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OPINION - EXCEPCIÓN SANITARIA PERMANENTE, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - EXCEPCIÓN SANITARIA PERMANENTE, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS.


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From: Tejedor de Redes

Sent: Saturday, July 11, 2009 8:31 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - EXCEPCIÓN SANITARIA PERMANENTE, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

Excepción Sanitaria Permanente

Por Gabriel García De Andreis

Aunque la semana pasada decíamos que la aparición de Juan Manzur como Ministro de Salud de la Nación nos traía el fuerte recuerdo de la crisis de 2001 y 2002, teniendo en cuenta la lógica de las soluciones repetidas, con la fuerte impresión, no sólo de que esta historia ya la habíamos vivido, sino que se trataba siempre de la misma receta para resolver los problemas, es decir, dineros públicos en el sector privado, no podíamos imaginar que al terminar la primera reunión del ministro con el COFESA, nos iba a estar diciendo en conferencia de prensa que la herramienta política que es la medida excepcional de decretar la emergencia sanitaria ya estaba declarada..., pero justamente desde el 2002 !!!

La verdad es que consigue sorprendernos, pero no porque sea imprevisibles, sino porque exageran aún hasta nuestras previsiones.

Al decir que el decreto de emergencia sanitaria ya estaba, se refiere a la continuidad de los efectos del decreto número 486/2002, que estableció poderes especiales para el ministro de salud Ginés Gonzales García, en el marco de la crisis política y financiera, que tuvo consecuencias que todos recordamos, y que por eso y porque ya lo dijimos la semana pasada, no volveremos a repetir. Sin embargo, vale la pena decir que, si los considerandos de aquel decreto no hace mención alguna a que hubiera algún tipo de enfermedad epidémica, o pandémica, sí hacía fuerte referencia a la crisis financiera, y especialmente a la de las obras sociales. De movida, decir que aquel decreto es el marco jurídico para el establecimiento de medidas excepcionales de movilización de recursos económicos para la situación actual es prácticamente una confesión de parte.

Si pasamos de los considerandos a la declaración propiamente dicha, advertimos que su artículo primero tiene un carácter general en términos de garantizar a la población argentina el acceso a los bienes y servicios básicos para la conservación de la salud, fundamentado en cuatro incisos que siguen, de los cuales uno se refiere al restablecimiento del suministro de medicamentos e insumos en las instituciones públicas, que en la situación actual no sabíamos que se hubieran restado, dos de ellos se refiere al flujo necesario de medicamentos, y el cuarto a garantizar el buen funcionamiento del sistema de salud de los jubilados y de las obras sociales. Restablecimiento del servicio publico, medicamentos y obras sociales. Sólo el tercer inciso hace una referencia al tratamiento de infecciosas, en el marco del acceso a los medicamentos, como ya dijimos.

Luego vienen las atribuciones tanto del ministro de la nación como del COFESA, que son amplias en cuanto al poder de compra de medicamentos, insumos y contrataciones. Y luego, y esto es importante según pensamos, aunque no lo desarrollaremos en la brevedad de las líneas de hoy, explicita con claridad las medidas que dirigieron en su momento los capitales estatales hacia la compra de medicamentos a los mismos proveedores de siempre, la retracción de la oferta prestacional en beneficio de salvaguardar las arcas de las obras sociales, y un beneficio impositivo para el subsector privado durante cinco años.

Es que queremos aprovechar los minutos que nos quedan, y por eso nuestra premura, a riesgo de sintetizar demasiado, aunque no nos hacemos ilusiones de que no tendremos oportunidad y necesidad de retomar este análisis, para señalar yo no sé si la levedad con que el ministro puede decir que la emergencia sanitaria es un hecho administrativo, y nada más, o si es que es otra estrategia para ocultar como lo ha hecho con artilugios matemáticos el indice de mortalidad infantil en Tucumán y ahora con la cantidad de infectados.

Un decreto de emergencia sanitaria es un instrumento político de tal magnitud, que puede hacer que un ministro decida renunciar por carecer de poder para ejercer su función. Insistir en la escena de “luego les voy a dejar los papeles que muestran cómo fue evolucionando el decreto año a año para llegar hasta acá”, como vimos en la conferencia de prensa, es hacerse el boludo o tomarnos por boludos o ambas asimetrías a la vez (voto a lutz ferrando), disfrazando la verdadera cualidad de la especie, haciéndola parecer un trámite. Ocultando y revelando a la vez la marca de continuidad duhaldistas, pervirtiendo el uso del concepto y la herramienta de la emergencia sanitaria, que solo sirvió en el espejo obligado del 2002 para comprar medicamentos, favorecer obras sociales y prepagas y eximir de impuestos durante cinco años al subsector privado.

Y si ya hemos señalado que situar el contexto actual en el de la emergencia sanitaria del 2002 es una confesión de parte respecto de en qué están pensando ahora, en medio de una crisis que en dos o tres semanas más será historia, pero que intenta dejar marcas políticas, instrumentos y líneas que seguirán por bastante tiempo, mucho más grave parece el efecto simbólico de tales afirmaciones.

Es posible naturalizar que se vive en estado de emergencia sanitaria durante siete años?! Pero mucho más grave aún, es posible sostener el estado de excepción que supone el poder de un ministro durante siete años, sin homologarlo a un estado de excepción permanente?

No creo que haga falta recordar cuales han sido las consecuencias que en Latinoamérica han tenido la puesta en marcha de estados de excepción permanente, mucho menos en tiempos en que la convivencia mediática nos puso a hacer zapping entre la conferencia de prensa del ministro y el aterrizaje fallido del presidente de Honduras.

El propio Giorgio Agamben nos da pie para la reflexión final: El ejercicio regular y sistemático del estado de excepción permanente conduce necesariamente a la liquidación de la democracia.

OPINION - EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - INMUNIDAD, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - MAR DEL PLATA - EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - INMUNIDAD, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS.


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From: Tejedor de Redes

Sent: Sunday, July 05, 2009 3:45 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - INMUNIDAD, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

Inmunidad

Por Gabriel Garcia De Andreis

Parece que una de las fuertes diferencias entre las epidemia de dengue y la pandemia de gripe porcina se asienta sobre el eje de la inmunidad. Mientras que el enfermar de dengue advierte sobre la posibilidad de que un nuevo contagio empeore las cosas, teniendo en cuenta que un segundo contagio habilita a contraer una variedad algo más grave, que es el dengue hemorrágico, contraer gripe y subsistir promueve el consabido mecanismo de producción de anticuerpos, es decir, crear algún tipo de experiencia biológica que permita al organismo defenderse de ataques similares y vencer.

Se puede decir que, con algunas diferencias, nuestra propia experiencia social respecto de crisis sanitarias nos remite a escenarios más o menos cercanos que, en las posibilidades de defendernos de la crisis, se advertirá si recurrimos a la lógica de la producción de anticuerpos o a la de la contracción de enfermedades aún más graves.

Quien puede olvidar la crisis sanitaria del 2001 y 2002. En medio de la debacle económico-financiera, el contexto de la devaluación brutal produjo una enorme caída de los indicadores de salud (los índices de mortalidad infantil fueron ocultados por años en la intención de ocultar las responsabilidades penales por devaluaciones que ya se sabe que van a generar muertes), junto a la depreciación del dinero, y, entre otras consecuencias ligadas a la cobertura sanitaria, la desaparición abrupta de fuentes de trabajo en blanco, con la consecuente falta de cobertura de las obras sociales. En paralelo, el empate técnico en el que se encontraban los subsectores privado, público, y el de las obras sociales, se deshizo en esa crisis, adoptando cada uno modalidades de acción que les son propias, tanto desde el punto de vista de sus ideales como de sus posibilidades técnicas, para resolver las crisis. Y mientras los subsectores privados y de las obras sociales prácticamente abandonaban a sus pacientes en el esfuerzo por preservar sus capitales y sus ganancias, el subsector público se puso al hombro la crisis, y atendió más que nunca, y recuperó incluso técnicas quirúrgicas acordes con el nuevo esquema presupuestario, golpeado por la falta de insumos que habitualmente cotizados en dólares habían desaparecido del mercado.

Desde las universidades nacionales, incluyendo la de Mar del Plata, y el laboratorio del Hospital de Balcarce, se advirtió no sólo la fuerte necesidad de producir medicamentos en laboratorios estatales a costos bajísimos, sino que eso era posible. La situación era la de desabastecimiento de medicamentos, teniendo en cuenta que los dueños de farmacias habían hecho desaparecer de las góndolas productos de los que, cotizados en dólares, se desconocía cuál era su valor de reposición.

En esa situación, llega al Ministerio de Salud, Ginés González García, de la mano de Duhalde. Provisto de un halo de pericia técnica, toma dos medidas, en contra de lo que hubiera sido la más sensata decisión de un sanitarista. Lo que hizo en aquel momento fue reducir la cantidad y calidad de prestaciones obligatorias para los servicios de medicina prepaga y obras sociales, justo en el peor sanitario de nuestra población. Y además, justo en el momento en que contaba con una enorme cantidad de dinero, producto de los préstamos con el Banco Mundial, dirigir ese dinero al Plan Remediar, es decir, comprarle medicamentos a los laboratorios que habían tenido enormísimas ganancias con el 1 a 1. Y a partir de allí alimentar el llamado “sendero de reformas”, que desde el punto de vista cultural abonaba como buena idea la del llamado mix público privado, que consistía en poner a competir a todos los subsectores como estrategia para dirigir dineros públicos al subsector privado.

La lógica de un sanitarista enrolado a la idea de derecho a la salud hubiera dirigido esa cantidad de dinero a financiar fuertemente al sector que había dado claras pruebas de que era capaz de solventar las crisis sanitarias, el subsector público, así como dirigir dinero a producir medicamentos en laboratorios estatales. La verdad, es que nos costó mucho trabajo sacarnos de encima semejante enfermedad que tarde o temprano nos mataría.

Años después, una nueva crisis sanitaria nos pone a decidir entre lógica de empeoramientos o lógica de anticuerpos. Nos llega como salvador en medio de la crisis el ministro Manzur, que tiene como uno de sus mayores baluartes no sólo ser alumno dilecto del actual embajador en Chile, egresado de la escuela de la Fundación Isalud, sino el antecedente de haber bajado los números de la mortalidad infantil en Tucumán, mediante el artilugio de cambiar el concepto de mortalidad infantil, haciendo que se triplicaran mágicamente los números de la mortalidad fetal, así como haber sido prácticamente echado de La Matanza por sus esfuerzos en dirigir las ganancias de los partos hacia las clínicas privadas.

Y hace, al llegar, un primer gesto que lo pinta de cabo a rabo: festeja con alegría el espaldarazo recibido por el sector privado en una reunión en la que Claudio Belocopitt de Swiss Medical; Francisco Díaz de la Asociación de Clínicas y Sanatorios Privados, y Julio Fraomeni, de Galeno, como informa Prensa Latina y otros medios, manifestaron su total disposición para colaborar con el Ministerio en esta situación, justo en el momento en que aparecen mil millones de pesos para financiar la crisis sanitaria. Justo en el momento en que nuevamente el sector público demostraba que está a la altura de las circunstancias para hacerse cargo de la nueva crisis, pues hasta los propios enfermos de sectores acomodados han encontrado respuestas en el Hospital.

La crisis nos pone ahora a discernir entre la lógica de empeorar la enfermedad que sí mata, con una letalidad mayor que la de la gripe porcina, que es decidir en sanitarismo con lógica de mercado, o con la lógica de los anticuerpos, que nos podría hacer pensar que esta historia ya la vivimos.

OPINION - DEMOCRACIA TESTIMONIAL, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - DEMOCRACIA TESTIMONIAL, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS.


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From: Tejedor de Redes

Sent: Tuesday, June 09, 2009 9:05 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: DEMOCRACIA TESTIMONIAL, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

Democracia testimonial

Por Gabriel García De Andreis

Estará bien preguntarnos cual es el verdadero valor, en clave de democracia, del ritual que de tiempo en tiempo todos los ciudadanos de nuestro país nos vemos obligados a producir, la asistencia a las urnas para emitir voto?

Preguntamos si estará bien preguntarnos, adelantándonos incluso a la posibilidad de que, en el propio preguntar, esté habilitada la sentencia de muerte del propio ritual de las elecciones, tal siempre el riesgo de interrogarse de verdad.

Preguntamos si estará bien preguntarnos, advirtiendo que rápidamente tendremos quien equipare nuestra pregunta a la adhesión de un plumazo a formas antidemocráticas, y hasta nostalgiosas de aquellos que todavía consiguen decir que “con los militares estábamos mejor”.

Nos preguntamos si estará bien preguntarnos si es que asistir periódicamente a la “fiesta de la democracia”, no nos pone a celebrar la impotencia política, más que la potencia de pensar otros mundos posibles, produciendo así esa fuerte condición de la nada ciudadana que es no solamente negar, sino además, y para encadenar aún más el doble cerrojo, negar que negamos.

Nos preguntamos si estará bien preguntarnos por el valor del rito al que estaremos obligados a asistir, hacia fines de este mes, haciendo pie en la pregunta ¿en qué consiste el derecho a votar, si estamos obligados a votar? Cuál es la sustancia de un derecho a elegir, si no hay derecho a elegir no hacerlo?

Nos preguntamos si estará bien preguntarnos, sin que nadie intente amordazarnos con los gestos que reconocemos como diferenciales de otros tiempos, que Carmen Argibay y Eugenio Zaffaroni en la Corte Suprema de Justicia no son lo mismo que la justicia infinita, ni el pulgar todopoderoso de las dictaduras; que Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto al lado de la presidenta de la Nación no son lo mismo que las uniformadas y siniestras ternas de otros tiempos, tan lejanos, tan cercanos.

Nos preguntamos si estará bien preguntarnos cual es la verdadera representación de la voluntad del sujeto expresada en el voto, toda vez que la representación se vuelve parodia, disuelta en los dobleces de la llamada clase política, en tiempos en que el humor político del Gran Cuñado impone el advertir que la elección no consiste en elegir quien nos representará, sino quien quedará afuera de la casa (rosada, o del congreso), oponiéndose de ese modo al único interés visible de quienes están en ella: quedarse adentro para siempre, y nada más. Humor político que tiene como única virtud el señalar casi de un modo primitivo, que el voto es sólo eso, la impostada libertad de decidir quien quedará adentro, nunca qué necesidades e intereses populares estarán representados en los centros de poder para que otro mundo sea posible.

Nos preguntamos si estará bien preguntarnos por qué votamos, cuando advertimos que en el voto está expresado el único espacio de libertad posible, que para el mal gobierno no hace falta más que prometer que cumplirán con sostener la consistencia de lo que ya está hecho.

Y nos respondemos que está bien preguntarnos por el valor de nuestro gesto votante, a riesgo de al final de nuestro recorrido decidir que para qué, porque no estamos tan lejos del momento en que el poder ciudadano se cargó a un presidente. Y que acto seguido, inició la experiencia de resubjetivación del actor político que son las asambleas, experiencia que continúa hoy visiblemente en las fabricas recuperadas, invisiblemente, para el sentido común, en todo foro, seminario y encuentro popular que se plantea seriamente el problema de la autogestión colectiva de los riesgos de estar vivos.

Nos respondemos que estamos obligados a preguntarnos por qué y para qué votar, porque como alguna vez expresó Cornelius Castoriadis, el problema de nuestra civilización es que dejó de interrogarse, y que, como señala Zigmunt Bauman, ninguna sociedad que olvida el arte de plantear preguntas o que permite que ese arte caiga en desuso puede encontrar respuestas a los problemas que la aquejan, al menos antes de que sea demasiado tarde y las respuestas, aun las correctas se hayan vuelto irrelevantes.

OPINION - EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - LA DIGNIDAD NO SE DESALOJA: ODIAR AL CAPITALISMO, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

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1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES -  LA DIGNIDAD NO SE DESALOJA: ODIAR AL CAPITALISMO, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS.


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From: Tejedor de Redes

Sent: Monday, May 18, 2009 6:41 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES -  LA DIGNIDAD NO SE DESALOJA: ODIAR AL CAPITALISMO, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

La dignidad no se desaloja

Odiar al capitalismo

Por Gabriel García De Andreis

Hay una consigna que ronda en nuestras cabezas y corazones desde hace por lo menos treinta días, (mañana estaremos cumpliendo un mes del brutal e ilegal desalojo del barrio quince de enero; el Estado contra cincuenta familias desamparadas), en la impresión clara de que hay una pelea por recuperar un territorio perdido, que no solamente es aquel en el que se asienta una vivienda, sino que es la extensión de nuestra humanidad; “La dignidad no se desaloja”.

Consigna que multiplica su potencia asociada a otra, que nos habita desde hace alguito más, expresada en la convocatoria a “Odiar el capitalismo”.

Hay autores que, a partir de la experiencia zapatista, genéricamente en la lectura del Ya basta del 1ero de enero de 1994, pero puntualmente en el comunicado publicado con el título “De qué nos van a perdonar?”, consiguen desarrollar la importancia del valor dignidad, no sólo como ideal, sino al menos en dos dimensiones. La de la descripción de los daños que el capitalismo nos ha producido y la de la convocatoria a la lucha.

Por un lado, como fuerte descriptor de lo que nos ocurre, en el sentido de haber olvidado lo que hay de humano en cada uno de nosotros. Así lo dicen los zapatistas: “Nosotros nos levantamos para expresar la dignidad. Empezamos a ver que habíamos olvidado lo que nos hace humanos, que habíamos olvidado lo que levanta nuestro pie sobre las piedras...”. Peder la dignidad es perder la humanidad. Y la consigna de las y los sin techo, de la red de apoyo que como red, aumenta día a día en la conexión entre nodo y nodo, recupera la dimensión de lo que no habitamos, la de un territorio perdido, del que fuimos desalojados, no hace días sino décadas, pero definitivamente sin eludir los actores. Hemos sido desalojados. No nos hemos retirado mansamente de nuestra humanidad, nos han echado por la fuerza, o al menos eso intentan.

Y es exactamente ahí donde aparece la otra dimensión de la dignidad que algunos autores recuperan del ya basta zapatista. Advierten que dignidad tiene una conntación vinculada tanto a su negatividad como a la acción. Dignidad es defender nuestra humanidad de todo lo que la ataca. Dignidad no es un concepto que pueda leerse en clave de esencialismos, sino en el campo de la pelea, de la lucha por defender la humanidad, de seguir habitados por lo humano.

Por tercera vez en estas palabras de hoy nos aparece la necesidad de referirlas a escenas y frases que ocurren en el tiempo. De la presentación de ayer del libro Luz en la Selva, de Vicente Zito Lema, nos resuenan, de las múltiples ideas y escenas que vivimos, algunas en particular.

Una, brutal tanto por su contundencia como por sus consecuencias en defensa de la dignidad: la frase del autor del texto que nos convocaba. “Yo pienso...”, dijo, “...que vivir en el capitalismo es vivir en la muerte”.

Otra, nuestro amigo Alfredo Grande, estableciendo en lógica de pares antitéticos la distancia entre la selva, aquella que demasiadas veces, injustas veces, encubridoras veces, ha sido ligada a la lucha de todos contra todos, esta vez, caracterizada como el lugar en el que somos originados, en el que nuestra humanidad es más humana, paradójicamente, más cerca de la Cultura que de la Naturaleza, en términos levistrausianos. Y en el otro polo de la estructura, el habitar y ser habitados por el Parque Jurásico, espacio artificial de salvajes asesinos, que en su locura carnívora muestra su verdadera faz, y encima, obliga a cada quien a pagar su entrada.

Y otra, una que en su voltaje afectivo al menos para nosotros, nos hace dudar en rememorarla, a riesgo de volver a perder la compostura necesaria del buen locutor. El amigo Juan recupera la noción de redes de palabras, de frases y de escenas que viven en nosotros marginadas de la lógica del reloj y el calendario, que nos llevan por un lado y por el otro a la consistencia y la coherencia de los mismos ideales levantados una y otra vez, para advertir que en sus escritos de apunte tan apremiados como necesarios, anidaba una intelección emotivisima, al menos para nosotros.

La gesta de los sin techo y la red de apoyo recupera la dignidad de ser humanos, de dejar de habitar y ser habitados por un mundo de muertos vivos, en el gesto casi natural que emerge en la confianza establecida entre unos y otros, en la certeza de que unos y otros no serán traicionados, en la necesaria indiferencia que se merecen los que nos ningunean, para Freud, el polo más contundente como contradictorio del amor, como se dijo. La indiferencia como digna respuesta: a la hora de los golpes, las balas, el fuego y el odio estatal, no hay más refugio que nuestra Casa del Pueblo, el Centro Cultural América Libre, la cálida y cercana selva. En un gesto de coherencia en la lucha en defensa de la dignidad, no es posible imaginar otra cosa que vivir con quienes nos aman, con quienes amamos.

Es así, que, como, más allá de lecturas vinculadas a las idas y vueltas, a las consecuencias de una negociación, el camino que va del barrio “15 de enero” a la “Casa del Pueblo”, y ahora sí, a los terrenos fiscales obtenidos en estos días, que serán poblados de lo propio, ya no de la casa, sino de la comunidad humana, de la selva en su carácter originario y originante de lo que es nuestro, es un camino de lucha por la dignidad, en el que la actualidad de la conquista territorial tiene el carácter de la recuperación de lo que el capitalismo nos robó como territorio de humanidad y amor por los otros.

Si es necesario hoy odiar al capitalismo, para advertir qué cosas nos robo, y sobre todo, cómo hemos sido y somos colonizados y habitados por él, tenemos la esperanza de que llegue el día en que nuestra convocatoria tenga otra formulación, esta vez autonómica: Matemos al capitalismo, con nuestra profunda y rotunda indiferencia. La dignidad no se desaloja.

OPINION - VIOLENCIA ESTATAL SIN TECHO, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS (TEJEDOR DE REDES)

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    1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - VIOLENCIA ESTATAL SIN TECHO, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS (TEJEDOR DE REDES).


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From: Tejedor de Redes

Sent: Saturday, April 18, 2009 7:32 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE TEJEDOR DE REDES - VIOLENCIA ESTATAL SIN TECHO, POR GABRIEL GARCÍA DE ANDREIS

Cualquiera imaginará la dificultad presente de hacer lugar a una editorialización del hoy, teñido como aparece por lo traumático de la brutal represión sufrida en el día de ayer. Promovida, entre otras cosas, por la tendencia a desembarazarnos catárticamente de lo acontecido en nuestros cuerpos y en nuestras conciencias, en el esfuerzo de salirnos del abrumamiento de la intrusión violenta.

Llevará un tiempo, esperamos que poco, la elaboración individual y colectiva de lo que ayer ocurrió: la violencia sin techo del estado contra los sin techo y sus aliados solidarios. El Estado contra 54 familias desamparadas.

Señalada así nuestra implicación, esfuerzo incompleto por exorcizar los demonios que abruman nuestra lucidez, se nos ocurre que también la dificultad de situar nuestro análisis anida en la desigual valoración de la acción estatal, que desde un sujeto extremadamente heterogéneo nos invita a calificar los resultados ya como positivos, ya como negativos.

Es claro que desde la piel de cada habitante del barrio 15 de enero, (así preferiremos llamarlo toda vez que la nominación supone un efecto de apropiación y es allí en donde consideramos quien es el legítimo dueño de esas casas, valorizando el acto del día de ayer como un nuevo robo estatal), lo ocurrido en la víspera no puede tener más que el tremendo sentido negativo de la diferencia entre tener donde vivir y no tenerlo, toda vez que estar en la calle se vuelva la marca de la nada, del desvalimiento psíquico y social extremo. Desde allí nos entristece, nos indigna, nos rebela.

Pero no es tan fácil discernir por qué el Estado representado en el intendente, la fiscal, la policía entre los más visibles, fueron capaces de desatar la furia represiva más intensa que podamos recordar. Nos reservamos el derecho de reprimir en el sentido de la función psíquica del olvido aquello que no querríamos recordar por demasiado brutal, Maxi y Darío encienden nuestra luz de alarma.

Nos referimos a la duda que se nos impone cuando queremos valorar la cualidad del acto salvaje del día de ayer con las categorías costo político y ganancia política. ¿Que representa la decisión de haber movilizado tamaña cantidad de fuerzas represivas contra pobres, tamaña tecnología de guerra contra gomeras y piedras, tamaña figura de la fuerza aniquiladora estatal contra niños niñas y niños que corrían acorralados por la caballería y su miedo infantil, pérdida brutal de la inocencia, de la creencia de que el mundo será mejor, y que el conjunto de la sociedad los ama y se ocupa por su desvalimiento?

¿Es un costo político o una ganancia política para el actor estatal?

¿Es que decidieron pagar el precio de haber mostrado su crueldad, de que la escena mediática nacional desborde gas, frases y gritos indignados, porque había que jugar una carta fuerte cuando el tercer mes de toma y una creciente conciencia y práctica de autonomía hacía peligrar el discurso único de la democracia capitalista, a meses de una elección que podría eventualmente depararnos la escena de Saramago, en una población que decidiera multitudinariamente y casi como consecuencia lógica, que ir a votar no tiene la menor incidencia en la vida de todos los días, o cualquier otro gesto de digna rabia?

¿O es que la convivencia mediática entre las escenas de represión estatal con las de una numerosa marcha en capital federal, que recupera el espíritu rebelde que anida en cada uno de los seres humanos de este mundo, diciéndole al actor estatal, así no se puede seguir, pero confundiendo en su implicación de clase las causas, las consecuencias y las soluciones, pidiendo más seguridad en términos de más gendarmes en la calle y más pibes en las cárceles, los anima a promover la represión estatal, porque con ello ganarán adeptos en el consenso que adquiere la mano dura?

¿Será que hay ganancia política en masacrar, en aterrorizar pobres, y odiar a agrupaciones de militantes e intelectuales que la bolsa del sentido común mete en la izquierda, despertando el odio asesino que nuestro país es capaz de apuntar hacia nuestros jóvenes cuando imaginan y producen un mundo mejor?

¿Será la idea de que la ciudad aumentará sus míticos niveles de felicidad toda vez que la escena brutal del día de ayer representa un punto de llegada para aquellos que localmente recibieron con alegría el arribo de mayor cantidad de gendarmes, tiene tal consenso que aumenta sus posibilidades electorales?

En la evaluación de esta respuesta social de nuestra parte se juegan nuestras prácticas a partir del día de hoy, entre otras categorías de análisis. Para un grupo humano, el nuestro, que no sólo vivió en el día de ayer, otra vez, la violencia estatal sin freno. Sino que también vivió durante noventa días que verdaderamente otro mundo es posible, abajo y a la izquierda.