaje, un universo semántico, unas reglas; se fue formando sobre todo el manejo de principios que permitió tener una visión sobre cualquier asunto.
RME / IS: -Aunque no es algo estricto.
PM: -No, no, no. No hay una constitución, no la hay. Sí están planteados los principios fundacionales del diario en un documento, en el que se convocó a la sociedad a formar un periódico en el 84. Pero no así aplicado al editorial.
La Jornada se fundó en medio de la miseria, nuestra gran maestra fue la miseria, porque nuestros recursos no alcanzaban, y para entonces –te hablo del principio de los años 80-, lo que había en el mercado eran sistemas de fotocomposición, dedicados, especiales, y cada terminal de fotocomposición costaba de cinco a diez mil dólares.
Y alguien descubrió que una computadora personal (PC) IBM podía hacer el trabajo de una terminal de fotocomposición, si tú la programabas, y podía hablar con una fotocomponedora, si tú le ponías los programas y cierres necesarios.
Se compraron entonces 12 computadoras personales, que estaban enchufadas a la fotocomponedora por medio por medio de una caja, era la caja HIJ.
RME / IS: -¿Cómo de qué año estamos hablando?
PM: -1984. Eso conformándose, era Word Star, era Word Perfect, era DOS. Tú con tu mando le decías a la caja HIJ: “compón así; justifica; línea a la izquierda, centra”.
Así se funda La Jornada. Es decir, debió haber salido a circulación el primero de septiembre del 83. Es el día del informe presidencial. A los directivos les parecía era una fecha crucial, políticamente importante. Pero empezamos a circular el 19 de septiembre. El cable que conectaba a la computadora con la HIJ, no podía salir de la aduana, y retrasó toda la salida un cable, un cable serial.
Y como era todo economía cerrada, estábamos a diez años casi de firmar el TLC. Sacar un tornillo de la aduana era una pesadilla. Tenía que llegar un especialista evaluador a cotizar, para ver qué impuesto tenías que pagar.
En el tiempo de solicitud de la autorización para poder sacar el cable serial, alguien en el periódico dijo: “oigan, seguro vienen los diagramas de las conexiones. Vamos a fabricarlos nosotros; con soldaduras.” Y el cable todavía está en la aduana. Fabricamos uno y lo enchufamos, ya desesperados.
Son historias muy interesantes. Entonces tú le decías a la HIJ, conformándose entre brakes lo que tenía que hacer: permitir una capitular, que la metiera en negrita, que la metiera en cursiva, que le diera tanto de interlínea, que le diera tanto ancho.. Y salían galeras, en papel fotográfico que había que revelar y después encerar para pegarlas en cartones para ir armando las planchas, y después al Off Set. Estábamos saliendo del linotipo, de los tipos calientes.
Después Payán me encontró con una computadora bajo el brazo. Las primeras computadoras personales que podía uno comprarse eran unas que enchufabas al televisor y almacenabas información en casetes de audio, ¡un horror! Cuando hubo una, me la compré, por supuesto.
RME / IS: -Eso no llegó a Cuba. Aquí llegaron los flopys de 8 pulgadas…
PM: -Ah, los flopys. Aquella computadora es contemporánea de los flopys de 8 pulgadas, pero los flopys eran muy caros, casi prohibitivos. Entonces tenías la alternativa barata que era la casetera, que grababa.
Yo tenía inquietudes con la informática desde mucho tiempo atrás. Para mí las computadoras fueron un hallazgo, un descubrimiento, una obsesión.
Me atraía el aspecto literario. Yo decía: “es que este aparato me puede ayudar a escribir”. Por supuesto, cuando en México aparecieron las máquinas de escribir electrónicas, yo empeñé mi choche y me fui a comprar una. Era una maravilla. Las compu que hacían galeras.
Payán estaba obsesionado, yo estaba obsesionado. El día que Payán me descubrió con la computadora me dijo: “¿Y eso qué es?” “Es una computadora.” “No, si es más grande.” “No, es que esto es solo el teclado y el CPU, luego la enchufas a la tele.” “Te nombro coordinador informático del periódico”, es fue el peor error de Payán en su gestión como director, nombrarme a mí jefe de sistemas.
Me pone la obligación de automatizar el periódico. Debía comprar una computadora a Estados Unidos para hacer el periódico, para formar el periódico en pantalla, ya no en cartones. Era muy adelantado para su tiempo.
Fui a Estados Unidos varias veces, a ver sistemas y estudiar por tres meses el funcionamiento de la computadora que íbamos a comprar.
RME / IS: -¿Dónde estudiaste? ¿En una universidad o en un periódico?
PM: -No, en una academia de esa empresa, tenían sus propias academias en donde formaban los técnicos. Tenías que aprender a reparar, a reprogramar, las funciones, desde el sistema operativo. Era una máquina multiusuario, con 32 terminales, CPU paralelos, floppys de 8 pulgadas, respaldo. Unos discos duros inmensos.
Una aventura muy interesante, muy de pesadilla también. Acabé mal, es decir, acabé hundido en una depresión total, porque no era lo que yo podía esperar.
RME / IS: -¿Y cómo asumiste ese cambio tan brutal?
PM: Pésimo, pésimo. Estamos hablando del 87, 88; y ya había en el gobierno una tendencia neoliberal configurada: los tecnócratas. Pasé a ser el tecnócrata, el que iba a dejar sin trabajo, el enemigo público número 1. Tuve al sindicato absolutamente en contra, también a los reporteros. Pasaron cosas inverosímiles, inverosímiles.
Uno de los reporteros me decía: “No, me niego a escribir entonces”. Le pregunté por qué y respondía: “Mira, yo tacho continuamente guiones, y guiones. Si no me gusta empiezo a escribir otra cosa, entonces tengo que estar viendo lo tachado, no puedo”.
Bueno, le inventé una fuente tachada que no existía. Le dije: “mira, escribe, si no te gusta lo marcas, lo vuelves fuente tachada y sigues escribiendo.” Entonces, estuvimos perdiendo disquetes que eran de cinco un cuarto porque las computadoras tenían dos lectores de disquetes, uno arriba y otro abajo. Y ellos tenían las habilidades para meter el disquete en medio de las ranuras. “Se comió mi disquete la máquina”. “¿Cómo que se lo comió?” “Sí, no sale.” “Tiene que salir, nada más mueve la palanca.” “No, no sale.” Entonces iba, “pero es que no hay disquete.” “Sí, está en medio.”
RME / IS: -De la ingeniería al periodismo…
PM: -Y el gerente, en esa época, como buen gerente, me mandó a comprar para él la mejor computadora, la más cara. La más inútil computadora que se compró, la compró él. Un día me llama y me dice: “Oye, mi computadora no sirve.” Le digo: “¿Qué le pasa?” Dice: “se le descompuso el porta vaso.” “Las computadoras no tienen porta vaso”, dije yo. “La mía sí tenía, ven a ver”. El lector de CD ROM; se había comprado una computadora de CD ROM y lo usaba como porta vasos. En fin, pasaron muchas de esas cosas.
Salí de informática, y fui a buscar un ingeniero que me reemplazara, y le dije: es mejor que se encargue de los hierros. Y regresé a mi trabajo de redactor.
RME / IS: -¿De vuelta a la redacción internacional?
PM: -Sí. Muy poco tiempo después empezó La Jornada con un proyecto de cooperación entre varios medios: World Mailer, lo inventaron unos chicos que salieron de Liberación, en Francia, para hacer su propio medio. Lo inventaron en El País, que en ese tiempo tenía una relación muy fraterna con La Jornada. Después, sabes lo que pasó, El País siguió…
RME / IS: -Su rumbo inexorable…
PM: -Su rumbo. Entonces, Payán me pidió que me pusiera al frente de eso. Fue muy hermoso, primero porque viajabas mucho y conocías diferentes lugares: Estambul, Jerusalén, etc. Pero era muy hermoso, porque realmente se hacían visiones globales de las cosas, eran repasos muy exhaustivos de un tema mundial.
RME / IS: -¿Qué fue la World Mailer?
PM: -La World Mailer era una red de periódicos, donde estaban Liberación, El País y, por supuesto, La Jornada.
RME / IS: -¿Qué hacían? ¿Trabajos en conjunto, publicaciones simultáneas?
PM: -Mira, había dos reuniones anuales de los medios. Entonces, una vez aprobado el tema, se fijaba un calendario para producir el material, y se dividía el trabajo.
Podía ser el panorama religioso, por ejemplo. “¿Qué nos propones como reportaje?” “Bueno, tenemos el tema de la santa muerte, que es un tema que está surgiendo.” Entonces, “¿qué más tienes con colaboradores?” “Bueno, tenemos al hijo de Rulfo que es fotógrafo, y que está bien…” “Entonces ahí tenemos fotos de México, tenemos un reportaje de México.”
Propones un escritor, “Fulano”. Bien, La Jornada va a aportar esto, eso y aquello. “¿Qué vas a hacer tú?” “Voy a hacer algo sobre el culto gaélico, el culto celta de muerte.” “Perfecto, ¿tú qué vas a hacer?” “Quiero hacer algo sobre la masificación de los velorios, el mercado de la muerte en Estados Unidos.” “Perfecto.” Entonces íbamos juntando materiales a lo largo del exterior.
RME / IS: -Tenían unos traductores espectaculares, ¿no?
PM: -En muchos casos se hacían sinergias. Por ejemplo, nosotros usábamos las traducciones que hacía El País, les servían a ellos y a nosotros. O bien no nos gustaba y hacíamos la nuestra.
RME / IS: -¿Quién financiaba todo eso?
PM: -Cada medio ponía un dinero para cada número, y eran suplementos que quedaban para publicar, 64 páginas si querías. Entonces cada medio tomaba sus decisiones soberanas, en cuánto a qué publicaba, cómo lo publicaba, con qué diseño, con qué formato. Si lo publicaba todo junto, si lo hacía a lo largo de un mes, a lo largo de una semana; eso ya cada quién lo decidía.
RME / IS: -Ah, no era un suplemento, o sí, lo podías hacer como suplemento o como artículo del domingo, era libre a utilizar el material.
PM: -Artículos cuestionables, y la redacción central producía las tipografías.
RME / IS: -¿Qué tiempo duró el proyecto?
PM: -Duró cuatro años. La participación de La Jornada fue solo de dos, porque entró a partir del segundo número, y se salió porque hubo una crisis en México, y no podía costear los 10 mil dólares por número.
RME / IS: -¿Por mes, al año?
PM: -Por edición, dos veces al año.
RME / IS: -¿Y por qué fracasa entonces la World Mailer?
PM: -No funcionó el modelo de publicidad. Los medios participantes no aguantaron, es decir, invirtieron e invirtieron, pero nunca lograron vender la suficiente publicidad como para sostener aquello. La idea de poder comercializar esos suplementos y sacarle mucho más dinero, eventualmente, despareció.
Después, con la renuncia del coordinador de opinión, hay un momento de crisis en La Jornada. Yo asumí el cargo.
En el 92, hicimos un proyecto de televisión, hacer programas noticiosos, en el que el periódico aportaba el diseño editorial. Nos tuvieron también ahí destacados. Creo que hacíamos el guión y todo.
RME / IS: -¿Ya eso después del levantamiento zapatista?
PM: -Antes. Entonces como coordinador de la opinión de La Jornada debía invitar a escritores, hacer mi comentario, en fin.
De ahí pasé a ser coordinador editorial, y en ese tiempo inventé un suplemento de cibercultura, que se llamaba Virtualia, duró unos tres años. Después de eso me dediqué solo a hacer artículos, columnas, editoriales. Hasta la fecha no tengo ningún cargo.
RME / IS: -Háblanos de la experiencia de Cibero América.
PM: -Bueno, ese es un proyecto mío que no tiene nada que ver con La Jornada. Lo inventamos un amigo y yo, pensando que queríamos tener en Internet el pensamiento de integración de América Latina, y que este era el instrumento para integrarlo.
RME / IS: -Rebelión fue en el 96. ¿Eso es antes o después?
PM: -Es contemporáneo, pero nosotros no teníamos nada, podemos decir. Teníamos una preocupación regional, de continente idiomático, una preocupación semiótica sobre cómo eran los lenguajes en Internet.