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La pueblada que llegó tarde y se fue temprano (APE).

La pueblada que llegó tarde y se fue temprano (APE)


 


 


 


 


AlfredoGrande


Por Alfredo Grande   



 
“Para la derecha, lo legítimo es lo legal”
(aforismo implicado)


 


Fragmentos publicados en la revista La Maga del prólogo escrito por O`Donnell para el libro Universos de mi tiempo (Editorial Sudamericana, 1999) cuyo autor es el ex presidente Carlos Saúl Menem. Recientemente Mario “Pacho” O`Donnell fue elegido para dirigir el instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, creado a instancias del Poder Ejecutivo Nacional. El también Director del Departamento de Historia de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), es médico, especializado en Psicología y Psicoanálisis, escritor, político e historiador. Fue secretario de Cultura de la Ciudad durante el gobierno de Raúl Alfonsín y senador, secretario de Cultura de la Nación y embajador en Bolivia y Paraguay bajo el gobierno de Carlos Saúl Menem.


“Nuestra Argentina puede sentirse muy orgullosa de que sus instituciones y sus ciudadanas y ciudadanos hayan consagrado a un hombre salido de uno de los pueblos más pobres de una de sus provincias más humildes, en reconocimiento de sus virtudes, como su presidente constitucional. Debo confesar que la primera vez que visité Anillaco sentí una profunda emoción. Sólo entonces tomé cabal conciencia de cuánta pasión y cuánto esfuerzo le habían sido necesarios a Carlos Saúl Menem para llegar hasta donde llegó. A cuántas dificultades había tenido que sobreponerse desde su origen y cuánta claridad hubo siempre en sus objetivos y en las vías para lograrlos. (…) Desde el primer momento en que lo conocí, quedé impresionado por su inteligencia, que no respondía al concepto clasista y culterano que se tiene de la misma por parte de una intelectualidad imbuida de prejuicios enamorados de lo extranjero y enajenados de lo nacional” (Agradezco a Mariana Nuñez el envío del material que parcialmente transcribo).



Carlos Menem(APe).- El general Alais pasó a la historia y además la historia le pasó por encima, por su recordada tardanza en llegar para enfrentar a los amotinados contra la incipiente democracia. Entre los caras pintadas, los culos sucios y los pies lentos, se terminó pariendo de nalgas el engendro jurídico conocido como “obediencia debida y punto final”. Luego se perfeccionó cuando la “comadreja de los llanos”, al decir de Pino Solanas, directamente indultó a la jauría asesina.


El menemismo surgido de las entrañas del peronismo renovador, tuvo la suma del poder público durante casi 10 años. La convertibilidad cambiaria, convertida en una cruzada dolarizada, inauguró lo que años después bauticé como “alucinatorio social”. Estábamos en el primer mundo, aunque con la única excepción de Carlos Perciavalle, a nadie le aceptaban un peso argentino en el exterior. Sin embargo, el dólar barato permitía que los argentinos que ya habían dado fe de ser humanos, ahora le sumaban ser derrochones.


Por supuesto que el menemato tuvo resistencia. La única que llegó a las urnas fue la Alianza. El triunfo sobre el PJ dejó al “Otro Duhalde” con la sangre en el ojo, aunque me imagino que en otros lugares también. La tormenta perfecta fue: sostener la cruzada, desconocer la protesta creciente y no advertir las maniobras destituyentes (palabra acuñada años más tarde) del candidato vencido. Obviamente, el alvearismo reaccionario sirve para robar, con o sin banelco, pero no sirve para pelear. Huyó y lo pescaron, porque aún para huir es necesario cierto talento. Lo demás fue mucho más de lo mismo y un poco de lo diferente. La brutal devaluación bautizada con el nombre piadoso de “pesificación asimétrica” que permitió a muchos de los que hoy cacarean en los nidos del gobierno licuar pasivos.


que-se-vayan-todosLa pregunta es: ¿Por qué no se fueron todos?. Muy simple, al menos, muy simplificado: porque no los echamos a todos. Y nadie se va sin que lo echen y tampoco regresa sin que lo inviten. La masacre del 19 y 20 de diciembre fue negociada. En el 2005, uno de los máximos responsables de la represión ilegal fue ascendido. Otra masacre, la del Puente Avellaneda, clausuró, y ahora sabemos que pasa siempre, los sueños de inmortalidad presidencial constitucional para “El Otro”. Anticipar las elecciones fue la respuesta, aunque la pregunta sigue siendo: ¿Por qué no los echamos a todos?


La tragedia no es cuando lo que puede salir mal sale mal. La tragedia es cuando lo que debe salir bien, sale mal. Para mí, este décimo aniversario es trágico. Porque mientras la militancia de bien conmemora las luchas y honra a las víctimas, uno de los poderes resucitados del Estado con el elixir mágico 54%, está por aprobar un engendro jurídico. Ya lo hizo diputados y antes que este trabajo se termine de escribir, lo aprobará senadores. Quizá la pueblada llegó tarde. Por eso el elixir permitió reciclar a menemistas que ni siquiera se convirtieron. Apenas, compraron la máscara de los tiempos.




La denominada “ley anti terrorista” de ser aplicada hace 10 años, hubiera provocado una masacre mayor. Pero eso la marca de la cultura represora: la permanente paradoja. Mientras reinvindicamos la resistencia popular legislamos para aplastarla. Mientras se repudia la barbarie aliancista que se llevó a muchos y muchas que “fueron como el Che”, en maratónica y caníbal sesión aprueba una herramienta para hacer legal lo ilegítimo.


PACHO-O-DONNELLNo faltará un Pacho O' Donnell que invente o delire con la defensa de la democracia y de la libertad que esta ley supone. Después de haberse abrazado a Menem, no hay abrazo que no pueda dar. Su revisionismo histórico puede llegar a los extremos que George Orwell describe en su insuperable “1984”. Según Pacho, Menem tiene una cultura distinta de aquellos que enajenaron lo nacional. Me quedo más tranquilo. Esta concepción del revisionismo es otro ingrediente de lo que llamo alucinatorio social. Ya no se trata de vender ilusiones, sino alucinaciones. Haber sostenido durante años que el gobierno desde el 2003 a la fecha es garante de los derechos humanos, exige, ahora sí, un poco de revisionismo. Porque la estaca temporal no existe para los derechos humanos. No se pueden condenar su avasallamiento en el pasado y garantizar legalmente su avasallamiento en el futuro. O mejor dicho: se puede, pero es muy, pero muy feo. Es horrible. Es una estafa cultural y política que ninguna carta por abierta que sea, podrá justificar.


Que lástima que la pueblada llegó tarde, con un menemismo depredador impune y qué lástima que se haya ido tan temprano, confiando una vez más en las representaciones de alta gama, y sosteniendo con valentía pero en pocos espacios, la organización y la lucha popular.


El gran impune de la pueblada del 2001 fue Carlos Saul Menem. Gran impune a la consigna "que se vayan todos". Gran impune a la destrucción de una ciudad para ocultar contrabando de armas. Gran impune del vaciamiento de la Argentina. Cuando se lo juzgue por traición a la patria, podremos decir que los ' 90 quedaron atrás. Pero no podemos dejar de considerar que las trampas del revisionismo a lo Pacho, terminen colocando a dos provincias como garantes de la Argentina Revisionada: La Rioja y Santa Cruz. En ese momento, toda legalidad, incluso la monstruosa, será considera como la más perfecta legalidad. Espero poder gritar nuevamente, en una patria liberada, también llorar por los ausentes y cantar con lo voz que todavía me quede: esta vez echemos a todos.

2001: nuestra odisea del espacio - De la pueblada a la constituyente social (Revista Malas Palabras Nº 8).

2001: nuestra odisea del espacio - De la pueblada a la constituyente social (Revista Malas Palabras Nº 8)


 


 


 


 


AlfredoGrande


Por Alfredo Grande


 


“es importante iluminar el camino; es importante recorrerlo; pero es aún mas importante construirlo”


“solo podemos cambiar el pasado”  


(aforismos implicados)


 


Una década desde las jornadas de diciembre 2001. Hay una cierta predilección por el sistema métrico decimal cuando se trata de conmemorar. Pero en este caso, la fecha tiene una importancia especial. Como nos posicionamos frente a esas jornadas, o sea, el análisis de nuestra implicación política, es absolutamente necesario para intentar sostener la tarea que nos abra el camino de la segunda y quizá definitiva independencia.


Desde hace algún tiempo, cuando estallaban los capitalismos del autodenominado primer mundo, el relato oficialista fue alertar sobre los peligros de volver al 2001 si alguien osaba salir del modelo K. En otros términos: esas jornadas empezaron a presentarse como un disvalor, como aquello que debía ser evitado.


Por supuesto, la versión Disneylandia dirá que solamente se refiere a los aspectos negativos (corralito, cuasimonedas, corralón, acefalías varias, etc.) Sin embargo, como el Ejecutivo tiene mucho hilo, no deja de dar puntadas. La gobernabilidad, fetiche privilegiado de la clase dominante, se levanta a la faz de esta tierra como un bien absoluto a conservar. Cuidar las instituciones, sagradas e impolutas, termina siendo  equivalente a sostener corporaciones burocratizadas, tanto patronales como sindicales. Incluso se pretende una remake del “fifty/fifty”, como si el combate contra la pobreza no debiera dar paso, más temprano que tarde, al combate contra la riqueza.


La pueblada del 2001, con su componente espontáneo, planificado, popular, dirigencial, fue un acontecimiento histórico complejo, heterogéneo, pero que construyó un nuevo espacio y tiempo político social. Quizá no fueron los 7 días que conmovieron al mundo, pero sin dudar fueron días que conmovieron varios mundos. El económico, el político, el social, el de la vida cotidiana. Algunas consignas en su construcción paradojal, tuvieron el efecto contrario a la parálisis. Justamente, porque no eran paradojas del poder sino del contra poder popular. “Que se vayan todos” y “Piquetes, cacerola, la lucha es una sola” tenían el efecto de aterrorizar a la clase dominante, ese bloque de poder que empieza con el “rodrigazo”, se fortalece con la dictadura cívico militar y corrompe la democracia con la década del neoliberalismo de Menem y De la Rua.


Cuando el Chacho abandona el Titanic de la Alianza, el radicalismo recupera su verdadero rostro de alvearismo decadente. No es aristócrata el que quiere, sino el que puede.


El decreto de Estado de Sitio precipitó la reacción instantánea y ya nadie se quedó en su sitio. Los asesinatos con los cuales ese poder nauseabundo pretendió estirar los plazos de su velorio, mostró al lobo sin la piel del cordero republicano. Sin embargo, ni las protestas contra la casta financiera y sus catedrales denominadas sucursales bancarias, ni las asambleas populares, ni las fábricas recuperadas, ni las plazas ocupadas por alegres y enfurecidos (ambas cosas son posibles) manifestantes pudieron impedir que nuevos rituales cristalizaran los potentes escraches. Sea como sea, uno de los responsables de la masacre del puente Avellaneda, hizo de mago y alquimista hasta que encontró a su delfín. Que resultó no serlo, o al menos no parecerlo. Lo demás, es crónica reciente que se sigue escribiendo.


Sin embargo, una necesaria reflexión se impone, al modo de la historia contra factual. ¿Pudo ser de otra manera? La respuesta es necesaria, casi diría imprescindible. Afirmo que sí. Y que es necesario pensar cuales hubieran sido las condiciones necesarias para que la pueblada no terminara congelada en el frizzer del republicanismo democrático. La paradoja de ambas consignas haciendo estallar su imposibilidad material, para desplegar su potencialidad histórica. Pero la paradoja nos estalló en las manos, y nos dejó, a diez años vista con la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.




Por eso es necesario que la imaginación, que nuestra imaginación vuelva al poder. Y sabiendo que el espacio tiempo de la microfísica y de la macropolítica es una cosa y la misma cosa, situarnos en diciembre 2001 habiendo construído la Constituyente Social. Que no es otra cosa que un instituyente político capaz de lograr algo tan importante como la “máquina de dios”. El dispositivo que hace posible la lógica creadora del “colectivo de colectivos”. Donde la representación que, en su versión actual apenas se la puede denominar restitución, o sea, la forma por la esencia, da paso a una presentación permanente, donde nada se delega y todo se transforma.


Un sujeto colectivo no es una sumatoria de individuos, incluso teniendo la misma convicción y el mismo sentimiento. No hablamos de la suma, sino de la potencia. Al decir del poeta, no solamente somos más que dos, sino que somos la potencia infinita de dos.  Colectivo de colectivos, solamente la dimensión social y política le da a una constituyente la marca de lo nuevo, lo impensado, lo creativo, el germinal de otros mundos posibles.


Por eso estos diez años del 2001 empiezan por arraigar en nosotros la idea que podemos soldar los tiempos, acercar las distancias, fusionar las épocas. Que los mortales son dioses cuando renuncian a su mandato para sostener su deseo. Recuerdo una de las máximas de Epicuro: “De los dioses nada hay que temer, de la muerte nada hay que temer, podemos soportar el dolor, podemos alcanzar la felicidad”.  


Podemos cambiar el pasado cuando soñamos un futuro distinto. Trabajar hoy por la constituyente social disputará el sentido de la pueblada del 2001, para sacarle esa máscara de pavor y escarmiento de la cual el Poder quiere cubrirla. Pero el verdadero ícono, la verdadera imagen de nuestro 2001 será aquella que la construcción de la constituyente social sepa mostrar. La pueblada emancipatoria, en un mundo sin amos ni patrones, en el cual la voluntad popular y el pueblo unido serán lo mismo. Y nuestros muertos no descansarán en paz, porque seguirán luchando con nosotros.