Mostrando las entradas con la etiqueta un año. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta un año. Mostrar todas las entradas

Nora Cortiñas: Discurso en el acto de la Estación Once.

nora cortinas - Estacion OnceDesde hace años, no anda con vueltas. Tal vez, sea una de las Madres de Plaza de Mayo que actúa en consecuencia, dejando de lado el calor oficial que envuelve a muchas de ellas.


Las pocas palabras que pronunció ayer por la mañana en la Estación Once del Ferrocarril Sarmiento, al cerrar el acto conmemorativo del momento de la tragedia, lo dicen todo y se los acercamos para darnos una idea de la verdad que encierra...


Plataforma 2012, a un año de la tragedia de Once.

Manuel Callau - Acto a un año de la tragedia de OnceLes acercamos el documento de Plataforma 2012, el cual fuese leído por el actor Manuel Callau, durante el acto realizado en la Estación Once en conmemoración del primer aniversario de la tragedia ferroviaria.


Plataforma 2012, a un año de la masacre de Once.


Hoy, 22 de febrero del 2013, estamos junto a las madres y los padres, los hijos, los familiares, los heridos y todos aquellos que de una u otra manera han sufrido directamente el dolor de una tragedia que enluta la vida de los argentinos.


Revivimos hoy ese miércoles 22 de febrero de 2012, cuando a las 8.32 hs., en plena hora pico, una multitud emprendía el camino hacia su lugar de trabajo, como todos los días. Sin embargo ese miércoles, en un tren de Buenos Aires, la rutina estalló.


Los 52 muertos se hacen presentes hoy sobre todos aquellos que, como los 703 heridos y los cientos de pasajeros que viajaban en aquella formación del Sarmiento, no podrán borrar de sus mentes las imágenes, los sonidos y hasta los olores del horror, percepciones y sentimientos que también resuenan en todos nosotros.


Sobre aquel dolor inefable cayó un primer anatema: “esa costumbre de los argentinos de viajar en los primeros vagones”. Así, el ex Secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi iniciaba el viejo y triste ejercicio de culpabilizar a las víctimas, mostrando de paso su absoluto desprecio por los trabajadores. En la conferencia de prensa en la que Schiavi volvió a aparecer, esta vez junto al Ministro de Planificación Julio De Vido, y en la que no se admitieron preguntas de los periodistas, se anunció que el gobierno -en una estrategia de auto - victimización, tendiente a invertir la realidad de los hechos y a forjar el camino de su propia impunidad- se presentaría como querellante en la causa. Pocos días después, la Ministra de Seguridad reproducía la inducción de culpabilidad sosteniendo que Lucas Menghini viajaba en un lugar inadecuado. Las palabras inconcebibles pronunciadas por dichos funcionarios fueron apuntaladas por la Presidenta de la Nación el siguiente lunes 27 en Rosario, después de varios días de inexplicable silencio. Cristina Fernández de Kirchner dijo entonces que el gobierno esperaría los resultados de la investigación judicial para tomar las medidas pertinentes, como si no fueran de público conocimiento el estado de abandono de los trenes de pasajeros y la cadena de corrupción vinculada a su concesión, que tiene nombres y apellidos. En el discurso de apertura de las sesiones parlamentarias atribuyó al pago de las deudas del corralito la insuficiencia de inversiones en el sector, ocultando la realidad de los subsidios millonarios que la concesionaria Cirigliano recibió durante largos años y que provienen de las arcas del Estado.


¿Es que el gobierno no se daba por enterado de las denuncias expresadas de las más diversas formas? No sólo hubo a lo largo de estos años estallidos populares espontáneos que daban cuenta del deterioro que no garantizaba las condiciones básicas para el funcionamiento seguro del ferrocarril. También la Auditoría General de la Nación y los propios delegados de los trabajadores del Sarmiento habían alertado una y otra vez sobre los peligros que se cernían y que finalmente desencadenaron la tragedia.





La política de vías férreas concesionadas a empresarios privados, iniciada por Carlos Menem, que provocó el despido de 80.000 trabajadores, la desaparición de decenas de pueblos y el saqueo del patrimonio nacional, se mantuvo sin variaciones hasta hoy. Distintas corporaciones se beneficiaron de las ganancias que producen los trenes de carga mientras que los millonarios subsidios estatales que tenían que ser destinados al mantenimiento y al funcionamiento eficiente y seguro de los trenes de pasajeros terminaron engordando los bolsillos de grupos amigos como los hermanos Cirigliano de TBA, cuya relación con el gobierno fue denunciada desde que se iniciaron los juicios al ex Secretario de Transporte Ricardo Jaime.


A un año de la masacre, y a pesar de los avances de la causa penal -que al agravar los procesamientos contra los ex funcionarios Jaime, Schiavi y Luna e incluir dentro de los procesados al ex interventor de la CNRT Antonio Sicaro reconoce la ineludible responsabilidad del Estado- el Poder Ejecutivo soslaya una y otra vez, mediante un agraviante silencio, toda referencia a las víctimas. Los rimbombantes anuncios sobre el mejoramiento de la infraestructura ferroviaria evitan toda mención a la tragedia. Silencio, anuncios épicos e insólita auto - victimización contrastan con la evidencia de los hechos. Más allá del discurso sobre la recuperación de los trenes “en talleres argentinos y por trabajadores argentinos”, en realidad los acuerdos sobre la compra de 409 vagones a la empresa china CRS vienen a refrendar la convicción de que el Gobierno no está pensando el sistema ferroviario en clave de reconstrucción de la industria nacional ni de protección de los usuarios.


La masacre de Once expresa de modo paradigmático un “modelo” cuya base fue impulsada por las reformas neoliberales de los años ’90, y que fue profundizada y consolidada, bajo diversas metodologías y alianzas, en los últimos diez años. No fue una fatalidad ni un accidente, sino un crimen social largamente anunciado. Desde Plataforma 2012 expresamos nuestra solidaridad con las víctimas y nos sumamos a su infatigable lucha por la verdad y la justicia.


¡Que el crimen no quede impune!


Buenos Aires, Estación de Once, 22 de febrero de 2013.

Un año de la tragedia de Once: Comunicado de los familiares de las víctimas.

víctimas tragedia OnceCada día, desde el 22 de febrero, hemos buscado razones.


Razones que expliquen las 52 vidas perdidas, las 700 laceradas, los millones de corazones destrozados. Razones que nos exceden, que nos han tomado eternamente de rehenes, de las que somos víctimas todos, los que vieron cortada su vida, los que aun hoy sienten las heridas en su cuerpo, los que debemos vivir afrontando un dolor inagotable y los que han sufrido, y sufren, con nosotros aún sin conocernos.


No son sólo 51 vidas perdidas, había una más, de seis meses de gestación en el vientre de su madre. Las víctimas son 52.


Hay razones para explicar la más grande tragedia ferroviaria de la historia argentina. Las buscamos, las esperamos, las necesitamos.


Cada día cuando nos despertamos, nos encontramos con ausencias irremplazables, pero en el recuerdo de esas vidas hermosas dañadas por la irresponsabilidad y la inoperancia ajena, encontramos los motivos para seguir. Aunque nos cueste. "Vivir solo cuesta vida" dijo alguien una vez. Ahora sabemos, tristemente y con nuestros corazones como testigos, el real alcance de esa frase.


La investigación avanza y debemos acompañarla. Creer en ella y en quienes la están llevando adelante. Es nuestra obligación republicana no entorpecerla y ayudarla en todo lo que podamos porque solo ella encontrará los responsables. También debemos impulsarla y lo estamos haciendo, proponiendo medidas y mirando con atención especial cada pequeño avance. Nos importa a nosotros pero también a todos los argentinos que han sufrido y sufren con nosotros. Somos los familiares los principales interesados en llegar a la verdad, lo más rápidamente que se pueda, y los que pedimos entender y respetar los modos y los tiempos de la Justicia. Esperamos, con la ansiedad lógica, el informe final de los peritos puestos por la Justicia Federal, y aunque todos tengamos las mismas presunciones, dejemos que sea la investigación la que nos vaya dando datos certeros. Las pericias darán una parte de los motivos del desastre, pero no todos. Eso será solo el primer paso. Después llegará un largo proceso y allí, y solo allí, surgirá cada cargo, cada nombre, cada cara de los responsables. Tenemos tiempo para encontrarlos, nunca van a ganarnos por cansancio.


No nos dejemos llevar por quienes ven en esto una posibilidad de una ganancia individual, sea económica o política, apurando los tiempos, pidiendo medidas y aceleraciones que no harán otra cosa que entorpecer el proceso. Sepamos distinguirlos y separarnos a tiempo de ellos. Si no lo hacemos, seremos los principales damnificados.


Eso también será parte de crecer como sociedad y de que todo este sufrimiento no sea en vano.


En este mes transcurrido, sólo con una filmación casera presentada al Dr. Bonadío, hemos conseguido mejorar, aunque sea mínimamente las condiciones de seguridad para los usuarios del ferrocarril Sarmiento, condiciones olvidadas por quienes deberían tenerlas como prioridad. Eso nos muestra dos cosas. Que la Justicia nos escucha, y que siempre podemos mejorar las cosas. A veces es sólo cuestión de proponernos hacerlo. Estamos seguros que todos los responsables serán hallados, les guste o no.


Lo sucedido el 22 de febrero tiene muchas circunstancias concurrentes y cada una de ellas debe ser debidamente investigada.





Permítannos a los familiares de Lucas Menghini Rey hablarles a quienes, con su ineptitud, dejaron a nuestro hijo abandonado entre los fierros retorcidos dos días y medio en un lugar que claramente mostraba un impacto, y al que se hubiese llegado con solo poner una escalera desde los durmientes. Nos hicieron vivir las 60 horas más terribles de nuestras vidas. Cada uno de ustedes pagará su incompetencia como la Justicia lo determine. Pero ni eso servirá para que los entendamos ni los perdonemos. Algún día sabremos sus nombres. Por la memoria de nuestro hijo, no nos detendremos hasta que llegue ese momento.


Somos las caras de los fallecidos. Pero también hay 700 heridos con historias que no trascienden, que casi no salen por los medios de comunicación y que es preciso que se conozcan. Desde quienes tienen sus cuerpos mutilados, o quienes por mucho tiempo no superarán el trauma psicológico, hasta quienes han sido despedidos de sus trabajos por no poder reponerse del daño sufrido. Otros, aún esperan poder ser intervenidos quirúrgicamente, sobreviviendo a duras penas. Ellos también nos necesitan. Ahí están, esperándonos y pidiendo ayuda. No los olvidemos.


En la cima del desprecio por nuestro dolor están quienes, aprovechándose de esa necesidad, la inocencia o la indefensión de algunos de nosotros, ofrecen sumas irrisorias de dinero, ya sea a deudos o a heridos, obligándolos a renunciar a sus derechos civiles y penales. Si algo de vergüenza y humanidad les queda dejen de lado la miseria que significa tratar de obtener beneficios a costa de la destrucción que generaron. Ya les llegará el momento de responder penal y civilmente. De eso pueden estar absolutamente seguros.


La acción penal es indispensable, y la búsqueda de los responsables es nuestra principal bandera. No hay dinero que pague las vidas perdidas o dañadas para siempre o que calle nuestros pedidos.


Desde la catástrofe hasta hoy hubo silencios de muchos sectores del poder político nacional, de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad que nos dolieron, y todavía hoy nos duelen. Pero varias veces hubiésemos preferido esos silencios a tener que escuchar frases desafortunadas y fuera de lugar. Señores: la tragedia sucedió sin preguntar qué día era, ni qué hora, si era feriado o no, ninguno fue en busca de su destino fatal viajando en el primer o segundo vagón o ingresando por un lugar que la empresa y los encargados de la seguridad deberían haber cerrado al usuario. Entre nuestros muertos y heridos solo hay víctimas, ni un solo culpable.


La empresa y los organismos de control no nos están haciendo un favor al cuidarnos. No tenemos por qué contar las muertes que no produjeron. No hay por qué agradecer ni resaltar como un logro llegar vivo al final de un viaje en un servicio público. Esa es su obligación. Que les quede claro. Contamos, contaremos y les mostraremos a cada uno de nuestros muertos y heridos tantas veces como nos dé la gana hacerlo, para que no los olviden. Cada funcionario es responsable, y lo será, siga en su puesto o no, de las anomalías en las áreas que estén o hayan estado a su cargo, más allá de gobiernos y décadas, y mucho más allá de incomprensibles aplausos al finalizar la función pública que no pudieron ni podrán tapar el sonido de nuestro justo reclamo. Sé es funcionario público por elección propia. No por obligación. Y así deben enfrentarse las responsabilidades que esos lugares de poder conllevan. Con hombría de bien. Es cuestión de ceñirse a la ética, algo que a veces parece quedar en el olvido.


No somos ni oficialistas, ni opositores. Somos personas a quienes nos han destrozado la vida. Por eso, hemos visto, absortos, como en el Plenario de Comisiones del Honorable Senado de la Nación quiénes deben representarnos se acusaban mutuamente sobre la tragedia, mientras nosotros los mirábamos y seguíamos esperando respuestas.


Todos esperamos de ellos la más mínima responsabilidad en la resolución de los problemas de los argentinos, no peleas ni insultos en tono callejero. Señores funcionarios, diputados y senadores: ejerzan con dignidad los lugares para los cuales han sido elegidos. Escuchamos perplejos como se enrostran responsabilidades mientras nosotros, hundidos en el dolor, nos preguntamos ¿HASTA CUANDO? "Pero véannos. Acá estamos. De pie. Cada una de las familias tiene su pensamiento y posición política. Tenemos diferencias, como los políticos, ¿para qué negarlas? Sería ilógico si no fuese así. Pero estamos hermanados en un objetivo supremo: la búsqueda de justicia. Eso nos une y nos hace ir juntos, y para adelante. Y también están todos ustedes, acompañándonos, más allá de cualquier distinción, codo a codo con las familias. Vencemos las diferencias para ser un solo cuerpo. Una vez más, los dirigentes deberían aprender del pueblo al que a veces parecen olvidar. La búsqueda de la verdad y la justicia debe ser de todos, sin barrio, ciudad, pueblo, provincia que nos separe. Unidos en esta lucha.


Quienes nos ven y nos escuchan sin reaccionar dense cuenta de una vez que si no se encuentran soluciones, todos podemos ser víctimas. De los peligrosos servicios si somos simples pasajeros, o víctimas de su propia desidia si son quienes deben resolver la crisis en el transporte y no lo hacen.


Pero así como hay razones de lo ocurrido, también hay razones para seguir cada día. Miles de razones. Por los que se fueron, por los que permanecemos, por los que vendrán, por la justicia, por nuestro país. Estamos y estaremos, hoy aquí, mañana en otro lado, cada día hasta que la Justicia nos explique qué pasó, por culpa de quienes, y que pena les corresponde. Nos caemos, nos levantamos, nos apoyamos entre todos, para no detenernos un minuto. El inmenso valor de la vida nos une y nos fortalece para discernir los desafíos que tenemos por delante. Y mientras estemos así, uno al lado del otro no habrá tiempo ni poder que pueda con nosotros. Seguros de eso, somos invencibles.


JUSTICIA PARA LOS MUERTOS Y HERIDOS DE ONCE, JUSTICIA PARA LOS MUERTOS Y HERIDOS DE ONCE.

Córdoba: Se cumple hoy un año de la desaparición de Facundo Rivera Alegre.

Facundo RiveraLos multimedios siguen ninguneando este caso, al igual que cuando aconteció la desaparición de Luciano Arruga, tratando de esconder el horror en democracia.


Un día como hoy, el padre de una niña y con 20 años de edad desaparecía tras haber concurrido a un baile en el Estadio del Centro de Córdoba Capital. Nunca más recorrió las 25 cuadras que lo separaban de su casa.


En el medio, un Código de Faltas que permite la detención arbitraria de jóvenes a cada instante y eso llevó a Viviana Alegre, su madre, a sospechar de la policía; más aún, cuando dicho estadio está a dos cuadras de la Central policial.


Pocos testimonios echan luz sobre este caso. Sin embargo, ella recuerda que lo tenían marcado por el pelo teñido, mostrar sus tatuajes o, como habitualmente ocurre, por una simple portación de rostro.


Como siempre, la justicia no cumple con su cometido. No se han solicitado los peritajes de los móviles que estuvieron durante aquella noche en la zona. Pero también el gobierno provincial hace oídos sordos a los reclamos de los familiares del Rubio del Pasaje y se niega a aceptar los recursos que la Nación puso a su disposición para avanzar en la investigación.


Desde noviembre del año pasado, vienen solicitando el apartamiento de la policía provincial en la investigación. Y de desapariciones, Viviana algo sabe: se llevaron a su hermano Marcos y a su cuñada Natalia, embarazada de seis meses, en 1978.





Mientras tanto, el fiscal Alejandro Moyano continúa insistiendo en la pista del narcotráfico que lo lleva a un asesinato del joven en el Barrio Maldonado, al pretender comprar droga. Ya se han realizado más de 20 excavaciones en la búsqueda de restos óseos; todos ellos, sin resultado alguno.


Su madre, en declaraciones a La Voz del Interior, afirmó que "a Facundo lo mataron", "lo mató la policía" y luego, refiriéndose a la hipótesis de la fiscalía, sostuvo que "no es descabellado pensar que mi hijo haya ido a comprar drogas y en ese contexto lo asesinaron" aunque destacó que "si lo mataron los ' narcos ', ¿por qué Facundo no aparece?".


Por otro lado, al referirse a su aparición, afirmó que lo espera pero señaló que ello será difícil "en la medida en que haya complicidad entre la Policía, el Poder Judicial y la política".


Desde las 18.00 hs., partirá hoy una marcha desde Colón y Cañada para, luego, dar lugar a un festival en donde, esperemos, no haga de las suyas la policía brava cordobesa.


Fuentes: Indymedia y La Voz del Interior.

El recuerdo de Adriana Calvo, por Santiago, Martina y Teresa Laborde (Página 12).

adriana-calvoNo fue lo que se dice un amor, ni de regalar sonrisas. Era más bien justa.


Nunca fue un cascabel de alegría ni de simpatía, sino franca y recta como una viga.


Se le notaba a una cuadra su parecer. No podía, ni quería evitarlo. No le importaba.


Incisiva, y directa. Racional, lúcida y resolutiva.


De fácil gritar. Su carácter puede adjudicárselo al ser la única mujer, y la más chica de seis hijos que tuvieron mis abuelos. Cinco hermanos varones la criaron y cuentan los tíos que fue una pésima arquera de los dos a los diez años.


Y ahí, en esa anécdota familiar, la vemos casi irreconocible. Porque es una de las pocas veces que asiente, resignada. Uno de los pocos lugares de su vida, donde tuvo que aceptar la situación sin discutir ni chistar. Y aun con sus sesenta y dos lo recordaba con un dejo de fastidio intravenoso. De hecho, les adjudicaba a sus cinco hermanos varones el luchar contra cualquier injusticia desde niña.


De estar a gusto entre muchos, de encontrarse laboralmente en las ciencias duras y exactas, la física.


De luchar con los medios porosos, titular de cátedra, pero al mismo tiempo, todo al mismo tiempo y con toda su alma completándose en lo social. Su esencia, su vida.


La de luchar y dedicarse de cuerpo entero –por haberlo puesto– (a sus treinta años), a conseguir ver en las sombras hasta el último responsable del genocidio que supimos conseguir como país.


Y lo cumplió, trabajando hasta dos días antes de su muerte, con planillas Excel, donde figuraban los nombres de los genocidas, distribuidos por campos de concentración.


Y esas planillas son hoy documentos que sirven en los juicios a los genocidas.


Lo mismo que su testimonio.


Y no sólo se comprometía con las violaciones de los derechos humanos de ayer, sino con las actuales. Participaba en cada repudio donde el Estado violara un derecho. Mamá había estado por última vez en la plaza el día que mataron a Mariano Ferreyra. Esa tarde salimos de la quimioterapia y era imposible para cualquiera hacer alguna actividad después de estar cuatro horas recibiendo quimio.




La dejaban planchada. Pero esa tarde, volviendo del hospital, escuchamos la noticia por la radio y se puso a llorar desconsoladamente, puteaba a los cuatro vientos y me pidió que igual la llevara a la plaza que “tenía que estar”. Y la llevé, y se sostuvo de pie, sólo de bronca no más creo yo.


Daba la sensación de que las injusticias en este país le daban una fuerza interna para activar, movilizar y movilizarse.


Se está cumpliendo el primer año de su fallecimiento, y sus hijos, sus nietos, sus hermanos, familiares, amigos y compañeros te admiramos porque vos mejor que nadie honraste la vida. La tuya, la de los 30 mil detenidos desaparecidos y la de todos los que se comprometen a que este país sea más justo.


Porque como bien nos repetías hasta el hartazgo, “los malos ganan si los buenos no hacemos nada para impedirlo”.


Te extrañamos Mamá. Muchísimo.


NOTA DE REDACCIÓN: Las y los autores de esta nota son los hijos de la compañera Adriana Calvo de Laborde, quien falleciera hace un año en un día como hoy...