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La Revolución Rusa interpela al futuro

Revolucion Rusa 100

Gustavo Robles

Por Gustavo Robles

Ante el Centenario de la gesta más importante de la Humanidad

“Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con esos sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía” 

V. I. Lenin

Estamos, en términos históricos, en el Centenario del acontecimiento más importante de la Humanidad: la Revolución Rusa. El 7 de noviembre de 2017 se cumplen 100 años de aquella gesta, en la que los explotados de la Rusia zarista tomaron el Palacio de Invierno y el Poder, vanguardizados por los bolcheviques, dejando atrás siglos de opresión y desdichas. Con Lenin a la cabeza, estos se propusieron crear una sociedad totalmente diferente a las que los seres humanos modelaron a lo largo de la historia: una donde no existiera la explotación del hombre por el hombre, ni sus consecuencias nefastas, la desigualdad, la injusticia y la miseria.

La Revolución Bolchevique abrió la puerta de innumerables procesos revolucionarios en el mundo que maduraron a su luz. Hizo ver que se podía. Lo pobres podían rebelarse y triunfar. Y es que, más allá de las diferencias culturales de los pueblos de la Tierra, ninguno escapaba (ni escapa) a las lacras de la explotación y la pobreza. La virtud de los revolucionarios rusos fue comprender la realidad de su pueblo (su cultura y nivel de conciencia general, sus angustias y aspiraciones), y saber organizarse bajo una férrea disciplina partidaria para capitalizar toda esa potencia en pos del objetivo revolucionario, enmarcados en la teoría que ha guiado a millones de personas con el mismo anhelo desde mediados del siglo 19: el marxismo. Eso no fue casualidad, pues fueron Marx y Engels quienes mejor explicaron la estructura de la sociedad capitalista de la época, y la relación de poder de los explotadores sobre los explotados de todas las épocas. Y lo hicieron no con el sólo ánimo de explicar la realidad, sino de modificarla, tal cual expresara el filósofo alemán en el punto 11 de su Tesis sobre Feuerbach.

Octubre (según el calendario juliano), la Revolución, el Estado Soviético, su esplendor y sobre todo su caída nos llaman desde la esencia de la historia humana para interpelarnos a quienes tuvimos aquello como un faro, como norte, y a quienes sueñan con un mundo donde el hombre sea hermano del hombre y nunca lobo.

Es necesario erradicar el culto y analizar aquél periodo con la rigurosidad que exige la ideología que le dio sustento: más allá de las pasiones, lejos de toda idealización, que es lo que hubiesen hecho y exigido, en definitiva, los mismísimos Marx, Engels y Lenin. No puede ignorarse semejante implosión después de 70 años de experiencia soviética, derrumbe que el pueblo atestiguó desde sus casas. No puede atribuirse simplonamente a la acción contrarrevolucionaria del imperialismo burgués: si bien obviamente la hubo, la URSS hoy existiría si se hubiesen hecho las cosas como era debido hacerlas. Que la caída haya sido una experiencia de las contradicciones y claudicaciones de la cúpula, tiene todo que ver con la forma en que se desarrolló aquél Estado después de la muerte de Lenin, donde el PCUS llevó las riendas y relegó a la clase a recibir los “beneficios” de las políticas del partido, en lugar de socializar el poder en las masas, contradiciendo al propio líder de Octubre cuando, en sus Tesis de Abril, había labrado la consigna “todo el poder a los soviets”. Eso, en los hechos, no ocurrió nunca. Como tampoco se vio la etapa del socialismo, si se entiende como tal la socialización de los medios de producción y el gobierno de la clase (y no del partido): en lo que vulgarmente se conoció como “socialismo real”, nunca se superó la etapa del “capitalismo de estado”, donde la burocracia del PC se transformó concretamente en la nueva burguesía.

Si la característica principal del sistema capitalista es la propiedad privada y el trabajo asalariado, en el bloque soviético la propiedad privada pasó a ser “estatal” pero nunca “social”, y el trabajo asalariado… nunca dejó de existir.

Tal vez por ese lado, porque las desigualdades nunca se extinguieron, haya que buscarle la vuelta a la explicación de semejante fracaso.

Quienes vivimos aunque sea algunos años de aquél mundo extinto, donde la clase obrera (con las desviaciones del caso) había logrado niveles de organización tales que podía discutir la estructuración de la Humanidad con la burguesía imperialista, hoy somos apenas sobrevivientes del naufragio. La realidad nos ha golpeado de manera brutal, y nos exige asumirla con entereza pero también inteligencia, dignidad y humildad para afrontar la lucha presente y futura. Venimos de una derrota. Y esa derrota ha calado en la sociedad mundial transformándose en cultura, lo que se suma a la cultura ya impuesta por la burguesía y su modo de producción. Para la mayoría de los seres humanos “el comunismo murió”, aunque no tengan idea de lo que es el comunismo o lo hayan asociado a una experiencia “dirigida por comunistas” que ni siquiera llegó a la etapa del socialismo. Los instrumentos de dominación cultural de la burguesía imperialista se han encargado desde entonces de afirmar esa falacia y convertirla en “verdad” para los habitantes de la Tierra.

Marx y Engels explicaron claramente cómo se organiza la sociedad capitalista, dividida en la estructura, donde se desarrollan el modo de producción y las fuerzas productivas, y la superestructura, donde se desenvuelve la ideología dominante en la sociedad y crea su Estado, sus leyes, sus instrumentos de convencimiento, de formación y de represión. También explicaron que toda relación en la naturaleza y en las construcciones humanas es dialéctica. Y que por lo tanto, tanto en la estructura como en la superestructura se expresan las contradicciones que genera el sistema: en la estructura, la contradicción económica y social palpable y concreta que es la de los intereses de los capitalistas contra los intereses de los trabajadores; y en la superestructura, la ideológica, donde la burguesía ha impuesto e impone la suya, en detrimento de la de los trabajadores, hoy más confusa que nunca, pues mientras hasta hace unos años se luchaba por la liberación política y social y por el poder, hoy se contenta con pelear por formas de explotación “más humanizadas”. Más allá de lo que quieran esgrimir los denostadores del marxismo, queda expuesto que Marx y Engels se ocuparon de las cuestiones objetivas de la explotación capitalista, expresadas en la estructura social, basándose en las formas del capitalismo de su época; pero también de las cuestiones subjetivas, plasmadas en la superestructura y tan importantes o más que las meramente economicistas. “El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan” decía Marx, y con ello hacía hincapié en lo verdaderamente importante de su pensamiento: si había respeto entre los seres humanos, habría igualdad y si había igualdad, habría pan para todos. “De cada quién según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, otra de las frases humanistas del gran Karl. Los fundadores del socialismo científico sabían que la conciencia social se forjaba en el modo de producción del sistema imperante, por lo cual había que dominar el conocimiento de ese factor concreto de la realidad para poder cambiarlo, pero el objetivo era una sociedad donde cada ser humano pudiese ser objetivamente libre y subjetivamente feliz. El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan, pero para poder lograr ese respeto, debería destruir las condiciones materiales que determinaban su carácter de explotado. Ése fue el espíritu que guió a las masas rusas a la Revolución.


¿El puente de los espías o el fin de una operación de la CIA? (La Pupila Insomne)

Puente Espias

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Por el Gral (R) Fabián Escalante Font

El año pasado, el talentoso actor norteamericano Tom Hanks actuó y produjo una película dirigida por Steven Spielberg denominada "El puente de los espías" que, por cierto, mereció para uno de sus actores secundarios un Oscar este año en esa categoría. El film relata la captura e intercambio del piloto de esa nacionalidad Francis Gary Powers por el jefe de la red ilegal de la inteligencia soviética en Estados Unidos Rudolf Abel, quien actuaba en ese país desde 1948, y que sólo pudo ser apresado en 1957 al ser delatado (algo que se omite en el film) por uno de sus oficiales -Reino Heihanen- de origen finlandés, quien, tras robar dinero de la operación, desertó a Estados Unidos para huir de sus responsabilidades.

Las historias reales de uno y de otro son bien distintas, el soviético era un hombre de mediana edad, que dominaba 10 idiomas, aficionado a las matemáticas y pintor de brocha fina, culto y experimentado en los avatares de la Inteligencia, el joven piloto norteamericano de aviones espías U-2, quien aparece en la versión cinematográfica como si realizara su primera operación, fue abatido sobre territorio soviético el 1º de mayo de 1960, precisamente el día en que debían reunirse en Viena, Austria, el Presidente Eisenhower y el Premier Jrushchov para negociaciones relativas a la distensión y eventual desarme de los bloques que encabezaban ambos países.

El personaje principal de la película que interpreta Hank es el abogado James Donovan, quien había sido compañero de Allen Dulles, entonces jefe de la CIA, en los años de la segunda guerra mundial en las Oficinas de Servicios Estratégicos (OSS), la primera formación de inteligencia norteamericana. Luego formó parte del equipo de su país en el juicio de Nüremberg, donde los entonces aliados juzgaron a los dirigentes del nazismo y más tarde, sin perder sus vínculos con la naciente CIA, se dedicó al ejercicio de la abogacía. Años después, fue el abogado designado por los Kennedy para negociar el intercambio de los mercenarios de Girón por alimentos para niños e implementos agrícolas que ya el bloqueo -que aún sufrimos- hacía inaccesibles para nuestro pueblo. En 1963, la CIA por su intermedio trató de hacer llegar un traje de buzo envenenado para obsequiarlo a Fidel Castro, a lo cual Donovan se negó, y unos meses más tarde sirvió de introductor a la periodista Lisa Howard para realizar una entrevista al líder cubano, en la cual hurgaría en las alternativas para la normalización de las relaciones entre ambos países.

Sin embargo, el objetivo de este artículo no es lo explicado, ni incluso las omisiones o tergiversaciones del film, sino las causas por las cuales fue capturado el piloto Powers precisamente el día en que los líderes norteamericanos y soviéticos intentaban negociar buscando una eventual distensión a la Guerra Fría.

En diciembre de 1959 el ex marine Lee Harvey Oswald, quien más tarde fuera sindicado como el asesino solitario del Presidente John F. Kennedy, había desertado de manera rocambolesca en la URSS. Allí, tras una aparatosa renuncia a su ciudadanía en la embajada americana y un intento de suicidio en el hotel donde se alojaba, Oswald obtuvo su permiso de residencia en la ciudad de Minsk, Bielorrusia, donde habitó por casi tres años,  se casó con una joven ciudadana soviética y tuvieron una niña.

¿Quién era Oswald y por qué desertó?, una pregunta hasta ahora no respondida. Había ingresado al cuerpo de Marines en 1958 para cumplir el servicio militar y según su hoja de servicios, estudió ruso en la escuela de diomas de Monterrey, California. Más tarde fue trasladado a la base aeronaval de Atsugi, Japón, especializándose en la operación de los radares que dirigían los vuelos de los aviones U-2 por territorios soviéticos y chinos a los efectos de fotografiar emplazamientos de armas y campamentos militares. Esta base estaba a cargo de la CIA. Su actividad lo familiarizaba con los parámetros de vuelo de dichas aeronaves y le permitía perfeccionar el idioma ruso. Según algunos investigadores norteamericanos, durante su estancia en Japón, Oswald estuvo relacionado con el intento de reclutamiento por la CIA del agregado militar de la embajada soviética en Tokio en compañía de otro agente.

Luego de cumplir el periodo de trabajo asignado en Japón, Oswald regresó a Estados Unidos, para ser destacado en la Base de El Toro en California, adonde una noche lo fue a visitar el conocido agente CIA Gerry Patrick Hemmings, quien en ese año, 1959, había estado en Cuba espiando a la naciente Fuerza Aérea Revolucionaria y, junto con su colega Frank Sturgis, estuvo involucrado en un fracasado atentado a Fidel Castro.

Cómo Gorbachov traicionó a su país (La Pupila Insomne / Sputnik)

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Oleg Nazarov

Por Oleg Nazárov

En artículos anteriores hemos citado a Alexander Zinoviev, disidente de la URSS devenido un demoledor crítico de la perestroika y sistemático acusador de figuras como Gorbachov, Shevardnadze, Yeltsin y Yakovlev por traición al pueblo ruso. Oleg Nazárov, autor de este artículo publicado por el sitio Sputnik,  pertenece al Club Zinoviev.

Todos coinciden hoy en que el encuentro entre George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov en diciembre de 1989 en Malta dejó una profunda huella en la historia. Pero lo valoran de maneras diferentes. Algunos creen que fue el punto final de la Guerra Fría. Otros lo califican como una traición sin precedentes. Gorbachov y su equipo se oponen categóricamente a esta última opinión. Para encontrar la verdad, hace falta un análisis científico.

Qué es una traición

La clave a la respuesta a esta ambigua pregunta la dio el gran filósofo ruso y patriota de su país, Alexander Zinóviev. Empleó la palabra “traición” en el sentido sociológico, moral y jurídico.

En su artículo "El factor de la traición", Zinóviev escribió: “Para calificar las acciones del supremo poder soviético como traición o para rechazar esta calificación hace falta, ante todo, partir del deber de las autoridades con respecto a su población. Este deber consiste en salvar y afianzar el régimen existente, proteger la integridad territorial, fortalecer y proteger la soberanía del país en todos los aspectos de su organización social (poder, derecho, economía, ideología, cultura), garantizar la seguridad personal de los ciudadanos, defender el sistema de formación y educación, los derechos sociales y civiles… En una palabra: todo lo que había sido conseguido en los años soviéticos y lo que constituye un modo de vida normal de la población. Las autoridades lo sabían. Y la población estaba segura de que su cúpula dirigente cumpliría su deber y confiaba en sus líderes. ¿Cumplieron las autoridades su deber? ¿Y por qué, si escogemos la respuesta negativa? En segundo lugar, hay que entender si las autoridades soviéticas actuaron por su propia voluntad o fueron manipuladas desde fuera; si fue un comportamiento planificado por alguien fuera del país o no, o si actuó el poder en intereses de esta fuerza externa”.

Zinóviev fue el primero en intuir que Gorbachov era capaz de traicionar esta confianza: “Antes de asumir el cargo de secretario general del PCUS había estado en Reino Unido. Se negó a visitar la tumba de Karl Marx, y en vez de ello se dirigió a la recepción de la reina. Me pidieron comentar este caso. Contesté entonces que empezaba una traición histórica sin precedentes. No me equivoqué”.

En Londres el futuro líder soviético se vio con la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher. Es interesante que justo después de este encuentro la Dama de Hierro se fuera a EE. UU. para verse con el entonces presidente, Ronald Reagan, para comunicarle que se podía hacer tratos con Gorbachov. En marzo de 1985, Thatcher vino a Moscú al entierro del Secretario General del PCUS y dirigente de la URSS, Konstantín Chernenko, y volvió a verse con Gorbachov, que poco antes había sido nombrado el líder de la URSS y del partido.

El primer paso

Pasado un mes, en el Pleno del Comité Central del PCUS fue anunciado el curso hacia la aceleración del desarrollo socio - económico del país. Suponía la aplicación de los logros de la ciencia y la técnica y el desarrollo de la construcción de maquinaria. Así se inició la llamada "Perestroika". En febrero de 1986 fue aprobada en el ХХVII Congreso del PCUS.

El periodo de Brézhnev lo suelen denominar periodo de estancamiento. Zinóviev protestó categóricamente contra esta denominación. En su artículo "La contrarrevolución soviética" recordó: “¡ En los años de postguerra la población de la Unión Soviética aumentó en cien millones de personas ! Se elevó el nivel de vida. Crecieron las necesidades de la gente… En los años de postguerra (y sobre todo, en los del ' estancamiento ') creció decenas de veces el número de empresas, entidades, organizaciones, la sociedad se hizo más complicada y variada con tanta rapidez y en tal escala que nunca ha visto la historia de la humanidad uniones tan enormes como la URSS. Todos los aspectos de la vida se volvieron más complicados y variados: la educación, la cultura, las comunicaciones, las relaciones internacionales, etc. Por supuesto, aparecieron problemas y dificultades…”.

Para superarlos, como afirmaba Zinóviev, “había que abogar por la vía del afianzamiento y perfeccionamiento de todo lo que criticaban y ponía en ridículo la propaganda y la ideología de Occidente: se trataba de algo que funcionaba de verdad y podría permitirle a la URSS superar aquellas dificultades. Pero los dirigentes soviéticos y sus lacayos ideológicos lo hicieron todo al revés. Se pusieron a montar la ' Perestroika ', cuyas consecuencias nefastas eran evidentes de antemano. La perestroika desencadenó una crisis que se hizo universal, abarcando también la esfera de la economía”.

Ya ni Gorbachov ni los demás críticos del estancamiento mencionaban la antes anunciada aceleración. Sus palabras altisonantes nunca se materializaron. Los partidarios de la "Perestroika" no lograron superar los problemas, muchos de los cuales fueron fruto de su propia actividad. Gorbachov demostró ser un dirigente incapaz de construir nada, lo que primero originó en la sociedad una desilusión y luego una creciente irritación.

Cuanto peor fueron las cosas dentro del país, tanto más se esforzaba Gorbachov por conseguir reconocimiento en Occidente. Hasta estaba dispuesto a renunciar a las conquistas geopolíticas del periodo de la Segunda Guerra Mundial, pagadas con las vidas de decenas de millones de ciudadanos soviéticos. El ex jefe del Departamento Analítico de la KGB de la URSS, Nikolái Leónov, está seguro de que fue Gorbachov el que inició la ruina del imperio soviético al ir a la Asamblea General de la ONU en otoño de 1988 con la idea de alegrar a todo el mundo declarando desde la tribuna que la URSS no iba a impedir por la fuerza los cambios en otros países de Europa Oriental. Fue el primer paso, y después ya no hubo vuelta atrás.

La URSS no quiere ver a EE. UU. como un adversario

Henry Kissinger en su libro "Diplomacia" recuerda como al declarar desde la tribuna de la ONU la reducción unilateral de las Fuerzas Armadas en 500.000 efectivos y 10.000 tanques, Gorbachov añadió con una voz bastante humilde: “Esperamos que EE. UU. y los europeos den algunos pasos también”… Una reducción unilateral de escala tan grande es una muestra o de una exclusiva seguridad de las propias fuerzas o de una debilidad exclusiva. En aquella etapa de desarrollo es dudoso que la URSS ostentase dicha seguridad de sus fuerzas.

En primer lugar, las palabras de Kissinger hacen referencia a Gorbachov quien manifestó también su debilidad en el curso de las negociaciones en Malta. Al describir el comportamiento del líder soviético, el embajador estadounidense en la URSS, Jack F. Matlock, dijo: “Necesitaba que todos vieran que estaba negociando con Bush de igual a igual y no como un adversario vencido”.

Imágenes y significados (La Pupila Insomne)

Putin - Desfile Familiares 70 aniversario

Sara Rosenberg

Por Sara Rosenberg

Fue muy emocionante la conmemoración del día de La Victoria, en el 70º aniversario de la derrota del nazismo. Suelo ver poca televisión pero ayer (09/05) no pude despegarme de Telesur y de RT que retransmitían en directo esta fiesta del antiimperialismo y del internacionalismo triunfante.

Sí, fue un gran desfile militar, los cronistas hablaron de demostración de fuerza y de esplendor. Pero lo que me emocionó profundamente fue el sentido profundo de este despliegue: un ejército inmenso, popular, bien organizado para defender la PAZ en el mundo. Y volvió a mi memoria aquella estrofa del himno guerrillero que  cantábamos:

“Vas haciendo la PAZ con la guerra
Con las armas de la libertad”

La prensa occidental trató de ocultar y tergiversar este significado. El diario el País, modelo de prensa neoliberal, tituló “Rusia celebra la victoria sobre los nazis con un desfile al estilo soviético” y subtituló “ La mayoría de los líderes europeos no acude al evento en señal de protesta por el conflicto de Ucrania y la anexión de Crimea”. No se puede esperar que medios que dependen de las grandes corporaciones financieras tengan un gesto de decencia o de verdad. ¿Podrían acaso atreverse a decir que USA y la UE están financiando al criminal gobierno de Ucrania, para crear alrededor de Rusia el anillo militar de la OTAN y sembrar más guerra, más saqueo?

Hay una coherencia enorme entre ocultar y negar a los más de 27 millones de héroes soviéticos que dieron la vida para detener la máquina militar del nazismo y el actual apoyo de Europa a los fascistas en Ucrania. Esa es la Europa real, la de la OTAN.

Han tratado de ocultar esta victoria en todos lo textos escolares, han ocultado siempre que fue el pueblo soviético quien plantó la bandera comunista sobre las ruinas de Reichstag y que sin duda volvería a plantarla una y mil veces. Lo demostraron con claridad los millones de personas -veteranos, nietos, hijos, familiares de esos 27 millones- que caminaron por todas las ciudades de Rusia portando las fotografías de los combatientes y de todos aquellos que lucharon en esta terrible guerra. El presidente Putin marchó llevando la fotografía de su padre, combatiente en la dura batalla y sitio de Leningrado.

La no asistencia de los mandatarios de Europa los pone en evidencia y les quita la careta de demócratas. Sabemos que no les preocupa para nada el crecimiento de los grupos nazis y neo-nazis y que, como hace setenta años, el enemigo principal siguen siendo aquellos pueblos que luchan por su soberanía y contra el imperio. Por eso no pueden ni siquiera reconocer un hecho histórico de este calibre, reconocerlo sería cambiar de política, acabar con las agresiones y las guerras de saqueo en las que Europa está comprometida. Guerra colonial, tal como la que los nazis llevaron adelante en territorio europeo y que Europa hoy continúa en Ucrania, Medio Oriente y África. Y participa, como no, en los intentos constantes de golpes “blandos” en América Latina.

Lenin, a 141 años de su nacimiento.

 


 


Vladimir Illich Ulianov (Lenin)

Lenin, a 141 años de su nacimiento.







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Por el Dr. Atilio A. Borón






En un día como hoy (22 de abril), en 1870, nacía Vladimir Illich Ulianov, más conocido como Lenin. Fue la figura decisiva  de la gran Revolución de Octubre, que abriría una nueva etapa en la historia de la humanidad. En su corta vida, murió a los 54 años a consecuencia de un atentado que lo dejó hemipléjico en los dos últimos años de su existencia, fue no sólo un extraordinario dirigente  revolucionario sino también un excepcional intelectual. Autor de una innumerable cantidad de artículos y libros que, en su conjunto, forman una colección de 54 volúmenes, Aparte de ser un notable pensador, economista, sociólogo y filósofo Lenin fue además de eso un excepcional líder político: fue el principal dirigente de la Revolución Rusa,  fundó la República Soviética que luego se convertiría en Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, resistió las agresiones y sabotajes de las "potencias democráticas" de su tiempo y creó la Tercer Internacional, fiel al internacionalismo proletario y a las necesidades organizativas de la revolución mundial.

Desde muy joven este notable político demostró la excelencia de su talento al escribir una serie de obras, entre ellas ¿Quiénes son los amigos del pueblo? y Contenido económico del populismo cuando apenas había cumplido 24 años. A los 29 publicaría su monumental El Desarrollo del Capitalismo en Rusia. Pero no había una pizca de academicismo en su labor; toda su obra escrita tenía un sólo norte: pobisilitar el triunfo de la revolución socialista que debería poner fin al dominio zarista y al capitalismo. Su producción teórica -imposible de relevar aquí, siquiera de enumerar- fue excepcional, y tal como lo decía hoy en mi página del Facebook, si Lenin fue un discípulo de Marx desde el punto de vista de la teoría económica Marx fue un precursor de Lenin desde el punto de vista de la teoría política y, sobre todo, de la estrategia y táctica de la lucha revolucionaria, terrenos en los cuales Lenin se elevó por encima no sólo de Marx sino también de Engels.


Espíritu anti-dogmático por excelencia, para él "el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción". Fue según mi modesta opinión un genio que supo coronar con éxito una empresa extraordinariamente difícil: combinar el arte de la política con la ciencia de la política, cosa que ocurre sólo por excepción en la historia. Al poder unificar el arte y la ciencia de la política se convirtió en un político dotado de una inigualada capacidad para descifrar todas las posibilidades, siempre cambiantes, encerradas en cada coyuntura. Por eso  "leía" la coyuntura como nadie. Un ejemplo basta: cuando luego de un largo exilio en Suiza llega a San Petersburgo, un par de meses después del estallido de la revolución de Febrero de 1917, deja estupefactos a sus camaradas del Partido Bolchevique cuando, en la misma estación Finlandia de esa ciudad, levanta la insólita consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" Su partido quedó paralizado ante tan temeraria consigna, y tardó más de una semana en digerirla y publicarla en el Pravda, el órgano oficial de los bolcheviques. Pero los hechos confirmaron la verdad de su consigna.

Lenin decía con razón que "sin teoría revolucionaria no hay praxis revolucionaria." Desconfiaba del espontaneísmo porque era demasiado lúcido para ignorar que la abnegación y el sacrificio de las masas estaban condenados a la derrota si no disponían de una buena teoría que las orientara en sus luchas emancipatorias. "Nada más práctico que una buena teoría", era otra de sus frases favoritas, en contra de los que aborrecían de la teoría porque pensaban que era pura especulación. Lenin fue, en palabras de Gyorg Lúkacs, un "práctico de la teoría y un teórico de la práctica", que reflexionaba una y otra vez sobre los desafíos de la vida práctica y la necesidad de desarrollar la teoría marxista en consonancia con los retos de la realidad. Los grandes personajes no hacen la historia, pero sin él la Revolución de Octubre  muy probablemente no hubiera ocurrido. Su claridad ideológica, su realismo, su determinación y la formidable coherencia de su trayectoria política, cuyo eje articulador era la necesidad de la revolución, se combinaron con el protagonismo de las masas para derrotar al zarismo y a la burguesía y abrir una nueva etapa en la historia de la humanidad. Honremos su memoria abrevando en la sabiduría contenida en sus obras teóricas y en sus intervenciones de coyuntura, estudiando sus argumentos e identificando, como él lo querría, sus aciertos y sus errores. Más allá de ellos, Lenin hizo progresar como pocos a la teoría marxista con su reflexión siempre pegada a la práctica y su práctica siempre coherente con sus teorías. En este nuevo aniversario de su nacimiento vaya este breve y sentido homenaje a su memoria.