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La AMIA, la SIDE y la criminalidad estatal

Amia 2

Herman Schiller 2

Por Herman Schiller *
 
Pasaron casi 21 años de la masacre de la AMIA , que se llevó a 85 de nuestros compañeros, que en su mayoría eran trabajadores, jubilados, estudiantes, profesionales, comerciantes, amas de casa, transeúntes.
 
Toneladas de palabras se han vertido desde entonces, pero sigue la confusión en torno a lo que podría ser uno de los interrogantes centrales de esta causa:  ¿Cuál fue la “ideología” de esta masacre? “Ideología”, por supuesto, entre comillas.
 
Con lenguaje escatológico y coloquial podríamos formular la pregunta de otra manera: ¿Qué mierda tenían en la cabeza los que lo hicieron y qué los motivó?
 
O dicho de otro modo para plantear esta incógnita que aún sigue vigente:
 
La masacre de la AMIA, ¿tuvo que ver con el malhadado conflicto de Medio Oriente o fue continuidad del terrorismo de Estado que asoló a la Argentina y, entre los 30.000 detenidos - desaparecidos, se llevó también a 2.000 judíos?
 
O dicho más sencillamente todavía: ¿Fueron los de allá? ¿Fueron los de acá? ¿O fue una combinación de los dos?
 
Aquello que suelo denominar como “judaísmo oficial”, es decir la DAIA, las autoridades de la AMIA y los distintos gobiernos de turno del Estado de Israel, se apresuraron a culpar a los esotéricos fundamentalistas de las lejanías.
 
Había entonces un periodista llamado Mario Wainstein, que había colaborado en el semanario “Nueva Presencia” y que años antes había escandalizado a la derecha judía realizándole un reportaje al embajador de la Organización de Liberación Palestina, OLP, en Brasil. Además, como ciudadano israelí, cuando le tocó el servicio militar, fue preso por negarse a servir en los territorios ocupados. Y bien, este periodista, Mario Wainstein, se encontraba en Tel Aviv aquel 18 de julio de 1994 y, pocas horas después, lo entrevistó desde aquí Nelson Castro que le preguntó al aire por qué tan rápidamente el gobierno israelí apuntaba al mundo árabe, sin ninguna prueba, sin ninguna investigación. Y Wainstein le contestó: “Esta es la respuesta fácil de los políticos de acá”.
 
Pasaron más de veinte años y casi no hay evidencias de que el llamado fundamentalismo islámico haya estado involucrado en esta masacre y, en cambio, hay centenares de pruebas que apuntan al aparato represivo y al terrorismo de Estado argentinos, tanto por participación como por encubrimiento, desde la policía hasta los servicios de inteligencia.
 
Desde hace muchos años venimos denunciando que la ex SIDE, ex Servicio de Inteligencia y, desde hace pocas horas, el nuevo engendro que es más de lo mismo;  la ex SIDE, decía, que fue creada por Perón a fines de los años cuarenta con el nombre de “Control de Estado” para neutralizar a la izquierda que seguía actuando en el movimiento obrero, especialmente en las filas de los trabajadores ferroviarios;  la ex SIDE, decía, no es solo el instrumento del buchonerío, el espionaje y la delación, sino un resorte clave de la criminalidad estatal. Y sus manos están manchadas con  la sangre de miles de compañeros asesinados bajo su responsabilidad,
 
Podríamos hablar horas enteras enumerando los crímenes de la SIDE.
 
SIDE que no ha sido ajena a los hechos represivos, aberrantes y de terrorismo de Estado ocurridos en los últimos sesenta años, como, por ejemplo, la masacre de la AMIA.
 
El 30 de agosto de 1994, apenas 42 días después de la matanza de la calle Pasteur, publiqué en “Página 12” una nota titulada “La SIDE y la AMIA”. Allí, luego de recordar sus nefastos antecedentes (por ejemplo, que en sus covachas fueron fundadas muchas de las bandas paraestatales como la Guardia Restauradora Nacionalista, GRN, y la Concentración Nacionalista Universitaeria, CNU, que asolaron el campo popular en las últimas décadas), denuncié también que, desde la masacre de la AMIA , la SIDE estaba haciendo lo imposible por convertir a las víctimas en victimarios.
 
Entre sus denominados “operativos de inteligencia” figuró la aparición de un “informe” (por supuesto que “secreto”) escrito por un asesor de Aldo Rico llamado Norberto Ceresole. Ese “informe”, concebido con un lenguaje marcadamente fascista, apareció en una revista que financiaba la SIDE y se llamaba “Punto crítico”. Estaba dirigida por Miguel Angel Pérez, conocido carapintada de Seineldín, que estuvo con él en Panamá y en ese momento trabajaba para el “servicio” de referencia.
 
Algunas semanas después, a fines de noviembre del ' 94, los periodistas Sergio Moreno y Laura Términe, en un breve interregno progresista que tuvo el diario “La Prensa”, publicaron una nota excepcional titulada “El zorro en el gallinero”. Allí ambos jóvenes periodistas se preguntaban cómo era posible que una repartición nazi por excelencia estuviera investigando un atentado antisemita,
 
Esos dos valientes colegas, obviamente, fueron amenazados de muerte y el propio jefe de la SIDE de entonces, el ultramenemista Hugo Anzorreguy, nerviosamente se vio obligado a salir a defender a la inmaculada institución.
 
En tanto, otro buchón del organismo, el coronel de infantería Jorge Solís (de inequívoca ideología nazi, que en 1990 había sido acusado de intentos extorsivos a empresarios y el día de la masacre trabajaba en la SIDE)  querelló a los compañeros por aquella incisiva nota.
 
Nota que incluía también otros nombres, como Enrique Giorello, ex jefe del Departamento de Medios de Comunicación durante la dictadura militar, que se convirtió durante la “democracia” en director de Reunión Interior de la SIDE. Y Enrique Gobeé, subsecretario de Agricultura y Ganadería de Martínez de Hoz, que en los días de la masacre de la AMIA se había transformado en director de la Sala de Situación de la SIDE.
 
Con sintético sarcasmo, el recordado poeta Juan Gelman llegaría a definirlo así: “Si la SIDE investigara realmente a fondo la masacre de la AMIA se encontraría consigo misma”.
 
Un abogado, que era secretario del juez Galeano antes de abandonarlo para denunciar los enjuagues de la investigación, llegó a decir en una de las concentraciones de Memoria Activa que la SIDE, en vez de aparecer como investigadora o testigo, debería ser puesta sobre el banquillo de los acusados en calidad de imputada.
 
La SIDE, además de cobijar delincuentes y asesinos de la peor especie como lo acaba de denunciar el ex diputado nacional Miguel Bonasso, maneja cifras siderales prácticamente sin control alguno.
 
En la época de Menem se supo que su presupuesto era de por lo menos un millón de dolares diarios. Hoy los secretos y recontrasecretos hacen difícil conocer con exactitud cuál es su presupuesto verdadero, pero, sin duda, sigue siendo sideral.
 
El ex ministro de Néstor Kirchner, Béliz, hace diez años, largó un solo nombre. El de Antonio Stiusso, pero este es apenas una gota en el océano. De todos modos, Stiusso no era un pez chico sino un referente insoslayable de esta madeja criminal.
 
Stiusso estuvo ahí desde la época de Lanusse, en 1972, cuando la SIDE era un eje central para desarticular el avance de la izquierda dentro de las masas peronistas, y fue un hombre de decisiones en los días de la dictadura militar. Y perduró hasta nuestros días, inclusive con el apoyo incondicional del kirchnerismo. Hasta que entraron en colisión.
 
El formó parte del famoso Grupo Alem, junto con Guglielminetti, de clara orientación fascista y represiva, que apareció en la revista “Gente” ostentando cruces svásticas y otros elementos de la parafernalia del Tercer Reich. Y, además, fue compinche de Aníbal Gordon, uno de los tantos asesinos que operaban para la SIDE y otros “servicios”.
 
Todos los gobiernos, inclusive el kirchnerista, negaron que la SIDE reparta sobres a periodistas o que haga inteligencia interna.
 
En todos los casos mintieron, porque la especialidad de la SIDE es el control del periodismo mediante sobornos y surtir de datos al denominado periodismo de investigación, además de la inteligencia interna, el espionaje y la infiltración, que es la quintaesencia que ha justificado hasta ahora su existir.
 
En el último año del siglo veinte, cuando en las puertas de la Escuela de Inteligencia, dependiente de la SIDE, en la calle Libertad entre Arenales y Juncal, fue asesinada una señora que alimentaba unos gatos, organizamos allí un acto público de repudio a este organismo terrorista e inútil. Hablaron, entre otros, David Viñas, Ricardo Monner Sans y Eduardo Barcesat, siendo quizás la única vez que a alguien se le ocurrió salirle al cruce a esta institución repulsiva casi olvidada por el campo popular.
 
Su destino histórico, como los demás servicios de inteligencia, la policía y todas las otras fuerzas represivas, es ser disueltos para que no queden ni rastros.
 
Dicho sintéticamente: ni la SIDE de antes, ni los nuevos engendros, con o sin Milani.

El señor Galíndez sigue torturando

El señor Galindez

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Por Herman Schiller *

Queridas compañeras, queridos compañeros, buenas tardes y bienvenidas y bienvenidos a este acto organizado por el diputado Alejandro Bodart para consagrar y hacer efectiva la decisión unánime de la Legislatura porteña que declaró de interés cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la obra “El señor Galíndez”, la excepcional creación de Eduardo Tato Pavlovsky sobre la tortura y los torturadores, escenificada en el Teatro El Vitral bajo la dirección de Daniel Loisi; la asistencia de dirección y ejecución del sonido de Matías Villa; y la actuación de Laura Manzaneda, Marilú Maygret, Christian Heredia, Pablo Walluschek y el propio Loisi.

Mi nombre es Herman Schiller, soy periodista y, una vez más, es un honor para mí coordinar estas actividades organizadas por el MST - Nueva Izquierda.

Y, como detonante, algunas palabras de introducción.

Había una vez un gran caricaturista y humorista cordobés que nació en 1930 y murió en el 2006. Su nombre completo era Alberto Pío Augusto Cognigni y se hizo famoso con “Hortensia”, la revista que contribuyó a crear.

A principios de la década del setenta, Cognigni publicó allí una historieta muy incisiva sobre la tortura reproducida más tarde en 1981, en plena ferocidad dictatorial, por el semanario “Nueva Presencia” que nosotros dirigíamos.

Esa historieta constaba apenas de cinco cuadraditos. En el primer cuadradito aparecía un torturador torturando con la picana eléctrica a una persona que, seguramente, era un militante político que gritaba su dolor.

En el segundo cuadradito seguía la escena de la tortura mediante otro instrumento. Lo mismo ocurría en el tercer cuadradito.

En el cuarto cuadradito, el torturador guardaba sus tétricas herramientas y se despedía de sus colaboradores: “Hasta mañana”.

Y, finalmente, en el quinto cuadradito se ve al torturador llegando a su casa, saludado por sus hijos que le dicen con alegría “llegó papito, llegó papito” y el torturador que se relaja exclamando “ahh, fue un día agotador”.

La obra de Pavlovsky escenificada por Loisi y sus compañeros es eso mismo: refleja la imagen del torturador inmerso en la normalidad de lo cotidiano.

El propio Pavlovsky lo explicó en una nota periodística, subrayando que no le interesaba tanto señalar en las escenas la patología individual de los torturadores, sino la institucionalización de la tortura. Y Pavlovsky agrega algo que nosotros lo hemos referido algunas veces para caracterizar a los genocidas nazis: si insistimos en los cuadros psiquiátricos de los torturadores perderemos de vista el eje central de la problemática que es la tortura y el rapto como institución y política de Estado.

En “El señor Galíndez”, la institución está corporizada por el teléfono que da las órdenes y contraórdenes a los torturadores -Beto y Pepe- en forma constante y contradictoria.

Ambos torturadores, no formados ideológicamente, de la vieja camada, dependen absolutamente de Galíndez para todo tipo de tarea profesional, y están pendientes de la simple aprobación o de las estimulantes felicitaciones de Galíndez. Son el cuerpo menos pensante, institucionalmente los menos formados, o solo formados en la práctica concreta. La mano de obra barata de la tortura.

Pero entra en escena Eduardo, un joven que concurre para aprender el oficio de ambos torturadores. Pepe y Beto se limitan a revivir escrupulosamente las órdenes de Galíndez. Órdenes institucionales. Pero Eduardo va más allá: ha estudiado los libros de Galíndez y quiere ser un torturador pensante, ideologizado, que hace esta tarea para defender lo que en la última escena de la obra califica como “nuestro estilo de vida”.

Como aquellos torturadores griegos, ha recibido información a través de un aprendizaje teórico, produciéndose un cambio cualitativo, con efectos en el discurso institucional y en la producción de subjetividad de los personajes.

Para Beto y Pepe, la institución es el teléfono de donde reciben las órdenes concretas de Galíndez. Sin órdenes del señor Galíndez, pierden existencia. Eduardo, en cambio, es el nuevo torturador: el “ideologizado”, el Astiz de 1976. Para Eduardo, los libros del señor Galíndez son conceptos nuevos para “pensar” institucionalmente cómo defender el sistema. Para Beto y Pepe son sólo órdenes concretas.

Todos los sábados, Leña al Fuego, con Herman Schiller, desde las 14.00 hs.

LEÑA  AL   FUEGO

Sábados de 14.00 a 16.00 hs.


Conducción

Herman Schiller

AM 770 - RADIO COOPERATIVA


Cerrito 242 - PB "B" - CABA

Teléfonos para los oyentes: 5254-0771 / 0772 / 0773


PARTICIPACIÓN ESPECIAL


- MARÍA DEL CARMEN VERDÚ. Referente de CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) y miembro del equipo de abogados y abogadas que ha enjuiciado a los autores materiales e intelectuales del crimén de Mariano Ferreyra.

Aguantando de Pié, con Herman Schiller, los jueves, a las 18.00 hs.



Todos los jueves, desde las 18.00 hs.

Por



PARTICIPACIONES ESPECIALES











- Dra. María del Carmen Verdú, referente de CORREPI











- Lic. Rosa Cristina Báez Valdés, desde La Habana.

Amenazaron a la Dra. María del Carmen Verdú, de CORREPI.

Maria-del-Carmen-VerduEl pasado sábado comenzó la nueva etapa del programa "Leña al Fuego", que conduce el compañero Herman Schiller, en Radio Cooperativa luego de haber sido excluído de la programación de Radio de la Ciudad, tras 13 años de emisiones ininterrumpidas, por el macrismo.


Todas y todos conocemos la línea editorial del compañero y de su compromiso con las luchas sociales y de Derechos Humanos que lleva a cabo desde hace años, al igual que el de la Dra. María del Carmen Verdú, referente de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), querellante en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra y en decenas de causas por gatillo fácil y criminalización de la protesta social.


Sin embargo, otra vez, mediante el escudo del anonimato, una amenaza telefónica fue recibida en la producción del programa: “Vamos a hacer mierda a la Verdú”.


amenaza anonima Dra. Verdu


Clickear en la imagen para ampliar.


Fotografía de la amenaza recibida por la Dra. Verdú


(Gentileza Liliana Giambelluca)





Pero no es casual que ello ocurra, cuando se vienen los tramos finales del juicio contra la patota de Pedraza y se comienza a evidenciar la responsabilidad de sus integrantes como también la de los responsables políticos de la tercerización en el Ferrocarril Roca, que hoy continúan impunes.


Desde nuestro medio, vaya nuestra solidaridad con la Dra. Verdú y nuestro repudio a una amenaza que nos debe llevar a todas y a todos a acompañar la lucha que emprende.

Lanzaron la campaña ¡ Chau Roca !.

Osvaldo BayerEn una Legislatura porteña colmada, con cientos de jóvenes y una bandera mapuche como telón de fondo, el historiador y periodista Osvaldo Bayer y el Diputado de la Ciudad Alejandro Bodart, del MST en Proyecto Sur, lanzaron la campaña ¡ Chau Roca !, junto al actor Héctor Bidonde; el fundador del Frente de Artistas del Borda, Alberto Sava, y el periodista Herman Schiller.


Dicha campaña tiene el objetivo de retirar el monumento a Roca, ubicado en la intersección de Perú y Diagonal Sur de esta Capital y cambiar el nombre de ésta última por el de Pueblos Originarios, lo que fue acompañado legislativamente por el Diputado Bodart.


Durante el acto, el legislador convocó "a sumarse a los jóvenes, a los artistas e intelectuales y a otros sectores políticos, gremiales y sociales”, mientras que Bayer afirmó que "la ética tiene que dominar la historia" tras citar diarios de la época de la "Campaña al Desierto", los cuales denominaban "raza inferior" a los pueblos originarios al igual que el genocida Roca.




Según informaron, la campaña continuará con una charla magistral de Osvaldo Bayer en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), a realizarse el próximo 13 de junio y con un festival artístico - cultural ante el monumento a Roca, previsto para el 21 del mismo mes en ocasión del día del año nuevo mapuche o We Tripantu, el que contará con la participación de Arbolito y otros grupos musicales.

OPINION - DISCURSO DE HERMAN SCHILLER EN EL HOMENAJE A NUEVA PRESENCIA

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - DISCURSO DE HERMAN SCHILLER EN EL HOMENAJE A NUEVA PRESENCIA.


1

De: Herman Schiller

Fecha: Martes, 23 de Diciembre de 2008 12:16 a.m.

Para: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Asunto: DISCURSO DE HERMAN SCHILLER EN EL HOMENAJE A NUEVA PRESENCIA

DISCURSO DE HERMAN SCHILLER EN EL HOMENAJE A “NUEVA PRESENCIA” (9-XII-08, esquina de Castelli y Valentín Gómez)

En la Argentina se sigue criminalizando la pobreza, porque sigue siendo delito ser joven, pobre y morocho.

En la Argentina, en nuestro país, desde el 10 de diciembre de 1983, es decir desde que se fue la dictadura y se instaló ésto que algunos llaman “democracia”, otros “democracia de baja intensidad” y otros “mero republicanismo formal”; en ese lapso, que va del 10 de diciembre de 1983 hasta hoy, o sea en 25 años, la policía de gatillo fácil asesinó a 2557 personas inermes --inermes quiere decir desarmadas-- , producto de la tortura en comisarías o de fusilamientos lisos y llanos. Eso por supuesto no incluye ni los enfrentamientos ni los presuntos enfrentamientos.

Las cifras han sido rigurosamente documentadas por ese importante organismo surgido después de la dictadura que es la Correpí, la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional. La cifra, quizás sea mayor, pero esto es lo que está documentado.

2557 asesinatos; de los cuales 1062 fueron cometidos por el aparato represivo del Estado desde el 25 de mayo del 2003, o sea durante la era K. Un verdadero genocidio. Un verdadero terrorismo de Estado en plena “democracia”. Que también tiene desaparecidos como Julio Jorge López, cuya aparición con vida seguimos reclamando, así como el juicio y castigo a los culpables de su secuestro.

¿Qué tiene que ver esto con el homenaje a “Nueva Presencia”? Y, mucho, porque éste sería hoy uno de los temas básicos de este semanario si pudiera salir de nuevo, y no los sambenitos reaccionarios de la inseguridad con que nos satura hasta el hartazgo la derecha mediática y sus epígonos.

En la Argentina, las fuerzas represivas del Estado matan hoy a un pibe cada día y medio como promedio. Y repito, por si alguno se distrajo: como consecuencia de torturas y fusilamientos. Eso sucede esencialmente en los barrios más pobres, en los barrios donde hace décadas que cerraron las fábricas y la educación y la salud son absolutamente precarias.

“Nueva Presencia” fue una publicación que, en medio de terribles hostilidades externas e internas, trató, desde la identidad judía, de identificarse directamente con los sectores más oprimidos, con los sectores más explotados y con los sectores, como se denomina hoy, más excluídos.

Entonces era una lucha contra el régimen militar fascista que hacía desaparecer a quienes se le oponían. Para eso puso el cuerpo y el alma para denunciar a los masacradores y a sus cómplices cercanos y lejanos.

Hoy “Nueva Presencia” no sale porque a quienes nos interesa una publicación así no tenemos plata y los que sí tienen plata, aunque presuman de progresistas, no les interesa para nada que “Nueva Presencia” renazca de sus cenizas.

Hoy, efectivamente, “Nueva Presencia” ya no está en la calle, pero como ustedes podrán más o menos apreciar, todavía seguimos enteros peleando en otros terrenos.

En estos momentos junto a los trabajadores de General Motors y otras automotrices, que salieron a combatir las suspensiones, los despidos y el fantasma de la desocupación; y a gritar que la crisis del capitalismo no debe recaer sobre las espaldas de los que menos tienen. Y, también, junto a los docentes, los médicos y demás trabajadores de la salud. Y junto a los obreros de los frigoríficos y curtiembres que están sufriendo despidos masivos. Y junto a los vecinos ambientalistas de Esquel, Catamarca y tantos otros lugares que se movilizan todos los días, sin que los medios digan una sola palabra, contra los monopolios mineros que contaminan el medio ambiente y saquean el subsuelo del país.

Todo esto es parte de nuestra lucha cotidiana actual. Que por supuesto no quedará reflejada en las página de “Nueva Presencia”, porque ya hace veinte años que dejó de existir.

Últimamente estoy recibiendo homenajes por “Nueva Presencia". Y, como soy quizás esquizofrénico, los acepto y al ratito me arrepiento, pero creo que lo hago porque estoy harto de que los burgueses judíos me traten como marginal y bicho raro, cuando son ellos en realidad los que están navegando en contra de las corrientes de la historia.

Y estos homenajes, que vienen de afuera de la comunidad judía,a ellos los irrita. Y yo siento enorme placer cuando ellos están irritados por mi causa. Es como en una vieja y hermosa canción en ídish titulada “Avreiml der marvijer”, que es la historia de un raterito de barrio, en este caso de un raterito de un barrio judío pobre de la Europa Orienta de la década del treinta, pero bien podría ocurrir en Berazategui, en Ciudad Oculta o en González Catán. Y “Avreiml der marjiver”, el pequeño raterito, canta con la voz entrecortada del enorme placer que siente cuando “un sucio magnate” cae entre sus manos.

Y bien, agradezco los homenajes, pero respetuosamente, con toda la cautela que puedo, les digo que sigo siendo un hombre antisistema que confronta con el poder. O para decirlo con otros vocablos: sigo siendo revolucionario y apuesto a la revolución socialista que lleve al poder a los más desposeídos.

Por eso trato de hablar del pasado despacito y sin exagerar, a pesar de todo el orgullo que siento por lo que hicimos en el pasado. Prefiero en cambio hablar de las luchas contemporáneas, las que se libran en estos mismos momentos.

Un libro judío de la antigüedad, el “Pirkei Avot”, escrito en idioma arameo, contiene un aforismo, un consejo, que me ha guiado siempre: “Al titvadá larashut”, no te acerques al poder.

No sólo he tratado de estar lo más lejos posible del poder del Estado opresor, sino que lo he enfrentado todas las veces que he podido. Ayer en “Nueva Presencia”, hoy en las durísimas peleas de todos los días. Por eso me he diferenciado tanto del judaísmo oficial, que ayer fue condescendiente con los asesinos de uniforme y hoy cada día se mimetiza más con los explotadores.

A propósito del judaísmo oficial, que se autodefine a sí mismo como “genuino”, a esta misma hora, o quizás dentro de algunos minutos, realizarán un acto por el Día de los Derechos Humanos. Vaya hipocresía. Sabemos muy bien dónde estuvieron y dónde están.

De todos modos quiero decir que la expresión “derechos humanos” la utilizo lo menos posible. Es una expresión cada día más deslucida y manoseada. Hoy cualquier burgués, cualquier tilingo, habla delos derechos humanos. Y, desde la DAIA hasta el Citibank, tienen una comisión de derechos humanos.

“Nueva Presencia” fue un periódico judío. Y un periódico judío que decidió asumir papeles de vanguardia en la lucha contra el fascismo era, a fines de los setenta y principios de los ochenta, un fenómeno que algunos sorprendidos consideraron esotérico.

Los dirigentes judíos, es bastante conocido, combatieron a “Nueva Presencia” sin piedad. Y, del otro lado, hubo quienes no ocultaron su aprensión prejuiciosa. Pero a medida que iba creciendo quedó claro que no venía a blanquear a nadie, sino que simplemente se dedicó a recoger la tradición revolucionaria de los trabajadores judíos. Esta tradición revolucionaria que hizo que miles de judíos participaran de la Revolución de Octubre. Esa misma tradición revolucionaria que originó que miles de jóvenes judíos argentinos formaran parte del ERP, de Montoneros y demás organizaciones combatientes.

Hace algunos años llegó a Buenos Aires un representante del Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), o sea la guerrilla salvadoreña que peleaba contra la feroz dictadura de ese país. Se llamaba Rutilo Sánchez y yo lo fui a entrevistar.

El reportaje transcurría sobre carriles más o menos previstos, pero en un momento determinado apareció el tema judío. Y el dirigente guerrillero me dijo: “Ah, tú eres judío. Qué bien, porque en Nueva York tenemos un rabino que es una maravilla. Cada combatiente de nuestras organizaciones, cada exiliado de Centroamérica que llega allí, él los refugia en su sinagoga y les da techo y comida.

Y yo le pregunté entonces no sin cierto asombro: ¿Y quién es ese rabino? Y él me respondió: se llama Marshal Meyer.

Efectivamente, Marshal Meyer, en su sinagoga de “Bet Yeshurún” de Nueva York, solía decir que una sinagoga que sólo sirve para rezar, en realidad no sirve para nada. Y agregó: si alguien quiere hacer del judaísmo un club privado a mí no me interesa.

Y por qué traigo esta anécdota tan significativa. Para subrayar las diferencias.

En Villa Crespo, barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, había una escuela judía abandonada llamada Jaim Najman Bialik, en la calle Aguirre. Los indigentes del barrio fueron a la escuela y la ocuparon como ocupan legítimamente tantos edificios abandonados. Y qué hicieron los burgueses judíos de Buenos Aires: llamaron a la policía para desalojar el edificio.

Y todos sabemos muy bien que si hubiera estado Marshal Meyer en la calle Aguirre, en vez de llamar a la policía hubiera organizado enseguida la comida para los ocupantes.

Marshal nunca quiso blanquear a nadie. Solía ser muy duro al denunciar las lacras internas.

De todos modos quiero subrayar que Marshal y yo no éramos lo mismo. Había matices y diferencias bastante profundas. El se había criado en Manhattan y yo cerca de la cancha de Atlanta. El era creyente y rabino y yo ateo y socialista. El no era antiimperialista porque decía que eso era una boludés de los intelectuales de izquierda y yo soy profundamente antiimperialista. El era muy elegante y vestía como Robert Redford y yo me cagaba en la elegancia.

Había no pocas diferencias. Y, sin embargo, tuvimos tantos acuerdos y tanta amistad. El no tenía aliados en la comunidad judía para enfrentar a la dictadura, salvo algunas excepciones de su entorno. Y yo no tenía ninguna posibilidad de hacer alianza con la izquierda judía, que estaba congelada y paralizada en el mejor de los casos o apoyando a la dictadura, en el peor de los casos.

Con Marshal Meyer nos unió al principio el espanto, pero después una profunda convicción sobre la necesidad de pelear juntos.

Durante toda la etapa aciaga del ’76 al ’83, el genocidio pareció importarle muy poco al judaísmo oficial, que priorizaba que la comunidad judía pudiera expresar su identidad sin inconvenientes.

“La izquierda y los terroristas están junto a quienes anhelan destruir al Estado judío”, solían expresar los dirigentes judíos una y otra vez. Y, al través de sus declaraciones, discursos, comunicados, notas en la prensa adicta y demás, surgía claramente que sus posiciones a favor del régimen autoritario no era un tema táctico, sino de íntima convicción. Por eso decían: “Los militares se encuentran de nuestro lado; en cambio, los subversivos alientan a nuestros enemigos”.

En 1980, cuando casi toda América latina estaba sometida a feroces dictaduras militares al servicio de los intereses de Washington, el general Sharón, que era ministro de Defensa de Israel, visitó al general Policarpo Paz, jefe de la dictadura hondureña, que en esos días era denunciada en todo el mundo por su política criminal. Y Sharón, luego de la visita, dijo sin ruborizarse: “Israel no sólo le vende armas a Honduras por negocios, sino porque está con nosotros en la lucha común contra el comunismo internacional”.

En ese momento llegó a Buenos Aires Menajem Hacohen, un raro caso de rabino ortodoxo que se consideraba a sí mismo como socialista y que integraba en la Knéset el bloque opositor laborista. Al preguntarle en una entrevista acerca de esas declaraciones de Sharón, Menajem Hacohen me respondió: “Merecen todo mi repudio. Hemos creado el Estado Judío para que sea distinto, justo y socialista, y no para convertirlo en proveeduría de armamentos para las dictaduras militares de América latina”.

Después que testimonié ante el juez Baltasar Garzón, en abril del ’99, fui invitado por el Partido Socialista de Israel (“Meretz”) a visitar ese país. Estaba pronunciando una conferencia en “Tzavta” de Tel Aviv sobre la caracterología fascista y antisemita de la represión dictatorial en Argentina, cuando sorpresivamente se presentaron dos ex ministros del gobierno de Itzjak Rabín: Iosi Sarid y Amnón Rubinstein. Ambos señalaron que habían concurrido para “rendirle homenaje a un luchador por los derechos humanos que dignifica al pueblo judío”, lo que para mi resultó una abrumadora gratificación en contraste con los palos que habitualmente recibo por parte de la reaccionaria dirección comunitaria judía local. En esa ocasión, tanto Iosi Sarid como Amnón Rubinstein enfatizaron que habían concurrido a ese acto también para denunciar “el papel nefasto de sus gobiernos como cómplices de las peores dictaduras latinoamericanas y del apartheid sudafricano”.

Y Iosi Sarid, que en aquellos días todavía era considerado como el líder del ala izquierda de su partido, agregó: “Israel debería pedir perdón a todos los familiares de las víctimas de esos regímenes sangrientos”.

Esto lo dijo Iosi Sarid y quiero puntualizar algo antes de seguir adelante: no estoy tratando de levantar mi persona y de disminuir todo lo que esté enfrente. No es que en esa época yo era bueno y ellos eran malos --a lo mejor, y seguramente, debe haber sido al revés, porque no puedo ni debo omitir que cometí muchísimos y gruesos errores--, sino que se trataba de los criterios filosóficos e ideológicos, absolutante antagónicos, con que se tomó el asunto desde el principio: para mí los desaparecidos eran mis compañeros de lucha, muchos de ellos combatientes de las organizaciones armadas populares, mientras que para el judaísmo oficial eran terroristas que estaban en la vereda de enfrente. Esto lo subrayo con la voz más alta que tengo para destacar el oportunismo de los que hoy se pretenden autoblanquear en el edificio de la calle Pasteur.

Para mí judíos genuinos fueron, por ejemplo, Simón Radowitzky, que hizo justicia popular y se tragó 21 años de cárcel en Ushuaia o Marcos Osatinsky, que perteneció a la Juventud Judía de Tucumán, luego fue uno de los fundadores de las FAR, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y terminó asesinado por los militares genocidas. Judíos genuinos fueron ellos y no los estafadores del Banco Mayo o del Banco Patricios, cuyos continuadores se aprestan en estos momentos a realizar el acto de autoblanqueo.

Todos los judíos detenidos-desaparecidos (hasta ahora se llevan contabilizados alrededor de 2000), que entregaron su vida generosamente, y aunque no lo supieran o dijeran lo contrario, estaban para mí infinitamente más cerca de las utopías de justicia social de los antiguos profetas de Israel que de los corruptos burgueses que desde añares vienen conduciendo las instituciones judías locales.

Admito, sin embargo, que el tema no es sencillo..

En el año 2000, cuando estuve en Cuba por última vez, fui invitado por la comunidad judía. Fue en un Shabat... Entonces hice en la tierra de Fidel lo que no hago en Buenos Aires: participé del ritual sabático. Fue en el hermoso templo judío de La Habana, cerca del Malecón.

Y bien, después de las oraciones, me hicieron hablar. Y dije exactamente lo que pienso: hay muchos judíos que no entienden a los revolucionarios y, lamentablemente, muchos revolucionarios que no entienden a los judíos. Y yo trato de bailar en los dos casamientos al mismo tiempo y no siempre lo hago bien.

Este acto de hoy también trata de bailar en los dos casamientos. Y todavía es muy prematuro saber si lo estamos logrando. Al menos lo intentamos con la mayor honradez posible.

Si fuera redactor de “Ambito Financiero”, mañana titularía la crónica de este acto así: “Extraño acto judeopiquetero”. Y si “Nueva Presencia” estuviera saliendo, lo titularía de este modo: “Es para la DAIA que lo mira por TV”.

Y bien, compañeras y compañeros: he sido muy crítico con el judaísmo oficial y muy crítico con los gobiernos israelíes.

Pero que quede claro: si algún compañero de izquierda, si algún compañero revolucionario, ha venido a este acto a escuchar que yo diga que estoy en contra de la existencia de Israel, se equivocó de acto.

Chile tuvo una de las tiranías más sangrientas y represoras del planeta. A nadie, salvo que estuviera loco, se le hubiera ocurrido decir que hay que disolver Chile por causa de Pinochet.

Todo nuestro apoyo a los luchadores israelíes que, en condiciones muy difíciles, están peleando por cosas parecidas a las nuestras. Todo nuestro apoyo a los 1500 israelíes que hace algunas semanas, en una movilización que asombró al mundo, rompieron el bloqueo del ejército israelí a Gaza y llevaron toneladas de alimentos a los palestinos. Todo nuestro apoyo a los muchos israelíes que hace muy pocos días manifestaron en Tel Aviv para repudiar el vergonzoso voto israelí contra la Revolución Cubana en las Naciones Unidas. La manifestación reclamó también que Israel deje de ser felpudo del genocida Bush. Todo nuestro apoyo a Fuerza Latina, también conocido en hebreo como “Coaj Ovdim” (Fuerza Obrera), una agrupación clasista surgida recientemente en Israel para alejarse de la burocracia sindical, y que obtuvo, en poco tiempo, valiosas victorias a través de huelgas como las que tuvieron lugar en el puerto de Tel Aviv y en la Universidad de Beer Sheva. Todo nuestro apoyo a “Betzelem”, la principal organización de derechos humanos de Israel, candidata a Premio Nobel de la Paz y que ha denunciado claramente el terrorismo de Estado de sus gobiernos y ha hecho varios actos en contra del Muro de la vergüenza.

A todos esos compañeros israelíes, luchadores y socialistas, no puedo ir a decirles: muchachos, suicídense, porque en Buenos Aires hay algunos boludos de izquierda que así lo piden.

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Lo dijo el Manifiesto de 1848 de Marx y Engels. Eso también vale para Israel, donde hay explotadores y explotados como en cualquier otra parte del mundo. Todo nuestro repudio a los explotadores y toda nuestra solidaridad con los explotados y luchadores. El que pida la desaparición de todo un pueblo, sin hacer la diferencia entre explotadores y explotados, no es mi compañero, sino un fascista.

La única salida para el drama de esos pueblos que se desangran es paz, amistad y reconocimiento recíproco entre Palestina e Israel. No la paz del imperialismo, sino paz con justicia acordada entre ambos contendientes en igualdad de condiciones.

Cuando surja el Estado palestino soberano seremos los primeros en ir a saludarlo, aquí, en Buenos Aires. Un Estado palestino al lado de Israel, no en lugar de Israel.

Nos place enormemente que la placa colocada en el 2002 por el Movimiento Judío por los Derechos Humanos y la embajada palestina en la esquina de la Avenida Estado de Israel y la calle Palestina, todavía esté allí. Y ya van para seis años.

En otras partes del mundo sin duda es distinto, pero entre palestinos e israelíes sólo la paz es revolucionaria.

“Nueva Presencia” de ayer. “Nueva Presencia” de hoy. Treinta años después son casi las mismas luchas.

Y termino con dos invocaciones. Una es una antigua oración judía por la supervivencia: “Sheejeianu vekimanu veiguianu lazmán hazé”. La otra es más reciente y se hizo carne entre los revolucionarios de todo el mundo. La pronunció un grande, el comandante Ernesto Che Guevara: “Hasta la victoria siempre”.