Por Colectivo Avanzar
Siempre es conveniente volver a señalar que la crisis mundial, aún no superada, no es la crisis de un modelo sino del capitalismo.
Periódicamente el sistema vigente sufre cataclismos inevitables, fruto de sus contradicciones internas, particularmente la que se da entre la producción en constante crecimiento, acelerada por la revolución científico - técnica, y un limitado consumo provocado por la explotación extrema de los trabajadores y demás sectores populares, que hace que más de 1000 millones de personas pasen hambre en el mundo, y otras tantas estén en situación de máxima pobreza.
Como contrapartida, en el mundo actual un pequeño grupo de aproximadamente cien mil magnates de las finanzas, llegaron a poseer cada uno la modesta cifra de 150.000 millones de dólares.
Por el otro lado, los pobres son cada vez más pobres, pero les continúan ajustando los salarios y se recortan las prestaciones sociales, en especial la salud y la educación, a la vez que se subsidian a los bancos y a las grandes empresas. Basta con recordar que solo la Unión Europea cuenta con más de 26 millones de desocupados.
Todo este grave e injusto panorama se da en el contexto de una concentración e internacionalización de la economía, que intensifica la dependencia de los países marginales del sistema, llamados hipócritamente “países emergentes”.
No escapa nuestra nación a esta cruda realidad, donde dicha concentración y centralización es muy evidente, manteniéndose en avance en los últimos diez años, quedando claro para quien fue “la época ganada”. Veamos brevemente algunos ejemplos:
Una sola empresa, Siderar, concentra el 99% de la chapa laminada. Una empresa, Aluar, tiene el monopolio absoluto del aluminio. Tres empresas concentran la venta de cemento.
En alimentos, Bimbo concentra el 70% de la fabricación de pan lácteo; Arcor y Danone (La Serenísima), el 73 % del mercado de las galletitas; esta última, La Serenísima, y Sancor, concentran el 70% de la leche y sus derivados. Sólo 3 cadenas de supermercados, concentran el 83% de las ventas.
Estos grandes grupos monopólicos, son también llamadas “los formadores de pecios”, o sea tienen mucho que ver con la creciente inflación, que ya apunta a superar el 25%, que como un ratón, carcome constantemente el ingreso de los laburantes. Además de un 40% de los trabajadores en negro o tercerizados, que cobran cerca de la mitad de los que se rigen por convenio, amén de la limosna que cobran el 75% de los jubilados, con el nombre de ingreso mínimo.
Pero aún hay algo tanto o más serio. La desnacionalización de las empresas llega a un 65%, aún mayor a lo sucedido en la negra noche menemista. De modo tal que de las 500 empresas más importantes alrededor de un 75% son de capital extranjero.
Entre las empresas más importantes que han pasado a manos extranjeras están Pérez Companc, Loma Negra, Quilmes, Acindar, Gatic, Jumbo, Disco, Vea, entre otras.
No se puede dejar de agregar los recientes acuerdos con Monsanto, una transnacional que controla el 90% del mercado mundial de las semillas y los agroquímicos que, para colmo, abrirá tres plantas de producción en el país.
La inevitable pregunta, el gran interrogante ante esta extranjerización de la economía, es: ¿SOMOS REALMENTE UN PAIS LIBRE E INDEPENDIENTE?


