
Foto: "Maestra" de Roberto Chile

Por Juan Jesús Guanche Pérez *
De mulatos, pardos, morenos y de color: la marca del racismo
De manera análoga a la identificación de las personas negras de piel, el término mulato tiene diverso origen. Una versión lo deriva de mula; o sea, del cruce entre caballo o yegua y burro o burra. Debido al racismo y la posición subordinada de las personas esclavizadas, se relacionaba el burro con el hombre negro y la yegua con la mujer blanca. En la práctica este criterio tiene un fundamento absurdo pues la inmensa mayoría de este tipo de relaciones matrimoniales en América se efectuó entre hombre europeo y mujer africana; es decir, al revés.
Otro criterio señala que el término tiene origen árabe, en el que se usaba la palabra muwallad para designar personas nacidas de un progenitor árabe y uno no - árabe. Esto se remite al término wallad, que significa parir o engendrar individuos mezclados. Un tercer criterio se deriva también del árabe muladí / es empleado para designar a tres grupos sociales presentes en la Península Hispánica durante la Edad Media: a) el cristiano que abandonaba el cristianismo, se convertía al Islam y vivía entre musulmanes. Se diferenciaba del mozárabe en que éste último conservaba su religión cristiana en áreas de dominio musulmán; b) el hijo de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana; y c) la población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de Al-Ándalus. En este sentido, el criterio b se relaciona con la mezcla de fenotipos y con una práctica religiosa no católica, vista entonces con gran desprecio desde el referente catolicocéntrico durante toda la época colonial.
De este modo, el criterio de lo "mezclado" se oponía al mito de lo "puro", cuando en la práctica la humanidad no ha hecho más que mezclarse incesantemente de un continente a otro a través de los múltiples flujos y reflujos de los procesos migratorios masivos, voluntarios o forzados.
Si de manera coloquial también se les denominó a las personas mulatas con el apelativo de "café con leche", por el gran parecido de su color de piel con el de esta mezcla; cuando en el Medioevo los europeos trataron de categorizar de modo arbitrario a las personas en supuestas "razas", para lo tenido como «puro» usaron los términos "blanco, indígena, negro" y sus diversas mezclas como "mestizo, mulato y zambo", más por los rasgos epiteliales que por otros criterios.
Uno de múltiples ejemplos en Cuba son los censos de la época colonial que usan diversos términos al respecto. Los correspondientes a los años 1774, 1792, 1817 y 1827 emplean los criterios de "blancos, negros y mulatos"; pero ya el propio resumen del censo de 1827 introduce los términos de "blancos, morenos y pardos" para sustituir y homologar en los dos últimos casos al de "negros y mulatos". Este criterio de "blancos, morenos y pardos" se observa también en el censo de 1841 pero en las tablas comparativas de la propia fuente se introducen las categorías de "blancos y de color", para fundir en el absurdo término "de color" a quienes aparecen identificados como "morenos y pardos", como si los otros carecieran de algún color.
Los censos anulan o desestiman lo que también es identificado en los archivos parroquiales con el término "indio" para establecer diferencias hasta muy entrado el siglo XIX respecto de quienes son registrados como "blancos o españoles" y "pardos y morenos". Ya a mediados del siglo XIX también aparece el término "asiático" para hacer referencia a los inmigrantes chinos, pero este último término no se emplea, porque desde la primera mitad del siglo XIX ya chino / na es un sustantivo que designa: El hijo o hija de Mulato y Negra, o viceversa. ║[Otra acepción hace referencia a] El que viene de aquel país contratado para servir en esta Isla, distinguido por otros con sus denominaciones de Asiático o Colono para no confundirle con el de Chino hijo de Mulata y Negra. ║[Una tercera acepción lo identifica como] Vocativo familiar afectuosísimo (1)
Estas acepciones denotan tanto la diversidad de fenotipos humanos, las nuevas corrientes migratorias como las relaciones afectivas.
Esta terminología colonial influyó sobremanera en el imaginario social y aun se emplea de manera coloquial el término "de color" para hacer referencia a las personas ricas en melanina como si las demás personas fueran transparentes o carecieran de algún color. Para la mentalidad colonial y su secuela en otros tiempos no era posible pensar que, sin excepción, todos somos de color.
El censo de 1861 introduce nuevos términos, el de "raza blanca" y "raza de color", dos criterios tan absurdos como los anteriores, pues se produce la dicotomía ausencia de color o despigmentación y presencia de color o pigmentación para hacer referencia a seres humanos con diversos fenotipos. Los últimos censos coloniales de 1877 y 1887 conservan estos mismos criterios (2), que luego se arrastran con nuevos matices en los de la República neocolonial y en los de la etapa 1970 - 2012 en relación con el color de la piel vistos más desde la autopercepción del entrevistado y en otras desde el criterio del entrevistador según el imaginario social, que desde los conocimientos científicos sobre la diversidad de fenotipos humanos.
Actualmente existen diversas poblaciones donde es muy común observar grados de mixtura en toda una gama de matices en el color de la piel, como en las zonas africanas al norte del Sáhara, en EE. UU. (donde predomina el estigma racista de la gota de tinta en el vaso de leche) (3), en la mayoría de los países latinoamericanos, como Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. En Asia existen también grupos de personas identificables en lo epitelial como mulatas.
Sin embargo, en cuanto a la falsa noción de "raza" se trata de un término ya superado por el conocimiento científico, que implicaba la absurda existencia de personas "puramente blancas" o "puramente negras" y el individuo identificado como "mulato / ta" era el resultado de la mezcla de ambos; algo así como el 50% de cada quien en un pulcro laboratorio biológico. Actualmente, genetistas, antropólogos, historiadores y otros campos del conocimiento rechazan el concepto de "raza" en relación con los seres humanos y aceptan la existencia de la especie Homo sapiens común a toda la humanidad.
Los nuevos hechos científicos colocados en la palestra pública como negación de las "razas humanas" en el sentido biológico, no elimina el largo impacto social de los prejuicios y la discriminación racial como resultado de la ideología racista relacionada indisolublemente con la desigualdad social. La "raza" como construcción cultural es un hecho sumamente engañoso y perverso, pues de igual manera que resulta imposible combatir lo que no existe, este combate ha logrado desviar la atención hacia lo fundamental del problema, que es la desigualdad social derivada de la estamentación humana entre explotados y explotadores. Por lo anterior, la lucha contra el racismo y la discriminación es un proceso altamente complejo que debe atenderse en todas sus aristas, desde el imaginario individual y colectivo hasta las instituciones del Estado.
Lo afrocubano, la nación fragmentada
La noción de lo supuestamente «afrocubano» como aparente defensa del legado africano en la cultura cubana en pleno siglo XXI, también tiene su evolución en el tiempo y en diversos usos que se le ha dado al término.
Al abordar este tema en la década de los ochenta del siglo pasado me refería entonces: "Con el propósito de reconocer, estudiar y defender en ese momento histórico neocolonial, la presencia de los elementos de la cultura africana", cuando Fernando Ortiz publica "Los negros brujos" en 1906, introduce el uso del vocablo afrocubano, el cual, según el propio autor: "evitaba riesgos de emplear voces de acepciones prejuiciadas y expresaba con exactitud la dualidad originaria de los fenómenos sociales que se proponía estudiar". Aunque esta palabra ya había sido empleada en Cuba hacia 1847 por Antonio de Veitía, no había cuajado en el lenguaje general como cuando la empleó Ortiz posteriormente.
Sin embargo, aunque el término afrocubano fue necesario en el período histórico de la República neocolonial para designar y sobre todo defender la presencia de elementos culturales africanos en la formación de la cultura cubana; hoy, en el proceso de construcción socialista, ya es un vocablo impropio y anacrónico, pues cuando hablamos de cultura cubana, con plena conciencia nacional de pueblo para sí, sobrentendemos el complejo proceso transcultural esencialmente hispanoafricano que dio lugar a una formación cultural nueva y distinta de sus elementos antecedentes. Emplearlo hoy como lugar común, significa sobreafricanizar o deshispanizar procesos o manifestaciones culturales que el propio desarrollo dialéctico transformó cualitativamente, hace más de un siglo, en cubano (4).
El punto de vista de Ortiz entraba en contradicción con los resultados de múltiples investigaciones que luego realizó y que lo condujeron a la crítica del concepto asimilacionista aculturación (aculturation) cuando propone transculturación como categoría interactiva y muy dinámica de los grupos humanos de diverso origen en contacto, pues lo supuestamente "afrocubano" resultaba ser tan cubano como cualesquiera de los procesos culturales transformados con el paso de varias generaciones.
Por ello, cuando escribe y divulga "Los factores humanos de la cubanidad" (5) enfatiza en la concepción inclusiva de Cuba cual un ajiaco, para hacer un símil con la alimentación tradicional de los primeros pobladores. En una de sus reflexiones sobre los aportes culturales africanos señala: "El aporte del negro a la cubanidad no ha sido escaso. Aparte de su inmensa fuerza de trabajo, que hizo posible la incorporación económica de Cuba a la civilización mundial, y además de su pugnacidad libertadora, que franqueó el advenimiento de la independencia patria, su influencia cultural puede ser advertida en los alimentos, en la cocina, en el vocabulario; en la verbosidad, en la oratoria, en la amorosidad, en el materialismo, en la descrianza infantil, en esa reacción social que es el choteo, etc.; pero sobre todo en tres manifestaciones de la cubanidad: en el arte, en la religión y en el tono de la emotividad colectiva".
"En el arte, la música le pertenece. El extraordinario vigor y la cautivadora originalidad de la música cubana es creación mulata. Toda la música original, de belleza regalada por la América al otro mundo, es música blanquinegra. [Tempranamente] poseemos una gloria de tangos, habaneras, danzones, sones y rumbas, amén de otros bailes mestizos que desde el siglo XVI salían de La Habana con las flotas para esparcirse por ultramar". Hoy baila música afrocubana, es decir, mulata, de Cuba, el mundo entero (6).
Con más de cuatro décadas de experiencia y su nivel de conocimientos lo "afrocubano" es equiparado ya con lo mulato, o sea, con la plena mezcla humana de toda la población desde sus orígenes hasta el presente. Aquí se observa el contexto de lo que denomina por única vez en el texto como "afrocubano" como parte plena de la cubanidad devenida cubanía y como una condición sustancial de la cultura nacional, no como algo ajeno a ella.
Para desarrollar el anterior criterio Ortiz deja claro el decisivo papel de las culturas en contacto y desecha abiertamente el falso criterio de lo tenido entonces por "raza".
Sería fútil y erróneo estudiar los factores humanos de Cuba por sus razas. Aparte de lo convencional e indefinible de muchas categorías raciales, hay que reconocer su real insignificancia para la cubanidad, que no es sino una categoría de cultura. Para comprender el alma cubana no hay que estudiar las razas sino las culturas (7).
Este punto de vista de Ortiz no tiene que haber sido leído ni interpretado por otros autores cubanos que han empleado lo supuestamente "afrocubano" con un sentido positivo o dignificador del papel de la población identificada como negra y/o mulata en sus respectivos textos (8), que además, desde el contexto de la otredad se ha puesto muy de moda en el discurso internacional que trata de dividir la realidad de nuestro país en compartimentos estancos; o sea para fragmentarlo.
No podemos olvidar que un término absurdo o una mentira repetida y divulgada muchas veces son creídos y asumidos como ciertos, especialmente en la sociedad global de la información y las comunicaciones. Veamos cómo se comporta el término en la web.