Fidel y Ho-Chi-Minh
Por Felipe de J. Pérez Cruz
La tradición internacionalista es una de las fuentes nutricias de la generación que a mediados del siglo XX, llevó adelante la última etapa de la liberación cubana. Fidel Castro Ruz será el artífice de la nueva etapa de despegue de la solidaridad y el internacionalismo cubano. Nunca antes un pueblo del llamado Tercer Mundo, ocupó un lugar tan central y masivo en las luchas anticoloniales y antimperialistas.
“Patria es humanidad”, precisó José Martí, y Fidel Castro, en tanto su más ejemplar continuador, hizo del concepto martiano un hecho de pueblo, con un profundo sentido de la voluntariedad y la solidaridad internacionalista.
El joven Fidel
El joven Fidel Castro ratifica su latinoamericanismo antimperialista desde muy temprano, cuando se abre a la política en sentido martiano y marxista, tras su llegada a la Universidad de La Habana en 1945. En apoyo a los patriotas que lideraba Pedro Albizu Campos, funda el Comité de Solidaridad con la Independencia de Puerto Rico. En 1947 está en la fracasada expedición de Cayo Confites, dispuesto a ir a pelear contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. La causa panameña por la recuperación del Canal y el reclamo de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas también le tendrán por activista.
Las causas que defiende le llevan a su primera gira latinoamericana, con el objetivo de organizar un congreso latinoamericano antimperialista de estudiantes en la Bogotá de 1948. Allí lo sorprende el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y el estallido de ira que fue la rebelión popular del Bogotazo. Entonces no dudará en ponerse al lado de sus compañeros estudiantes, de los trabajadores y el pueblo insurrecto, y participa en la resistencia armada.
Fiel a sus ideas martianas, Fidel en el programa nacional liberador de la “La Historia me absolverá” proclama que: “Cuba debía ser baluarte de libertad”, tierra de estrecha solidaridad con todos los perseguidos por las tiranías que oprimían a las naciones hermanas.
Al triunfo de la Revolución
A partir de 1959, año de la Liberación, la Revolución Cubana comenzó a honrar su promesa de apoyar a los patriotas latinoamericanos y caribeños, en la lucha contra las tiranías que existían en América. Dio su concurso a los revolucionarios del Movimiento de Liberación Dominicana, en la preparación y ejecución de una expedición insurreccional que arribó a este país en junio de ese año. También encontraron el apoyo cubano, los revolucionarios nicaragüenses que organizaban la columna guerrillera “Rigoberto López Pérez”, con el propósito de crear un frente guerrillero para combatir el gobierno de los herederos del déspota Anastasio Somoza García, quienes había emulado con Trujillo, en el apoyo político y logístico a la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar.
En la Primera Declaración de La Habana, en septiembre de 1960, quedó plasmada la crítica a los males económicos políticos y sociales que sufría América Latina por dominio imperialista. La Declaración fue un hecho sin precedentes en la historia de Cuba y de América, pues el documento redactado por Fidel, tuvo la osadía de denunciar públicamente la injerencia imperialista y proclamar el derecho de los pueblos del continente a su liberación.
La respuesta imperial en el plano internacional fue el aislamiento y el cerco a Cuba. El dictador Trujillo, luego de recibir y dar abrigo en su huída a Fulgencio Batista y Zaldívar, intentó una fracasada invasión militar contra Cuba, que es abortada en la central ciudad de Trinidad en agosto de 1959, bajo la dirección de Fidel. En Guatemala y Nicaragua, se abren los campos de entrenamiento militar de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, para los esbirros de la dictadura, mercenarios e hijos de los burgueses afectados por la Revolución, y desde estos países sale la fuerza invasora que es derrotada en Playa Girón en abril de 1961. En la despedida de la fuerza agresora Luis Anastasio Somoza Debayle, por entonces “presidente” de Nicaragua, haciendo gala de la naturaleza asesina de su estirpe, le solicitó a los brigadistas del imperio que “le trajeran de regalo un pelo de la barba de Castro”.
La Organización de Estados Americanos (OEA) en su condición de ministerio de colonias yanquis, mientras mantuvo silencio sobre las acciones anticubanas del gobierno estadounidense y sus más cercanos socios, acusó a la Revolución de “injerencia en los asuntos internos” de los países de la región, y levantó los fantasmas del peligro comunista en el hemisferio y la “exportación” de la Revolución. En febrero de 1962, la OEA expulsa a Cuba y apoya la orientación de Washington del rompimiento de relaciones de los gobiernos del área, con el Gobierno Revolucionario.
La Segunda Declaración de la Habana, en febrero de 1962, también de la autoría de Fidel, ratificó la inquebrantable vocación solidaria e internacionalista de los revolucionarios cubanos. En la Declaración, el Comandante no dio recetas pero sí proclamó que “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. La Segunda Declaración de La Habana se convirtió en la principal plataforma ideológica y política del movimiento revolucionario de la región. Para no pocos dirigentes políticos y estudiosos, este texto puede considerarse como el documento político más importante y trascendente formulado en América Latina en la segunda mitad del pasado siglo; que reúne armoniosamente las condiciones de análisis y de guía para la acción y que su visión de largo alcance aparece confirmándose hasta nuestros días.
El cisma chino - soviético
La Revolución Cubana declara su carácter socialista, martiano, marxista y leninista en momentos en que arreciaba el conflicto ideológico y político entre los partidos comunistas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la República Popular China (RPCH). Consciente del daño que la situación creada hacía al movimiento de liberación nacional, y a la causa del socialismo en el mundo, Fidel lideró el esfuerzo de los partidos comunistas latinoamericanos y caribeños, para mediar e intentar resolver las discrepancias acumuladas entre las direcciones de la URSS y la RPCH. Una primera delegación de dirigentes partidistas latinoamericanos, con el cubano veterano del movimiento comunista Carlos Rafael Rodríguez, visitó Moscú y Beijing, sin alcanzar resultados. Le sucedió una segunda que integró a nombre del partido cubano el Comandante Ernesto Che Guevara, que tampoco alcanzó los resultados esperados.
Las escisiones producidas a consecuencia de los alineamientos con las posiciones de la URSS o de la RPCH, afectaron a los Partidos y movimientos revolucionarios de la región. En estas circunstancias la política de principios de la Revolución, fijó su derrotero en la unidad en la lucha antimperialista más allá de los temas teóricos y políticos que estaban en disputa. Cuba mantuvo su apoyo a los movimientos guerrilleros y a los líderes revolucionarios que recabaron de su solidaridad, independientemente del posicionamiento en la disputa que tuvieran sus actores. La dirección cubana bajo el liderazgo de Fidel definió tácitamente sus propios posicionamientos: No estaba de acuerdo con la concepción “pacifista” que defendía la URSS, tampoco coincidía con la dureza y unilateralidad de la posición china en su disputa con la URSS.
Las batallas políticas de Fidel a favor de la lucha armada, y sus apoyos a la insurrección popular antimperialista adelantada por los patriotas latinoamericanos y caribeños, eran vistas con notable desagrado por la dirección de la URSS, y tensaron las relaciones con varios partidos comunistas de la región que defendían los presupuestos del partido soviético.
El curso posterior de las relaciones de la Revolución Cubana, con los partidos y gobiernos en disputa, determinaría la ruptura política con la dirección china. En lo fundamental, la posición constructiva de Nikita Khrushchov después de las críticas que le realizara Fidel a la dirección soviética, por sus errores éticos y políticos durante la Crisis de Octubre, la desautorización tácita de Leonid Brézhnev a los funcionarios soviéticos que mantuvieron relaciones con elementos microfraccionarios, y el manejo político de las discrepancias en relación con el movimiento guerrillero; contrastó con la conducta interna injerencista de los dirigentes chinos, con el ataque político contra Cuba a nivel internacional, y el apoyo a movimientos de dudosa vocación revolucionaria en la región, en África y Asia, lo que tuvo su episodio más triste con la presencia en 1975, de instructores militares chinos, en la guerrilla contrarrevolucionaria liderada en Angola, por el agente de los servicios de inteligencia occidentales Holden Roberto.
Fidel y el Che en la unidad antimperialista: La Tricontinental y la OLAS
En las primeras campañas internacionalistas de la Revolución Cubana, se destaca la identidad de pensamiento y acción de Fidel con Ernesto Che Guevara. La Revolución se abrió a todos los revolucionarios más allá de los “ismos” -las querellas, los sectarismos, dogmatismos- que dividían a la izquierda histórica y a los nuevos elementos que surgían. Una pléyade de patriotas latinoamericanos y caribeños, llegaron desde el triunfo de enero a la Isla y fueron atendidos por Fidel y el Che: los nicaragüenses Carlos Fonseca y Tomás Borge, los guatemaltecos John Sosa, Rolando Ramírez, y Pablo Monzanto; los peruanos Luis de la Puente Uceda y Héctor Béjar; los peronistas argentinos William Cooke y Alicia Eguren; los colombianos Fabio Vázquez y Gilberto Vieira; el chileno Jaime Barrios; el venezolanos Fabricio Ojeda, y en general, la mayoría de los líderes de la izquierda y de los partidos comunistas del continente.
La gesta del Che Guevara, su paso por los principales escenarios de lucha antimperialista mundial, la gesta del Congo y el aporte a los demás movimientos de liberación africanos, su idea de iniciar la lucha guerrillera en Argentina, y definitivamente su incorporación a la lucha guerrillera en Bolivia, con el propósito de forjar una escuela de combatientes internacionalistas para irradiar la lucha armada en el continente, fueron hechos y amores redentores del Guerrillero Heroico compartidos con el líder de la Revolución Cubana.
Fruto del tejido de unidad de criterios entre revolucionarios cubanos y afroasiáticos, fue la decisión de efectuar en La Habana, del 3 al 15 enero de 1966, la Conferencia de Solidaridad de los pueblos de Asia, África y América. Por un período de diez días debatieron en la capital cubana 513 participantes de movimientos, partidos y organizaciones revolucionarias de 82 países.
Para trabajar por una nueva internacional tercermundista y revolucionaria llegaron a La Habana: Nguyen Van Tien, de Vietnam del Sur; Amílcar Cabral, de Guinea - Bissau; Agostinho Neto, de Angola. De la región estuvieron presentes Salvador Allende, por entonces senador socialista chileno, el ex militar y guerrillero guatemalteco Luis Augusto Turcios Lima, el líder guyanés Cheddy Jagan, y el comunista uruguayo Rodney Arismendi. El revolucionario marroquí EL Mehdi Ben Barka, uno de sus principales organizadores de la Conferencia, no llegó a La Habana, al ser secuestrado en París por los servicios secretos marroquíes y luego asesinado en vísperas de la reunión. La Conferencia ratificó la labor de coordinación internacionalista que Fidel comenzó a desarrollar.
Tanto Fidel como el Che, coincidían en la acumulación de condiciones y circunstancias nacionales, regionales e internacionales, para buscar un cambio revolucionario en América Latina y el Caribe. En el Mensaje que el Che envía a la Conferencia Tricontinental define su concepción de la revolución: “…no hay más reformas que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución”. En el discurso de clausura de la propia Conferencia, el 15 de enero de 1966, Fidel ratificaba: “En muchas naciones de América latina se dan las condiciones para la lucha armada revolucionaria… nosotros creemos que en este continente o en casi todos los pueblos, la lucha asumirá las formas más violentas. Y cuando se sabe eso. Lo único correcto es prepararse para cuando esa lucha llegue…” La idea esencial del momento la resume el Che en su Mensaje: “Crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna”.
Bajo el impulso del éxito alcanzado por la Tricontinental, la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), se realizó en la Habana entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967. Su origen había sido la decisión de los dirigentes revolucionarios de los 27 países que representaron a la región en la conferencia de enero del año anterior, para alcanzar mayor fuerza y mejor capacidad de coordinación hemisférica, y llevar adelante la lucha armada en el continente americano. La OLAS ratificó que “constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la revolución…!".
Se han tejido todo tipo de hipótesis y no pocas calumnias sobre desencuentros de Fidel y el Che, en particular después de la lectura de la carta de despedida del Guerrillero Heroico, en el acto de constitución del Partido Comunista de Cuba, el 3 de octubre de 1965. El propio Che se encargó de no dejar espacio para especulaciones en los diarios de campañas, cartas y documentos que preservó para la posteridad, y que han recibido en los últimos tiempos una oportuna publicación.
En defensa del internacionalismo



Tal como lo vienen realizando todas las semanas, los internacionalistas de MOTOR instalarán su mesa en la feria artesanal de San Justo, ubicada en la esquina de Yrigoyen e Ignacio Arieta, difundiendo la línea antiimperialista latinoamericana, la solidaridad con Cuba, y el proyecto de un mundo mejor, que es posible, bajo la indudable vanguardia de Fidel, Chávez y Evo Morales, pudiendo obtenerse videos sobre Cuba y Venezuela, adquirir libros y el periódico “Granma Internacional”, órgano oficial de la Revolución Cubana.