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El Peronismo y el Estado de Bienestar Argentino.

 


El Peronismo y el Estado de Bienestar Argentino


1945 – 1955


 


 


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Por el Prof. Alberto Carbone
 


 


Peron - EvitaEl entonces coronel Perón comienza a tomar estado público a partir de la Revolución del GOU, del 4 de junio de 1943. Se trató de un golpe de Estado de carácter nacionalista, opuesto a la ideología oligárquica que había gobernado desde el derrocamiento de Yrigoyen en 1930.


Los jóvenes oficiales, entre ellos Perón, reivindicaban la trayectoria y figura de Yrigoyen, el viejo caudillo radical que había fallecido diez años antes.


La filosofía y los ejes programáticos del GOU salían de los mimeógrafos del ministerio de Guerra, ocupado por el general Farrell y en donde Perón era su secretario.


Sucedía que la estructura económica del país había cambiado desde 1929 a la luz de las modificaciones impuestas por el comercio internacional, debido a la “Gran Depresión”. Era imprescindible entonces reconvertir la industria a partir de un mayor control de la producción y de un redireccionamiento de la actividad. Por ellos, surgieron los controles a la producción y una acelerada inversión en la actividad industrial, que propiciara el proceso de sustitución de importaciones. Esta actividad fue acompañada por un importante flujo migratorio desde el interior del país hacia la periferia de las grandes ciudades. Este hecho fue el antecedente de las nuevas masas populares que sin sindicalización fueran empleadas en las nuevas industrias constituyendo la base del que se llamaría Movimiento Peronista




El precipitado cambio de figura presidencial en el GOU con la aparición de Farrell en la Primera Magistratura, provocó la consolidación de Perón en la actividad política, convirtiéndose al cabo de pocos meses en el hombre fuerte del gobierno. Las presiones del ejército hacia Farrell, lo obligan a destituir a Perón de su cargo el 8 de octubre de 1945, pero el estallido social generado 9 días después obligaron al GOU a reposicionarlo en el gobierno y aceptarle su candidatura a Presidente.


Después de una corta pero intensa campaña presidencial, Perón triunfó el 24 de febrero de 1946, contra la Unión Democrática. Un conjuro de partidos políticos diversos amparados en el apoyo del embajador Norteamericano. El slogan decisivo y preciso pasó a la historia: “Braden o Perón”.


Una vez en el Poder, Perón creó el Partido Peronista, con tres Ramas: Sindical, Política y femenina. Mucho tiempo después la juventud será considerada la Cuarta Rama.


El peronismo arribaba en democracia en plena época de posguerra mundial y con la debilidad de Europa y el liderazgo creciente de los EE.UU. de América. Argentina se encontraba por primera vez en su vida en posición de acreedor de los países centrales y como principal proveedor de materias primas. Su principal deudor, Reino Unido se declaró insolvente y el gobierno argentino optó por utilizar esos créditos para adquirir empresas de servicios públicos de capital británico.


La bonanza económica, propiciada por las exportaciones en aumento y la baja adquisición de importaciones, amparadas en la política de “sustitución”, generó cantidades importantes de remanentes en dinero líquido, superavit, que el gobierno utilizó para efectivizar una acción política de “Bienestar”, relacionada con una infinidad de nuevos derechos sociales, períodos de vacaciones, planes de vivienda, inversiones en salud y educación, etc. Conquistas que fueron capitalizadas por el entonces general Perón y su mujer, Eva Duarte, quien creara y financiara con esos dineros excedentes, la “Fundación de Ayuda Social”, que llevara su nombre.


La presión ejercida por la baja de los precios internacionales de las importaciones primarias, comenzó a comprometer la economía nacional, a partir del año 1950, que coincidentemente EE.UU. otorgara el Plan Marshall a Europa, para ubicar en ese mercado todo su excedente agrícola.


La baja de los precios internacionales, perjudicó directamente la política redistributiva peronista. El Presidente, actuó rápidamente, promoviendo el desarrollo de la industria pesada, para evitar que nuestra industria liviana dependiera de los insumos importados para avanzar. Sin embargo, la reacción de los mercados externos, la posición ambigua de los aliados americanos y la extrema beligerancia del imperio norteamericano, acallaron las intenciones peronistas y se produjo el golpe de Estado de 1955.


A partir de ese momento, la oligarquía nacional, abandonó su intespectiva reacción y aceptó el gobierno de facto.


Los golpistas, inmediatamente contrajeron una deuda para la Argentina en el Fondo Monetario Internacional, Institución que había propiciado el golpe de Estado, después de la negativa del general Perón de pertenecer a sus filas.

La Revolución de las Máscaras.

 


 


La Revolución de las Máscaras






 


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Por el Prof. Alberto Carbone *



Cuando la Corona española cedió terreno en favor de los intereses políticos de Francia, y el Rey Fernando VII aceptó rendir su ejército antes de pelear contra el avance de Napoleón, en el episodio denominado “la farsa de Bayona”, corrían los primeros años del Siglo XIX y para los peninsulares, corrían las versiones de que el abnegado Rey había sido derrotado por el invasor francés después de una lucha valiente y tenaz.

25_DE_MAYOAquella fábula también llegó a oídos de los rioplatenses, llegó justo cuando los criollos acababan de vencer dos veces consecutivas a otros invasores, a los representantes de la gran Nación industrial europea, Gran Bretaña, que se vanagloriada de su empuje y crecimiento, intentaba ganar mercados de ultramar a fuerza de ímpetu y pretendido autoreconocimiento, ratificándose como “el taller del mundo”.

Los pobres peninsulares, convencidos de que su Rey se sacrificaba por ellos, preso en las mazmorras del invasor, no aceptaban el dominio francés y la imposición de la autoridad napoleónica encarnada en el reinado de José Bonaparte, a quien titulaban socarronamente con el mote de “Pepe Botella”, por su ferviente vocación etílica. En virtud de ello, desconociendo que el joven Fernando la estaba pasando muy bien participando de variados convites en diversos salones parisinos, mientras esperaba la resolución bonapartista, quien le había prometido que devolvería el trono, el pueblo español se organizó. No reconoció a los enviados de “Pepe” y como respuesta armó Juntas de vecinos para gobernar sus respectivas ciudades. Decisión que generó un grave problema de legitimidad a Francia en España y por la cual el Rey José tuvo que enviar batallones a cada lugar, para capturar a los auto proclamados dirigentes populares.

Ya andaba entrado el año de 1809 y aquí, en el Río de la Plata, donde también habían llegado esas noticias, los criollos se precipitaron a copiar el modelo de acción de sus hermanos de sangre. Fue así que del mismo modo que ellos, organizaron Juntas. Asociaciones vecinales dispuestas a decidir por el futuro de las colonias que como los peninsulares, ellos tampoco estaban de acuerdo en entregar a Francia.


La diferencia fue que nuestros nativos rioplatenses, negaban al enviado Virrey elegido por los españoles congregados en la Junta de Sevilla, entidad que asociaba a las pequeñas Juntas ciudadanas de España.

Aquel Virrey, Baltazar Hidalgo de Cisneros, representante sevillano, no elegido por el Rey Fernando porque estaba preso, terminó en el año 1810 expulsado de Buenos Aires y enviado de vuelta a su país.

Los criollos, quienes habían tomado la determinación, estaban convencidos de que aquella decisión política, de resultar victoriosa, podía cambiar el rumbo definitivo de sus vidas y el de la joven región del cono sur americano que habían decidido conducir.

Tanto la decisión de Bayona que protagonizó Fernando VII, como el experimento de gobierno que encendió la gesta revolucionaria en el Río de la Plata, fueron una “mascarada”.

Por un lado, en Europa, el Rey español reconocía que el avance de las ideas liberales encendidas por Francia en  el viejo mundo eran irrefrenables y que por consiguiente convenía al Trono “dejar hacer, dejar pasar”, hasta que la situación internacional aclare y la realidad se aquiete.

Por otro lado, en la otra orilla del Atlántico, los criollos sabían que un paso equivocado podría destruir su vocación de Poder y naturalmente se juramentaron formar “Junta”, como en España, y jurar gobierno en “nombre del Rey Fernando VII”, por si la situación internacional variara.

Sea como fuese, debemos concluir que la decisión política de crear un gobierno criollo era un ímpetu reflejado en toda América española y que es dable admitir el alto nivel de duda experimentado en el Río de la Plata por aquello criollos que iniciaban ese camino, primero en el Nuevo Continente.

Queda mucho por contar, historias mínimas y extensas que eximen a estas cortas palabras y abren un camino de análisis cada vez más profundo respecto a las más importantes intencionalidades que motivaron aquellas decisiones, pero si es fuertemente significativo afirmar que aquellas viejas decisiones que se proclamaron doscientos años atrás y tuvieron como puntapié inicial el escenario de la “Máscara”, fueron configurando lentamente una cultura propia y nacional que heredamos. Una estrategia de cotidianidad que con el paso del tiempo y con el correr de la nuevas generaciones, pocas veces dejó de utilizar la “Mascara” como instrumento político, negando realidades, o dando por ciertas otras que objetivamente no sucedían.

Doscientos años después de la decisión del criollaje, los argentinos de hoy, aún tenemos una asignatura pendiente con la historia, aquella que habla de reconocer a cada sector social, por lo que aportó al desenvolvimiento de la Nación. Recuperar definitivamente ese antiguo apotegma que enseña que el verdadero valor del Ser Humano radica en su entrega, en su solidaridad, en su distintivo lenguaje fraterno.

La acción política de los próximos doscientos años deberá correr por ese andarivel, por el bien de nuestros hermanos, de nuestros hijos y de los futuros hijos de la Argentina que vendrá.


 


* Profesor de Historia - Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

La Memoria es la llamarada invicta de la Patria: Los jóvenes de hoy y el 24 de marzo de 1976

 


 


La Memoria es la llamarada invicta de la Patria

Los jóvenes de hoy y el 24 de marzo de 1976



 


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Por  Prof. Alberto Carbone - Historia - Fac. Filo y Letras (UBA)



Quiero decirles, necesito contarles, que nuestro pueblo ha vivido una época dura y tenebrosa, muy parecida a las historias terribles que han soportado otros pueblos en distintas épocas y posiblemente en otras situaciones, pero la nuestra es tan reciente y dolorosa, que perdura aún en la memoria de quienes estamos vivos y la hemos padecido.

Los jóvenes, conforman por definición, el núcleo más espontáneo y heterodoxo de la sociedad. Constituyen la llama encendida y vigorosa que aglutina los cambios y concentra la atención nacional. Por ello, uno de los objetivos de la represión de Estado, que se inició el 24 de marzo de 1976, fue direccionado con la intención de abortar definitivamente la intención vivaz y edificadora juvenil.

La última dictadura cívico-militar, aborreció de la impronta de los jóvenes, construyó un alto porcentaje de su acción feroz a la tarea de eliminar cualquier intento de manifestación en libertad que procuraran mantener vivo los grupos juveniles.

Muchos jóvenes de aquella época, aún estamos vivos y atentos, aún sostenemos con nuestra convicción esa bandera libertaria, por la que a miles de estudiantes les fuera arrebatada sus vidas en forma sanguinaria.

Hoy, más que nunca, quienes hemos pasado por aquella situación caótica y desesperante, familiares y amigos, compañeros y vecinos, todos quienes podemos transmitir los acontecimientos duros y fatales de esa época, debemos ser capaces de encontrar un método concreto y eficaz que permita que las generaciones que nos preceden, presten atención al pasado y sostengan con racionalidad la consolidación de la democracia.

Dicen que el tiempo cura las heridas. Es cierto. Pero no es menos real que para que una llaga se sane definitivamente debemos aplicar la medicación más acertada. En el caso que nos ocupa, el remedio definitivo es mantener viva la memoria.


Recordar qué pasó y por qué se torna imprescindible. Porque las nuevas generaciones han tenido la facilidad de recibir un país organizado institucionalmente y no pueden entonces, por una simple interpretación identificar el valor de lo que les fue dado. Debemos consecuentemente, realizar con los jóvenes un análisis de situación, para identificar exactamente cuántos y quiénes son los grupos hegemónicos en nuestra sociedad y qué intereses de sector pretenden imponer.

Los métodos y los actores sociales han cambiado después de treinta y cinco años, pero sus intereses perduran.

La presión de los grupos de poder ha variado de metodología, pero siguen estando ahí, frente a nosotros, esperando el momento preciso para exigir aquello que creen que les pertenece.

El instrumento más idóneo de reclamo de estos sectores privilegiados fue el Ejército en todas las épocas. Hoy, las FF.AA están democratizadas y aceptan la dirección de las instituciones de la República, pero este cambio se obtuvo a través del sacrificio de miles de vidas humanas.

Escribo estas líneas en el convencimiento de que el resultado final de aquella tragedia nacional debe ser inexorablemente la búsqueda permanente de cohesión entre quienes han vivido aquella dramática experiencia y estos jóvenes que nacen a la vida política, fruto de la reflexión y el análisis crítico, envueltos en el esfuerzo cotidiano, por el logro de la definitiva Independencia Nacional.