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La visión centrista del mundo (Martianos - Hermes - Cubainformación)

Usa Centro

Lorenzo Gonzalo 2

Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

Los países han llegado a ser fuertes, poderosos, desarrollados, débiles, subdesarrollados o pobres por razones circunstanciales. En cada uno de esos momentos, la iniciativa humana ha optado por la acción más eficiente y aunque no siempre ha resultado de esa manera, indefectiblemente el camino escogido ha permitido a la humanidad progresar con mayor o menor rapidez. Excepto que ese progreso ha sido principalmente en las áreas científicas, técnicas y en la formación de una economía regida por unos pocos, mientras que lo social, que debería ser lo prioritario, corre a la zaga.

En el nacimiento de Estados Unidos de Norteamérica algunos de los factores circunstanciales fueron la geografía, la ausencia de poblaciones originarias viviendo bajo la organización de un tipo de Estado, la ausencia de un tercero que hubiese hecho las veces de nación colonizadora durante los siglos críticos de la estructuración de las Colonias y la visión de sus organizadores para interpretar los requerimientos necesariales y fundar un país constituido íntegramente por el espacio continental llamado América del Norte. Estados Unidos es uno de los pocos países que sin ser una isla, tiene muy pocas amenazas por tierra.

La única etapa en que se convirtió en una cuasi colonia, fue a raíz de la Guerra de Inglaterra con Francia en 1765, lo cual duró muy poco porque desbordó los ánimos que hasta ese momento no lidiaban con terceros y que preferían resolver sus asuntos entre comunes y para los comunes.

Unificar íntegramente el territorio continental, coincidía con el pensamiento que Bolívar tuvo años después respecto a Suramérica. La América Continental de Bolívar es la Norteamérica del Norte.

Los Cinco y Judy Gross (Martianos - Hermes - Cubainformación)

Judy y los Cinco

Lorenzo Gonzalo 2

Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

Es bueno señalar que el caso de los agentes de la inteligencia cubana presos en Estados Unidos, ha logrado cierta cobertura de prensa en los últimos meses, aunque esta no ha llegado a los medios escritos y televisivos de mayor alcance público en Estados Unidos.

Hemos señalado que cualquier final feliz para los tres que aún permanecen injustamente en prisión, acusados de delitos que no cometieron y de conspiraciones que nunca tuvieron lugar, depende en gran medida del trabajo que haga la prensa nacional estadounidense.

No podemos descontar los beneficios que puedan tener las gestiones realizadas por terceros países en momentos que las circunstancias lo permiten. Este es el caso por ejemplo, del Presidente de Uruguay José Mujica quien ha estado negociando con la Casa Blanca para facilitar el cierre de la prisión de Guantánamo. Mujica recientemente le pidió al Presidente Obama que libere a los mencionados agentes.

Pero más allá de toda gestión de esa naturaleza, lo más importante es que el resultado de esas coberturas de los medios puedan despertar en Obama su interés de valorar la injusticia del caso y la monstruosidad de haber condenado a un hombre, Gerardo Hernández Nordelo, con pruebas inconsistentes y dentro de un escenario que no permitía el complot de "conspirar para cometer asesinato". De aquí que la importancia mayor es que, cualquiera que sea la gestión, permita que el Presidente pueda actuar con pleno convencimiento sobre el caso y sin temor a los ataques de sus enemigos políticos. Nos referimos al tema, mencionado en otras oportunidades, de otorgar un perdón presidencial a los tres que permanecen en prisión, lo cual difícilmente tendría lugar mientras la sombra del "asesinato de estadounidenses" nuble la verdad del caso, porque obviamente eso constituye un gran impedimento para hacer uso de su discreción presidencial.

España y la renuncia del Rey (Martianos - Hermes - Cubainformación)

rey juan carlos y principe felipe

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

No estoy ni a favor ni en contra de las monarquías como estructura adecuada para la administración del Estado moderno. Me dan la impresión que son como esos medicamentos que tienen el mismo resultado ingiriéndolos que untándoselos. En unos casos sirven para mostrar la vanidad heredada de los estilos de vida que hemos creado y en otros son puros simbolismos para magnificar los poderes reales.

Sin embargo dentro del contexto social de los pueblos donde aún subsisten, el tema es candente porque tiene una fuerte connotación política. Especialmente en Europa donde su existencia marcha al abrigo de las estructuras neoliberales y constituyen un medio de manipulación para la gobernación de los poderes fácticos, confundiendo a unos y a otros.

El tema no es sencillo y aunque obviamente mi pensamiento se proyecta más allá de las circunstancias políticas que rodean el mundo actual y por consiguiente no concibe semejante fenómeno, reconozco que no es asunto fácil. No se resuelve caprichosamente y no se puede enmarcar dentro de los deseos ideológicos que a todos nos animan, ya sean de un bando o de otro. Por eso no las condeno pero tampoco las defiendo. En este mundo donde se ha demostrado que sólo el compromiso es capaz de allanar el camino de la convivencia y con ello ofrecer garantías al progreso, aunque este sea sólo un pálido reflejo de los requerimientos sociales, me parece que asumir otra actitud, lejos de favorecer su desaparición, puede contribuir a perpetuarlas por más tiempo. Su obsolescencia moral las condena a su desaparición.

Pienso como muchos, que las ideologías se van a diluir, pero no relaciono el hecho con el nacimiento de un mundo de igualdad económica, sino con una toma de conciencia nacida de un mayor respeto por la ciencia y la tecnología y reconociendo que la equidad colectiva es mucho más justa que la búsqueda de una igualdad magnificada por la pasión.

Por consiguiente, intento aproximarme al asunto esforzándome hasta el punto que me lo permiten las trabas impuestas por las estructuras ideológicas de mi pensamiento.

El mediano plazo de Estados Unidos (Martianos - Hermes - Cubainformación)

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

No es menos cierto que con la aparición de China como el gran manufacturero de las últimas dos décadas, las capas teutónicas del mercado laboral estadounidense han sufrido un desplazamiento desfavorables para la media poblacional.

Por supuesto a esto también habría que sumarle las fábricas trasladadas a México, desde poco antes que comenzase ese movimiento masivo de inversiones en China.

Parte de estas inversiones estadounidenses salidas de China han sido reinvertidas en México, donde la mano de obra calificada ha alcanzado niveles de mucha calidad y el costo de transportación, por la proximidad, es menor. Si no ha podido ser mayor, quizás se deba a los problemas de criminalidad que confronta ese bello país.

El factor principal que movió los capitales hacia los países asiáticos, especialmente para China, fueron los bajos costos.

A menor costo de producción mayor ganancia, lo cual necesariamente no se traduce en mayor eficiencia. China presentaba hace dos décadas los beneficios de una mano de obra barata y la existencia de un Estado autoritario y fuerte que permitía a los grandes capitales sentirse confiados respecto a los vaivenes políticos de otros países, como México por ejemplo. Entre los aspectos considerados estaban además los relacionados a crímenes e indisciplina social.

Durante esas dos décadas las inversiones de capital han contribuido para que China desarrolle una industria de base y haya enriquecido su parque tecnológico

Dentro de ese contexto, en la fabricación y comercialización de productos electrodomésticos básicos, textiles, algunos alimentos envasados, así como ciertas producciones masivas, entre ellas la avícola, los inversionistas han realizado grandes ganancias y dominado parte del mercado estadounidense y europeo.

En los últimos años se han detectado deficiencias en el manejo de muchas de esas producciones. Como consecuencia, la demanda estadounidense más exigente se ha contraído respecto a determinados rubros.

Los consumidores sofisticados han comenzado a preferir producciones nacionales, por razones de una calidad que sólo trabajadores con una larga tradición generacional de disciplina hacen posible.

Son estas y otras motivaciones que las inversiones estadounidenses en China, superiores a los mil millones, están considerando trasladarse a Estados Unidos, donde el proceso de la producción es mejor atendido y controlado y donde existe un público que no sólo la exige con rigor sino también es observadora de precios competitivos.

¿Con Dios o con el Diablo? (Martianos - Hermes - Cubainformación)

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce


¿Con Cuba o con los terroristas?

Los terroristas nunca han estado en Cuba, siempre han tenido sus domicilios en Miami y aunque la mayoría tiene origen cubanos, hace tiempo perdieron su identidad y otras cosas.

La decisión del Departamento de Estado de Estados Unidos el pasado miércoles, ratificando a Cuba entre los países que apoyan el terrorismo, demuestra la existencia de un Estado decadente.

Las estructuras políticas estadounidenses van perdiendo el dinamismo que sus fundadores previeron y que el tiempo demostró efectivo durante muchas décadas.

Más allá del reinado del dinero y de las oligarquías que en diferentes momentos han controlado sus mecanismos, ha sido la mejor referencia de gobierno por su flexibilidad y posibilidades de perfeccionamiento. Sin embargo, hoy presenciamos cómo se corrompen sus estructuras políticas, sujetas a una carrera de relevo, que le impide actuar con objetividad.

Cuba fue colocada en la lista de países terroristas en 1982, cuando la contrarrevolución y los terroristas de origen cubano, fueron vestidos de cuello y corbata, para servir los intereses de Washington en la nueva etapa latinoamericana que comenzó en esa década. Como premio colocaron a Cuba en esa lista. No fue la presión cubana lo que consiguió semejante atrocidad, sino los intereses de un Estado que utilizaba a un conjunto de cubanos marginados de sus raíces. Nuevos tiempos, nuevos planes y un premio a los buenos mercenarios para que hicieran sus nuevas tareas.

Las razones para colocar a Cuba en esa lista, fue el apoyo cubano a las luchas insurrectas de Latinoamérica, especialmente a la guerrilla colombiana y por acoger en su territorio a terroristas vascos, los cuales fueron aceptados a petición del entonces Primer Ministro español Felipe González.

Se trató de una época donde ambos gobiernos, el cubano y el español, acordaron políticas de colaboración y ayuda. Los vascos prisioneros políticos por terrorismo, les resultaban un problema al gobierno español quien requería deshacerse de las críticas de los nacionalistas vascos por un lado y de la derecha española por el otro. El compromiso para evitar ambas cosas fue liberarlos y sacarlos del país. Para lograrlo pidieron ayuda a Cuba, quien se ofreció a darles entrada a su territorio bajo muchas restricciones.

Uno Por Ciento vs 99% (Martianos - Hermes - Cubainformación)

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

 

Un sistema socio - político, con relativo balance de poderes, aun cuando los mecanismos de participación social sean reducidos, sin una regulación clara para que la sociedad pueda acceder a la dirección política, puede ser secuestrado por el poder del dinero u otros intereses. De facto, los poseedores de riqueza durante siglos han sido los actores de esas funciones, con  matices más o menos acentuados.

En Estados Unidos de Norteamérica durante la última mitad del Siglo XIX, se formaron oligarquías que llegaron a tener un gran poder. Las quiebras bancarias y las primeras guerras por la posesión o los controles territoriales, entre ellas la guerra injustamente declarada a España y la Primera Guerra Mundial, las disolvieron parcialmente. El surgimiento de otros actores económicos a partir de nuevas oportunidades que resultaron de esa guerra mundial, contribuyeron a crearle limitaciones a sus poderes políticos.

El dinero en sí nada significa si sus poseedores no obtienen vastos privilegios del medio que viven, en especial derechos especiales para apropiarse del mayor resultado de las actividades económicas.

De hecho las clases sociales no son necesariamente consecuencia de las riquezas personales, si no vienen acompañados por el acceso a sensibles privilegios y al derecho informal que puedan concederles las estructuras políticas vigentes.

De aquí que cuando el periodista cubano Gómez Barata decía que el proceso revolucionario cubano había eliminado las clases sociales, manifestaba una gran verdad. En Cuba al margen de las posesiones materiales los accesos y consideraciones sociales están relativamente considerada por igual.

Las clases sociales surgen, universalmente hablando, en el proceso de administración y mando, el cual es concomitante con la aparición de grandes conglomerados. En ese proceso y por razones bien fundadas, fueron escogidos los más capaces. En los tiempos primitivos, la agudeza para la supervivencia pero también la fortaleza física y el desprecio a la muerte, otorgaron esa función a los miembros del grupo.

El absolutismo nació de tales manejos, tanto para quienes lo ejercían, como para quienes lo compartían indirectamente; perpetuó los poderes y creó hábitos y costumbres grupales que, en su momento, la sociología denominó clases.

El liberalismo sentó bases para ampliar la participación en el gobierno pero sin embargo, el fenómeno de acumular riquezas extraordinarias, surgido esencialmente de mecanismos financieros anómalos, permitió a esas personas crear reglas de sucesión gubernamental, estimuladas a su vez por las propias acumulaciones de capital.

En la prensa estadounidense de los últimos tiempos, las referencias al llamado 1% es cada día más habitual. Con excepción de las izquierdas decimonónicas, las cuales nunca han tenido peso en la vida nacional, las críticas no son dirigidas en sí a esas riquezas, sino a los mecanismos que las amparan. Las más acerbas de todas son las que se refieren a los hermanos David y Charles Koch, quienes perciben el equivalente a los ingresos del 44% de la población de Estados Unidos de Norteamérica.

El centro de todo es Gerardo Hernández (Martianos - Hermes - Cubainformación)

 

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce


He observado que mi artículo donde pretendo hacer un símil entre Gerardo Hernández Nordelo con el caso Dreyfus, ha tenido poca circulación en los medios que usualmente me publican, a la cual por cierto no aspiro, aunque considero que la arbitrariedad del juicio y las sentencias, así como la necesidad de hacerle justicia a estas personas, no debe tener barreras, ni ser patrimonio de entidad alguna y requiere todo tipo de cobertura.

El esfuerzo para que liberen a estos cinco agentes cubanos injustamente procesados y sentenciados a exagerados años de prisión, es una manera más de protestar los procedimientos inhumanos utilizados por Estados Unidos de Norteamérica en contra de Cuba, donde no han faltado bajezas como esta de condenar a cinco personas que luchaban precisamente en contra del terrorismo y a quienes nunca se les comprobó cargo alguno de espionaje.

El ángulo del mencionado artículo, escrito hace una semana, es resultado del desenvolvimiento del caso desde el momento de la detención de estas personas en 1998, hasta la fecha.

Dicho enfoque no sería correcto si nos retrotraemos a junio del 2001 cuando terminó el infame juicio. Entonces la injusticia era una sola, materializada en Cinco personas. Los Cinco se convirtieron en una entidad. Sin embargo, la actualidad no se parece a la de aquel tiempo. Dos de dichos agentes ya cumplieron las injustas sentencias, a otro sólo le aguardan tres años y un cuarto, Ramón Labañino, supuestamente le esperarían diez largos años más. Pero el tiempo de cumplimiento de la sentencia de ambos está cronológicamente determinado.

Para estas dos personas que ya cumplieron, continúan siendo injustas las condenas y las excesivas sentencias que recibieron, pero su liberación ha sido alcanzada.

En cambio, Gerardo no tiene límite o para decirlo con toda crudeza, su sentencia termina con la muerte. Está condenado a cadena perpetua que, para mayor exageración y una mejor visión de las aberraciones legales estadounidenses, son dos, como si una sola no bastase.

Cinco hombres y una sola injusticia (Martianos - Hermes - Cubainformación)

 

 

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce


Puede que usted sea crítico del gobierno cubano. Puede que rechace su existencia. Puede que siempre haya sido adverso de los gobiernos que pretenden superar las contradicciones creadas por el mal manejo de la economía que consolidó la Revolución Industrial. Usted puede ser también un individualista radical, poco interesado en el bienestar económico de su vecino, pero aunque posea todos estos atributos, si así pudiéramos llamar a esas actitudes, estoy seguro que defiende los legados mínimos del liberalismo, entre ellos el surgimiento del Estado de Derecho. Ese aporte ha permitido que todos, incluyendo a los recalcitrantes que reniegan del prójimo, defendamos la aplicación de leyes aprobadas por legislaciones, supuestamente representativas de los ciudadanos, en condiciones objetivamente favorables y aisladas al máximo de las influencias políticas.

De concordar con lo expuesto hasta aquí, podemos asegurar que no debieran existir razones para que persona alguna justifique que cinco agentes cubanos, detenidos a fines de la década del noventa y sentenciados en junio del año 2000, permanezcan en prisión al cabo de quince años de encarcelamiento.

Para muchos es casi un tabú decir que esas personas merecen regresar a su país y para otros, un delito, expresar que sus condenas fueron desmesuradas o clamar que, en buena lid, el gobierno estadounidense debió extraditarlos de inmediato.

Especialmente en Miami, donde se originó la politización del juicio y se tramó la gran componenda, desatando una persecución al estilo de los mejores tiempos de McArthur, con la intención de arrancarles sus libertades, las personas honestas, no se atreven a hablar al respecto. El tema en esta ciudad es un gran tabú. Poco faltó durante el juicio para que algunos pidieran la pena capital.

Pero esto se debe a ese temor reverencial de los más desinformados o fanáticos, a decir algo que coincida con propuestas del gobierno cubano.

El blanco y negro de la política tiene en Miami su mejor exponente. Es la ciudad ideal para deshumanizar los más elementales sentimientos cuando de enfrentar al gobierno cubano se trata y sobre todo, para expresar con objetividad asuntos relacionados con dicho gobierno.

Los cinco agentes cubanos, es de todos conocido, que estaban buscando afanosamente las conexiones de los terroristas con planes de esa naturaleza, dirigidos a causar estragos en la población cubana o en su defecto, a su Estado. No es secreto que en la década del noventa hubo un despertar del terrorismo enfocado al derrocamiento del gobierno de Cuba.

Desigualdad: La problemática de nuestro tiempo (Martianos - Hermes - Cubainformación)

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce


El tema de la desigualdad ha llegado a un punto de importancia tal, que no existe una sola reunión de gobiernos y hombres de negocios, donde el hecho no sea abordado con prioridad.

Así ocurrió en Davos, Suiza, en La Reunión Anual del Forum Económico Mundial, donde el tema fue parte de la millonaria agenda de quienes allí se reunieron este año.

Asistieron al evento 2.500 personas, de las cuales 1.500 son dirigentes mundiales de negocio.

De acuerdo a 700 expertos que contribuyeron a organizar el Forum Global de Riesgo de la Economía Mundial, la enorme diferencia entre ricos y pobres, es el riesgo que, con mayores probabilidades, causará los más serios problemas en la próxima década.

En Estados Unidos de Norteamérica el tema ha sido una constante en los discursos del Presidente y académicos e incluso de algunos millonarios y hombres de negocio como Bill Gates.

Como ya expresamos en el anterior artículo, la desigualdad es el resultado de “requerimientos societales no satisfechos, que afectan a todas las clases por igual”. Por supuestos las afectaciones realmente críticas que, en ocasiones, significan la diferencia entre la vida y la muerte, las padecen los pobres. En Latinoamérica la cifra de estos últimos anda rondando el 30 %. En Estados Unidos, con las variantes que corresponden una sociedad hiperdesarrollada, esa cifra parece bordear los mismos niveles.

La cuestión no se resuelve con pleno empleo y si siquiera con paliativos como aumento de salarios, sin que por eso renunciemos a presionar para que los gobiernos aprueben ajustes de esa naturaleza.

En verdad estas cuestiones sólo se resuelven a través de la política. Porque no estamos lidiando con problemas funcionales de la economía, sino con políticas mal aplicadas o que son administradas por instituciones no representativas de la sociedad. En este caso, por las grandes corporaciones, quienes intelectualizan sus decisiones, basados en analistas económicos, cuyos únicos indicadores son las ganancias y el precio de productos, cuya necesidad de existir muchas veces son de dudosa veracidad.

El éxito de nuestras vidas (Martianos - Hermes - Cubainformación)

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

 

Universalmente hablando, el presente siempre es mejor que el pasado y el futuro debería superarlo.

La humanidad ha avanzado, si entendemos por ello las condiciones creadas para disponer de mejores alimentos y condiciones de vida.

Pero como todos los tiempos del pasado, arrastra inequidades, pobreza y múltiples problemas cuya solución a algunos nos parece de una urgencia inaplazable. En realidad, semejantes desafíos y peores, existieron en otras épocas y la decisión de buscarles solución ha permitido avanzar hasta la actualidad.

Aunque mentes dotadas han facilitado la búsqueda de esas soluciones, descubriendo las leyes de la naturaleza, ideando la aplicación de técnicas que han hecho posible utilizar prácticamente esos descubrimientos, la labor de avanzar no hubiese sido posible sin la participación colectiva del género humano, es decir, sin la fuerza viva de las sociedades que lentamente se formaron.

Las escalas intelectuales, de capacidad e inteligencia, sólo distinguen al humano hasta el instante donde la energía de todos se hace imprescindible para materializar ideas y descubrimientos.

Por esa razón, en la medida en que el ser humano se juntó sin colectivizarse, el fruto de cada cual fue mejor.

La colectivización fue un paso previo de la humanidad hacia la socialización. En ese proceso no pudo superar la falsa visión de los superhéroes y la excesiva proyección del vigor físico, el genio y los atisbos casi siempre casuales, que permitieron aliviar la vida de grandes mayorías. Pero el conocimiento acumulado ha ido redefiniendo esas realidades.

La desigualdad individual del ser humano, por sus dotes y unicidad, ha sido una constante y quizás ninguna humanidad llegue a ser testigo de una etapa diferente en ese orden. Sin embargo, el acceso al producto del esfuerzo colectivo, del cual hemos sido víctimas en el pasado y el presente, es un fenómeno que se cuestiona desde hace siglos y cuyas condiciones para superarlas se dieron a partir del surgimiento de las ideas liberales, la explosión productiva ocasionada por la Revolución Industrial y los agudos fundamentos sentados por los pensadores y los movimientos socialistas.

Todos los trayectos han requerido de esfuerzos, pesares y en muchas ocasiones grandes tragedias personales y colectivas. Pero todos ellos estuvieron precedidos por tiempos de reflexión, aislamiento y una gran concentración desde los niveles más altos de intelectualidad, hasta las más simples labores de la actividad productiva.

Senador Ted Cruz: Pequeños antecedentes (Martianos - Hermes - Cubainformación)

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

 

Por razones irracionales y de emocional inmadurez, los cubanos de origen que llegaron a Estados Unidos de Norteamérica en los años sesenta, han defendido las causas más retrógradas. Divorciados de sus orígenes hispanos como país pobre, han roto con los suramericanos y el resto de los pobladores al Sur del Río Bravo y con el tiempo han hecho causa común con quienes favorecidos por las circunstancias en esas latitudes, también se han olvidado de los graves problemas que afectan sus regiones.

Cuba, pobre pero favorecida por su ubicación geográfica, al punto de haberse podido convertir en un Puerto Rico y ser incorporada a Estados Unidos en los finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo el privilegio de servir de puente y barrera a la defensa del Norte y precisamente por esas características, ciertos sectores fueron convertidos en administradores de intereses estadounidenses en la Isla.

Como consecuencia, una parte de su población trabajadora, recibió por carambola ciertos beneficios. Esa situación creó una leyenda que llegó a confundir las interesadas dádivas provenientes del exterior, con una potencialidad económica inexistente.

Quizás por esa razón, los beneficiados económicos directos, receptores de las efímeras riquezas que aquella situación produjo, al llegar a Estados Unidos, huyendo aterrados por las reformas que prometía el triunfo revolucionario en contra de la dictadura de Fulgencio Batista, alentados además por las desinformaciones de las agencias de inteligencia estadounidense, conservaron aquel aire de superioridad inmerecida. 

Ese sentimiento no sólo fue patrimonio de quienes abandonaron el país por aquellos años de los sesenta y que además habían ostentado niveles de vida desproporcionados en relación a las riquezas naturales del país, sino también de muchos trabajadores simples que habían emigrado con anterioridad a Estados Unidos y que se vieron atrapados y a su vez halagados, con la leyenda de la abundancia que nunca existió.

Tal parece ser el caso de Rafael Bienvenido Cruz, padre del Senador por Texas Rafael Edward Cruz, más conocido como “Ted” Cruz.

Según cuenta el señor Cruz, cuando tenía 14 años fue apaleado por los esbirros de la dictadura de Batista. En ese entonces vivía en Matanzas, su ciudad natal. De acuerdo a su fecha de nacimiento dicha golpiza debió ocurrir en el año 1953.

Alternancia política a medias (Martianos - Hermes - Cubainformación).

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce


Si nos propusiéramos especular sobre el futuro de Estados Unidos de Norteamérica tendríamos que analizar el significado de un sistema basado esencialmente en la alternancia de Poder y no en la necesaria relevancia administrativa que es requerida para hallar soluciones viables a las problemáticas sociales y a las prácticas económicas que definen su sociedad. 

El sistema estadounidense está basado en el Poder de la minoría, lo cual deja desamparadas a las grandes mayorías aun cuando estas disfruten de estándares que pueden ser envidiables por el resto de casi todos los países.

El discurso que plantea la existencia del gobierno de las mayorías y un amplio respeto para las minorías, oculta una verdad que podemos desentrañar con sólo observar cómo el poder del dinero de las grandes corporaciones, privilegia y favorece la elección del Poder Legislativo, así como también del Ejecutivo.

Es un viejo tema que no por su antigüedad carece de vigencia.

Obama alcanzó la presidencia del país favorecido por una crisis tremenda heredada de la anterior Administración, la cual tuvo su origen esencialmente en el proceso de desregulación de la economía y en la manera en que el sector financiero aprovechó aquellas disposiciones. Dicha desregulación no es solamente culpa de la Administración Bush pues los primeros pasos fueron dados en la década de los años noventa por del Presidente Clinton.

Otra herencia de mucho peso para el gobierno de Obama está relacionada con la inmigración. A esta se añadieron lamentables hechos aislados como los sucesos de la Embajada de Libia, las denuncias de la vigilancia a la ciudadanía por la Agencia Nacional de Seguridad y el pobre manejo de la política exterior relacionada con Medio Oriente puesta en práctica por Hillary Clinton. Estos aspectos, como otros que les siguieron, sirvieron de caldo de cultivo para que las patrañas electoralistas primaran sobre  los asuntos urgentes de carácter social que enfrenta el país.

A río revuelto ganancia de pescadores y nadie mejor que los políticos para torcer el sentido de los acontecimientos y fabricar escollos a la Administración de turno, sin importarle los daños sociales que causan la desatención de problemas urgentes que reclama la nación y las malas prácticas económicas. 

Todo ello sirvió de caldo de cultivo para que los republicanos y en especial el sector más conservador representado en el Tea Party (partido del té), se concentraran en ganar adeptos con miras a las elecciones del 2016. 

Viejas denuncias que no solucionan nada (Martianos - Hermes - Cubainformación).

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Por Lorenzo Gonzalo *

Foto Virgilio Ponce


En estos días se ha desatado un gran escándalo en Estados Unidos de América sobre la vigilancia ejercida por el gobierno a todos los niveles de la sociedad, donde incluso sus propios funcionarios no están exentos.

Se acusa a Obama de seguir los pasos de George W. Bush, violando la privacidad ciudadana.

Vamos a ser honestos y admitamos que las labores de inteligencia han sido garantes de la seguridad de los Estados desde que el mundo es mundo.

No existe un solo líder, conductor de pueblos, representante de mayorías, administradores de Estado, que no hayan usado dichas labores para sostenerse en el poder o preservar la funcionalidad y estabilidad de la superestructura política de la sociedad.

Por consiguiente no son nuevas bajo el sol las actividades denunciadas hoy con bombos y platillos en periódicos y sectores del Congreso, donde senadores como Rand Paul, de Kentucky, aprovechando la reunión que sostendrán el Presidente Obama y el Presidente chino Xi Jinping, han desatado una furiosa campaña de niña quinceañera, que hubiese sido violada en su casa, luego de enamorar tranquila y afanosamente en su cuarto con el consentimiento tácito de sus mayores.

Todos ellos saben en el equipo que están jugando.

Se trata simplemente de agregar escándalos a un gobierno que anunció grandes reformas y apenas ha podido avanzar un metro del recorrido prometido, precisamente por los escollos interpuestos por intereses que aplican la vieja táctica de denunciar incumplimientos, engañando a los incautos y así poder ellos adueñarse más tarde del relevo gobernante, continuar aplicando viejas prácticas de desafueros y continuar profundizando al país en el insondable abismo que distancia cada día más a quienes tienen mucho, de quienes cada vez disponen de menos y pagan más.

Estas denuncias ya habían sido publicadas en el año 2007 en iguales términos que acabamos de conocer en estos días, aunque quizás con menos precisión de las partes involucradas.

El Washington Post publicó ese año una entrevista con un técnico de AT&T, en la cual el entrevistado, llamado Mark Klein, narra la encomienda que le hizo en el año 2002 un representante de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) para crear un “cuarto secreto” en otro edificio de AT&T localizado a unas cuadras de donde entonces trabajaba Klein.

En el año 2003, Klein fue trasladado a trabajar a dicho “cuarto”.

Klein explicó cómo se entrelazaba ese “cuarto secreto” a través de un splitter, una pieza que sirve para dividir una señal o una corriente cualquiera en dos partes iguales, con otro localizado en el piso superior, donde radicaba en aquel entonces la administración del servidorr de la compañía.

Klein refería que esto permitía “succionar” toda la información que transitaba por la sala de Internet. Por supuesto, decía Klein “la ASN obtiene con esto todo tipo de informaciones. Porque se trata de grandes cañerías, por donde transitan nos sólo los clientes de AT&T sino todo el mundo”.

Ahora se ha detectado que los mayores servidores de Internet cooperan con la Agencia, accediéndole paso a las informaciones que transitan por sus frecuencias. Entre los consentidores están envueltos Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, You Tube y Apple.

Pero todo es parte de la misma historia. Ya en 1965 los profesores estadounidenses Wise y Ross, escribieron un libro llamado El Gobierno Invisible, donde señalaban que el Bureau de Inteligencia e Investigaciones (BIR), el Bureau Federal de Investigaciones (FBI), la Comisión Nacional de Energía Atómica (AEC), la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), constituían el verdadero gobierno. Dicen en su libro escrito en 1965: "Existen actualmente en Estados Unidos dos Gobiernos. Uno visible, el otro invisible. El primero es el Gobierno que aparece en los periódicos, que los ciudadanos conocen y que los niños estudian en sus textos de educación cívica. El segundo es la escondida maquinaria que cumple los planes de los Estados Unidos en la guerra fría. Este segundo Gobierno Invisible recoge informaciones, conduce el espionaje y ejecuta operaciones en todo el mundo".

En ese proceso derribaron el gobierno de Sukarno en Asia, de Jabobo Arbenz en Guatemala, impusieron la dinastía Somoza en Nicaragua, invadieron Cuba en 1961 con 1400 hombres entrenados y armados por la CIA, ocuparon Granada, secuestraron a Noriega, un ex - aliado que dejó de serles leal en Panamá y un sin fin de atrocidades y violaciones más.

El escándalo de hoy es el mismo del pasado y el de hace siglos. La diferencia es que ahora vamos conociendo mejor sus interioridades, gracias a que las comunicaciones disponen de una movilidad sin precedentes.

El problema de la inteligencia no radica en su necesidad de existir, sino en los aparatos que la administran. Estos oscuros recintos y vericuetos del Estado son turbios, clánicos, a sus fuentes no los aceptan como parte integral de la institución, ni siquiera dejan espacio para una franca relación entre sus operativos y esas fuentes de información o agentes. Todas esas redes de confidentes y colaboradores se convierten en sorbetes desechables, alimentados mientras sus actividades son útiles y carentes de existencia una vez que dejan de hacerles falta.

En el proceso de su existencia esos organismos adquieren propiedades divinas como la omniscientes, la omnipotencia y van creando una imagen clandestina y virtual de infalibilidad. Se han convertido en dioses, excepto que están desprovistos de sus bondades pero conservan sus iras.

Esta descripción es igual para todos los países, incluyendo la antigua URSS, Cuba, China o la República de Malí y por supuesto el adalid de todos que es Estados Unidos de Norteamérica, aunque en éste último algunos tienen la ventaja de escribir un libro resarcirse económicamente y desquitarse.

Entre los poderes oficiales y los oficiosos, que son mayores que los primeros, cometen todo tipo de fechorías.

A ningún ciudadano cívicamente orientado, le preocupa que escuchen sus llamadas. Por el contrario, puede servir de tranquilidad en el mundo represivo que vivimos, que los represores sepan que nos portamos bien. El dilema radica en la manera que pueda utilizarse esa información, la cual sirve muchas veces para chantajear y crear compromisos no deseados para sus reclutados o para quienes volitiva e ingenuamente se ofrecen o para ciudadanos ajenos a dichas patrañas convertidos en víctimas de una jugada sucia cualquiera.

El otro aspecto tenebroso es que esos cuerpos se separan cada vez más de los controles ciudadanos, siendo menos democráticos, o sea, son ajenos al más elemental proceso de participación que pueda surgir. Peor aún resulta la idea de convertir al gobierno en el aparato mismo, lo cual es el ideal de sus burócratas directivos, pero que al propio tiempo es algo que preocupa a muchos en Estados Unidos, que perciben como inevitable el dominio del Estado por el mundo corporativo, con lo cual desaparecerían los vestigios básicos de democracia aún existentes y cerrarían el paso, quizás definitivamente, a una evolución de características sociales pronunciadas, con mayor equidad y mejor justicia a la hora de facilitar la realización de las aspiraciones individuales esenciales.

Este escándalo, facilitado aún por la existencia de una prensa donde el afán de protagonismo es propensa a las informaciones capaces de promoverlos, nos permite profundizar en estos asuntos, pero no nos dice nada respecto a cómo resolver el peligro que representan la existencia de estos monstruos necesarios.

La prensa es sensacionalista y a veces nos parece muy democrática cuando nos enteramos a través de ella de chismes terribles como estos, diciendo que alguien nos mira, nos escucha, nos filma y escudriña, sin saber nosotros que uso hará de tales informaciones acopiadas en secreto y solamente verificables por ellos mismos.

En ese proceso nos desinformamos, porque el gobierno entra en el juego de alguna manera y los periodistas más capaces pierden el hilo y no llegan a platear los peligros representados pro un Estado que pretende con intención o sin ella, convertirse en rector absoluto sin la participación de nosotros, los ciudadanos que componemos esta sociedad.

Así lo veo y así lo digo.

Otros muchos que lo ven de igual modo no lo dicen, bien porque no quieren o a lo mejor porque no los dejan.

* Periodista cubano residente en los EE. UU., Subdirector de Radio Miami.

Aliándose con el obstáculo no es solución (Martianos - Hermes - Cubainformación)

Lorenzo Gonzalo 2

Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

Luego de las experiencias acumuladas por las sucesivas injerencias estadounidenses en los asuntos internos de terceros países, no es concebible que existan personas dispuestas a servirle de cajas de resonancia a los intereses estadounidenses que aún pretenden imponer condiciones al Estado cubano u otros, entre otras exigiendo libertades cuyas ambigüedades confunden al más ilustrado.

La experiencia nos dice que cuántas veces el vecino del Norte aboga por libertades y pide que la Isla abra sus puertas, sabemos que el primer personaje en traspasar el umbral serán sus instituciones corporativas, quienes en gran medida gobiernan su país y quienes con sus prédicas de gobierno pequeño, preparan el camino que los llevaría al poder absoluto.

No está mal que las corporaciones entren en Cuba porque son muchas las inversiones requeridas. La gravedad de la petición radica, que detrás del discurso clamando por el respeto al libre mercado, se esconde el deseo de que esa libertad se aplique a quienes tienen los medios de administrarla a su antojo y que los demás disfruten el remanente o el espacio que no interrumpa sus intereses.

En el proceso cubano han existido confusiones históricas dadas por las circunstancias, en los comienzos y en sus primeros cuarenta años, en términos de variados puntos de vista sobre la conducción del proceso, pero también han existido enemigos del mismo, representados principalmente por los causantes y defensores de la dictadura de Batista y por Estados Unidos.

Estados Unidos de Norteamérica no tendría culpa alguna de muchos de los desvaríos de ese proceso, si desde los primeros meses de comenzado, no hubiese asumido una actitud agresiva en contra  del mismo.

Si no tuviese ninguna culpa no hubiese sido posible que desde aquellos comienzos, apareciesen grupos de cubanos que, utilizando ese territorio como base de operaciones, transportándose en aviones y embarcaciones para cometer diversas agresiones, entre ellas llevar armas y explosivos, llegaran a diario a sus costas con la expresa intención de causar malestar en la población.

Esas personas operaban desde casas de seguridad de la inteligencia estadounidense y varios miles llegaron a formar parte de su nómina de empleados.

Es cierto que Estados Unidos de Norteamérica ha sido utilizado como chivo expiatorio en Cuba, para justificar aquellas medidas que resultaron fallidas, inadecuadas, injustas y que en ocasiones lidiaron con un surrealismo que sólo la mentalidad criolla y desenfadada del cubano podían atreverse a explicar a título de que se trataba de algo razonable, pero esa realidad no le resta un ápice de responsabilidad al agresor, aunque al agredido tampoco lo exonera de culpas. La diferencia en este caso es que el agresor no ha reconocido sus errores y el agredido intenta enmendarlas.

La presencia estadounidense, sin dudas agresiva, ante cualquier intento que reduzca o elimine su participación en las economías internas de otros países, es aún utilizada como excusa cuando la habilidad gobernante no es suficiente para lidiar con sus asuntos internos, pero las personas bien intencionadas no pueden tener dudas, de que la política de Washington levanta escollos ante toda gestión que no lleve su aprobación total y que las políticas que los países agredido deben derivar de ello, conducen a errores e incluso a aberraciones de gobierno.

No se trata de defender políticas que la historia y el desarrollo conceptual de hace cincuenta años, podían justificar intelectualmente desde posiciones ideológicas, sino de reconocer que la conducta de Washington, es una piedra en el camino, continúa siendo imperiosa, tiene visos imperiales exagerados para estos tiempos y no puede ser un aliado para las soluciones internas que buscan los cubanos en la actualidad. Al menos mientras no renuncie en pleno al uso de esas prácticas.

Las confusiones originales provocadas por las inexperiencias de cómo conducir un proceso socio político de cambio han sido superadas en gran medida y debemos insistir en que nadie sea llevado a engaño: Estados Unidos de Norteamérica y los causantes de la dictadura de Batista, representados en el llamado exilio histórico, que quizás no pasen de un par de miles en Miami, es el mayor impedimento para la aceleración de los cambios que la sociedad cubana y sus actuales gobernantes pretenden hacer.

Haciendo un paréntesis a lo dicho en el párrafo anterior, debemos observar que Cuba no requiere de Estados Unidos de Norteamérica para hacer determinados cambios internos, pero dado el control que el coloso del Norte posee, no hay dudas que cualquier obstáculo creado por este, dificulta realizar integralmente, las modificaciones que las experiencias acumuladas, especialmente a partir del derrumbe soviético, exigen hacer.

Por consiguiente, hacer causa común con Estados Unidos con propósitos de resolver la problemática interna cubana creyendo que así favorecemos que la sociedad marche con mejor sentido de justicia social, prevaleciendo el criterio de que lo individual solamente se resuelve a través del conjunto de la sociedad, es caer en errores del pasado cuyo presente no se justifican.

Pensar que a pesar de las agresiones militares y de otra índole de Estados Unidos de Norteamérica hacia Cuba, es posible hacer transformaciones revolucionarias y crear las bases para cambiar los mecanismos políticos establecidos por ese país en 1776 y definida en sus líneas generales en 1787, no conoce la historia o no quiere entenderla.

No hay cambio integral profundo de las estructuras socio políticas actuales, que pueda hacerse a contrapelo de Estados Unidos de Norteamérica en Cuba y tampoco en el Hemisferio suramericano.

A Miami lo visitan a menudo gente llegada de Cuba que, novedosamente para el ambiente en que vivimos, pronuncian un discurso que habla de una supuesta lucha que ellos lideran por “hacer de Cuba un país democrático”. Piden dinero y plantean como legítimo recibir financiamientos venga el dinero de donde venga, para poder minar las bases del gobierno actual e incluso “juzgar” a sus representantes.

Estas personas no hacen labores de oposicionistas, sino de enemigos del gobierno cubano, con lo cual no solamente crean dificultades por los peligros que representan posiciones como esas, de donde pueden surgir fanáticos agresivos, sino por las confusiones que generan en algunos y sobre todo por aliarse a Estados Unidos, que sin razones contribuyó a torcer el camino de la revolución cubana, dificultándola y desviando la atención de sus dirigentes de los asuntos esenciales.

Mirando los toros desde la barrera hay quienes dicen que nada de lo ocurrido en Cuba era necesario, insinuando que ellos lo hubiesen hecho mejor.

Con toda seguridad muchas de las cosas que se hicieron fueron innecesarias desde mi punto de vista e incluso del de otros que nunca renunciaron a ser parte del gobierno, pero en sentido general si no se hubiesen adoptado medidas extraordinarias, Washington hubiese impuesto su voluntad y los marines y las fuerzas quintacolumnistas hubiesen arrasado con el proceso en ciernes.

Estados Unidos de Norteamérica no es considerado por Cuba como su enemigo, aunque se vea obligada a denunciar los actos enemigos que Washington realiza en contra de la Isla, sin embargo, en términos legales Cuba es considerada por Estados Unidos su enemiga, de manera declarada, en base a sus leyes y en su conducta permanente. La mayoría de cubanos que vivimos en Estados Unidos no somos enemigos de Cuba, sin embargo, hay un grupo integrado por unos pocos llamado exilio histórico, quienes históricamente (y valga la redundancia) han sido aliados, actores intelectuales y ejecutores, de las políticas más sucias jamán empleadas en contra de un Hemisferio.

Quienes viviendo en Cuba extienden su mano pedigüeña, ya sea por ansias de dinero o poder, a gente de ese sector, se hace cómplice de sus crímenes.

No critico las actitudes aun equivocadas que pudieran tener y que de hecho tienen, las personas que en la Cuba de hoy se visten con el fácil manto de oposicionistas y donde unos pocos, más temerarios, se colocan las charreteras de enemigos del gobierno. Pero no es concebible que luego de los daños que ocasionaron los errores de cerrar filas o incluso solamente coincidir, con las políticas de Estados Unidos en contra de Cuba, haya personas ingenuas o mal intencionadas, que insistan en persistir en el error.

Estas verdades hay que repetirlas para que no queden sepultadas en el olvido.

Así lo veo y así lo digo.

Hay muchos que lo ven de igual modo pero no quieren decirlo o no pueden o no se atreven.

* Periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Disyuntivas del turismo político cubano (Martianos - Hermes - Cubainformación)

Lorenzo Gonzalo 2

Por Lorenzo Gonzalo *

Foto Virgilio Ponce

Dicen los beneficiados del nuevo turismo político cubano, que el gobierno les permite salir y regresar al país, hacer declaraciones antigubernamentales, muchas veces calumniando, prestándose incluso al juego de la Guerra Fría que aún sostiene Washington en contra del Estado cubano, porque el gobierno quiere asumir el papel del personaje bueno. O sea, que la actitud del gobierno cubano es solamente parte de un juego. 

Esto en realidad, aun si fuera verdad y es difícil demostrarlo, reafirma la presencia de nuevos tiempos, porque a la altura de las circunstancias internacionales actuales, cualquier Estado que se preste a participar en semejante juego, no tendría más remedio que continuarlo por los siglos de los siglos, con lo cual estaríamos también frente a una situación positiva.

Es cierto que en Cuba ninguna prensa publica nada sobre estas personas, pero aquí tampoco cualquier prensa publica a quienes tenemos criterios diferentes de sus líneas editoriales. También es cierto que las limitaciones para ingresar al internet y otras fuentes informativas, allí son mayores, pero esas limitaciones se han ido reduciendo con el tiempo y el ingreso de nuevas tecnologías al país, les permite a estos detractores del incipiente Estado, difundir sus criterios usando DVD´s y memorias flash. O sea, que el acceso a la información e incluso a la difusión de criterios, es hoy mayor que antaño, cuando el Poder actuaba como si las verdades absolutas existieran y sus representantes las hubiesen descubierto.

No impugnamos a quienes quieren un cambio de Estado en Cuba. De hecho muchos de nosotros queremos un cambio de Estado en Latinoamérica y en el propio Estados Unidos. Pero no obstante, nos negamos a aceptar prácticas que llevan implícita la violencia y por principio, no hacemos causa común con enemigos declarados del país donde habitamos. Tampoco asumimos posiciones que puedan conducir a la violencia de las instituciones, sino que laboramos dentro de los límites que nuestros derechos ciudadanos tienen, para que la concienciación de las problemáticas ayude a cambiarlas. Además, quienes así pensamos contamos con el aval de habernos dedicado por décadas a contribuir para cambiar la esencia del Estado actual, entendiendo que éste tiene diversas modalidades, mientras que las personas que aquí impugnamos, quieren precisamente perpetuarlo, con lo cual se enfrentan al devenir de nuevos tiempos que claramente se perfilan en los sucesos latinoamericanos de la última década.

Hoy sabemos que los sistemas hablan por sí solos y que el sistema actual imperante en la mayoría de los países, no funciona. El camino más universal se inclina por cambiar los Estados existentes, comenzando por reformas profundas y con la mira puesta en una transformación de las estructuras políticas.

En Cuba esa transformación parece estarse dando y el propósito de realizarla data de más de cincuenta años. Con el correr de los tiempos los soñadores de ayer nos estamos convirtiendo en los realistas y prácticos de hoy y las cosas comenzamos a verlas desde ángulos donde la objetividad pueda balancear nuestra natural parcialidad.

Estas personas no son valientes por lo que hacen. Si todos no son pícaros, algunos tienen una inocencia tal que los descalificaría para el papel que quieren desempeñar, especialmente a la luz de un pasado donde el resultado fue consecuencia de haber hecho causa común con Estados Unidos, sancionando con nuestra actitud su injerencia en los asuntos internos de Cuba. 

La valentía de hoy es reconocer la inoperancia del sistema llamado democracia representativa y el mal uso que se hace de una economía que presenta potencialidades para resolver con carácter universal los problemas del hambre, la vivienda, la educación y la salud, mientras miles de millones carecen de dichas atenciones, incluyendo a un alto porcentaje en el propio Estados Unidos, país que continúa siendo el de mayor recursos per cápita en el mundo y donde menos se justifica semejante desafuero.

Valentía es aprender a ser parte del sistema institucional existente para hacerlo más funcional, más justo y más eficiente, ayudándolo a cambiar desde adentro, actitud por la que han optado la mayoría de quienes han sentido en cuerpo y alma, pero sin apasionamiento, el proceso de cambios sociales y sobre todo político en Cuba, que son necesarios para garantizar un desarrollo estable y un crecimiento sostenible en lo social y económico.

Pero parece que estos personajes no entienden nada de esto o quizás no quieran entenderlo. De todos modos, pensamos que de tanto aparecer en la televisión, viéndolos luego regresar a su país, como debe ser, el público entenderá que sin dudas la política está cambiando en Cuba, aunque los propósitos continúen siendo los mismos de hace cincuenta y cuatro años.

Creo que la prensa de la ciudad le hace un gran favor al gobierno cubano, a Cuba y al Estado en ciernes que se reconstruye a sí mismo, presentando a estos personajes que son entrevistados, ya casi a diario, en la televisión de Miami y en alguna que otra de las instituciones que funcionan bajo la égida de Washington, expresando que no les está permitido decir lo que precisamente desmienten con sus declaraciones públicas.

Ahora resta por ver las respuestas del Estado cubano y sus instituciones al otro lado del charco, porque las imágenes y entrevistas de estas personas, a estas alturas, han sido diseminadas y son conocidas por muchos ciudadanos a lo largo del país, a pesar de que sus nombres no son dados a conocer en la prensa oficial. 

Terminado el turismo político de la vuelta al mundo, llegarán con más bríos, especialmente cuando comprueben que no los reprimen con turbas y policías y en consecuencia buscarán mayor exposición. La pregunta obligada sería indagar cómo se establecen los límites para evitar que naveguen más lejos en sus errores y queden relegados natural y espontáneamente, a la marginalidad que han escogido.

Los Estados siempre buscan cómo poner límites a aquellas personas que, sin incurrir en ilegalidades subversivas, son encumbrados por las circunstancias, pero quienes al propio tiempo son negativos al desarrollo positivo del medio estatal y político.

Con esta nueva situación deberá lidiar el proceso cubano que se reinventa a sí mismo dando pasos que lo actualizan, definiendo su lugar dentro de las realidades de hoy.

Quizás ese límite esté dado por sacar del silencio la labor de muchas otras personas, mayoritarias en relación a estos marginales, que contribuyen y han contribuido al desarrollo de nuevos conceptos y prácticas, asumiendo posiciones de críticas constructivas, defendiendo los propósitos iniciales de la revolución y patentizando con sus conductas ciudadanas el respeto institucional.

El verdadero límite a las fanfarrias de los detractores del proceso revolucionario cubano está representado en esa diversidad que existe a nivel de todas las instancias estatales y políticas, en el periodismo y la intelectualidad, sin que la gente haya podido catarlas en su dimensión. Muchos incluso no saben que existen y mucho menos, con cuantas ideas las mismas han facilitado la labor de reajuste y actualización por los cuales atraviesa el país, ayudando con paciente labor la obra que trata de sostener a flote e impulsar el Presidente Raúl Castro.

Así lo veo y así lo cuento. 

Hay muchos que lo ven de igual modo pero no quieren decirlo o no pueden o no se atreven.

* Periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

La Emigración Cubana.

La Emigración Cubana








Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio Ponce

Martianos - Hermes - Cubainformación



La Ley de Ajuste Cubana, establecida en 1966 para resolver la legalidad de los cubanos que habían ingresado al territorio estadounidense a través del Programa de Refugiados Cubanos, se ha convertido en un arma de doble filo. Para el Poder central estadounidense significa un gasto más en una era de recortes presupuestarios. Para los políticos de origen cubano es la pérdida potencial de votos electorales.

Cuando el equipo de inteligencia de Ronald Reagan intuyó que el trabajo desempeñado en los comienzos de la década de 1980 por un señor llamado Mas Canosa, orientado a revivir las conspiraciones en contra del gobierno cubano, podía ser convertido en acción política beneficiosa para las acciones contra Cuba y de rebote beneficiar al Partido Republicano, la contrarrevolución cubana de Miami fue transformada en parte del “establishment” político.

En aquel entonces, una gran cantidad de los cubanos llegados a comienzos del proceso revolucionario, donde se mezclaban criminales de guerra, golpistas cómplices del golpe de estado que descarriló el proceso de la democracia representativa al uso en la Cuba del momento, funcionarios estatales corruptos, violadores del fisco, una amplia gama de profesionales, técnicos calificados, obreros privilegiados y un grueso de gente manipulada por las circunstancias, se habían acogido a la ciudadanía estadounidense. Quienes no lo eran, fueron convocados para que la solicitaran a la mayor brevedad. El resultado fue un grueso de votantes y activistas de origen cubano, quienes alentados por los lemas anti castristas confeccionados durante la Administración Reagan, concibieron de nuevo su regreso a la tierra perdida.

Los primeros activistas políticos fueron las personas denominadas exiliadas que no eran otra cosa que revanchistas, dedicadas a la conspiración y la comisión de actos terroristas, quienes diariamente se declaran enemigos del gobierno cubano. Les siguió el resto de los cubanos de origen se sumó al carro republicano con cierta militancia, llevados por un falso concepto de la palabra exilado.  

Ninguno de ellos había conspirado o levantado un dedo en contra del gobierno de Cuba, ni cometido acto alguno para desestabilizar al Estado. Simplemente habían sido llevados por la corriente, influenciados por los prejuicios socio políticos de la época. Ninguno era exiliado en la acepción exacta de la palabra. Excepto por un detalle mínimo de proporciones gigantes: el gobierno cubano los consideraba “enemigos”, los había cubierto de calificativos despectivos hasta tiempos recientes y no les permitía el regreso, condición indispensable para que un emigrado no sea exiliado. Por consiguiente, excluidos de su patria y bombardeados constantemente por una media que siempre ha estado al servicio de quien paga, la noción de “exiliados” les cuadraba a la perfección. Todavía se adviene en esencia para la mayoría de la población emigrada de origen cubano.



En ese tiempo se produjo por parte del gobierno de Cuba, un intento por “normalizar las relaciones con los emigrados”, sin embargo aguijoneado por el Bloqueo y el poder de los grupos terroristas, conspiradores y beligerantes de Miami, el gobierno cubano no estaba en condiciones de convertir aquel intento en un real proceso de normalización. Las medidas implementadas fueron muy tibias, inconclusas y carecían de una clara estructura jurídica, analizadas desde el punto de vista migratorio que tradicionalmente ha definido los derechos de esas personas. Para colmo, a los pocos años de comenzado dicho proceso, Washington aprobó la creación de Radio Martí, una emisora gubernamental dirigida a subvertir el orden institucional cubano. El gobierno de Cuba reaccionó ante la agresión y nuevamente fueron los emigrados deseosos de aproximarse a su país, quienes resultaron penalizados.

La seguridad nacional de Estados Unidos, debe haber sido consciente del poco significado que esas decisiones del gobierno cubano tendrían para la mayoría de los emigrados. No nos caben dudas que se trata de un suceso, que para entenderlo es necesario una información socio histórica y política amplia, donde las frustraciones no se convirtieran en estímulo acusatorio y una ponderación para el análisis, independientemente de los daños personales resultantes de los acontecimientos en cuestión.  

El intento del Estado cubano en aquel entonces, fue iniciar una normalización del fenómeno migratorio, en medio de una guerra informal e irregular, dirigida y financiada por los organismos de inteligencia del país más poderoso del mundo. Por consiguiente la inteligencia estadounidense intuía y deducía seguramente, que no había por qué temer un cambio de actitud en los votantes porque no era mucho lo que el gobierno cubano podría hacer en aquel entonces, amén de su tendencia a patrones de respuestas que ya desde aquel entonces permitían predecir muchas de ellas. Era de esperar que las acciones del gobierno cubano no podrían tener mucho impacto en la balanza del voto y el discurso prometedor de “regreso a la Patria”, esgrimido por los candidatos aspirantes en las elecciones,  tendría efecto dentro del nuevo papel asignado a los pobres inmigrantes cubanos manipulados por ambos lados. Todos o una gran mayoría de los emigrados con ciudadanía estadounidense de entonces, votarían por los representantes del antiguo régimen dictatorial de Cuba, que eran quienes dominaban la política local y servían, como siguen sirviendo, a la estrategia agresiva de Washington en contra de la Isla.  

Si eso pensaron los encargados del aparato estatal estadounidense, podemos decir que estaban en lo cierto. Eso fue precisamente lo que ocurrió.

La dinámica señalada contribuyó a la continuación del distanciamiento existente entre los verdaderos emigrantes y las problemáticas de su país.

Cuba por su parte no cambió su actitud hacia los emigrados y los funcionarios de sus embajadas durante la década de 1980, mantuvieron una actitud hostil hacia los cubanos que se acercaban a sus predios. En el mejor de los casos hacían labores de reclutamiento a cambio de un trato diferente, aunque dicha labor no fuera conducente a convertir a las personas en agentes del gobierno cubano. Durante la década de 1980 y 1990, los funcionarios de Cuba en el exterior, aun en medio de un actividad intensa de viajes de cubanos que visitaban con periodicidad a sus familiares en la Isla, continuaron practicando un trato poco amable y nada representativo de quienes vivían fuera del país.

La mezcla por un lado la estrategia estadounidense hacia Cuba, amparada en una propaganda feroz que trascendió los límites de Miami en la época de Geoge Bush, secundado por José María Aznar en España, época en que cobró categoría internacional y la lentitud con que el gobierno cubano ha asumido el procedimiento de ajuste de las regulaciones migratorias, ha contribuido al sostenimiento del voto de los emigrados a favor de los candidatos estadounidenses que plantean cambios en Cuba, cuando en realidad lo que piden es la rendición del gobierno.

El voto que es necesario cambiar no es solamente el del cubano emigrado sino el de la comunidad latina de la Florida, identificada en gran medida con sus quejas sobre muchas de las inconsecuencias actuales de las regulaciones migratorias existentes.

La importancia del tema nos ha llevado a comentarlo en diversas ocasiones y a veces a través de extensos trabajos, lo cual seguiremos haciendo como medio de entender las consecuencias resultantes para el ciudadano común.

* Periodista cubano residente en EE. UU. y subdirector de Radio Miami

En Cuba murió un detenido







En Cuba murió un detenido






Lorenzo_Gonzalo_2

Por Lorenzo Gonzalo *

Foto Virgilio PONCE




Dicen que una persona en Cuba, llamada Juan Wilfredo Soto, murió en un hospital de la ciudad de Santa Clara, como consecuencia de una golpiza que le propinara la policía.

Juan_Wilfredo_Soto_GarcaEl señor Wilfredo es cubano y dicen que también es “disidente”. Esta palabra, copiada de la URSS y que en realidad nada tiene que ver con aquellos que disentían dentro sistema soviético sin asumir posturas confrontacionales, ha sido acogida con beneplácito por algunas personas en Cuba. En la URSS se trataba de individuos que no dudaban que las estructuras políticas y económicas debían ser transformadas, o sea estaban de acuerdo con la revolución, pero discrepaban en asuntos de administración y reformas.

Las de Cuba nada tienen que ver con esas posiciones.

Por tanto no me referiré a ellas con ese término. Tampoco utilizaré el de opositores, porque dicha expresión se utiliza con aquellos que constituyen alternancias de poder, pero no descalifican las formas existentes y ocasionalmente discrepan de los procedimientos administrativos. Tampoco son un grupo revolucionario, porque quienes representan el poder en Cuba en estos momentos, quienes los secundan, quienes tienen discrepancias respecto a formas y procedimientos y aun la mayoría de los disgustados y afectados de una manera u otra, son quienes plantean revolucionar el orden socio económico y político, lo cual significa transformar en esencia, todos o algunos de esos aspectos, en la medida que permitan las circunstancias. Esas personas que por razones de oportunismo han acepado o se autonombran disidentes, quieren que Cuba acepte las condiciones exigidas por Estados Unidos y regresar a un orden político que generalmente se conoce como democracia representativa. Son enemigas del proceso y el gobierno, no por lo que piensan o digan sino por lo que hacen, entre otras cosas aceptar financiamiento del gobierno de Estados Unidos.

Con motivo de la muerte de Juan Wilfredo Soto, ese pequeño sector de personas se ha revuelto. A veces parece que se alegran de la muerte de Wilfredo. Ni siquiera prestan atención a lo dicho por las autoridades cubanas que lo llevaron al hospital, luego de detenerlo en un parque de la ciudad, donde se resistió al arresto. No sabemos si realmente lo golpearon, salvo por las noticias dadas por estas personas, enemigas del gobierno y el proceso.


Según las autoridades de Cuba, el señor tuvo un paro respiratorio estando en el hospital. Ya sabemos que la persona padecía de algunas enfermedades crónicas, aunque desconocemos los diagnósticos y cuan grave podrían ser.

Lo cierto es que el señor murió y alguien dice que desde hace un tiempo se había sumado al tinglado de los llamados “disidentes” o sea, había optado por asumir una postura beligerante, enemiga de las autoridades. Esto dicen, en realidad no lo sabemos, porque quienes lo dicen son personas que reciben premios monetarios mientras más enfrenten al gobierno y cuanto más intentan colocarlo en posiciones embarazosas. La alegría que ha causado en ese pequeño sector la lamentable muerte de esta persona, hace pensar que han estado por mucho tiempo, al acecho de que algo semejante ocurriese. Es natural que así hayan pensado.

En Cuba, a diferencia de la mayoría de los países, la policía tiene fama de contemporizar con las personas que alteran el orden. Personalmente he presenciado en dos ocasiones en los alrededores de una zona conocida como La Rampa, a una persona pegándole a un policía y a otros tratando de convencerlo para que no lo hiciera y no se resistiera al arresto. En varias oportunidades las propias autoridades se han quejado de la suavidad con la que muchas veces actúan las fuerzas del orden. En una ocasión, en un discurso público, Fidel Castro dijo que no se podía tolerar que un policía fuera maltratado por un ciudadano. Planteó en esa ocasión que los policías tenían que actuar enérgicamente en esos casos, aunque en condiciones normales debían mostrar el debido respeto al ciudadano. No creo que esto siempre sea así, pero lo traigo a colación porque el exceso de autoridad es duramente castigado y los policías se cuidan de esto. En realidad no es usual y para criticar a alguien que ha atravesado por tantos errores, no hay necesidad de mentir.

No me gusta tomar partido en cuestiones de esta naturaleza, porque sé que los policías son fáciles para el exceso, pero es muy difícil que lo apliquen en un caso donde la persona acepta el arresto. En Cuba he escuchado sobre brutalidad policial en cárceles y jefaturas de policías, pero los que he presenciado personalmente en el pasado, siempre fueron respuesta a actitudes de prisioneros que rompían con violencia la disciplina penal.

No me interesa defender al gobierno cubano o a las autoridades que participaron en la detención de Wilfredo, pero sí es preciso señalar que entre esas personas que han asumido una actitud beligerante frente al gobierno, se observa como una alegría cuando manifiestan sus críticas por la supuesta muerte a golpes de esta persona. Me parece de mal gusto que conviertan las víctimas en mártires, excepto que se trate de una acción consciente de su parte.

yoani-sanchezUna señora que el gobierno de Washington gusta utilizar para criticar al cubano y que se ha convertido en un instrumento perfecto para exigirle condiciones al gobierno de Cuba, poniéndolas en boca de una “cubana”, manifestó: "No sé cómo las autoridades de mi país lo van a explicar, pero dudo que logren persuadirnos de que esta vez la culpa no ha sido de los policías".

La persona en cuestión se llama Yoani Sánchez.

O sea, la declaración de la “bloguera”, que es el alias con el cual se le conoce (en Cuba a eso le dicen nombrete), y al parecer a ella le encanta quizás por un afán de figuración, se interpreta que lo ocurrido, de ser cierto, no es habitual.

Personas en Cuba que no conocen otros países y menos a Estados Unidos, piensan que tiene el derecho de alterar el orden público caprichosamente y que las autoridades cubanas no pueden actuar en represalia. Sería recomendable que profundicen más sobre las golpizas que ocurren en Estados Unidos todos los años causando muertes. Casualmente los muertos casi siempre son negros. No digo esto por deseo de criticar a este país, sino porque son cosas que suceden. Y de paso, es bueno señalar que por esto nadie le suspende el crédito, alegando “violación de los derechos humanos”, como hace La Casa Blanca con otros países, haciendo el papel de puritanos hipócritas.

No estoy de acuerdo con esas palizas que matan, pero tampoco pongo en dudas, que en ocasiones las personas se resisten y agraden a las autoridades, lo cual en Estados Unidos trae de inmediato una respuesta brutal y masiva. Los policías salen hasta de las cloacas en cuestión de minutos.

Lamento la muerte de Wilfredo. No sé cómo ocurrió, pero discrepo que un grupo de personas se alegren de que “al fin ha pasado”, lo cual quiere decir que nunca sucede.


* periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)

Miami, Playa Girón a 50 años de la derrota.



Miami, Playa Girón a 50 años de la derrota






Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio PONCE



Nunca se hablará suficiente de las relaciones Cuba – Estados Unidos.

El bombardeo de la propaganda internacional, asumido por los grandes rotativos del mundo ha confundido a los lectores habituales que creen todo lo dicho por la letra impresa. La mentalidad generalizada asume, que si Estados Unidos es el país más rico del Planeta y el más poderoso en armamentos, todo cuanto viene de allí, es resultado de su buena gestión y de una calidad indiscutible. De aquí que la prensa internacional, ligada  a los grandes intereses informáticos estadounidenses o a los otros seis países, convertidos en sus tentáculos por la magia negra de las manipulaciones financieras, sea percibida como el oráculo de la verdad y lo objetivo. En el ciclo del desarrollo de las sociedades, la prensa se ha convertido en el brujo de la tribu y los televisores en el humo de las sicodélicas hierbas que suponen desentrañar misterios, cuando en la realidad los complican, alienando a las personas. El primero te conduce y el último te adormece. El internet y las aberraciones celulares se han sumado a la televisión, favoreciendo la intensidad del endrogamiento.

En la mentalidad de grandes mayorías, Cuba es el camino malo, enemiga de Estados Unidos, cuando en realidad ha sido todo lo contrario.

En el día de hoy (viernes), 15 de Abril del 2011, algunos de los protagonistas de Playa Girón, celebran su derrota. Estas son las cosas que suceden en Miami. En pocos lugares las personas celebran sus derrotas o el día en que cayeron prisioneros. Pero en Miami hay un reducido grupo de gente, que le agrada este masoquismo surrealista.

Aunque lo hemos explicado muchas veces y tengo el cuidado de ser lo más didáctico posible cuando escribo para que las personas puedan pensar y se aparten un poco de los clichés y los estereotipos, vamos a dejar en manos de otros exponer el vínculo culpable y delictivo de Estados Unidos en relación a Cuba.


Asumiendo que las personas sean demócratas y confíen en el voto y además en las decisiones de las mayorías, tendremos que convenir que los asuntos de un país se resuelven entre sus conciudadanos. A este principio tendríamos que agregar que ningún país tiene el derecho de imponerle a otro las creencias de su pueblo y mucho menos su sistema de gobierno, cuando este es aceptado por consenso.

Dicho lo anterior vamos a enseñarles lo publicado por el periódico El Nuevo Herald de Miami en relación a la invasión de Playa Girón el 15 de Abril de 1961.

…. los sobrevivientes de la Brigada recuerdan hoy los tres días de combate y los 20 meses que pasaron en las terribles prisiones de Castro como un momento histórico para ellos y luminoso para la lucha por la democracia en Cuba.

Cinco hombres rana y un oficial de la CIA, Grayston Lynch, fueron los primeros en desembarcar horas antes del amanecer el 17 de abril de 1961. Su misión era colocar luces en la playa para guiar al resto de la fuerza de asalto anfibio.

Unos 1,300 combatientes exiliados debían desembarcar y establecer una cabeza de playa de 40 millas de ancho en la orilla este de Bahía de Cochinos, desde Playa Larga en el norte hasta Playa Girón en el centro y Caleta Verde en el sur.

Durante las primeras horas la invasión pareció marchar bien.

“Repelimos tres ataques durante el día, entre ellos uno por la tarde por parte de más de 1,000 milicianos y soldados”, escribió Erneido Oliva, jefe de las operaciones en Playa Larga y segundo jefe militar de la brigada.

“La brigada no se rindió, se quedó sin munición”, dijo en una de las entrevistas que The Miami Herald y El Nuevo Herald hicieron a varios veteranos de la brigada para esta nota. “Estados Unidos nos entrenó y después nos abandonó”.

“Luchamos con el amor a nuestro país en el corazón. Y al principio estábamos ganando”, dijo Santiago Jont, entonces un pescador pinareño de 23 años convertido en soldado.

También combatieron con la convicción de que el poderoso gobierno estadounidense los había entrenado y armado, y vendría a rescatarlos si tenían problemas. Por esa razón estaban el portaaviones USS Essex y media decena de destructores en el horizonte.

Hasta aquí, una parte del reportaje de El Nuevo Herald.

A buen entendedor pocas palabras. No creo que a persona alguna le puedan caber dudas, de que Estados Unidos tomó en sus manos el derrocamiento del gobierno cubano.

No voy a impugnar a quienes pensaron que debían combatir con las armas al gobierno. El proceso fue complejo y también en eso Estados Unidos influyó en extremo para evitar el debate y que la ciudadanía se concentrase en las cuestiones internas. Sin embargo, no considero válido ponerse a la disposición de un tercero para resolver asuntos que no son de su competencia. Por lo tanto critico el gesto aunque ese no es el objetivo de mi trabajo, sino destacar que Estados Unidos asumió un papel agresivo y lo materializó, tanto en esa oportunidad como en otras. Una de esas oportunidades es consentir que un terrorista como Posada Carriles ande libre por las calles de Miami. No solamente por haber violado leyes estadounidense y que en un juicio reciente, de dudosa legitimidad, haya sido absuelto, sino porque su historia es conocida y entre otras cosas allí están los cargos pendientes por la voladura de un avión civil cubano en pleno vuelo y la muerte de un turista italiano en un hotel de La Habana. La justicia venezolana lo reclama porque, mucho antes de ser Hugo Chávez Presidente, se fugó de una prisión donde aguardaba juicio por delito tan repugnante.

Si han leído el reportaje de El Nuevo Herald con detenimiento y en verdad creen en la libertad de los pueblos, en su independencia y en la obligación que tienen sus ciudadanos de resolver los problemas propios de su país, podrán valorar entonces ciertas posiciones internacionales asumidas por qué el gobierno cubano.

Estados Unidos ha actuado como agresor de un país que solamente ha reclamado el derecho de dirimir internamente el camino que pueda ser más justo a la convivencia de todos.

Esto último constituye el delito mayor de Cuba: defender que sus ciudadanos puedan elegir su estilo de vida y sus métodos de Administración estatal. Lo otro, la agresión y la violación de las leyes internacionales, es el delito de Estados Unidos.


* Periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)

Libia, otra vez el petróleo.


Libia, otra vez el petróleo




Por Lorenzo Gonzalo *

Foto: Virgilio PONCE




La nueva Administración estadounidense, más informada e inteligente que la anterior, ha manejado la problemática de Libia, buscando una supuesta participación internacional en la toma final de decisiones.

Siempre que las grandes potencias asumen posiciones respecto a las pequeñas naciones, poniendo excesivo énfasis en la “comunidad internacional”, tenemos derecho a desconfiar. Especialmente porque lo primero que debemos hacer es cuál es su definición de “comunidad internacional”.

Estados Unidos acostumbra referirse a los problemas de otros países como si le correspondiera en puridad, no solo la solución del conflicto, sino el tipo de políticas a seguir por esos gobiernos. Más que sugerir, imparte órdenes.

Cuando surgieron los primeros brotes de protesta en Túnez y más tarde en Egipto, Washington abogó por “soluciones negociadas entre las partes”: gobierno y manifestantes. Los gobernantes de ambas naciones eran aliados de Estados Unidos. No fue hasta que el ejército, la policía y los principales miembros del orden interior, optaron por demandar la renuncia de sus Jefes de Estado, que la Casa Blanca exigió, con ese complejo de mando que la caracteriza, que Mubarak y Alí abandonaran el mando.

Libia es otro pastel o quizás un cordero envenenado. En vista de esta circunstancia Estados Unidos ha recurrido al “apoyo internacional” que, en este caso, es el apoyo de Alemania, Reino Unido, Italia, Francia, Canadá y Japón. Este grupo, junto con Estados Unidos, se conoce con el nombre de G-7. Pero antes de iniciar estas gestiones que permitan la imagen de una actuación internacional mancomunada, Obama ya había declarado que Gadafi tiene que irse porque “ha perdido el poder para gobernar”. Ni siquiera esperó el mencionado “apoyo internacional”.



La intención de crear una zona de prohibición de vuelo sobre Libia, fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el jueves 24 de Marzo. Estados Unidos no estaba muy conforme con esa reunión porque imaginaba que la reacción de Rusia y China no serían favorables y ya tenía de su lado a Francia e Inglaterra, para comenzar una acción militar.

Los chinos han vetado muy pocas veces, pero cuando abrigan dudas de la practicidad de las propuestas, optan por la abstención. Conforme a esa tradición de no opinar, echarse a un lado y esperar, fue que actuaron nuevamente en esta ocasión.

Solamente Alemania, uno de los aliados estadounidenses del G-7 decidió abstenerse y expresar sus motivos. La dirección política de ese país considera extremadamente peligroso un ataque militar a Libia, por las enormes probabilidades de que ocurra una guerra civil de difícil control. También se abstuvieron India y Brasil.

El caso de Libia a diferencia de Túnez y Libia, se parece más al de Barhain, donde la fuerza pública ha reprimido las protestas aceptando inclusive la entrada de dos mil soldados de Arabia Saudita.

Estados Unidos reiteradamente ha enarbolado su bandera de doble rasero político.

No critico que cada cual arrime la brasa a su sardina, pero hay una elegancia política, si queremos llamarla de alguna manera, que debe primar por encima de la arrogancia, junto a un mínimo sentido de justicia y respeto ajeno.

Vivimos en un mundo múltiple, donde si bien Estados Unidos tiene el mayor poder militar, otros han crecido económicamente, hasta el punto de que China ya le pisa los talones, no solo en el aspecto productivo sino en tecnología militar. En menos de veinte años, China ha transformado el país, sin necesidad de apelar a extraordinarios métodos opresivos y sin llegar a las cruentas represalias de la URSS, ni volver a aplicar algunos de los excesos de Deng Xiaoping durante los primeros doce años de su mandato.

China, sin renunciar a su discurso de organizar un mundo más justo, con una mejor distribución de la riqueza y acceso para todos a los servicios básicos a la vida, ve con buenos ojos los movimientos sociales y los justos reclamos de los pueblos por mejorar sus condiciones, pero respeta y reconoce la obligación de los Estados a la hora de imponer el mando y el cumplimiento de la Ley.

El movimiento social que tiene lugar en Medio Oriente está más bien vinculado al rechazo del autoritarismo y poner fin a la corrupción creada por poderes omnímodos y absolutos, que a un cambio en las formas de producción y administración. No claman por una revolución, sino por el derecho a respirar. Aspiran al mismo orden social alcanzado por Europa en el Siglo XIX y que también, por razones históricas y geográficas, pudieron organizarse con fluidez en el Norte de América, tanto en Estados Unidos como en Canadá.

En Barhain y Libia existe un enfrentamiento de grupos sociales con la fuerza pública, lo cual no llegó a suceder en Egipto y Túnez,  donde los cuerpos militares y represivos se sumaron a la protesta.

En situaciones como estas, el camino adecuado, al margen de simpatías, es apoyar al gobierno de Libia frente a la actitud de anarquía y violación del orden público creado por los manifestantes. Al mismo tiempo se impone buscar vías que favorezcan un entendimiento entre las partes, porque no caben dudas que existe un amplio sector poblacional, capaz de tomar ciudades y paralizar parcialmente el país. Por consiguiente la protesta debe ser escuchada y canalizada. Pero la integridad territorial debe ser defendida en una región donde las tendencias tribales constituyen un disperso núcleo central del poder. Gadafi ha perdido la capacidad que en los primeros años unificó el país, en función de profundas reformas que fueron beneficiosas para la mayoría, pero aún conserva algo de su autoridad moral.

Barhain tiene la misma situación, excepto que dicho enclave gravita en la órbita de Arabia Saudita y juntos favorecen la presencia de una fuerza naval estadounidense y una producción petrolera sensible a los intereses industriales y financieros de Estados Unidos.

Esta diferencia geopolítica y económica es la que lleva a los colonizadores europeos a asumir una actitud de parcialidad total, apoyando al gobierno de Barhain en sus represalias y desautorizando al de Libia.

Gadafi ha sido una veleta. Ha sido socialista, panárabe, nacionalista y anticomunista. En una época practicó el terrorismo. Luego se retractó e incluso pagó indemnización por la voladura de un avión de pasaje de Panam en 1988. En tiempos de George W. Bush llegó al acuerdo de suspender los planes nucleares y la producción de armamento químico a cambio de no aparecer en la lista negra de Washington, como uno de los países que apoyan el terrorismo.

Todo esto obliga a ser cautelosos. Quizás por eso los chinos quieren observar los toros desde la barrera. Pero con seguridad gritarán si detectan una desestabilización que solo sirva para beneficiar a Estados Unidos y sus aliados.

La revuelta al interior de ese territorio de casi dos millones de kilómetros cuadrados es irrelevante para Europa y para Washington. Lo importante es una parte de la costa norte, hacia el este, donde están los pozos petroleros. Todo indica que en esa zona concentrarán los esfuerzos de vigilancia aérea, con un costo aproximado de cuatro millones de dólares a la semana. El Pentágono plantea concentrar allí dicha actividad puesto que vigilar la enorme distancia de la costa de Libia, representaría un desembolso cercano a los cien millones.

El escenario que presenciamos nos vuelve a llevar nuevamente al criterio de siempre. No se trata de salvar civiles, el derecho al voto y ni siquiera las facilidades comerciales.

El asunto es simple:

¡ Es el petróleo idiota, es el petróleo ! Esperar para ver.

* Periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami