Comedor del Centro La Alianza (Guatemala)
Por Ilka Oliva Corado
Qué crueldad de título, ¿verdad? Pues sí, es real. En Guatemala también se violan niñas y las embarazan y las secuestran y las asesinan. ¿Y la sociedad? Bien gracias, solo sale a manifestar cuando le tocan los bolsillos. Al parecer se reactivaron las manifestaciones masivas, ¿seguirán siendo de doble moral? ¿Por qué esas masas que manifestaron el sábado 11 de junio no pidieron la renuncia de Álvaro Arzú? No solo la renuncia, también que se le investigue (por corrupción también) por llamar a la violencia. ¿Por qué esas mansas no gritan a todo pulmón que se le enjuicie a Otto Pérez Molina (y retahíla militar) por genocidio.
Ah, es que el Genocidio fue contra la población indígena y la sociedad guatemalteca, además de su doble moral, vive enajenada entre la apatía y su actuar meramente colonizado; con eso de que creen en las castas, apellidos de abolengo, distinción por color de piel, cuna y clase social. No, si de que te estamos jodidos lo estamos, por eso nos siguen dando revés y derecho.
Hay tantas cosas que en Guatemala necesitan atención urgente, pero como no tocan los bolsillos de la clase media no las denuncian y no respaldan las investigaciones. Entre otras cosas, la sociedad guatemalteca carece de memoria histórica y dignidad. Pero hoy no voy a escribir rosarios ni manifiestos, este texto es tan solo una especie de introducción a dos que les comparto porque son importantes y más en estos momentos de catarsis colectiva, a ver si ahora sí se organizan como se debe (lo dudo) y se desligan de manipulaciones y exijan justicia por lo latente, que de tan visible preferimos no verlo.
Hoy comparto un artículo y un entrevista de dos mujeres que explican con manzanas el asunto de la trata de niñas, adolescentes y mujeres con fines de explotación sexual, y la indiferencia de la sociedad.
En su artículo de hoy titulado: “El impacto de los casos”, Carolina Vásquez Araya nos cuestiona, cuestiona nuestra doble moral: “Sin embargo, duele constatar que algunas denuncias incluso más graves en incidencia y alcance pasen casi inadvertidas para la ciudadanía. Entre ellas, la de la trata de personas que afecta a miles de niñas, niños, adolescentes, hombres y mujeres, cuyo destino incierto a veces se decanta por la prostitución forzada, el tráfico de órganos, la esclavitud o la muerte”.
“La trata de personas, uno de los crímenes de lesa humanidad más repugnantes que conciba la mente humana, ha pasado por debajo del agua gracias al poder de sus redes. La inmensa estructura construida gracias al increíble capital amasado en esta actividad y al tráfico de influencias en sectores de decisión, tiene un alcance operativo que trasciende al de otras actividades delictivas -aunque asociadas- como el narcotráfico”.
“¿Alguien lo recuerda? 33 personas captadas diariamente, 64 por ciento de ellas niñas y mujeres ofrecidas “por categoría” y obligadas a atender unos 30 servicios sexuales por día. Y esos son los casos denunciados o captados por quienes se han tomado la molestia de investigar. Hay, sin duda, muchos más perdidos en esta vorágine interminable de escándalos. ¿Qué haremos por ellos?”.
Para profundizar un poco más sobre el asunto de la violencia sexual contra niñas, adolescentes y mujeres en Guatemala, comparto la entrevista que se realizó en marzo del presente año, por el portal español El País. En ella, Carolina Escobar Sarti, (también se las presento, es una de mis articulistas favoritas, que siempre me deja con hambre y con sed, en espera de su siguiente artículo) directora de La Alianza, entidad encargada de proteger a niñas y adolescentes que han sufrido abusos sexuales y que han sido víctimas de la trata de personas, explica la situación actual que viven las niñas y adolescentes en Guatemala, el papel de la sociedad y la forma en que trabaja el sistema.
Cuando lo leí pensé que este texto debe ser reproducido y leído en todas las universidades y escuelas, en el campo, en la ciudad. Que deberíamos leerlo todos, tal vez así empecemos a despabilar.
Esa crueldad nuestra de la indiferencia y el apocamiento, la nula acción política y organizativa; el desamor que, como parte de la indiferencia y la carencia de identidad, nos deshumaniza cada días más.
Quedan muchas preguntas en el aire después de leer esta entrevista, un vacío profundo que ahoga, un dolor ocre en el alma y una cólera a flor de piel. ¿Qué es lo que nos impide luchar por lo que realmente importa en la vida? ¿Qué es lo que nos impide sensibilizarnos y hacer de la indiferencia nuestro catalizador para transformar la sociedad que nosotros mismos hemos corrompido con los patrones patriarcales, misóginos y machistas? ¿Con la corrupción de la que todos somos partícipes, unos por hacer y otros por solapar con el silencio que también beneficia?
Las niñas violadas de Guatemala también nos necesitan, ¿estamos ahí para ellas? ¿Cuándo cambiaremos la cultura del abuso por la del respeto?
Dejo a continuación la entrevista.
El último refugio de las niñas víctimas de trata
Miles de menores quedan embarazadas cada año tras ser violadas en Guatemala. El centro La Alianza trata de luchar contra la normalización de la violencia.
María (nombre ficticio) tenía cinco años cuando unos familiares abusaron sexualmente de ella por primera vez. Desde entonces, y hasta que cumplió 17 años, su vida fue un infierno en la que, incluso, sus paientes llegaron a alquilarla entre los presos de una cárcel para que la violaran. Ahora cuenta con 22 años y lleva cuatro viviendo en La Alianza (ALA), una institución creada en diciembre de 2010 para proteger a las niñas y adolescentes que han sufrido abusos sexuales, violaciones o que han sido víctimas de la trata de personas en Guatemala. Dirigida por la poeta y articulista guatemalteca Carolina Escobar Sarti, esta asociación sin ánimo de lucro atiende a 65 chicas entre los 12 y los 22 años que han sido derivadas por un Juzgado al considerar que sus familias no se podían hacer cargo de ellas o que estaban desamparadas.



