Por Stella Calloni
En momentos en que se reanudan las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, sin duda un proceso a largo plazo, como sostiene el gobierno cubano ya que continúa el bloqueo de más de medio siglo, la ilegal permanencia militar en Guantánamo y otros aspectos que afectan a la soberanía de la isla del Caribe, el gobierno estadunidense incrementa una ofensiva contrainsurgente sobre varios países de la región, lo cual proyecta más sombras que luces.
Es imposible no dudar de una voluntad cierta de terminar con una larga política terrorista hacia Cuba, que este país ha derrotado con una resistencia heroica, cuando el secretario de Estado John Kerry iza la bandera estadunidense reabriendo la embajada en La Habana en momentos en que su gobierno agudiza los ataques contra todos los gobiernos progresistas de América Latina, que ayudaron a romper el cruel aislamiento de la isla, que nunca debió ser.
De hecho fue altamente contradictorio que en diciembre pasado, cuando se hizo el anuncio de la reanudación de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el gobierno de este país amenazara duramente a Venezuela, y se tomaran medidas intervencionistas que caldearon el clima en la región.
El pasado 9 de marzo el presidente Barack Obama declaró "emergencia nacional" ante lo que consideraba una "amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidense" por parte de Venezuela.
Que Venezuela fuera una amenaza a la seguridad de EE. UU. resulta increíble desde donde se lo estudie, aunque sabemos todas las mentiras conque comienza una acción injerencista e intervencionista. Argumentos tan increíbles como este han servido para las centenares de intervenciones en el mundo, y para las nuevas y genocidas guerras coloniales, que se desarrollan contra países hermanos en Medio Oriente, Asia, Europa (Ucrania).
Lo real de este momento es que varios gobiernos de América Latina están bajo un ataque simultáneo de una Guerra de Baja Intensidad (GBI) que hace tiempo dejó atrás los trazados de los "Golpes Blandos" más fáciles de aplicar en Europa que en una región que está intentando un verdadero proceso de Integración emancipatoria, con todo lo que esto significa.
La simultaneidad del ataque que se escenifica en Ecuador, Brasil, El Salvador, Bolivia, Argentina y Venezuela, especialmente, está diseñada para retacear la solidaridad, que siempre debe actuar rápidamente ante cualquier evento en la región. En estos momentos cada país atacado está organizando sus propias defensas y es evidente que resta fuerza a la reacción solidaria.
Esto, por una parte, y por la otra Estados Unidos y sus socios de la derecha en toda América Latina, la más dependiente y financiada en la historia regional, están actuando en estas desestabilizaciones simultáneas, para facilitar la "tarea" en los planes de recolonización. Si logran dar el golpe duro en cualquiera de estos países, estiman que será más fácil organizar un "efecto dominó" gracias a la "avanzada golpista" ya instalada en varias naciones.
El ataque contrainsurgente se produce con viejas y renovadas tácticas y está castigando a Venezuela con todo tipo de guerra: económica, psicológica (asestando golpes mediáticos diariamente), sabotajes, una serie de asesinatos de militares, campesinos militantes chavistas, escoltas de la seguridad de los más importantes funcionarios gubernamentales, desabastecimiento, infiltración de paramilitares colombianos. Es un incremento notable en el marco de todos los intentos golpistas que han dejado decenas de víctimas y destrucción en ese país.
No puede descartarse la infiltración de comandos de Fuerzas Especiales estadounidenses, que tienen su sede en las bases militares y establecimientos de Estados Unidos en Colombia. Y todos sabemos lo que son esas Fuerzas Especiales. Lo saben los pueblos víctimas de guerras coloniales en pleno siglo XXI.
En estos últimos tiempos y cuando ya se ha desgastado el tema de los llamados "presos políticos" venezolanos, como si el gobierno de Nicolás Maduro y no Estados Unidos fuera el mayor violador de los derechos humanos en nuestra región y en el mundo, ahora giran hacia el tema de la caliente frontera colombo-venezolana, con una incendiaria campaña mediática, mintiendo descaradamente. Resulta que el victimario es la víctima, una vez más.
El cierre de la frontera en Táchira y el decreto de estado de excepción decidido por el gobierno del presidente Maduro, el pasado 20 de agosto, es un necesario acto de defensa de un país que prácticamente desde el fracasado golpe de estado de abril de 2002 hasta hoy es víctima de un esquema de golpismo eterno, que se incrementó en forma desmedida cuando la muerte del comandante Hugo Chávez Frías en marzo de 2013, que les creó expectativas falsas de lograr rendir fácilmente a Venezuela.
Toneladas de alimentos, que fueron escondidos, robados, en una acción de hecho terrorista, por los sectores opositores, empeñados en derrocar a Maduro, han pasado por esa frontera , por donde también entran los grupos paramilitares colombianos, que han estado vinculados desde hace años a todos los intentos violentos que se dieron en Venezuela.
En el mismo momento en que se decretó el cierre de la frontera con Colombia y el estado de excepción en varios municipios de Táchira, por donde trascurría día tras día el saqueo de gasolina, alimentos y otros artículos en un contrabando caso para contribuir al desabastecimiento y al caos, ayudando a la oposición golpista de Venezuela, comenzó el ataque opositor y mediático.
Se sabe ahora que grupos paramilitares formaban sociedades para hacer más efectivo "el trabajo" de apoyo al golpismo. Incluso una supuesta "cooperativa" colombiana que negociaba con el Mercal venezolano, una institución de bien social, resultaron ser paramilitares de ese país, disfrazados de cooperativistas.
Paciencia tuvo Venezuela más que suficiente porque ya se había comunicado el gobierno venezolano con su par de Colombia para informar sobre estos graves sucesos.
Inmediatamente de cerrada la frontera en diversos puntos de Táchira donde las fuerzas armadas bolivarianas descubrieron nichos del paramilitarismo y hasta un lugar donde los llamados "paracos" colombianos manejaban la trata de personas entre otros delitos, se activó la oposición y el paraperiodismo de los medios masivos de comunicación de la región.
Montaron un escenario de violencia contra alrededor de un millar de personas que estaban ilegalmente en estos lugares, donde se mimetizaba el paramilitarismo... La siembra de rumores y noticias falsas se extendió en segundos, sin aclarar que en Venezuela hay más de cinco millones 600 mil colombianos que han huido de la violencia y del terror en su país, así como de la pobreza y están integrados y protegidos por las leyes nacionales, muchos de los cuales participaron en las marchas populares de apoyo al gobierno de Maduro.
NADA ES NUEVO


