Por Iroel Sánchez
Muchas veces se ha dicho que se puede tener el gobierno pero no el poder, si antes era así, en un contexto en que este último se ha ido trasladando a los grandes medios de comunicación y sus financistas, esa afirmación se ha vuelto más real que nunca.
Por eso, más que hablar de medios progubernamentales, lo apropiado hoy sería referirse a gobiernos promediáticos para describir la relación entre empresas como Televisa y Clarín y varios de los triunfadores en los más recientes procesos electorales de Latinoamérica.
Ante la decisión del Canal Cablevisión, perteneciente al Grupo Clarín, de dejar de distribuir la señal del canal multinacional latinoamericano TeleSUR, muchos se han escudado en que es una decisión empresarial, de Clarín, no del gobierno de Mauricio Macri. Pero ahí está el detalle: el gobierno de Macri es el de ese poderoso grupo mediático y la oligarquía agraria que se sentía afectada por las retenciones impuestas a partir de las políticas redistributivas implementadas por Cristina Fernández.
Clarín es el poder, Macri en la Casa Rosada es su instrumento, como lo es de los grandes intereses que no quieren compartir sus extraordinarias ganancias con los de abajo. De ahí el incremento de 300% de las tarifas eléctricas, los grandes recortes en el empleo público y otras medidas similares adoptadas por decreto en sus primeros días de gobierno.
Esa decisión, al igual que la de intervenir durante 180 días la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y la Autoridad Federal de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (AFTIC), dos instrumentos fundamentales para la política de medios y telecomunicaciones del país y herramientas de implementación de la Ley de medios del kirchnerismo contra la que tanto batalló Clarín, es una prueba de quién manda hoy en Argentina.


