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Propaganda (La Pupila Insomne)

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Iroel Sánchez

Por Iroel Sánchez

Así se trate de medios gubernamentales con divisiones especiales dedicadas a la Isla, o de medios privados con gestores instalados al interior del país, la línea editorial que ocupa el centro de la prensa construida desde el exterior para conducir a Cuba al capitalismo es exhibir el éxito de lo privado frente al fracaso de lo colectivo. 

En su vista panorámica de la autopista del capital no aparecen quienes se arrastran por sus márgenes pero es más atractiva si junto al triunfador individual -“emprendedor” o emigrado- se colocan en primer plano los baches en el proyecto colectivo sin decir cuántos son fruto de las minas sembradas allí por quienes pagan el encargo.

La Fundación Ford y la CIA: Un caso documentado de colaboración filantrópica con la policía secreta (La Pupila Insomne)

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Por James Petras

Introducción

La CIA utiliza fundaciones filantrópicas como el conducto más efectivo para canalizar grandes sumas de dinero a proyectos de la Agencia sin alertar a los destinatarios sobre su origen. Desde principios de los años 50 al presente, la intrusión de la CIA en el campo de las fundaciones fue y es inmensa. Una investigación del congreso de EE.UU. en 1976, reveló que cerca de un 50% de las 700 subvenciones otorgadas en el campo de las actividades internacionales por las principales fundaciones fue financiado por la CIA (Saunders, pp. 134 - 135). La CIA considera a fundaciones como Ford “la mejor y más plausible forma de cobertura para financiamientos (Saunders 135). (1) La colaboración de fundaciones respetables y prestigiosas, según un antiguo agente de la CIA, permitió que la Agencia financiara una “variedad aparentemente ilimitada de programas de acción clandestina que afectan a grupos juveniles, sindicatos, universidades, editoriales y otras instituciones privadas.” (p. 135). Estas últimas incluyeron a grupos de “derechos humanos” desde comienzos de los años ' 50 al presente. Una de las “fundaciones privadas” más importantes que han colaborado con la CIA durante un período prolongado en proyectos significativos en la Guerra Fría cultural es la Fundación Ford.

Este ensayo demostrará que la conexión entre la Fundación Ford y la CIA fue un esfuerzo conjunto, deliberado y consciente, por fortalecer la hegemonía cultural imperial de EE. UU. y debilitar la influencia política y cultural de la izquierda. Procederemos considerando los lazos históricos entre la Fundación Ford y la CIA durante la Guerra Fría, examinando los presidentes de la Fundación, sus proyectos conjuntos, así como sus esfuerzos comunes en varias áreas culturales.

Antecedentes: La Fundación Ford y la CIA

A fines de los años ' 50, la Fundación Ford poseía activos de más de 3 mil millones de dólares. Los dirigentes de la Fundación estaban completamente de acuerdo con la proyección del poder mundial en Washington posterior a la Segunda Guerra Mundial. Un destacado erudito de ese período escribe: “A veces parecía como si la Fundación Ford fuera simplemente una extensión del gobierno en el área de la propaganda cultural internacional. La fundación tenía un historial de participación íntima en acciones clandestinas en Europa, trabajando en estrecha relación con el Plan Marshall y los funcionarios de la CIA en proyectos específicos.” (Saunders, p. 139). Esto es gráficamente ilustrado por el nombramiento de Richard Bissell como presidente de la Fundación en 1952. En sus dos años en el cargo, Bissell se reunió a menudo con el jefe de la CIA, Allen Dulles, y otros funcionarios de la CIA, en una “búsqueda común” de nuevas ideas. En enero de 1954, Bissell dejó la Ford para convertirse en asistente especial de Allen Dulles (Saunders, p. 139). Bajo Bissell, la Fundación Ford (FF) fue la “vanguardia del pensamiento de la Guerra Fría”. Uno de los primeros proyectos de la Guerra Fría de la FF fue el establecimiento de una editorial, Inter-cultural Publications, y la publicación de una revista en Europa: Perspectives, en cuatro idiomas. El propósito de la FF, según Bissell no era “tanto derrotar a los intelectuales izquierdistas en el combate dialéctico (sic) como atraerlos, alejándolos de sus posiciones” (Saunders p. 140). El consejo de dirección de la editorial estaba totalmente dominado por partidarios de la Guerra Fría. Ante la potente cultura izquierdista en Europa en el período de la posguerra, Perspectives no logró atraer lectores y quebró. Otra revista Der Monat financiada por el Fondo Confidencial de los militares de EE.UU. y dirigida por Melvin Lasky fue adquirida por la FF, para darle un aspecto independiente. (Saunders p. 140). En 1954, el nuevo presidente de la FF fue John McCloy. Era la personificación del poder imperial. Antes de llegar a ser presidente de la FF, había sido SubSecretario de Guerra, presidente del Banco Mundial, Alto Comisionado de Alemania ocupada, presidente del Chase Manhattan Bank de Rockefeller, abogado en Wall Street de las siete grandes compañías petroleras y director de numerosas corporaciones. Como Alto Comisionado en Alemania, McCloy había provisto coberturas para muchos agentes de la CIA (Saunders p. 141). McCloy integró a la FF a las operaciones de la CIA. Creó una unidad administrativa dentro de la FF específicamente para tratar con la CIA. McCloy dirigió un comité consultivo de tres personas con la CIA para facilitar el uso de la FF como cobertura y canalización de fondos. Con esos lazos estructurales, la FF era una de esas organizaciones que la CIA podía movilizar para la guerra política contra la izquierda antiimperialista y pro comunista. Numerosos “frentes” de la CIA recibieron importantes subsidios de la FF. Muchas organizaciones culturales, grupos de derechos humanos, artistas e intelectuales, supuestamente independientes, auspiciados por la CIA, recibieron subsidios de la CIA y la FF. Una de las donaciones más grandes de la FF fue al Congreso por la Libertad de la Cultura organizado por la CIA, que recibió 7 millones de dólares a principios de los años 60. Numerosos agentes de la CIA consiguieron empleo en la FF y continuaron la estrecha colaboración con la Agencia (Saunders p.143).

Desde su origen mismo hubo una estrecha relación estructural y un intercambio de personal a los niveles más altos entre la CIA y la FF. Este lazo estructural estaba basado en los intereses imperiales comunes que compartían. El resultado de esa cooperación fue la proliferación de una cantidad de revistas y el acceso a los medios de comunicación de masas que los intelectuales pro - EE. UU. utilizaron para lanzar polémicas vituperantes contra los marxistas y otros antiimperialistas. El financiamiento de la FF para esas organizaciones e intelectuales antimarxistas suministraba cobertura legal para sus afirmaciones de que eran “independientes” de los fondos gubernamentales (CIA).

El financiamiento de frentes culturales de la CIA por la FF era importante para reclutar a intelectuales no comunistas a los que alentaba a que atacaran a la izquierda marxista y comunista. Muchos de estos izquierdistas no - comunistas pretendieron más adelante que fueron “engañados”, que si hubieran sabido que la FF era una fachada de la CIA, no le hubieran prestado su nombre y su prestigio. Sin embargo, esta desilusión de la izquierda anticomunista, no tuvo lugar hasta después de que las revelaciones sobre la colaboración entre la FF y la CIA fueron publicadas en la prensa. ¿Eran de verdad tan ingenuos esos socialdemócratas anticomunistas como para creer que todos esos Congresos en mansiones de lujo y en hoteles de cinco estrellas en el lago Como, en Paris y en Roma, todas esas costosas exposiciones de arte y esas brillantes revistas eran simples actos voluntarios de filantropía? Tal vez. Pero hasta los más ingenuos deben haberse dado cuenta de que en todos los congresos y revistas el objetivo de la crítica era el “imperialismo soviético” y la “tiranía comunista” y los “apologistas izquierdistas de la dictadura” a pesar de que era un secreto a voces que EE. UU. intervino para derrocar el gobierno democrático de Arbenz, en Guatemala y el régimen de Mossadegh, en Irán y que los derechos humanos eran masivamente violados por las dictaduras respaldadas por EE. UU. en Cuba, la República Dominicana, Nicaragua y en otras partes. La “indignación” y las afirmaciones de “inocencia” de muchos intelectuales de izquierda anticomunistas después de que se reveló que fueron miembros de los frentes culturales de la CIA, deben ser tomadas con una buena dosis de cínico escepticismo.

Militarización y contrainsurgencia (Contrainjerencia / Noticias Pia)

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Por Stella Calloni

A partir de los años ' 90, y después de que en 1983 Panamá se negara a continuar manteniendo la Escuela de las Américas en el Comando Sur en la Zona del Canal, comenzaron a cambiar los planes de dominación sobre el sur. Generales del Comando Sur y sectores de inteligencia de EE. UU. definieron nuevas estrategias hemisféricas y establecieron un esquema para lo que llamaban “los conflictos de los años 2000″, junto con la necesidad de estar en los territorios regionales antes de que estos sucesos “estallaran”. El Comando Sur, que llegó a tener 20 bases militares y centros de inteligencia en la Zona del Canal, se había transformado ya en un peligroso “objetivo de retaliación” (de respuesta) ante las nuevas guerras coloniales e intervenciones que se planeaban. Además, EE. UU. debía salir de Panamá al finalizar 1999 por los Acuerdos Torrijos - Carter de 1977. La estrategia fue trasladar el Comando a La Florida y dispersar -bajo su mando- bases militares, algunas de las cuales ya estaban enclavadas en el continente para la actuación de las Fuerzas de Despliegue Rápido, preparadas para actuar velozmente en la renovada Guerra de Baja Intensidad (GBI). Además de las bases militares también se diseñaron establecimientos en todos los países, varios de ellos de espionaje y para proteger a pequeños comandos de tropas especiales.

En el famoso Libro Blanco del Comando Central Aéreo de Estados Unidos, dado a conocer por Hugo Chávez en una reunión de UNASUR en 2009, se habla del papel asignado a nuestra región al reconocer “la inclusión de Suramérica en la estrategia de tránsito, lo que permite lograr dos resultados: ejecutar la estrategia de compromiso regional y ayudar con las rutas de movilidad hacia África. Desafortunadamente no tenemos una estrategia disponible de compromiso en Suramérica que recurra a equipos aéreos”. Ahora han avanzado en esto. En respuesta a la expulsión de la Base de Manta de Ecuador ese mismo año, se anunció la instalación de siete nuevas bases militares en Colombia.

En estos esquemas no se pueden obviar las características de las invasiones en la región casi a finales del siglo XX, como la ocurrida contra la pequeña Isla de Granada en el Caribe en 1983 y en Panamá en diciembre de 1989, y la contrainsurgencia (acciones ilegales) para justificar esto. Algunos autores consideran como bases militares a las que tienen tropas y señalan 49 en la región, mientras que otros agregan a esta cifra los “establecimientos” (radarización y otras construcciones), lo que suma ochenta.

¿Usarán la geoingeniería para dominar el mundo? (Contrainjerencia / Sputnik)

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Por Vicky Peláez

La edad contemporánea no es la edad de la bomba atómica, la edad contemporánea es la edad del bárbaro científico

Pedro Albizu Campos (1891 - 1965)

Hace dos décadas el mundo estaba envuelto en la discusión sobre la posibilidad de modificación genética de la naturaleza. Ahora los productos genéticamente alterados o modificados (GM) se han impuesto en el globo entero por las transnacionales a pesar del efecto negativo en la salud de los humanos en plazo mediano. Actualmente un aterrador proyecto está en marcha y quieren manipular el cambio climático para dominar al mundo.

Los globalizadores “iluminados” están enfrascados en la idea del uso de la geoingeniería para la manipulación en gran escala de los sistemas de la Tierra en la estratosfera, en los océanos o la superficie para demorar o reducir el cambio climático.

Los niveles de la alteración del clima en nuestro globo terrestre ya son tan visibles que ni los más prominentes científicos al servicio del sistema globalizado dominado por las transnacionales, como Wei-Hock Soon del Harvard - Smithonian Center for Astrophysics, pueden convencer a la opinión pública de que no hay ningún cambio climático en la tierra. Entonces los que dirigen el Sistema Económico Global decidieron no gastar millones de dólares en los hombres de ciencia como Wei-Hock Soon y utilizar la geoingeniería como solución al calentamiento de la Tierra.

Después de analizar los resultados de rentabilidad usando métodos actuales para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero llegaron a la conclusión que el uso de la geoingeniería les traía más ganancias que las medidas que se están utilizando ahora para disminuir la emisión del dióxido de carbono. Además, significaría un avance para el dominio del mundo pues no sólo administrarán la canasta básica de alimentos usando productos genéticamente modificados sino también tendrían en sus manos el termóstato del planeta. Así podrán seguir usando el cielo, como lo expresó el científico atmosférico Kenneth Caldeira del Carnegie Institute, “como un basurero del dióxido de carbono”.

A la vez, continuarían con la práctica de perforación hidráulica de gas y petróleo de esquisto (fracking) a pesar de que en los Estados Unidos este método hizo devastar más de 5.046 kilómetros cuadrados de su territorio. También la extracción del gas y petróleo a través de “fracking” produce la emanación del metano que, según el climatólogo estadounidense James Hanson, es 34 veces más fuerte que el dióxido de carbono para atrapar el calor en el período de 15 a 20 años. Con esto Canadá estaría devastando sus arenas bituminosas extrayendo el petróleo que emite hasta un 23 por ciento más del dióxido de carbono que el petróleo tradicional.

Entonces para perpetuar estas prácticas y no complicarse la vida ya se ha puesto en marcha una campaña científica con el apoyo incondicional de los medios de comunicación globalizados de promoción de la geoingeniería para detener el calentamiento de la tierra y modificar el clima. En el 2013 el especialista canadiense en el medio ambiente, David W. Keith publicó el libro “A Case for Climate Engineering” en el cual propone crear un escudo reflectante en la estratosfera a través de la diseminación de las partículas de alúmina (óxido de aluminio) que haría disminuir la velocidad del cambio climático. Según el profesor de Harvard, este método costaría un mil millones de dólares al año mientras que las medidas tradicionales de protección del medio ambiente costarían para 2050 algo de un millón de millones de dólares (un billón) al año.

El "factor descalabro" de la CIA contra Cuba en 2015

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Por Norelys Morales Aguilera

Se dice que los servicios de inteligencia de Cuba son eficaces. Cinco décadas de enfrentamiento y derrotas lo han demostrado por ser abordadas numerosas operaciones de esa agencia contra la Isla.

Pero, hay un “factor descalabro” que no se toma mucho en consideración, pues los todo poderosos servicios de inteligencia norteamericanos han menospreciado y calculado mal la resistencia y capacidad cubanas. Eso sería un “factor descalabro”, nada despreciable,  porque muchas veces se equivocaron y fueron derrotados.

La prepotencia y el encasillamiento de los sucesos cubanos en cánones ajenos o sujetos a sus líneas de deseo, para suerte cubana, los han llevado más de una vez al engaño. Así ha sucedido con el informe Global Trends 2015.

El analista Percy Alvarado Godoy ofrece sus consideraciones, resumidas y editadas a continuación. Errores de cálculo, son errores de cálculo y llevan al descalabro.

De acuerdo con John Gannon, Chairman del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), este trabajo es la continuidad de su predecesor, Global Trends 2010, publicado en el año 1997 bajo la supervisión del entonces profesor de la Universidad de Harvard, Richard Cooper.

En la conformación de este estudio participaron especialistas del Foreign Reactions to the Revolution in Military Affairs, de la Universidad de Georgetown; Evolution of the Nation-State, de la Universidad de Maryland; Central Intelligence Agency (CIA); Industry & Trade Strategies, de San Francisco, CA; International Institute for Strategic Studies, London, UK; Defense Intelligence Agency and Naval War College, Newport; Potomac Institute, Arlington, VA; MITRE Corporation, McLean, VA; RAND Corporation, Santa Mónica, CA; The National Defense University, Fort McNair, Washington, DC; Carnegie Endowment for International Peace, Washington, DC; Department of State/Bureau of Intelligence and Research and CIA’s Global Futures Project; Brookings Institution; así como otras instituciones consultadas.

Guerras encubiertas (La Pupila Insomne)

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Por Piero Gleijeses

La CIA guarda sus archivos con ferocidad. Sabemos mucho acerca de algunas operaciones encubiertas durante la Guerra Fría. De las demás, sabemos sólo los contornos difusos. Y seguramente hay operaciones sobre las que somos totalmente inconscientes.

Hay diferentes tipos de operaciones encubiertas -propaganda, acción política, influencia económica, paramilitares-. Este ensayo se centra en las operaciones paramilitares, las que incluyen el “uso no reconocido de la fuerza, o la asistencia a quienes perpetúan o resisten el uso de la fuerza.” (Godson, 158) No examina las operaciones lanzadas en Indochina porque eran ansilares a un esfuerzo mayor de la guerra en Vietnam. Algunas operaciones paramilitares buscaban el derrocamiento de un gobierno extranjero; otras trataron de aplastar las revueltas que amenazaban regímenes amigos o de hostigar a gobiernos extranjeros hostiles sin esperar derrocarlos.

Con la excepción de Gerald Ford y Jimmy Carter, durante la Guerra Fría todos los presidentes de Estados Unidos lanzaron al menos una operación encubierta para derrocar a un gobierno extranjero. Con la excepción de Harry Truman, ninguno puso en marcha una operación paramilitar encubierta en Europa. “La Guerra Fría fue una contienda que consistió en hacer boxeo sombra en áreas de importancia marginal,” escribe la historiadora Nancy Mitchell: “porque la guerra real en lugares que realmente contaban -Berlín, Washington y Moscú- era imposible de ganar” (Mitchell, 67). Como el Presidente Dwight Eisenhower entendió cuando los altos funcionarios de la CIA le instaron a ayudar a los rebeldes húngaros que luchaban contra el régimen comunista a finales de 1956, el riesgo de desencadenar una guerra con la Unión Soviética era demasiado grande. Europa estaba fuera de los límites. Las operaciones paramilitares estadounidenses durante la Guerra Fría se pusieron en marcha en el Tercer Mundo.

Existe un cliché sobre Truman: él se opuso a operaciones paramilitares. “Mientras Truman permaneció como presidente”, ha escrito el historiador H.W. Brands, “los agentes encubiertos tuvieron que contentarse con actividades modestamente intrusivas como la canalización de fondos secretos a partidos políticos anti-comunistas de Europa occidental.” (Brandss, 60)

Esto es profundamente erróneo. Como el ex Director de Inteligencia Central (DCI) Richard Helms señaló, “Truman dio el visto bueno en un buen número de decisiones para las operaciones encubiertas de las que en años después dijo que no sabía nada.” (Helms, 1989). Estas decisiones incluyeron muchas operaciones paramilitares detrás de la Cortina de Hierro con el objetivo fortalecer las fuerzas de resistencia y hostigar a la Unión Soviética, así como las operaciones para acosar a China durante la Guerra de Corea. Una tenía una meta más grandiosa: derrocar al gobierno de Albania.

La ruptura de Stalin con Tito en 1948 parecía presentar a Occidente una gran oportunidad; el régimen albanés se mantuvo leal a la Unión Soviética y lanzó una purga sangrienta contra numerosos partidarios de Tito en el Partido Comunista de Albania y en las fuerzas armadas. Albania se convirtió en un alislado puesto avanzado soviético en el Mediterráneo: sus únicas fronteras terrestres eran con Yugoslavia, repentinamente hostil, y Grecia, un cliente de Estados Unidos. Al otro lado del mar Adriático estaba otro cliente de Estados Unidos, Italia.

Los británicos inventaron el plan, y convencieron a los estadounidenses de unirse: juntos entrenarían exiliados de Albania y los infiltrarían dentro de ese país, donde podrían impulsar el fuerte movimiento anticomunista e inspirar a una población con ganas de rebelarse. La operación, que se inició en 1949, se basó en una inteligencia defectuosa e ilusiones: las fuerzas de resistencia eran débiles y la población pasiva. El desastre era inevitable. Uno tras otro los equipos enviados por los estadounidenses y los británicos fueron eliminados, pero más fueron enviados. Cientos de albaneses murieron. “Pocas veces una operación de inteligencia ha ido tan resueltamente de un desastre a otro”, señaló un estudioso. (Winks, 399). En 1953 el gobierno de Eisenhower puso fin al empeño temerario.

Los años de Eisenhower fueron una edad de oro para la CIA. Eisenhower compartía la afición de Truman por las operaciones paramilitares, vertió recursos en la agencia, y nombró a Allen Dulles como DCI. Allen era el hermano menor de John Foster Dulles, Secretario de Estado de Eisenhower y asesor de política exterior de la mayor confianza. Los dos hermanos estaban en constante y fácil comunicación; a menudo, después de un día de trabajo, Allen pasaba por casa de Foster para repasar asuntos pendientes. Nunca un Secretario de Estado y un Director de la CIA disfrutaron una relación tan cerrada. Esto molestó a algunas personas: “Es una relación que sería mejor no tuviera que existir”, comentó el presidente de un comité nombrado por Eisenhower para investigar la agencia. Eisenhower no estuvo de acuerdo: “Parte del trabajo de la CIA es extensión del trabajo del Departamento de Estado.” (Doolittle, 1954)

Mientras bajo Truman las operaciones paramilitares encubiertas fallaron persistentemente, bajo Eisenhower dos de las tres operaciones para derrocar gobiernos tuvieron éxito: en Irán en 1953 y Guatemala en 1954. Estos dos éxitos realzaron el prestigio de la CIA entre los que los conocieron. El fracaso de la agencia para derrocar al gobierno de Indonesia en 1957 - 1958 no atenuó su brillo.

El derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz en Guatemala es una de las pocas operaciones paramilitares encubiertas sobre la que el gobierno de EE. UU. ha desclasificado un rico tesoro de documentos. Estos documentos demuestran que la inteligencia estadounidense en Guatemala durante los años de Eisenhower era muy buena. La CIA informó de que Arbenz era o un comunista o un compañero de viaje; que sus asesores más cercanos eran los comunistas, y que eran el motor detrás del programa de reforma agraria exitosa de Arbenz. (100.000 familias -un sexto de la población de Guatemala- recibieron la tierra que necesitaban desesperadamente) La Inteligencia de Estados Unidos también informó que no había infiltración comunista en las fuerzas armadas de Guatemala. Esto, también estaba en lo cierto.

La CIA no afirmó que existía el peligro de un golpe comunista en Guatemala -y no hay ninguna indicación de que los políticos estadounidenses incluso plantearan la pregunta-. Dado el desequilibrio de poder entre los Estados Unidos y Guatemala, el costo de destruir el gobierno de Arbenz era tan bajo que no se molestaron en contemplar cualquier alternativa -como aprender a convivir con un gobierno pro-comunista que respetaba las libertades políticas en un grado inusual en América Latina-.

Una fuerza de unos 250 exiliados patrocinados por la CIA invadió Guatemala en junio de 1954. El ejército de Guatemala podría haberlos aplastado con facilidad, pero no se atrevió: los exiliados eran los apoderados de los Estados Unidos, y si el ejército de Guatemala los derrotaba, ¿qué haría Eisenhower a continuación? Él enviaría tropas estadounidenses -esto es lo que la estación de la CIA en Guatemala, la embajada de Estados Unidos y la misión militar estadounidense dijo a los guatemaltecos-. El mismo mensaje fue pregonado día tras día por los medios de la oposición guatemalteca. “¿Cómo podrían los líderes de Guatemala imaginar que Estados Unidos toleraría un nido de enemigos en su propia puerta?”, preguntó un destacado periodista guatemalteco que trabajó en estrecha colaboración con la CIA. “Alemania … sigue ocupada, y también lo está Japón -y nosotros lo estaremos también, pobres tontos que ni siquiera producimos fuegos artificiales, mucho menos la munición para una resistencia simbólica-” (Marroquín Rojas, 1954). En los Estados Unidos ningún órgano de la gran prensa y ningún miembro del Congreso -Demócrata o Republicano-  abogó por tratar de convivir con la Guatemala de Arbenz.

Cuando comenzó la invasión de exiliados, el ejército guatemalteco se negó a luchar; en lugar de ello se volvió contra Arbenz y lo obligó a renunciar. El líder de los invasores, que habían sido elegidos a dedo por la CIA, se convirtió en el nuevo presidente de Guatemala.

El derrocamiento de Arbenz aseguró a la administración de Eisenhower que el hemisferio era seguro -hasta 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder en Cuba-. Los Estados Unidos respondieron al desafío de Castro en la forma en que siempre trató con molestias en su patio trasero: con violencia. Por órdenes de Eisenhower, la CIA comenzó a tramar el derrocamiento de Castro. En abril de 1961, tres meses después de la inauguración de John Kennedy, 1.300 insurgentes entrenados por la CIA irrumpieron en una playa de Cuba, en Bahía de Cochinos. Sólo para rendirse en masa.

La derrota en Bahía de Cochinos añadió un elemento de veneno personal a la cruzada de Kennedy contra Cuba. Al rechazar la oferta de Castro de conversar acerca de un modus vivendi entre los dos países, “regañó” al Subdirector de Planes de la CIA Bissell por estar “sentado en su culo y no hacer nada acerca de deshacerse de Castro y el régimen de Castro.” (Estados Unidos, Senado, 141). Las peraciones paramilitares de la CIA contra Cuba no disminuyeron hasta 1965.

Atormentados por el temor a una segunda Cuba, los gobiernos de Kennedy y Johnson participaron en operaciones encubiertas en varios otros países de América Latina para socavar grupos o gobiernos que consideraban suevemente comunistas. Para el final de la administración de Johnson, el espectro de una segunda Cuba en el hemisferio se había desvanecido, pero luego, en 1970, Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales de Chile. Allende fue un demócrata sincero, pero él era un socialista, encabezó una coalición que incluyó al Partido Comunista, y era amigo de Fidel Castro. Para el presidente Richard Nixon y para Henry Kissinger su ascenso a la presidencia fue una bofetada a los Estados Unidos y un terrible ejemplo para América Latina. Se comprometieron a acabar con él. Técnicamente, los militares chilenos actuaron por su cuenta cuando se derrocó a Allende el 11 de septiembre de 1973, pero, como dijo Kissinger, mediante la realización de una campaña de desestabilización y la ayuda a los grupos antigubernamentales, la CIA había “creado las condiciones tan grandes como fuera posible (para un golpe de estado)” (Kissinger, 1973).

Desde finales de 1950 hasta principios de 1970, el foco de las operaciones paramilitares de la CIA estaba en Indochina contra los vietnamitas del Norte y en el hemisferio occidental en contra de Castro. Pero cuando dieciséis países africanos obtuvieron su independencia en 1960, un nuevo frente se abrió. África se convirtió, en palabras de la Secretaria de Estado, Christian Herter, en “un campo de batalla de primer orden.” (Gleijeses, 2002, 6)

Durante las próximas dos décadas, Estados Unidos participó en dos importantes operaciones paramilitares en África. En 1964 - 65 el presidente Lyndon Johnson trató de derrotar una revuelta en el antiguo Congo Belga contra el régimen corrupto y represivo que Eisenhower y Kennedy habían impuesto al país. La CIA reclutó un ejército de 1.000 mercenarios blancos, los armó, les proporcionó el apoyo logístico indispensable e incluso organizó una fuerza aérea mercenaria para bombardear y ametrallar a los rebeldes. Los mercenarios perpetraron atrocidades masivas y aplastaron la revuelta.

La otra operación paramilitar importante fue en 1975 en Angola, donde Pretoria y Washington trabajaron juntos para aplastar un movimiento de izquierda. Con la connivencia de Washington, las tropas sudafricanas invadieron el país y casi tuvieron éxito en la instalación de los líderes amistosos en Luanda -pero luego 36.000 soldados cubanos inundaron Angola y empujaron a las tropas sudafricanas fuera-.

Cambios en la CIA: ¿Cambios en su actividad?

Cambios en la CIA: ¿Cambios en su actividad?


 


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Por Adriana Vega
 


cia culpable 2Obama, premio Nobel de la Paz año 2009, resolvió atenuar los prejuicios del sentir administrativo internacional con respecto a la CIA, nombrando a John Brennan nuevo director de la Agencia. El mencionado conoce plenamente la voluntad de esta designación, que se  ha traspasado al Pentágono junto a nuevas medidas internas que se encubren a la opinión pública.


Por si esto fuera poco, también ha dado poder a una dama torturadora que es la nueva directora del Servicio Nacional Clandestino (NCS), verdadero tentáculo de la Agencia. Le toca llevar a cabo una guerra sucia por ser torturadora especialista, y tiene la orden de no blanquear el nuevo programa de apresamientos e interrogatorios de la CIA.


Brennan y su nueva operadora no son ajenos a la historia de bestialidades de la CIA, sobre todo cuando el NCS es su brazo operativo, así como lo son también el FBI, el NHS, la DEA, la DIA.


El Servicio Nacional Clandestino se encarga, junto a la Oficina de Planes, de supervisar y articular la actividad de los asientos de la CIA diseminados por el mundo, y controlan acciones ejecutadas por sus oficiales operativos y agentes, muchas de ellas no fiscalizadas por el Congreso y la propia Casa Blanca.


No hay duda de que estos nuevos halcones fueron colocados en sus puestos "no para limpiar la casa", sino para concebirla más eficiente y solapada, y mejorada en su tenebrosa diligencia y no les son exóticos los anónimos planes, de los cuales algunos se están poniendo en marcha:


En el caso de Venezuela tenemos variedades de todas las marcas y para elegir: eliminación física de dirigentes de la dirección colectiva político - militar de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Jorge Arreaza y en aumento, incluidos gobernadores de ideas bolivarianas chavistas. Estos actos de asesinato serían realizados por diversas vías.


Fomentar en la dirección colectiva del gobierno peligrosos recelos, enalteciendo protagonismos, diseminando dudas y  generando conflictos con otras organizaciones.


Agilizar el reclutamiento activo, sobre todo compromisos y sobornos de diversos cuadros de dirección, funcionarios diplomáticos en el exterior, altos miembros del mando de las fuerzas bolivarianas y cuadros que realizan funciones vitales dentro de la dirección del país en todas sus instancias que estarían dispuestos a doblegarse.


No es desconocido para nadie que la CIA ha elaborado minuciosos perfiles de estas personas y seleccionado a sus posibles objetivos.





Promover todo tipo de acciones para deslegitimar las elecciones presidenciales del 14 de abril y hacerlas ver como fraudulentas, incitando a su desconocimiento por parte de las bases de la oposición para crear un contexto de ruptura democrática y de desobediencia civil.


Fortalecer desde el exterior una recia campaña mediática, que será monitoreada por órganos serviles a EE UU. como la SIP, la CIDH y otras, apoyándose en los grandes monopolios de la comunicación. Ejemplo reciente, las visitas a Argentina de la ultra derecha internacional.


De la misma manera y también monitoreada por la Oficina de Prensa de la embajada norteamericana, fomentarían igual discurso ideológico y matrices de opinión adversas a la presidencia de Nicolás Maduro después de su elección.


Crear las condiciones para garantizar una intervención foránea contra Venezuela, apoyándose en organismos internacionales como la OEA, la ONU y la Unión Europea, bajo la dirección de Estados Unidos y la complicidad de otras naciones latinoamericanas  que prestarían sus territorios, aguas jurisdiccionales y espacio aéreo para el empleo de acciones agresivas.


Estos son algunos de los planes inmediatos que existen bajo el tejido de la CIA y  son amenazas reales para la nación bolivariana.


Descontamos con que el pueblo y su dirección político - militar, siguiendo el ejemplo de Chávez, resistirán cualquier agresión y estén en plena capacidad  para desarticular estos tenebrosos planes.


Tanto el actual Presidente Ejecutivo venezolano, Nicolás Maduro, como el canciller Elías Jaua, desnudaron un macabro plan dirigido a crear un ambiente de desestabilización y caos en la República Bolivariana de Venezuela, el cual fue cuidadosamente preparado por altos funcionarios del gobierno norteamericano, la CIA, otros gobiernos latinoamericanos, grupos anti bolivarianos radicados en Miami y  grupos terroristas anticubanos asentados en esa misma ciudad.


Aunque Nicolás Maduro es el principal objetivo, dentro de los planes de la CIA y de otras agencias norteamericanas y el Mossad, se encuentran equitativamente destacados miembros de la dirección político - militar del chavismo bolivariano. Estos objetivos incluyen no solo a ministros, diputados del PSUV y del PCV, diplomáticos en el exterior, gobernadores, miembros del CNE, magistrados, altos oficiales de las FNAB y  destacados líderes sociales y comunicadores.


El plan contempla igualmente la desaparición física de connotados miembros de la derecha como Henrique Capriles, Antonio Ledezma y otros, acusando a las fuerzas bolivarianas de estos actos de asesinato selectivo. Como puede apreciarse, en ambos casos, el objetivo es crear el caos de la constitucionalidad, promover una posible guerra civil o, y  en último caso, la intervención militar de fuerzas foráneas bajo la tutela de la ONU, la OEA y otros organismos internacionales.


Larga es la lista de los implicados en esta vasta conspiración. En primer lugar se encuentran los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, España, Colombia, Perú, Chile, El Salvador, Paraguay, México, Panamá, Honduras, Arabia Saudita y otras naciones, con pleno conocimiento de sus gobiernos o, en otros casos, mediante operaciones secretas realizadas fuera del control de sus autoridades.


No sería la primera vez que la CIA, la DIA, la DEA, el FBI, el Mossad, el MI6 y otros servicios actúen de espaldas al escrutinio gubernamental y de los Congresos de sus países.


Estos involucrados están encargados de las tareas de planeamiento y organización, financiamiento, creación de campos de entrenamientos en algunos de sus territorios, entrega de medios sofisticados de comunicación, armas de última generación, tareas de reclutamiento, entrenamiento de mercenarios, así como el montaje de todo el andamiaje operativo en determinadas naciones, usando a sus sedes diplomáticas, funcionarios públicos o agentes encubiertos.


En Estados Unidos están implicados varios congresistas, funcionarios como Roger Noriega y Otto Reich, varias divisiones de la CIA, la DEA, la DIA, así como agudos funcionarios de las Secretarías de Estado, Defensa y Justicia. Cerca de setecientos agentes operativos, usando trastienda diplomática en embajadas Norteamericanas en América Latina y Europa, participan en esta conspiración.


Para el cumplimiento de las tareas de reclutamiento se han seleccionado  organizaciones de venezolanos radicadas en el exterior como ORVEX, VEPEXXX y otras, en contubernio con grupos terroristas de origen cubano como Alpha 66, Comandos F-4, Brigada 2506, CID, Ejército Armado Secreto, CLC, FNCA, CAMCO, Ex Club y otras.


En estas tareas de reclutamiento también se encuentra involucrado Álvaro Uribe, grupos paramilitares y servicios de inteligencia colombianos. Otros partidos políticos de la derecha tradicional en Centro y Sur América, así como varias ONG's y los llamados Cuerpos de Paz, actúan como reclutadores en la región.


Todos los movilizados, muchos de los cuales cuentan con experiencia militar por haber estado  en los conflictos militares en el Medio Oriente, Europa, África y Latinoamérica, reciben entrenamiento en tiro, manejo de explosivos, defensa personal, subversión, sabotajes, comunicaciones y manejo, técnicas de inteligencia y contrainteligencia.


Un papel importante en estos planes lo desempeñan las células terroristas, aún intactas, creadas por Luis Posada Carriles y Francisco Chávez Abarca en Centroamérica y Venezuela. Estas células han participado anteriormente en planes magnicidas contra Fidel Castro y han contado con conocidos terroristas. Además de los miembros de las células terroristas de Posada Carriles, participan en estos planes diversos escuálidos venezolanos, tales como Henry López Cisco, José Antonio Colina, Pulido, Pedro Carmona Estanga, Patricia Poleo, Raúl Díaz, Carlos Yacaman, Branko Marinkovic,(boliviano), Eligio Cedeño, Carlos Fernández, Pedro Torres Ciliberto, Nixon Moreno, Jaime Lusinchi, Johan Peña, entre otros, desde Miami como también involucrados venezolanos residentes en el exterior como el vicealmirante Carlos Molina Tamayo, Nelson Mezerhane, Mario Cossío (radicado en Paraguay), Carlos Ortega, Oscar Pérez, Ramón Martínez, Eduardo Lapi y Manuel  Rosales (radicados en Perú); el salvadoreño Orlando Inocente Montano, entre otros.


Fundamentalmente, los planes previstos por la CIA, el Mossad y el resto de los implicados, además del asesinato selectivo de cuadros de dirección y otras personalidades, contemplan el sabotaje económico y la generación de reclamos y  manifestaciones de desobediencia social.


Dentro del sabotaje económico se manejan acciones terroristas contra instalaciones y líneas eléctricas, atentados contra medios de transporte colectivo, así como contra pozos y refinerías petroleras de PDVSA.  En este último caso, optarán por sabotajes tecnológicos aparentando malfuncionamiento y accidentes por supuestas negligencias.


También pretenden crear focos de intranquilidad ciudadana mediante la propagación de rumores, el desabastecimiento artificial y otras acciones manipuladoras. La actividad subversiva ha cobrado considerable auge, sobre todo en la campaña de Capriles, por medio del descarado robo de las banderas, consignas y centrales de opinión de las fuerzas bolivarianas.


Es de destacar que muchas acciones contra la constitucionalidad ya han sido puestas en marcha y se planifican otras para el momento de darse a conocer los resultados electorales.


Otros planes contemplan las incursiones de agentes provocadores para ejecutar tales procedimientos.


Existen fuertes evidencias de que agentes de agencias norteamericanas, radicados en la embajada de EE. UU. en Caracas,  incluso orientan, financian y organizan con elementos de la derecha.


Este es el actual accionar de la CIA, de la contrarrevolución anti bolivariana y sus cómplices. El pueblo venezolano sabrá darles justa respuesta.