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Córdoba: Pronunciamiento de los organismos de Derechos Humanos frente al suicidio del represor Checchi.

Ex-CCD-La-Perla-CórdobaMediante un comunicado, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba, Abuelas de Plaza de Mayo - Filial Córdoba, Asociación Ex - Presos Políticos de Córdoba e H.I.J.O.S. Córdoba manifestaron su indignación frente al suicidio del represor Aldo Carlos Checchi, quien fuese uno de los jefes del CCD "La Perla" y que estaba imputado en el juicio que comenzará mañana en los Tribunales Federales de Córdoba Capital.


Asimismo, destacaron que los genocidas no pueden estar en condiciones de continuar atentando contra la vida, ya sea propia o la de los demás y recordaron que se ha solicitado su alojamiento en cárceles comunes a la Justicia Federal en innumerables oportunidades.


Con respecto al genocida suicidado, se preguntaron sobre el acceso que tuvo a los medios para atentar contra su vida como también impedir el desarrollo del juicio por los crímenes cometidos hace más de 36 años y recordaron que era oficial de Inteligencia del Ejército, habiéndose desempeñado en distintas secciones del Destacamento de Inteligencia 141 desde 1976 hasta fines de 1979 como asimismo en otros CCD dependientes del Ejército, además de haber sido el sucesor de Barreiro como “jefe de interrogadores” de La Perla.
 
Afirmaron que, al igual que con César Emilio Anadón en 2004 y con tantos otros, Checchi terminó con su vida para no enfrentar un tribunal para dar cuenta de los crímenes que cometió, muriendo impune y conservando su grado militar y su pensión con honores pese a haber sido parte de la Patota de La Perla. Sin embargo, sostuvieron, su suicidio no hace más que confirmar su responsabilidad en los hechos en los cuales había sido imputado.
 
Finalizaron, exigiendo que los juicios no se demoren porque ello permite prolongar la impunidad de los genocidas, los cuales se mueren o se matan sin recibir las merecidas condenas.

Murió un okupa argentino en España: sospechan de la policía (Cosecha Roja / Resumen Latinoamericano).

Juan Pablo TorroijaEl ciudadano argentino Juan Pablo Torroija vivía en un Okupa de Girona, España. Hace veinte días fue detenido por la policía y golpeado de forma salvaje. Agonizó durante dos días en un hospital y murió en circunstancias extrañas. Ni su familia ni el consulado argentino fueron avisados de la muerte.


El cónsul argentino en Barcelona, Felipe Álvarez de Toledo, le exigió a la justicia española conocer las causas de la muerte: “Esta mañana presentamos dos escritos ante los tribunales: uno de ellos pidiendo conocer las circunstancias de la muerte de Torroija, y otro para que el cuerpo no sea inhumado”, explicó. Los familiares esperan que la Cancillería se sume al reclamo de esclarecimiento. Exigen una nueva autopsia y ser parte querellante en el caso.


“La familia y nosotros mismos conocimos los hechos hace muy poco. Por esta razón, la causa debe permanecer abierta hasta que se esclarezcan los hechos de la muerte de este ciudadano argentino”, agregó Álvarez de Toledo.


Hace siete años, Juan Pablo se fue a vivir a España. Quería estar al lado de Jazmín, su novia de entonces. Se vinculó al movimiento okupa de Barcelona, que busca recuperar viviendas abandonadas. El año pasado, cuando la Marcha de Los Indignados se desperdigó por Europa, las cosas se pusieron difíciles. A él y a todos sus compañeros de militancia los echaron de los viejos edificios y empezaron a perseguirlos. Tuvo que irse de la okupa Barna y llegó a Girona.


De 41 años y con una hija pequeña, en la nueva ciudad tenía pocos amigos. Todos sus conocidos estaban en Barcelona o en La Plata y Buenos Aires, sus territorios de antes. Estaba buscando naturalizarse en España y por eso, tenía sus documentos en regla. En cada registro que firmaba, Juan Pablo dejaba el teléfono de su ex - compañera española por si lo necesitaban o por si alguien lo buscaba.


El 10 de julio, a días de su cumpleaños, Juan Pablo desapareció. Este sábado, tras 18 días de buscarlo y llamarlo a los teléfonos de sus conocidos, la familia Torroija se enteró de que llevaba muerto dos semanas. También supieron, en Argentina, que algo extraño le había pasado.




Ese día, o tal vez el miércoles 11, la Policía de Girona, conocida como Mossos d’Squadra, lo detuvo en la calle. Estaba solo. Lo llevaron a la Comisaría Vista Alegre y de allí al Hospital Trueta, en el centro de Girona; al menos, la ambulancia provenía de ese lugar. Aún no había amanecido. Tenía signos de ahorcamiento. La Policía dijo que Juan Pablo había intentado suicidarse. El relato de otro inmigrante dice algo diferente.


Un chico italiano llegó el 13 de julio a la casa de Mariano, uno de los pocos conocidos de Juan Pablo en la nueva ciudad. Le dijo que estaba en el hospital y que unos policías lo habían ahorcado; eso le describió con señas y casi en silencio. Después, el chico italiano se despidió. Solo agregó que él también se iría: los Mossos d’Squadra lo habían amenazado y ahora temía por su vida.


El conocido de Juan Pablo fue al hospital y lo vió agonizar. El cuerpo está guardado en una morgue judicial de Girona.


La familia Torroija se enteró este sábado de esa parte de la historia. Tuvieron que esperar que un amigo de Juan Pablo fuera a España a buscarlo y allí se encontrara con el relato de Mariano, el otro okupa. “Nos dijo que cuando Mariano lo vió estaba todo golpedo en la cabeza, en las costillas del lado izquierdo, en los brazos y con el cuello todo marcado, no por soga, sino por trauma. Que en todos esos lugares estaba cubierto con cinta blanca, como tapando los golpes”, contó una allegada de la familia.


Los médicos del Hospital Trueta habían dicho que el argentino tenía daños irreversibles por la asfixia. El 14 de julio, Juan Pablo murió. Según sus familiares, quien lo vió con vida no pudo avisarles porque no sabía cómo comunicarse: la Policía no le había entregado los objetos personales, donde tal vez estaría anotado un teléfono, un correo, una dirección.


El cónsul argentino aún no ha tenido acceso a la causa. Su muerte debió ser informada al consulado argentino en Girona, así también el proceso judicial que significó la aprehensión. “El cónsul de Argentina en Barcelona se enteró el sábado de la historia. Se presentó hoy al fiscal y no le dieron más explicación que la informada en la autopsia. Hay en este caso violación a los Derechos Humanos, estamos hablando de apremios ilegales y de torturas en situación de cárcel”, dice una allegada a la familia.


Entre Argentina y España hay un océano de distancia. Eso lo saben ahora los familiares de Juan Pablo. Primero, no han podido investigar los hechos o elevar un reclamo de justicia; segundo, no han logrado la repatriación del cadáver. Los amigos del okupa, antes asentados en Barcelona, hoy andan dispersos por toda España, no son ya el grupo cerrado y fuerte de antes de la crisis económica, que podría luchar contra algún desmán oficial. Sus conocidos en Girona son pocos y tienen miedo: temen que por escarbar en el caso de Juan Pablo los persigan aún más, que, como dijo Mariano, “se les vuelva a ir la mano”.


El hermanastro de Juan Pablo, junto a su ex - compañera y su hija, se presentaron con abogados al Juzgado N.° 1 de Girona. Sus intenciones eran que se realizara una nueva autopsia y que los policías que actuaron en la detención fueran interrogados. El juez desestimó ese pedido y agregó que no hay más para investigar: que la muerte del okupa argentino fue un suicidio. Al paso de los hechos, la causa será archivada en 15 días.


La respuesta que obtuvieron las autoridades consulares no fue mayor. Les entregaron el acta de la autopsia y el gobierno local les pidió disculpas por no haber informado del fallecimiento del ciudadano argentino.


NOTA DE REDACCIÓN: De acuerdo a informaciones de último momento, la justicia española cerró la causa, sosteniendo la causal del suicidio.

Córdoba: Se suicidó un integrante del Colectivo por los Derechos y Libertades de Alta Gracia.

encuentro en alta gracia 030En la nota "Hasta siempre Eze...", Cristina Molinari nos cuenta lo sucedido con Ezequiel Guardia, militante del Colectivo por los Derechos y Libertades de Alta Gracia, quien vivía en la Villa La Lonja de la capital cordobesa al no poder regresar a su pueblo por la persecución policial que estaba sufriendo.


"El domingo 1º de enero de 2012, cerca de las 13.00 horas, un cumpa de villa La Lonja, Ezequiel Guardia, “el Eze”, tomó la decisión de quitarse la vida. Desde principios de 2011 vivía en esta villa de Córdoba porque en Alta Gracia, donde había vivido siempre, la policía lo amenazo de muerte y no pudo volver más a vivir con su familia. En 2010, lo detienen acusado de robar una moto, como no tenía nada que ver con la situación se resistió y forcejeó para que no se lo lleven pero no pudo impedirlo y lo cargaron. El mismo policía que lo detiene lo amenaza, “cuando salgas te mato” le dijo. Después de estar 5 meses preso por un robo que no hubo, un juez le da la libertad y asume que se habían “equivocado”. El Eze no pudo volver más a Alta Gracia.


Con ayuda de la Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos Humanos llegó a Córdoba, vivió unos meses en la casa de Sergio, un compañero y abogado del Movimiento Lucha y Dignidad hasta que empezó a instalarse en Villa La Lonja. Vivía desde hace un tiempo en la casa de ' Rambo ' (un vecino, compañero de la Cooperativa de Carreros y Recicladores ' La Esperanza ') y había empezado a trabajar en el carro con ' el chapa ', otro joven compañero de la cooperativa. Con los chicos de la villa había pegado muy buena onda, y para “Rambo”  ya era un hijo más.


La tristeza de no poder regresar a su Alta Gracia y no poder ver a su familia era muy grande, todavía no podía  rehacer su vida en La Lonja, y a pesar de la compañía de mucha gente, las presiones que tenía eran muchísimas; sobre todo económicas, pero también sociales y políticas. Con este panorama, empezó a consumir cada vez más, merca, pastillas, psicofármacos, cada vez menos pudo controlar el consumo y los narcos del barrio se encargaron de que consumiera sea como sea..


' Cumpas, el Eze se ahorcó esta mañana '. Ese fue el mensaje que recibimos y corrimos a La Lonja. Sin mucho para hacer e intentando sacar conclusiones sobre lo sucedido, pensábamos también en el pibe de villa El Nylon que se suicidó en las mismas condiciones, mientras esperábamos que el forense lo viniera a buscar. Como siempre, a los pobres nos pegan más, y la burocracia infame nos persigue, ni si quiera podemos irnos más dignamente de este mundo. El médico demoró mucho, llego a las 22.00 hs., a todos se nos hizo muy larga y muy dura la espera.




Una vez que se fue la Policía Judicial y con ellos nuestro compañero, llenos de tristeza de tener que despedirlo así y cargados de impotencia y de bronca por la manera en que se había ido, decidimos con los pibes de la villa derrumbar la casita en la que el Eze se había suicidado más temprano. ' La cuevita ' le decían a esa casita deshabitada. Es el mismo lugar al que muchos de los chicos iban a drogarse. Los chicxs querían que desaparezca ese lugar para que nadie más corra peligro ahí.


En eso estábamos cuando vino ' el bolita ' (uno de los transas del barrio) a intentar que no la tiremos abajo, porque ' casualmente ' ese lugar había sido su casa antes, y hoy era el lugar donde chicxs desde los 14 años compran su muerte. Entre todos los que estábamos ahí, lo echamos, y defendimos la dignidad del Eze. Quedó claro que lo echamos por transa, y por tener una parte muy grande de responsabilidad en la muerte de nuestro compañero.


Un día después, lo único que queremos decir es que no queremos que muera ningún Ezequiel más, y que para esto y para seguir construyendo poder popular en Villa La Lonja y en cualquier parte de Nuestramérica, tenemos que luchar contra ' los narcos '.


Culpa del negocio enorme que hay atrás de la venta de drogas siempre quedan enroscados muchos compañeros y compañeras, todxs jóvenes, que por distintas situaciones, siempre atadas a la pobreza, la marginalidad y la exclusión, terminan siendo ' útiles ' y la mayoría de las veces víctimas del narcotráfico.  Ayer nada más, en la ciudad de Córdoba, fueron 5 los suicidios de pibes de entre 20 y 30 años en las mismas condiciones.


Si queremos un mundo diferente, desde hoy tenemos que luchar y acompañar a nuestros pibes, pero además vamos a tener que ser más ofensivos. Tenemos que ser consientes de que los narcos y sus perros están muy inmersos en la Villa La Lonja (y en todos los barrios populares). Ya nos enfrentamos cara a cara, saben que los queremos fuera de la villa, pero también saben que tienen mucho poder, y que nosotros por más que seamos muchos, no tenemos las mismas armas. Queremos hacer público que ayer muchos compañerxs, varios pibes de la villa y algunxs militantes del Encuentro de Organizaciones, quedamos absolutamente expuestos, y aunque sabemos que no estamos solos, porque la organización popular es cada vez más grande, no dejamos de creer que el negocio del narcotráfico es muy grande y muy poderoso, que si bien ellos saben que somos muchos, hoy tienen las caras y los nombres de lagunxs de nosotrxs.


Hoy como todos los días, pensamos que cada vez más vamos a tener que dejar huevos y ovarios en la militancia del día a día, y que vamos a tener que ponerle el pecho a la que se nos viene, que va a ser jodida, pero la vamos a llevar con la misma fuerza, el mismo compromiso en honor al Eze y a todxs los pibes que mueren por el narcotráfico.


Con mucho dolor… Levantamos la cabeza y continuamos la construcción del poder popular en la Villa..


Unidad, Organización y Lucha... !


Por la dignidad de nuestro pueblo, hasta la victoria siempre !"

La muerte en el paraíso (APE).

La muerte en el paraíso (APE)


 


 


 


Silvana Melo 2


Por Silvana Melo   



 



(APe).- Enero en El Bolsón es azul y es verde, es valle y es lago y, al menos para algunos, un desaforado remedo del Paraíso. Era algo así para Guillermo Garrido, que venía de Epuyén y pasó por El Bolsón como para dar un toque al Olimpo. Sin tener en cuenta que las residencias divinas suelen ser avanzadas por satanases y sumidas por satanases. Por más bellas que sean y parezcan. Paraísos y Olimpos, tantas veces, cuelgan de los dedos de los represores.


El Bolsón es un paraíso perdido. Bariloche es un Olimpo sin dioses. Río Negro es una caverna de policía terrible.


Tendría un par de cervezas encima esa nochecita. Es que estaba feliz. Con una mujer que compartía su sed de paternidad y que cumpliría años dos días después. (El regalo era un secreto) Pero había que volver a Bariloche porque no podía llegar tarde a trabajar. Apretó el acelerador del Renault 12 para intentar alcanzar el Vía Bariloche y llegar a tiempo. Y cometió infracciones y lo paró la policía pero qué podía pasar. Si la vida había empezado a mostrarle los dientes en son de paz y risa. Las pericias de María Virginia Creimer, enviada por la Procuración bonaerense le descubrieron esa armonía con la vida. Y se la descubrieron diez meses después de muerto – colgado en la comisaría de El Bolsón. Después de colgado – suicidado en el calabozo que debía estar clausurado. Después de suicidado diez meses. Diez meses muerto - suicidado en un calabozo. Por un golpe policial en la nuca.


Se chocó una VW Suran y por eso la contravención y el secuestro del R 12. Y entonces con la policía al Hospital para que lo vieran y con la policía al calabozo de la comisaría porque el contraventor va preso o retenido o aprehendido pero va al calabozo.




Era 13 de enero y El Bolsón es azul y verde en enero. Pero oscura, artera y oscura de noche. A las diez salió del Hospital y volvió a la comisaría. Solo en el calabozo principal. Le sacaron los cordones de las zapatillas. Pero le dejaron el cinturón. Cinco minutos después lo llevaron al baño -el calabozo tiene letrina pero lo llevaron al baño-; la madre llegó a verlo a las once menos diez y le dijeron que estaba incomunicado. Ella quería dejarle algo de comer para que esas horas oscuras no fueran tan oscuras. El policía fue a preguntarle a Guillermo qué le gustaría cenar, en un alarde de cordialidad escasamente creíble. Y lo encontró colgado con su propio cinturón. El que se olvidaron de retirarle.


Como El Bolsón es un diseño loco del paraíso -con feroz infierno trasero- no había médico forense: murió asesinado meses antes en un caso impune que salpica a las instituciones. El juez de instrucción Ricardo Calcagno investiga el crimen como investigó el suicidio de Guillermo. Tanto investigó que archivó la causa a los tres meses. Y hace una semana las pericias -en manos de peritos de otra provincia pedidos por la Procuración de Río Negro- dejaron claro que el suicidio fue de un golpe en la nuca, golpe policial en la nuca, en el calabozo que debía estar clausurado por denuncias organismos de derechos humanos y lejos de estar clausurado fue el envase que eligió la muerte represora con la marca de la gorra en la frente para llevarse a Garrido Guillermo como anota el expediente. Al que no pudieron acceder ni abogados ni familiares antes de que se archivara la causa.


El 11 de julio, sin embargo, volvió a salir de los cajones. Y la perito Creimer, enviada por la procuradora bonaerense María del Carmen Falbo, revisó los huesitos de Guillermo y en tres días supo que había “un golpe en el hueso occipital, por encima de la nuca, de 3 por 2 centímetros, con una posible mancha hemática, compatible con golpe o choque con o contra superficie dura y roma”. Pero además de mirarle los huesos descarnados le reconstruyó los sueños. Y supo que la probabilidad de que Guillermo tuvera ganas de terminar con su vida era tan voluminosa como la filantropía de la policía rionegrina.


Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas y Guillermo Garrido andarán encontrándose en esquinas de los cerros todavía nevados y se levantarán el pulgar, seguramente.


Todos buscando justicia en las esquinas de los cerros.


Por la misma muerte, la misma bala, el mismo golpe.


En el mismo infierno, tan vecino del paraíso.

Mar del Plata: Se suicidó Virginia Ogando.

 


Victoria Ogando 2


 


El pasado 16 del corriente se suicidó Virginia Ogando, hija de Jorge Ogando y Stella Montesano; ambos, secuestrados el 16 de septiembre de 1976 en La Plata y que aún se encuentran desaparecidos, en Mar del Plata.


Criada por su abuela Delia Giovanola, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, siempre supo la verdad acerca de su condición de hija de desaparecidos y estaba segura que tenía un hermano nacido en cautiverio, cuya madre le había impuesto el nombre de Martín.


Virginia buscaba a su hermano y ello la motivó a presentarse a programas de televisión e inclusive, llegó a elaborar un blog http://www.virginiaogandobuscasuhermano.org/ y un grupo de Facebook en pos de este objetivo.


Hoy nos encontramos con su muerte, que no puede ser una más. Cuando el dolor supera lo inimaginable, resulta insoportable.


Para homenajearla y conocer un poco más acerca de ella, les acercamos la nota "Para Virginia Ogando", cuya autoría pertenece a Mariana Eva Pérez, miembro del Colectivo de HIJOS.


Para Virginia Ogando (Saladillo Diario - www.saladillodiario.com.ar)


Virginia Ogando, hija de desaparecidos que buscaba a su hermano nacido en cautiverio, se quitó la vida en Mar del Plata. Tenía 38 años. Tenía 3 cuando fuerzas de seguridad secuestraron a sus padres en la ciudad de La Plata, el 16 de octubre de 1976. Virginia quedó en la cuna, durmiendo, sola. La crió su abuela paterna Delia Giovanola, que se sumó a Madres y luego fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo.
 
Virginia supo siempre que era hija de desaparecidos y que tenía un hermano. Tuvo la certeza de que había nacido, de que era un varón, supo que su mamá lo había llamado Martín y que su papá había llegado a saber de su nacimiento. Desde 1997, cuando tuvo necesidad por primera vez de encarar su propia búsqueda y se presentó en el programa "Gente que busca gente", hizo público su testimonio de distintas maneras. Medios masivos, un documental, un grupo de facebook, un blog... Virginia hizo todo lo que estuvo a su alcance. En algunas ocasiones le hicieron llegar denuncias sobre jóvenes que podían ser Martín. Virginia se volvió detective, los contactó, los animó y acompañó hasta que los análisis genéticos dieron resultados negativos. Virginia lo buscó hasta último momento, le escribía cartas en su blog con la ilusión de que del otro lado de la pantalla estuviera él. Sus textos trasuntan una ilusión casi infantil de compartir la vida con el hermano y presagian la inminencia de un encuentro que no se produjo.
 
Conocí a Virginia en una época en la que me parecía que mi modo de buscar a mi hermano era el único válido. Trataba de convencerla para que se acercara a Abuelas, para que buscáramos juntos a todos. Ella estaba en otra. Me arrepiento de no haber sido más abierta, más receptiva, no haber buscado comprenderla más en lugar de querer sacarla de lo que juzgaba su error. En ese momento a mí me parecía que Martín, como el hermano que yo buscaba, eran las víctimas de esta historia; me parecía que Virginia, que yo, que tantos otros hermanos que "sólo" habíamos sufrido la desaparición forzada de nuestras familias, no éramos las víctimas, o sí pero menos, que habíamos tenido suerte, que la habíamos sacado barata. Estaba profundamente equivocada. Ninguno de nosotros la sacó barata. Virginia, ciertamente, no la sacó barata.
 



No alcanzó haber crecido con su abuela ni haber sabido siempre la verdad. No alcanzó haber recibido lo que el Estado considera que son "reparaciones" por la desaparición forzada de nuestros padres. No alcanzó ni siquiera la política de reconocimiento del Banco Provincia, donde trabajó su papá, donde trabajó siempre Virginia, donde le guardan, todavía, un puesto de trabajo a Martín para cuando aparezca. No fueron suficientes el juicio por la verdad de La Plata ni el proceso judicial que se les sigue a los militares por el llamado "plan sistemático de apropiación de niños". De todo eso tuvo Virginia, que tenía el "privilegio" de contar con testigos y pruebas. Tampoco los homenajes, las placas, las baldosas, los espacios de memoria, nada de eso fue suficiente porque nada de eso estuvo dirigido a ella, a paliar los efectos traumáticos que la desaparición forzada de sus padres y la sustracción de su hermano produjeron en Virginia y que hicieron que su vida fuera imposible de ser vivida.
 
Han pasado más de treinta años; los hijos son hombres y mujeres, padres y madres muchos ellos, pero las marcas siguen a flor de piel. El trauma se reactualiza con la impunidad, con los privilegios de los que gozan los represores procesados, con el ocultamiento de los hermanos robados, con la desaparición o asesinato de testigos como Julio López y Silvia Suppo, con las pericias psiquiátricas destinadas a probar nuestro daño psicólogico para acceder a una "indemnización", con la incertidumbre sobre el destino de nuestros padres y la falta de cuerpo, que nos impiden realizar el duelo.
 
Me suena a poco despedir a Virginia con la promesa de seguir buscando a Martín. Porque mientras buscábamos a Martín, se nos perdió Virginia. Ya no habrá justicia, nunca, aunque Martín se encuentre. Cabe preguntar quién estaba desaparecido, quién desaparece cuando el Estado secuestra, tortura y mata en la clandestinidad.
 
Que me digan ahora que los hijos son la segunda generación de afectados o que son portadores de una "post-memoria", categorías extrapoladas del Holocausto que sólo sirven para evitar pensar en el alcance directo del accionar genocida sobre los hijos.
 
Que me digan ahora que los hijos ya recibimos nuestra reparación, que el Estado no nos debe nada, que esa deuda fue saldada con títulos públicos.
 
Que me digan ahora que es más urgente ocuparse de las víctimas del paco que de los hijos de desaparecidos.
 
La muerte de Virginia nos confronta con la necesidad y la urgencia de pensar en los efectos en el presente de eso que amenaza con volverse pasado épico, mito fundante, discurso en el fondo vacío si disociamos a los desaparecidos de las familias que aún hoy sufren su ausencia. La muerte de Virginia nos confronta con la necesidad y la urgencia de encontrar a todos los hijos que faltan, no de esperarlos, no de confiar en que se les despierte la duda y sepan qué hacer con ella, sino de salir verdaderamente en su búsqueda, con todos los recursos que tiene el Estado y que ha venido desaprovechando sistemáticamente. No alcanza con declarar (o declamar) que cuando encontremos a Martín esto o aquello. No alcanza con numerar a los hijos encontrados y celebrar los hallazgos que se producen a un ritmo moroso que por alguna extraña razón no parece preocuparle a nadie. No alcanza con llenarse la boca de agradecimientos para Delia y para todas las Abuelas. No le alcanzó a Virginia. No alcanza.
 
Mariana Eva Perez. (miembro del Colectivo de Hijos)


16 de agosto de 2011.