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Colombia: El profesor Miguel Ángel Beltrán se une a la huelga de hambre indefinida (ANNCOL)

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Por Miguel Ángel Beltrán Villegas

Hace ya casi tres meses que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos comunicó, a través del Alto Comisionado de Paz, su decisión de indultar a treinta guerrilleros de las FARC - EP que se encuentran en las cárceles del país cumpliendo su pena de prisión por el delito de rebelión. Así mismo, se comprometió a adelantar “la adecuación de unos patios especiales dentro de las cárceles, a los que serían trasladados los miembros de las FARC - EP detenidos o condenados para facilitar el estudio de su situación jurídica, personal y familiar como medida de preparación para su reintegración a la vida civil”.

En dicho comunicado, fechado 22 de noviembre de 2015, el gobierno nacional expresaba su decisión de impulsar unas brigadas con el fin de examinar las condiciones de salud de 106 miembros de la FARC todavía recluidos en las cárceles y penitenciarias de todo el país. Todo lo anterior con el fin de generar medidas de construcción de confianza  y preparar las condiciones para el  fin del conflicto. No obstante estos pronunciamientos, al día de hoy, dichas medidas no se han hecho realidad y lejos de generar confianza hacia los gestos unilaterales de paz del gobierno, lo que han suscitado es la frustración e indignación no solo de quienes serían potencialmente cobijados en ellos, sino de todas y todos las que seguimos sometidos  a un sistema penitenciario indolente e inhumano que viene aplicando lenta y progresivamente  la pena de muerte a la población carcelaria.

Cabe recordar que el anuncio se produjo en el contexto de una jornada nacional de protesta de carácter pacífico que, desde el 9 de noviembre, veníamos adelantando más de 1.500 presos en diferentes centros penitenciarios con la petición única que se concediera la libertad por razones humanitarias a las y los prisioneros políticos con problemas de salud, de tercera edad, con discapacidades y mujeres o lactantes que se encuentran en situaciones inadecuadas por la vida en prisión. No fueron pocos los presos políticos que vieron, en los anunciados gestos humanitarios del gobierno, una estrategia para desactivar una jornada de protesta que ya se había extendido a nivel nacional en más de 20 cárceles del país.

Siendo uno de los voceros de esta pacifica jornada (condición que asumí en mi calidad de preso político que, sin pertenecer a organización guerrillera alguna, he sido objeto de persecución por parte del Estado por defender los derechos a la libertad de pensamiento y disentimiento), expresé en aquel momento mi complacencia y satisfacción por este anuncio gubernamental, frente a un amplio sector de la población carcelaria  que veía con incredulidad y escepticismo este gesto; al mismo tiempo, que compartí la iniciativa de levantar la huelga de hambre y de este modo dar un compás de espera para la materialización de estos gestos humanitarios unilaterales, los interpreté como un justo reconocimiento a las reivindicaciones que durante lustros han venido enarbolando los presos políticos.

Aunque sería un despropósito desconocer la importancia que han tenido la recientes liberaciones de los 26 compañeros y compañeras presos políticos indultados -uno de los cuales ya había recuperado su libertad por pena cumplida-, no obstante es preciso decir que las dilaciones, desinformaciones y bloqueos burocráticos que acompañaron dicho proceso tienen un espeso manto de duda e incertidumbre frente a la verdadera voluntad política del gobierno y, como los versos del poeta Horacio, es oportuno decir que "del parto de los montes ha nacido un ridículo ratón".

Para empezar, no se ha hecho efectiva la libertad de los cuatro compañeros restantes a lo enunciado por el gobierno, a lo que se suma el grave hecho que uno de los guerrilleros indultados, Wilson Tamayo, recibió amenazas de muerte cuando se encontraba en Envigado (Antioquia) en compañía de su familia.

En lo que respecta a las concentraciones de presos políticos en patios especiales poco o nada ha realizado el gobierno, más allá de un publicitado anuncio. Muy por el contrario, en estos más de dos meses se han incrementado las agresiones contra los guerrilleros privados de la libertad, tanto por parte de los cuerpos de custodia, como por sectores de la misma población carcelaria que actúan en convivencia con los anteriores. Los dolorosos hechos acaecidos en el penal de Arauca el pasado 24 de diciembre, donde varias decenas de presos fueron gaseados y torturados con descargas eléctricas por parte de los grupos contrainsurgentes del Inpec como del CRI (Cuerpo de Reacción Inmediata) y el COREF (Cuerpo de Remisiones Especiales), así como las agresiones de que fue objeto el compañero Gonzalo Antonio García, constituyen apenas la punta del iceberg de una situación que podría generalizarse en buena parte de los centros reclusorios del país, si el gobierno no ofrece un pronto cumplimiento a su promesa de concentración de guerrilleros en patios especiales.

Colombia: Agradecimiento por la solidaridad e informe de situación sobre Huber Ballesteros y Miguel Ángel Beltrán

HB - MB

La Campaña Nacional e Internacional "Yo te nombro libertad" informó que la audiencia de revocatoria de la medida de aseguramiento de Huber Ballesteros, prevista para el pasado lunes 8 del corriente, se aplazó porque el Fiscal del caso llegó tarde a la misma, cuando la Jueza ya no tenía disponibilidad de seguir esperando y aún no se tiene una nueva fecha para su efectiva realización.

Por otra parte, se llevó a cabo la audiencia en la cual participó el preso político y profesor universitario Miguel Ángel Beltrán Villegas, cuya exposición publicamos en el día de ayer

Colombia: El preso político y profesor universitario Miguel Ángel Beltrán interviene ante la Corte Suprema de Justicia (Video) (ANNCOL)

MB

Por Facultad de Ciencias Humanas

En un video de casi 20 minutos interviene el profesor universitario Miguel Ángel Beltrán ante la Corte Suprema de Justicia para presentar su caso. Como todos los presos políticos, las autoridades carcelarias crean obstáculos para una justa defensa a estos presos.

Colombia - Miguel Ángel Beltrán: "Delito de opinión" (El Turbión)

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Miguel Ángel Beltrán

Foto: Andrés Gómez

Por Camila Ramírez

El pasado 25 de enero se llevó a cabo la audiencia de sustentación del recurso de casación por parte de la defensa de Miguel Ángel Beltrán. Con esto, la defensa busca que el académico recupere su libertad y que sea absuelto del delito de rebelión. Ahora, la decisión está en manos de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, que tiene un máximo de 60 días para emitir un fallo.

En la audiencia intervino la defensa del profesor Beltrán Villegas, la Fiscalía y el Ministerio Publico. Cada una de las partes presentó sus alegatos frente al fallo de segunda instancia de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, el cual condenó a ocho años y cuatro meses de prisión para Miguel Ángel, quien actualmente se encuentra recluido en la cárcel de alta seguridad ERON La Picota.

David Albarracín, abogado de la defensa, denunció que el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) se negó al traslado de Miguel Ángel Beltrán a la audiencia y que el profesor lleva seis meses sin recibir la luz del sol, que no se le permite el ingreso de libros, prensa ni documentos, y que debe recibir sus visitas conyugales en el piso. Al respecto, Uldarico Flores, integrante de la Brigada Jurídica Eduardo Umaña Mendoza, manifestó que: (Miguel Ángel Beltrán) se encuentra detenido en el establecimiento de alta seguridad ERON Picota, con la violación de todos sus derechos humanos (…) Son unas condiciones como las que viven más de 9.000 presos políticos, una violación sistemática a los derechos humanos”.

Controversia sobre las pruebas

Los alegatos se concentraron en dos elementos del material probatorio. Una de las pruebas, la número diez, es una USB incautada al profesor Miguel Ángel después de su detención ilegal en México; la otra, la número treinta y uno, consiste en los computadores incautados durante  la operación Fénix, el 1 de marzo de 2008, sobre los cuales existe una fuerte polémica por las irregularidades durante la acción militar, en la cual murió el comandante guerrillero "Raúl Reyes", pues no sólo se violó la soberanía del Ecuador sino que no se respetó la cadena de custodia, como en su momento determinó la Corte Suprema de Justicia.

El abogado David Albarracín explicó sobre el material probatorio que "Una cuestión es una prueba autónoma y otra cuestión es una prueba diferente. Claro, la USB, evidencia diez, es una prueba diferente más no autónoma, porque solamente tiene explicación únicamente en razón de la existencia de la evidencia treinta y uno"

Además, señaló sobre la prueba de la USB que "A Miguel Ángel se le atenta contra la razón al interpretar el contenido de documentos que están en el cluster de ‘no asignados’, es decir, de los documentos que en algún momento estuvieron en la USB" (…) "y al decir que de ese contenido se deriva el delito de rebelión".

Hay que recordar que la prueba treinta y uno, que son los computadores incautados en el campamento de "Raúl Reyes", constituían la principal prueba para la Fiscalía en el llamado proceso de la "farcpolítica", y fueron usados para abrir procesos judiciales contra Piedad Córdoba, Gloria Inés Ramírez y Wilson Borja, entre otros. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia dictó un fallo, en mayo de 2011, donde ratificaba la ilegalidad de las pruebas y de la información contenida en los computadores del jefe guerrillero.

Preso inquebrantable: Miguel Ángel Beltrán y su monumental obra intelectual sobre el pensamiento crítico (ANNCOL)

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Por Wldarico Flórez Peña *

El Profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas, con su obra se ha asumido como un intelectual con las más intensa practica social que le ha sido posible, incluida la cárcel con sus compañeros de presidio, pero ha ejercido durante muchos años la cátedra universitaria, su militancia en el pensamiento crítico es una actividad permanente que lo ha transformado como intelectual orgánico total, su paciencia especial y tenacidad para escribir desde la praxis su obra compleja, nos llevado a tomar posición ideológica frente a quienes desde las aulas universitarias hoy se limitan a dictar la cátedra oficial como vulgares intelectuales cooptados.

Es apenas comprensible que para ciertos intelectuales de pacotilla, la posición del profesor Miguel Ángel, les sea incomoda, porque no solo se asume como un pensador crítico, sino también como un intelectual revolucionario estrictamente académico, que lucha desde distinto niveles contra el régimen que lo ha estigmatizado, perseguido, secuestrado, torturado y que aún hoy lo mantiene preso el alta seguridad en el Eron de la Picota de Bogotá, por el delito de Rebelión.

Hoy el Procurador ilegítimo e inquisidor, Ordoñez, que destituyó e inhabilitó como docente de planta de la Universidad Nacional al profesor Miguel Ángel Beltrán por 13 años, se tambalea en la cuerda floja, ante su eventual salida por su ilegal reelección, pero el Profesor Miguel Ángel el próximo 25 de enero de 2016 las 4:30 PM, en el Palacio de Justicia no va pedir clemencia, va a pedir justicia, ante una Corte que declaró ilegales unas pruebas “recolectadas ilegalmente” en la monstruosa "Operación Fénix", que bombardeó el campamento del jefe guerrillero Raúl Reyes, violando la soberanía del hermano país de Ecuador, rematando a los heridos y dejando abandonado a los sobrevivientes. Sería una vergüenza que la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia no declarara la libertad del Profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas, sus verdaderos amigos, seguidores del pensamiento crítico lo esperamos pronto en libertad. La academia lo necesita. Un sociólogo, Doctor en estudios latinoamericanos y poseedor del título que le ha otorgado el pueblo colombiano, un verdadero intelectual orgánico, un pensador critico, un revolucionario académico.

El jueves 10 de diciembre de 2015, fue la presentación del nuevo libro del profesor Miguel Ángel Beltrán, en el auditorio Camilo Torres de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia; "Las FARC - EP (1950 - 2015): Luchas de ira y esperanza", el cual contempla un trabajo muy encomiable desde distintos puntos de vista, se observa también la evolución sostenida hacia un estadio avanzado de elaboración teórica y metodológica del espinoso problema que aborda, la cual se transformara prontamente en una referencia académica del pensamiento crítico.

"Un decenio de agitación política: México, la Revolución cubana y el movimiento de liberación nacional MLN (1958 - 1968)", es un texto donde el profesor Miguel Ángel Beltrán analiza la agitación política que vive México a finales de los años ' 50, y comienzo de los ' 70, en el contexto del triunfo de la Revolución Cubana (1959) y el ascenso de la lucha antiimperialista en el continente americano. Como parte de este análisis, la investigación concentra su atención en el sexenio presidencial de Adolfo López Mateos (1958 - 1964), destacando la movilización social que acompaña sus primeros años de gobierno y el papel del liderazgo que juega en esta coyuntura el General Lázaro Cárdenas. Al mismo tiempo, el libro estudia las perspectivas ideológicas, realizaciones de los núcleos democráticos nacionalistas, así como de la izquierda socialista en México (PCM, PPS y POCM) , sus luchas en defensa de la Revolución cubana, la democracia sindical y la libertad de los presos políticos que alcanza un momento unitario importante con la constitución en agosto de 1961 del movimiento de liberación nacional (MLN), cuya trayectoria, logros y frustraciones son analizados en el libro hasta su formal disolución (1967 - 68).

De igual manera, encontramos otro importante texto del profesor Miguel Ángel Beltrán, publicado por el gobierno Bolivariano de Venezuela de la Fundación Editorial El Perro y la Rana, "Colombia y América Latina: Historia de disidencias y disidentes", en el cual destaca el conflicto que envuelve a la sociedad colombiana no se encuentra aislado dentro de sus fronteras: no afecta solo a sus vecinos cercanos, pues se trata de uno de los escenarios más álgidos de la nueva luchan antiimperialista que hoy día cobra mayor fuerza en toda nuestra América, este trabajo plantea, apuntando hacia una disciplina historiadora que privilegia los movimientos sociales y las luchas populares por encima de las figuras heroicas individuales, comprender los orígenes del conflicto en el contexto de las luchas anti imperialistas latinoamericanas.

Carta abierta de un preso político colombiano (ANNCOL)

COLOMBIA - PRESOS POLITICOS

Miguel Angel Beltran Villegas 2

Por el Prof. Miguel Ángel Beltrán Villegas *

Tienen boca, mas no hablarán; tienen ojos, mas no verán
Oídos tienen, más no oirán; tienen narices, mas no olerán
Manos tienen, mas no palparán; tienen pies, mas no andarán

A través de los medios de comunicación he tenido conocimiento de la “Declaración de Panamá sobre Venezuela” difundida en el marco de la celebración de la VII Cumbre de las Américas, donde sus firmantes denuncian la supuesta “alteración democrática que sufre Venezuela”. Al observar sus nombres entre los 24 ex mandatarios latinoamericanos que suscriben dicho documento no pude menos que pensar en aquella extraordinaria narración de Robert Louis Stevenson, tan elogiada por Jorge Luis Borges: “El Extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hide”. Como recordarán el protagonista de este relato sufre un desdoblamiento al ingerir una mezcla de sustancias químicas que él mismo ha preparado en su laboratorio. A partir de ese momento su existencia se escinde en dos personajes: el Dr. Henry Jekill científico filantrópico preocupado
por el bienestar y el progreso de la humanidad y Edward Hide, un ser maligno inclinado hacia a los actos más depravados y violentos, en el que habitan las mayores infamias.

Solía decir el novelista francés Julio Verne que “todo lo que un escritor imagina, siempre quedará más acá de la verdad, porque otros podrán hacerlo realidad”, y, créanme señores ex presidentes que ustedes lo han logrado al rubricar este declaración donde exigen “garantías constitucionales y democráticas” al  hermano país de Venezuela; sólo que en este caso la metamorfosis ha operado en sentido contrario: Mr. Hide ha tomado la figura del respetable Dr. Jekill.

No dudo que la libertad de expresión y el respeto por los derechos fundamentales sean reivindicaciones válidas en cualquier régimen, independientemente del signo político que éste ostente. Pero que esta reclamación salga de sus voces (y que dicha petición esté acompañada de otros ex mandatarios, buena parte de ellos símbolos de una caduca y regresiva forma de hacer política) corrobora los fundados indicios de las maniobras intervencionistas que se vienen fraguando para derrocar un régimen establecido constitucionalmente con amplio respaldo popular. Y es que una cosa es el derecho a la libre expresión y a la protesta y otra, muy diferente, las repudiables acciones de violencia y sabotaje que han realizado las llamadas “guarimbas” -asesoradas y estimuladas por miembros de la oposición venezolana y financiadas desde el exterior con propósitos claramente golpistas- a las cuales se les atribuye la muerte de decenas de civiles en solo mes de febrero.

Porque si algo representa el gobierno venezolano, en cabeza de su primer mandatario Nicolás Maduro, es la continuación de la Revolución Bolivariana iniciada por Chávez y heredera de las más caras tradiciones democráticas de este continente. Por eso no sorprende el señalamiento que el pasado 9 de marzo hiciera Barack Obama, declarando a Venezuela “una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos” imponiendo vetos y sanciones a funcionarios venezolanos. La historia de América Latina, nos revela que estos anuncios han sido el preludio de operaciones intervencionistas, abiertas o encubiertas, del país del norte, dirigidas a abortar procesos independientes que riñen con sus intereses imperiales, como sucedió en su momento con los gobiernos populares de Jacobo Arbenz (Guatemala), Fidel Castro (Cuba), Salvador Allende (Chile) y Francisco Caamaño (República Dominicana).

Ustedes como signatarios de esa carta se han convertido en punta de lanza para una intromisión abierta e inaceptable en los asuntos internos del hermano país de Venezuela, porque en su pobre imaginación no les cabe un régimen que ha legislado para los sectores menos favorecidos fortaleciendo la participación del pueblo en la toma de decisiones políticas; que ha tenido logros significativos en la reducción de la pobreza (CEPAL, 2011); que ha incrementado notablemente el gasto social a tiempo que ha acortado la brecha entre pobres y ricos, siendo el país menos desigual de la región. Lo que sucede, señores ex presidentes, es que el modelo de democracia que ustedes han defendido y siguen defendiendo es el del bipartidismo excluyente sustentado en las mafias del narcotráfico, y el imperio del paramilitarismo; el de la impunidad y la corrupción; el del fraude electoral y la eliminación física y jurídica de la oposición; el del consenso de Washington y el sometimiento a los grandes intereses transnacionales y globalizados. Ya lo advertía, a principios del siglo pasado, el pensador venezolano Laureano Vallenilla Lanz en su polémica con el periodista (y posterior presidente de Colombia) Eduardo Santos.

Cuando éste -en un arrebato de pueril patriotismo- señalaba que “el pueblo de Colombia es el más ilustrado, el más libre, el más digno de toda la América”, aquel sociólogo -tan poco sospechoso de marxismo- le replicaba: “¿Quién es el pueblo de Colombia? ¿Serán las cien familias que desde la independencia vienen figurando en el Gobierno, constituyendo las dos oligarquías que se han discutido el poder, llamándose liberales y conservadores? […..] que me señalen siquiera una docena de hombres surgidos de las bajas clases populares que hayan sido en Colombia Presidentes, Ministros, Diplomáticos, etc. Y si los hubiera habido en cien años, no harían sino confirmar la existencia de un régimen oligárquico, aristocrático, hermético apoyado en el clero o cayendo en la anarquía y en la dictadura, cuando han tratado de destruirlo?. Que casi cien años después el mandatario actual de los colombianos sea Juan Manuel Santos, y su primo Francisco Santos candidato para la alcaldía de Bogotá -después de haber ejercido como vicepresidente bajo su presidencia, señor Uribe- no es sino una triste confirmación de las verdades que enrostraba el intelectual venezolano al tío - abuelo del actual jefe de gobierno.

Pero retornemos a los fueros que motivan esta carta pública: yo pregunto -y estoy seguro que buena parte del pueblo colombiano también- ¿cuáles son sus credenciales éticas para exigir “la puesta en libertad de los presos políticos” en el vecino país de Venezuela? Admito que actúo con cierta ligereza al colocar sus actuaciones en un mismo plano; sus trayectorias políticas e intelectuales, así como sus estilos de gobierno y sus talantes personales me obligarían a establecer ciertos matices que es imposible enunciar en esta carta. Sin embargo creo no faltar a la verdad si afirmo que como miembros de la clase política de nuestro país ustedes carecen de la solvencia moral para hablar de “garantías democráticas” siendo, como lo son, autores de graves omisiones y complicidades criminales que han pretendido esconder bajo el manto de una supuesta defensa del estado de derecho. Y no voy a referirme a la cuota de responsabilidad que tuvieron sus gobiernos en la materialización de los más de seis millones de desplazados (Cohdes); de los tres mil sindicalistas asesinados (CUT) y de los 57.200 desaparecidos (ONU), sólo hablaré de sus políticas penitenciarias y el tratamiento de la problemática de los presos políticos.

Señor Belisario, reconozco en usted una persona que, pese a provenir de las tradiciones más ultramontanas del conservatismo colombiano, tuvo la voluntad política de propiciar una amnistía política (pese a sus limitaciones), reorientar la política exterior colombiana y viabilizar un proceso de paz que naufragó en medio de la tolerancia al accionar de grupos paramilitares, que en connivencia con los fuerzas militares y las élites políticas nacionales y regionales, adelantaron la más cruda “guerra sucia” que haya vivido país alguno en aquellos años. Sin embargo -como presidente y comandante supremo de las Fuerzas Armadas de la República- es usted responsable del asesinato de decenas de personas que fueron masacradas durante la retoma del Palacio de Justicia, así como de aquellas que salieron con vida para ser posteriormente interrogadas, torturadas y desaparecidas. Una de ellas fue Irma Franco, guerrillera del M19, que tras ser llevada a la Casa del florero, fue cruelmente torturada e interrogada y finalmente asesinada. En el marco de esos mismos hechos ocurrió la desaparición forzada de siete empleados de la cafetería del Palacio de Justicia, dos visitantes del mismo, y la detención arbitraria e ilegal de cuatro ciudadanos más, considerados sospechosos de colaborar con esa guerrilla, como lo revela la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su condena al Estado colombiano (http://www.corteidh.or.cr/casos.cfm).

Todos (as) ello (as), sin distinción de si eran guerrilleros o civiles, estaban cobijados por las garantías constitucionales, los tratados internacionales sobre derechos humanos, así como por el Derecho Internacional Humanitario. Sin embargo, contando con su aquiescencia fueron sometidas por las Fuerzas Militares a tratos crueles y degradantes y posteriormente ejecutadas extrajudicialmente.

Y como confirmación de que estos hechos de violencia estatal han contribuido a atizar el conflicto armado, déjeme contarle, señor Belisario, que cuando estuve detenido en la cárcel nacional Modelo, hace ya más de 25 años, por cuenta de otro montaje judicial, conocí a René Guarín, un joven y brillante estudiante de la Universidad Nacional de Colombia cuya hermana, Cristina del Pilar Guarín, fue desaparecida en estos luctuosos hechos del 6 y 7 de noviembre. Su único delito: ser empleada de la cafetería. Agraviado por este hecho -que el Establecimiento negó sistemáticamente- y hostigado por los servicios de inteligencia que lo presionaron para guardar silencio, optó por abandonar sus prometedores estudios de ingeniería e ingresar a las filas del M-19. Es que ustedes con sus acciones y omisiones han tenido responsabilidades directas en el incremento de la insurgencia armada en este país, porque nadie se hace guerrillero por “el gusto de hacer la guerra”. Y si en mi caso personal -que estoy seguro es el de muchos otros- nunca di ese paso fue porque primó -y sigue primando en mí- la honda convicción en el poder del diálogo y las salidas políticas al conflicto. Pese a lo anterior he sido judicializado y estigmatizado como “subversivo” por el Estado y sus aparatos de propaganda.

Señor Pastrana, a finales del mes de enero, estuvo usted visitando Caracas en compañía de los ex mandatarios Sebastián Piñeira y Felipe Calderón. A su regreso al país hizo varias declaraciones a los medios de comunicación, donde manifestaba su aflicción porque no se le permitió la visita del opositor Leopoldo López. Poco después en una entrevista concedida al periódico El Tiempo hablaba horrorizado de la existencia en Venezuela de “83 presos políticos y casos aberrantes como los de las tumbas que son unas celdas de 2 x 2, tres pisos bajo tierra, con aire acondicionado a temperaturas por debajo de cero, donde meten a los estudiantes que protestan”. No pretendo poner en tela de juicio sus afirmaciones -aunque bajo su mandato presidencial la mentira haya sido una de sus más efectivas armas para dar al traste con el proceso de paz en El Caguán- sin embargo quisiera recordarle que cuando la Corte Constitucional declaró “la existencia del estado de cosas inconstitucional en las prisiones” (a raíz del hacinamiento, la corrupción y la sistemática violación de los derechos humanos a los internos) y, acto seguido, ordenó “un plan de construcción y refacción carcelaria tendiente a garantizar a los reclusos condiciones de vida digna en los penales”(Sentencia T-153 de 1998. Subrayado Mío), la salida “humanitaria” que su gobierno ofreció fue la construcción de esa gran tumba para seres vivientes que es la cárcel de Valledupar (más conocida como “La Tramacúa”). Esta cárcel de castigo -que no sin razón los internos llaman “La Guantánamo de Colombia”- formó parte del “Programa de Mejoramiento del Sistema Penitenciario” que como anexo al Plan Colombia estuvo bajo el directo planeamiento y control de los EE. UU., de modo tal que su reglamento interno fue copiado de manuales diseñados por agentes de este país, quienes a su vez se encargaron de entrenar el cuerpo de guardianes instruyéndolo con técnicas encaminadas a quebrar la moral de los presos, como lo demuestra en su documentada investigación el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (FCSPP) que junto a otras organizaciones defensoras de presos políticos ha liderado el cierre de esta cárcel de alta y mediana seguridad por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos.

No es para menos: este centro penitenciario -el cual alberga tanto condenados como sindicados- ubicado en una región que alcanza los 40º de temperatura cuenta con graves deficiencias en el suministro del agua al punto que este líquido vital sólo se suministra 5 o 10 minutos al día y sólo en las áreas colectivas ubicadas en el primer piso, con todas las implicaciones que esto tiene para la convivencia en el penal. De otra parte, los reclusos deben hacer sus necesidades en bolsas de plástico por lo que es común que los orines y las heces fecales inunden los pasillos. Muchas celdas no tienen techo; no se permite la posesión de espejos ni siquiera de fotografías. La visita conyugal debe ser atendida en cubículos sucios, colchonetas infectadas de hongos y baños repletos de excrementos orgánicos. Como si esto fuera poco, los visitantes son sometidos a denigrantes requisas tanto a la entrada como a la salida, porque el ingreso de periódicos, documentos y revistas que critiquen al gobierno están prohibidos, así como el envío de notas escritas a amigos y familiares.

Las instalaciones de la “Tramacua” están diseñadas para ser una cárcel exclusiva de varones pero -como usted recuerda señor Uribe- allí trasladó a la extraditada guerrillera de las FARC Nayibe Rojas (“Sonia”), quien previamente -y de manera irregular- había permanecido incomunicada en una base marina ubicada en el Pacífico colombiano bajo la custodia de personal de los Estados Unidos. Ante la protesta de las organizaciones defensoras de Derechos Humanos que cuestionaron tamaño adefesio, su gobierno dispuso el traslado de cerca de 100 mujeres de los diferentes penales del país, y convirtió así la torre 9 de la cárcel de Valledupar en un sitio de reclusión de mujeres, algo similar a lo que hizo el protagonista del Otoño del Patriarca cuando ordenó que el reloj de la torre no diera las doce a las doce sino a las dos para que la vida pareciera más larga. Huelga anotar que “Sonia” jamás tuvo contacto con sus nuevas acompañantes. Estas agresiones a la condición humana nunca despertaron la sensibilidad de al menos uno de los 26 firmantes de “La Declaración de Panamá”; fue la tenaz resistencia civil de las prisioneras la que logró el cierre de esta torre en el 2011, luego que aquella mole de ignominia se convirtiese en el escenario de varias muertes.

Pero los tratos crueles e indignantes en la “Tramacúa” no son cosa del pasado, señor Pastrana, precisamente pocos días antes de su viaje “humanitario” a Caracas, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos dió a conocer una denuncia pública sobre torturas en este penal. La fuerza de los hechos narrados me obliga a transcribir una parte del documento: “El día de hoy (12 de enero de 2015) a eso de las 3:30 de la tarde los guardianes requirieron al interno Leonardo Yepes TD 3592 a una requisa por encontrarse en área no permitida, el interno atendió el requerimiento pero de inmediato los guardianes lo encendieron a golpes, los demás internos acudieron a su ayuda ante la cual se presentó un operativo donde la guardia arrojó a los internos 5 granadas lacrimógenas. Es de anotar que además de sus porras el grupo de reacción traía un palo largo mango de una pata y un garrote cuadrado de una pata de una mesa además de dos tábanos. En medio de la avalancha del Inpec algunos internos escalaron la estructura ante lo cual a una altura de cuatro pisos los guardianes entre ellos el dragoneante Reyes les echaron gas pimienta en los ojos y la cara a los internos y les golpeaban las manos con sus porras, lo que casi ocasiona una tragedia. Los otros internos tuvieron que desafiar y recibir los porrazos de la guardia para socorrer a los internos que pendían en él vacío siendo bajados con lazos improvisados de sábanas. Varios internos fueron golpeados presentando contusiones y laceraciones en la cabeza e incluso heridas abiertas […] Es de anotar que esto internos fueron sacados del patio y gaseados en la noche en los calabozos estando en estado de indefensión (Cf. CSPP. “Hasta con las patas de las Mesas”)

Estos actos inhumanos y degradantes de la guardia hacia los reclusos no es patrimonio exclusivo de “la Tramacúa” por el contrario ocurren a diario en los diferentes centros de reclusión del país, pues como ustedes saben la cárcel de Valledupar se convirtió en arquetipo para la expansión -en los tres últimos lustros- de la “oferta nacional de cupos penitenciarios y carcelarios”, programa que cristalizó en la construcción de once establecimientos reclusorios de Orden Nacional (ERON), bajo la asesoría del Buró Federal de Prisiones de los Estados Unidos.

Estos atropellos son invisibles a sus ojos no sólo por el hecho elemental que fueron ustedes los artífices de estos monumentos a la infamia sino porque a dichas cárceles jamás ingresan quienes ostentan poder político, económico o criminal. Las raras veces que la justicia colombiana actúa, estos “prestantes” delincuentes son alojados en sitios de reclusión donde cuentan con permisos permanentes de salida, visitas diarias de amigos, familiares y “modelos prepago”, ingreso de bebidas alcohólicas y sustancias psicotrópicas, tráfico de influencias, ejecución de obras dentro del penal para su mayor comodidad, posibilidades de celebrar sus cumpleaños acompañados de reconocidas orquestas musicales a las que asisten los directores del penal. Entiendo que en Venezuela el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma y el ex candidato presidencial Leopoldo López no gozan de estos mismos privilegios ¿Explica esta circunstancia su gran indignación, señor Pastrana?.

En Colombia -señores ex presidentes- son más de 9.500 hombres y mujeres, prisioneros / as políticos /as que se encuentran distribuidos / as en más de 140 establecimientos carcelarios, como resultado del conflicto social y armado que en último medio siglo ha ocasionado la muerte de por lo menos 220.000 personas (Cfr. Informe ¡Basta Ya!). Algunos están allí porque se alzaron dignamente en armas, ejerciendo el legítimo derecho a la rebelión para hacer frente a una política de terrorismo estatal que lleva aplicándose en nuestro país hace más de sesenta años. Otros -la gran mayoría- son campesinos(as), estudiantes, amas de casa, obrero(as), defensores(as) de derechos humanos, opositores políticos y líderes sociales que hemos sido víctimas de montajes judiciales. Porque en nuestro país se amenaza, se persigue, se encarcela, se tortura, se desaparece y se asesina a quienes pensamos críticamente.

Garantías para el ejercicio de la oposición política en Colombia: Libertad para Francisco Toloza

Miguel Angel Beltran Villegas 2

Por Miguel Ángel Beltrán Villegas

por mi amigo que está preso,
porque ha dicho lo que piensa....
Yo te nombro libertad!!

Pese a los anuncios realizados por el presidente colombiano Juan Manuel Santos en su mensaje de fin de año, donde señala que el 2014 será el año de la paz, “que marque la terminación del conflicto armado que nos ha desangrado por medio siglo ya”, dos graves hechos registrados en la primera semana del nuevo año colocan al descubierto las falacias de su discurso: por un lado, el asesinato del líder comunal de San José del Palmar (Chocó), Giovanny Leiton junto a su compañera sentimental y, por el otro, la detención del catedrático universitario Francisco Toloza.

Estas dos agresiones contra el movimiento popular, ocurridas con pocas horas de diferencia, visibilizan una realidad que cada vez resulta más inocultable a los ojos de la opinión nacional e internacional, y es que mientras las élites políticas y económicas del país agitan demagógicamente el tema de la paz, en el plano de los hechos fortalecen sus instrumentos legales e ilegales para reprimir la oposición política y social.

PROTESTA SOCIAL Y TERRORISMO DE ESTADO

Los repudiables crímenes de Giovany Leiton y el de su compañera de vida, acaecidos en la vereda Zabaleta, municipio de San José del Palmar (Chocó) se inscriben en una larga y reiterada estrategia de terrorismo de Estado, que durante décadas ha recurrido a los asesinatos selectivos, las masacres, la desaparición forzada y el desplazamiento como mecanismo para acallar el legítimo derecho a la protesta.

Voceros del Movimiento Político Marcha Patriótica denunciaron que en el año que acaba de concluir, fueron muertos 26 de sus miembros; mientras que dirigentes de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), advierten que el 2013 se cerró con un número similar de sindicalistas asesinados, siendo Colombia uno de los países del mundo que ofrece mayor riesgo para desarrollar la actividad sindical. Es precisamente esta política de criminalización de la protesta política y social la que subyace en el alevoso crimen contra el dirigente comunal Giovany Leiton, integrante de la Mesa Nacional Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo -MIA Nacional- y quien participara activamente en las movilizaciones campesinas que estremecieron el país en el segundo semestre del 2013.

Recordemos que recientemente en el departamento del Chocó se ha expresado la inconformidad de pueblos indígenas y afrodescendientes, los cuales se han movilizado en contra de las políticas agrarias del actual presidente colombiano, reivindicando el derecho al territorio, la salud, la educación y condiciones de vida digna, y en contra de la presencia de las empresas transnacionales.

Pero una vez más el Estado colombiano recurre al expediente de la violencia para dar salida a las reivindicaciones populares, como lo ha hecho -por acción u omisión- en los casos de los reclamantes de tierras y de los pobladores que han enfrentado los grandes proyectos extractivos e hidroeléctricos agenciados por las multinacionales; o como los sigue haciendo con otras organizaciones sociales que desde diferentes ángulos han confrontado las políticas neoliberales de los sucesivos gobiernos.

Mientras estas prácticas represivas persistan ¿podrá construirse en Colombia una paz estable y duradera?. Sin duda que No. Lo grave es que quienes desde nuestro quehacer académico y nuestro compromiso social hemos venido insistiendo en que una salida política al conflicto armado y social colombiano no supone simplemente el silenciamiento de los fusiles, sino que requiere de profundas transformaciones económicas, políticas y sociales, hemos sido judicializados acusados de ser ideólogos de la insurgencia armada; es el caso de los profesores William Javier Díaz, Fredy Cortés, y la socióloga Liliany Obando, entre muchos más.

Ahora pretenden hacerlo con el politólogo y catedrático Francisco Javier Toloza.

CUANDO DISENTIR ES DELITO

Candidato a Doctor en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) en Argentina, politólogo de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Sociología de esta misma universidad, Francisco Toloza, encarna las expresiones críticas de una academia colombiana, cada vez más encerrada en sí misma y ausente de las realidades políticas y sociales del país.

En sus investigaciones, el profesor Toloza se ha ocupado de estudiar el conflicto armado y social colombiano desde una perspectiva que se aparta de las visiones dominantes. Así, su trabajo de maestría analiza el ya histórico debate sobre la combinación de todas las formas de lucha desarrollada por el Partido Comunista y las FARC - EP, y analiza su aplicación y desarrollo en el contexto de la realidad colombiana. En esta misma línea -y como parte de un proyecto de investigación más amplio coordinado por el historiador Carlos Medina Gallego- el profesor Toloza, indaga por qué las FARC pueden ser consideradas un actor político, para lo cual se apoya en lecturas teóricas provenientes de autores como Marx, Weber y Carl Schmitt. Producto de esta reflexión es su artículo titulado “Son las FARC - EP un actor político? Una Mirada desde tres clásicos de la Teoría Política”
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