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Asesinato de Osuna: Villa Moreno no para de sangrar (Indymedia Rosario)

masacre-rosario-no estan solos 2En la esquina de Balcarce y Biedma, a pocas cuadras donde hace menos de siete meses fueron acribillados a balazos tres militantes del Movimiento 26 de Junio, fue asesinado Facundo Osuna. El joven de 18 años, ligado a una de las dos bandas que competían por la venta de drogas en el barrio, fue quien aportó uno de los testimonios claves que permitieron ligar una serie de ataques que tuvieron su corolario en la masacre de Villa Moreno. Mientras desde la comisaría 15ª alimentan las hipótesis del móvil “pasional” o una discusión por diferencias futboleras, desde el Movimiento 26 de Junio enmarcan este nuevo episodio en “la trama de complicidades que anudan a sectores del narcotráfico con las fuerzas policiales que patrocinan dicho negociado”. Por su parte, el padre de una de las víctimas del triple crimen afirmó que "alguien quiso callar a este joven". Imagen: Agostina del FPDS Rosario


El relato policial sostiene que alrededor de las 22.30 horas, “Lucho”, un joven de 26 años, conducía un Renault Megane blanco cuando se cruzó a Facundo Osuna, quien viajaba en moto con un amigo. Luego de una discusión entre ellos, el conductor del automóvil mató de cuatro disparos a Osuna: uno de ellos impactó en el tórax, dos en el antebrazo derecho y otro en el costado derecho de su cadera.


Según declaró en Tribunales el acompañante de Osuna, tal discusión nunca existió. El Megane los siguió -por Biedma- desde Oroño hasta Balcarce. Allí frenó en medio de la calle y la moto continuó unos metros. “Vamos a ver qué pasa”, dijo uno de los pibes, y regresaron.


El amigo de Facundo -según contó ante la jueza María Laura Sabatier- reconoció a las dos personas que estaban en el auto y fue a saludarlas. Ahí fue cuando Lucho bajó la ventanilla, sacó el arma y disparó.


En un primer momento, la hipótesis difundida por personal de la comisaría 15ª fue la del móvil pasional. Según esta versión -rechazada por la familia y los amigos de la víctima-, Osuna habría mantenido relaciones con la novia del presunto asesino. Pese a ello, los investigadores no lograron dar con la chica. Por la tarde, cobró fuerza la posibilidad de que la discusión hubiera girado en torno a diferencias futboleras.


Desde el Movimiento 26 de Junio, del que formaban parte Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, los tres jóvenes asesinados el 1º de enero en el club Oroño, rápidamente salieron al cruce de estas versiones. “Nos enfrentamos a otra muerte joven cuya raíz profunda podemos ubicar en la matriz unívoca de las múltiples disputas que desencadenan los negociados delictivos en el entorno territorial”, sostiene un tramo del comunicado difundido por la agrupación.




En el texto, además, se incluyen críticas a la política de seguridad del gobierno, cuya “perplejidad e inoperancia” impiden “afrontar una problemática estructural que en lo que va del año tuvo como saldo 90 muertes que responden mayoritariamente a una matriz común. Otro asesinato en las periferias de la ciudad evidencia la incapacidad reinante para desbaratar la trama de complicidades que anudan a sectores del narcotráfico con las fuerzas policiales que patrocinan dicho negociado”. Eduardo Trasante, padre de Jeremías, vinculó directamente este nuevo episodio con la causa en la que se investiga la muerte de su hijo y sus compañeros. "Alguien quiso callar a este joven", consideró. Y agregó: "Hay una suerte de venganza y de gente que quiere silenciar forzosamente a otros".


En sus 18 años, Facundo Osuna supo ganarse unos cuántos enemigos. Hacía poco menos de un mes había vuelto a caminar -aún lo hacía con dificultad- a raíz de una serie de balazos recibidos en sus piernas el 29 de diciembre último. Frente a la jueza que lleva adelante la causa, la víctima individualizó como responsable del ataque a Maximiliano Rodríguez, hijo de El Quemado y miembro de la banda que éste lideraba.


Aparentemente, ese testimonio habría sido obtenido entre amenazas y llantos de la víctima, que no ocultó su miedo por las consecuencias que este podría generarle a él y a su familia. La Justicia garantizó la protección a todos ellos.


Aquella noche, Facundo había vuelto de una “joda en lo de una amiga”. Eran cerca de las cinco de la mañana. Entro a su casa a buscar un cigarrillo –para un amigo; él no fumaba- y salió. En ese momento, su madre escuchó una ráfaga intensa de disparos que provenían del pasillo de ingreso a su casa, en Dorrego al 4000, y pensó que eran petardos.


Luego del ataque, la familia de la víctima se encargó de juntar minuciosamente las vainas servidas y las balas que quedaron en el lugar y se las entregaron, en una bolsa, al comisario de la 15ª, Abel Santana, quien -con mucha menos minuciosidad- se encargó de desaparecerlas. Este episodio fue la mecha que encendió una sangrienta serie de venganzas que desembocaron en el brutal asesinato de Patom, Jere y Mono, los tres militantes del Frente Popular Darío Santillán en la madrugada del 1º de enero frente a la canchita del club Oroño.


El día que lo mataron, Facundo Osuna se despertó contento. Estaba por iniciar el tratamiento de rehabilitación que le permitiría algún día volver a caminar con normalidad luego de casi siete meses de convalecencia, transcurrido entre la sala de internación del Hospital Clemente Álvarez (Heca), el encierro de su casa y los Tribunales provinciales. Además, ese era su primer día de laburo en una cadetería.


“Mami, hoy vos y yo vamos a tener un propósito”, recuerda Claudia Báez que le dijo su hijo antes de partir esa mañana. Según cuentan sus hermanas, desde hacía dos meses, Facu iba los domingos a la Iglesia y leía la biblia. Había sido la abuela, una ferviente evangelista, quien acercó a su nieto a la fe religiosa .


“¿Cuál era el propósito que me dijo mi hijo, que hoy yo lo iba a tener que estar velando?”, dirá más tarde la mujer, mientras el cuerpo de Facundo, con cuatro balazos en el cuerpo, yace en un cajón en el living de su casa.


Al regresar del Heca, cerca del mediodía, Facundo tomó unos mates con la mamá y se fue a trabajar. Por la noche, mientras ella cocinaba, él salió a cobrar una plata que le debían. Luego del ataque, el joven se involucró en la venta de indumentaria y de cd’s. Para ello, contaba con la autorización del comisario de la zona.


“Volvía enseguida. Íbamos a cenar temprano, porque él al día siguiente entraba a trabajar a las 8”, dice Claudia. Sin embargo, Fede nunca volvió.


La muerte de Osuna, más allá de las versiones policiales de un posible “problema de polleras” o una pelea futbolera, se enmarca en una compleja trama de disputas territoriales por la comercialización de drogas, tráfico de armas y complicidades policiales que se cobraron la vida de cientos de jóvenes en los últimos años en los barrios más violentos de la ciudad.


No está claro por qué demoró dos horas dando vueltas en el barrio y mucho menos las causas que llevaron al asesino a cometer el crimen. La mayoría ni siquiera se lo pregunta. Lo único claro es que desde diciembre, el barrio ha quedado envuelto en una batalla sangrienta que parece no tener fin. Una batalla que involucra a narcos, policías y jueces y que elige sus víctimas entre pibes de 15 y 25 años.

Declaraciones de Pablo Venturi, del Movimiento 26 de Junio, en la conferencia de prensa realizada en la CTA.

El pasado 11/01 se realizó una conferencia de prensa en la CTA, en donde estuvieron presentes los familiares de las víctimas de la Masacre de Rosario y les acercamos lo declarado a la prensa por Pablo Venturi, integrante del Movimiento 26 de Junio, el cual integra el Frente Popular Darío Santillán.


Agradecemos la cesión de este material a Judit Cruz y a Camilo Moreira Biurra.


Barrio Moreno: La vida más allá de la vida.

militantes FPDS - Barrio Moreno - RosarioQuienes no conocen Rosario, seguramente no tuvieron la menor idea acerca del lugar donde asesinaron a Jeremías "Jere" Jonatan Brasante, Claudio Damián “El Mono” Suárez y Adrián “el Patón” Rodríguez en aquella fatídica madrugada del comienzo de este año.


Recibimos la nota del Frente Popular Darío Santillán - Regional Rosario, pero no queríamos que fuera tan sólo una transcripción. Necesitábamos dar cuenta de nuestras propias sensaciones y emociones, a pesar de los 400 km. que nos separan.


Barrio Moreno es el asentamiento menos mediático de la ciudad santafesina y se trata de un barrio nacido al calor del neoliberalismo, como nos cuentan las y los compañeros de la organización rosarina, con trabajadores que sobreviven con changas y que se juntan para organizarse para pelear por las cosas básicas para sus hijos, junto a las doñas, apelativo cariñoso si lo hay, que se hicieron cargo de los pibes para educarlos, son los habitantes de esta humilde barriada del sur rosarino.


En "Crónica de Barrio Moreno: La Vida más allá de la Vida", Chipi y Lita, madre del Mono, militantes del Movimiento 26 de Junio, del Frente Popular Darío Santillán, remarcaron que es un barrio tranquilo o lo era, porque “ahora tenemos miedo…”.


Según cuentan, Chipi llegó hace algo más de un año junto a otras y otros compañeros para dar vuelta al esquivo destino y junto a Lita, comenzó a organizar el barrio con asambleas y encuentros, sin olvidarse de los talleres con los pibes y construir el sueño del local propio. Sueños... Son el insumo básico de las barriadas alejadas de la burguesía, de la misma que pide su exterminio.


Y bien que se acordaron de ellos: "Mono y Patón estuvieron casi de arranque en la movida. Jere se sumó después". Tampoco no se olvidaron de sus palabras: “hay que sacar a los pibes de las esquinas”. Los que alguna vez caminamos por esos angostos pasillos de una villa sabemos de lo que hablan. Era alejarlos de la droga, de los barras, de los punteros y de las bandas.




Recordaron que "ahí estuvieron ayudando con la obra, vendiendo torta asada, ensalada de frutas, chori para juntar plata y materiales" para ese sueño del local, como también soñaban con esa banda de cumbia y la apertura de una rotisería en marzo. Tal vez, es el mejor ejemplo. El que hay que imitar en cada uno de los asentamientos y barriadas populares de nuestro país.


Y continúan: "los tres habían participado del campamento nacional de jóvenes del FPDS" pasando horas discutiendo y soñando ese futuro mejor con otros 500 pibes de todo el país. Soñaban. Con muy poco. Era encontrar el camino hacia una vida diferente y en plena solidaridad con sus pares.


Sin embargo, fueron esas balas en la madrugada, las que los asesinaron a ellos, les quitaron la vida que soñaban... Por eso, la bandera tiene una consigna muy clara: “Mientras sigamos luchando ustedes estarán presentes”. Y vaya si lo estarán...


En el Barrio Moreno siguen afirmando que “vamos a seguir con todos los proyectos hoy más que nunca, se los debemos a ellos”.


Como el "Pocho" Lepratti, como Darío y Maxi, ellos seguirán entre nosotros. Entre esos laburantes de Barrio Moreno y quienes no somos de allí, pero nos sentimos cerca de ellos, todavía seguimos soñando por un futuro mejor para nuestros pibes. No es poca cosa. La lucha continúa, porque la única que se pierde es la que se abandona.

Entrevista a Pablo Venturi, por Andrés Sarlengo (Contrapuntos).

Con Pablo Venturi, uno de los voceros del Movimiento 26 de Junio - Frente Popular Darío Santillán, conversamos unos minutos antes del inicio de la movilización que, en Rosario, clamó por Justicia tras el asesinato del pasado 1º de enero de los militantes Jeremías “Jere” Trasante, Adrián “Patom” Rodríguez y Claudio “El Mono” Suárez.


Santa Fé: Rosario - Asesinaron a 3 pibes del Frente Popular Darío Santillán.

pibes asesinados rosario 02 - 01 - 12


Como siempre, los multimedios mintieron... Hablaron de ajuste de cuentas, como antaño hablaban de enfrentamientos con los subversivos. Las viejas mañas periodísticas siempre están, pero pronto aparece la verdad.


Mediante un comunicado, el Movimiento 26 de Junio en el Frente Popular Darío Santillán, de Rosario, informó que los jóvenes Jeremías Jonatan Brasante, de 17 años; Claudio Damián “El Mono” Suárez, de 19 y Adrián “el Patón” Rodríguez, de 21, fueron asesinados y desmintieron que fueran objeto de ajuste de cuentas o una venganza por atentado previo como se afirmó en los medios de comunicación social.


Destacaron que ellos realizaban proyectos comunitarios junto a la juventud del Barrio Moreno y recordaron que hace pocos días celebraron el fin de año con la realización de algunos de sus sueños: el local propio y la refacción de la canchita del barrio, la que está a 40 metros donde los pibes fueron asesinados.


Finalizaron, afirmando que "no vamos a permitir que se difame el nombre de nuestros pibes, compañeros, amigos y hermanos", aclarando que carecían de antecedentes penales y no estaban armados frente a la hipótesis policial del "enfrentamiento".