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Colombia: El desplome uribista (Kaos en la Red)

Si-Paz

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Con pocos dias de recorrido la campaña por el Si a la paz y la vida en el plebiscito del 2 de octubre desbarata la mentira de la ultraderecha uribista.

Con la campaña plebiscitaria caminando, la sociedad colombiana saca a relucir sus mejores reservas políticas y democráticas para rechazar los pregoneros de la guerra y la mentira.

Crece la audiencia del Si a la paz en el plebiscito del 2 de octubre.

Uribe Vélez y su camarilla viven el repudio generalizado de los colombianos. De la multitud entusiasmada con la reconciliación.

Coincido con la regla de oro del debate respetuoso y tolerante hacia el adversario, reconociendo su derecho a discrepar y a sustentar sus tesis y postulados.

El plebiscito convocado para refrendar el Acuerdo de Paz es uno de esos momentos en que tal conducta debe primar, por encima del señalamiento, la descalificación o el estigma.

Los del Si tenemos nuestros argumentos y reflexiones para pedir el apoyo ciudadano a los consensos alcanzados en la Mesa de Diálogo de La Habana, que sobresalen por su fuerza ética y coherencia política, por su lógica y coincidencia con la realidad.

Los del No, cuando se trata de personas de buena fe, influidas por la desinformación o la mentira, los asumo en la diferencia y natural diversidad que acompaña la percepción e interpretación del proceso de la paz.

Sin embargo, encuentro absurda y disparatada la campaña adelantada por la ultraderecha que encarna el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su núcleo más cercano.

Por más que el caudillo paisa se ufane de usar argumentos y razonamientos coherentes para demeritar los consensos de paz, las mentiras y la manipulación deliberada se pone de manifiesto a cada paso. Es un campeón del engaño y la falacia. Su deshonestidad brota por doquier. Es así con la cuestión agraria, para desconocer el sentido de justicia de lo pactado. O con el tópico de justicia cargada de verdad, rigor y audacia como instrumento contra la impunidad y la corrupción. Y con el tema de los derechos políticos, sociales y económicos consagrados para los combatientes revolucionarios comprometidos con la acción política sin armas en los escenarios proyectados para el denominado post conflicto.

Colombia: ¡ Y ahora la paz !

Paz en Col

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Despues de la firma del Acuerdo de paz, viene su construccion con derechos y conquistas para el pueblo colombiano

Firmado el acuerdo de paz ahora lo que viene es su construcción.

La paz proyecta un escenario de luchas y accion ciudadanoa para hacer efectivos los derechos conquistados.

Trascendental X Conferencia de las FARC

No fue inútil el trabajo perseverante de los delegados plenipotenciarios del gobierno y de las Farc en la Mesa de diálogos de La Habana, desde el segundo semestre del año 2012, recogiendo un acumulado previo, construido silenciosamente en distintos escenarios para preparar el Acuerdo especial que sirvió de plataforma a las rondas de negociación para terminar el conflicto social y armado.

El resultado es un complejo y detallado documento que contiene el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera (http://bit.ly/2c4Sqlj).

Texto que se tilda de mamotreto farragoso, incomprensible, confuso y de difícil acceso para millones de seres humanos, convocados para el próximo 2 de octubre a un plebiscito en el que debe darse un pronunciamiento que lo legitime.

Consideración demagógica que parece tener el asentimiento de muchos, pero que en realidad es bastante deleznable si se atiende a la experiencia humana respecto de tales procedimientos.

Pretender que un fenómeno, tan complejo y prolongado, como la guerra civil que nos ha carcomido a lo largo de más de medio siglo, se despache en un acuerdo de dos páginas es una tontería descomunal.

En la sociedad todo lo complejo y denso es así. Lo es la vida religiosa recogida en gigantescos textos bíblicos, de miles de páginas. Lo es la acción penal organizada en extensos códigos sustantivos y de procedimiento. Lo es la organización del Estado condensada en amplias cartas con normas superiores y genéricas.

Hay que ver los ladrillos en que se han convertido los planes nacionales de desarrollo, los departamentales y municipales. Los Planes de Ordenamiento Territorial. Y, aun así, cumplen su tarea.

El Acuerdo alcanzado por las partes en Cuba será la carta de navegación de la sociedad en los próximos años, pienso yo hasta el 2055. Sera necesario convertirlo en un documento obligado de consulta  permanente para entender el sentido de los hechos políticos que vendrán.

Ahora, en gran medida, tenemos la paz por la entrada en vigencia del cese bilateral al fuego y de hostilidades estable y permanente. Pero sigue su construcción paciente en un contexto de mucho conflicto social porque lo pactado será la programática sustantiva de la demanda popular.

Si la Agenda de los Diálogos de la Paz iba al corazón mismo del origen y permanencia del conflicto armado, lo coherente es saltar, en lo consensuado, del papel a los hechos, en todos los campos: en el agrario, en el de la apertura democrática, en el de justicia, en el de las víctimas, en el de las garantías políticas para las FARC así como en su representación pública, en el de los cultivos de uso ilícito, en el de la implementación, en el de la verificación, en la erradicación eficaz del paramilitarismo y en el de la amnistía e indulto a cientos de presos políticos aun en las penitenciarías gubernamentales.

Será preciso vencer muchas resistencias y superar la arraigada inconsistencia de las elites, inclinadas a desconocer y distorsionar los compromisos establecidos. Toca ir paso a paso. Toca darle forma a las instituciones creadas para el efecto.

Colombia: ¿Fracasara el SI en el Plebiscito de la paz? (Kaos en la Red)

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Por Horacio Duque Giraldo

Las encuestas indican que el No a la paz se impondría en el Plebiscito santista.

Varios errores explican el desplome del SI en el Plebiscito de la paz convocado arbitraria y unilateralmente por la elite politica de la Casa de Nariño, desconociendo el Acuerdo especial de agosto del 2012, entre las FARC y el Estado.

¿Cuál es el afan de hacer un plebiscito en 6 semanas, bajo la conducción de una desacreditada clase política de gamonales corruptos y desconociendo a la sociedad civil y a los movimientos sociales y populares?

¿No será el momento de proyectar la Asamblea Constituyente de la paz, soberana y popular?

La legitimación de la paz mediante el plebiscito que se ideó el señor Santos a su manera, no parece convencer a la mayoría de los colombianos según lo indican las más recientes encuestas sobre las votaciones por el SI o el No en la fecha que se establezca en su momento para definir este delicado tema que produce grandes tensiones y controversias.

La frialdad e indiferencia de millones de personas es la nota más sobresaliente en la cultura política de los colombianos frente a los avances del proceso de paz y la eventual realización de una refrendación.

La Revista Semana ha hecho pública una encuesta de Ipsos para RCN Radio y Televisión, La F.m. y SEMANA en la que se evidencia que la mayoría de los colombianos están afectados por el derrotismo y el escepticismo. Solo tres de cada diez personas tienen esperanzas en que los diálogos de paz lleguen a buen término, y siete de cada diez sienten que las cosas van por mal camino (http://bit.ly/2aSmsXZ).

Por primera vez los ciudadanos que afirman que votarían No al plebiscito con el que se busca refrendar los acuerdos de paz son más que los que votarían por el Sí. Mientras, en junio, el 39 por ciento señalaba que votaría No; ahora, cuando la convocatoria al plebiscito es una realidad, la cifra de los opositores asciende al 50 por ciento. En cuanto al número de personas que respaldan el Sí, en las últimas seis semanas esta cifra pasó del 56 al 39 por ciento, es decir, 17 puntos. El número de indecisos se duplicó, al pasar del 5 al 11 por ciento (http://bit.ly/2aSmsXZ).

¿Cómo explicar esta tendencia coyuntural de la ciudadanía?

Mi reflexión intenta dar respuesta a tal cuestión en los siguientes términos:

Colombia: Plebiscito y demodiversidad (Kaos en la Red)

demodiversidad

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Humberto de La Calle, delegado del gobierno en los Diálogos de Paz de La Habana, abre un interesante debate sobre la democracia ampliada que propicia la apertura democrática.

La demodiversidad, como expresion de una democracia no institucional, es un referente que enriquece el proceso plebiscitario y la democracia ampliada que propicia la apertura democrática del proceso de paz que se adelanta entre el Estado colombiano y las FARC.

Las tesis de Humberto de La Calle, planteadas recientemente, son un trascendental aporte en el debate civilizado sobre los desafios que las conversaciones de paz le plantean a la sociedad respecto de la construccion de un nuevo regimen de libertades y derechos civiles.

Bienvenidas sus interesantes y sustentados análisis, poco frecuentes en el ambito de la elite dirigente nacional. Las acogemos con todo el respeto y las valoramos con el rigor correspondiente.

El proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC ha suscitado una importante reflexión sobre la democracia colombiana y sus nuevos escenarios.

Humberto De La Calle, delegado del gobierno para los diálogos, ha planteado en reciente artículo del portal "La Silla Vacía" (http://bit.ly/2amyFnx), un conjunto de consideraciones al respecto, sustentadas en la premisa que insinúa un vaciamiento de contenido de la democracia colombiana, que bien puede caracterizar ese sistema político en el momento; valoración acentuada a partir de los Diálogos de La Habana para poner fin al conflicto con las FARC.

Los problemas estructurales de la idea liberal

Agrega que primero están los problemas estructurales de la idea liberal.

Indica que las troneras son varias: la idea de la igualdad ha sido reemplazada por la visión postmodernista de lo específico. Y dice, en esencia, es la noción misma de ciudadanía la que está en quiebra.

Sostiene que ahora tenemos una democracia que juega en diversos tableros. La irrupción de los movimientos sociales es una realidad que desborda los conceptos originarios (http://bit.ly/2amyFnx).

La segunda tronera viene de un examen microscópico del poder: influencia de los grandes capitales, financiación de la política, dañado y punible ayuntamiento entre el Ejecutivo y los flamantes “representantes del pueblo”. Es decir, democracia aparente como mascarón de proa de un sustrato plutocrático.

La tercera tronera viene de la ética: corrupción, beneficio personal, finlandización de las decisiones por interés inconfesable.

Y concretando, hace este diagnóstico sobre el caso específico nacional: en realidad, pese a la multifacética apelación a la democracia participativa en la Constitución del ' 91, la práctica ha sido bien distinta. Lo que sí ha ocurrido, es un crecimiento inorgánico de mecanismos informales de participación ciudadana, arropados bajo el manto de la insatisfacción (http://bit.ly/2amyFnx).

Dignidades campesinas, paros caminoneros, la desvelada voz étnica, el clamor por la apropiación de la identidad sexual, en fin, manifestaciones superpuestas y fragmentarias cuyo denominador común es la protesta y la antipolítica.

El riesgo no es la protesta, agrega. El riesgo son las limitaciones de la protesta. La incapacidad de encauzar acciones y metas mediante procedimientos eficaces. La protesta no como medio, sino como fin.

Y en el territorio de la democracia participativa, surge una cuarta tronera de reciente cuño: Democracia no es tanto método para decidir por mayoría, sino instrumento para proteger las minorías. Los derechos pesan más que la estadística.

¿Qué sigue?, se pregunta De La Calle.

Primero hay que refinar el diagnóstico sobre el sitio preciso en que nos encontramos. Una especie de GPS que señale si estamos en el ocaso de la democracia liberal, o en el amanecer de una nueva gobernanza postmodernista. O también, aunque suene difícil, si las sombras son pasajeras y hay un nuevo futuro para la democracia representativa (http://bit.ly/2amyFnx).

En Colombia hay un mosaico de acciones centrífugas, precisa.

Una “clase política” miope prefiere seguir en el banquete sin pensar en las consecuencias

Segmentos bien intencionados, en cambio, trabajan en las refacciones del edificio, con la creencia de que la estructura está sana: normas sobre partidos políticos, financiación de campañas, sistema electoral, ampliación y refinamiento de la representación.

Otros buscan por el lado de los movimientos sociales. Una pista alternativa como suele ocurrir en ciertos festivales del arte pictórico: un salón de rechazados. No digamos que un circo de dos pistas para no caer en la ácida diatriba.

No pocos juegan el juego ciego de la insatisfacción que se nutre a sí misma, plantea.

Y la mayor porción de nuestros ya casi cincuenta millones de habitantes, bastante desentendidos, embargados en la lucha por el condumio, la faltriquera, léase la simple supervivencia.

La disyuntiva no se resolverá súbitamente. No se ve algo que ocurra de la noche a la mañana.

Pero lo que sí es cierto es que el armazón representativo que hoy tenemos está mostrando grietas, sostiene HDLC.

Las ideas de La mesa de La Habana

De la Mesa de La Habana surgen ideas, por ahora acaballadas en los dos escenarios: mejoramiento del funcionamiento representativo pero a la vez revisión de sus linderos a fin de buscar una arquitectura más incluyente.

Antes de un diagnóstico final, que quizás se demore, lo que sigue en el inmediato futuro es escoger entre la nostalgia del autoritarismo o la acción cuidadosa y transicional buscando conducir las aguas de los conflictos sin desbordamientos cataclísmicos.

Lo que sí es cierto es que terminado el conflicto interno militar, el conflicto social perdurará. El reto es no matar el tigre y asustarse con el cuero. Ante el fragor social, lo peor sería dar marcha atrás y llamar a somatén para reiniciar la guerra.

Ese será el momento de la serenidad, de la mente abierta para asimilar el conflicto y para impulsar el cambio. No será el momento del retroceso, se plantea.

Una visión sin arrogancia, sin temor del “ensayo y error”, distribuyendo el ojo y el oído de la autoridad en un escenario genuinamente plural para ir construyendo con paciencia de abeja obrera un nuevo tejido que permita una gobernanza sostenible, recomienda.

No se puede menos que coincidir con estas sugerentes cavilaciones del representante del gobierno del presidente Santos en las conversaciones para poner fin a la guerra.

Ampliar el ejercicio reflexivo sobre una nueva democracia

Sin embargo, el reto consiste en profundizar el ejercicio de pensar los términos de lo que la apertura política en curso ha propuesto como democracia ampliada y lo que puede significar el Plebiscito por la paz.

"El denso y fecundo comienzo de un nuevo ciclo político, deja en evidencia, una vez más, los síntomas del agotamiento del modo de producción de conocimiento vigente y todavía dominante en nuestra sociedad", afirma Capece Woronowicz (http://bit.ly/2asalSu). Más específicamente, consideramos que la peculiar cartografía (cartas geográficas) social, gestada durante al menos las dos últimas décadas, escenario de una renovada conflictividad y vitalidad social, vuelve a colocarnos frente a la necesidad y la posibilidad de una transformación epistemológica de las Ciencias Políticas. Nos plantea la autora: "Ubicamos estas líneas reflexivas", al hilo de Capece Woronowicz, "en el marco de un contexto crítico y transicional de la producción de conocimiento en Colombia que demanda un pensamiento capaz de elaborar la incertidumbre y de comprender la organización transformativa de los pueblos. Ya difundida y generalizada cierta conciencia preliminar sobre la indispensable necesidad de reformulación conceptual, analítica, y epistemológica, ahora se impone un esfuerzo de extraordinaria imaginación que nos permita captar la esencia de la doble dinámica de lo social, expresada en una rica y múltiple imbricación de fases y procesos que se orientan tanto a la recomposición como a la descomposición de lo social, en el análisis de Svampa" (http://bit.ly/2ajHUGY).

Experimentando el tipo de realidad social radicales transformaciones y alterándose de modo también sustancial el tipo de participación que el individuo tiene en la producción de esa realidad, es de esperar también que la capacidad de creación de conocimiento se desarrolle mucho más allá de los límites conocidos.

Esta reflexión sobre el plebiscito en su relación con la demodiversidad pretende participar y nutrir el actual debate sobre la ampliación de la democracia.

Los campos problemáticos que durante los años noventa y primera década del siglo XXI, dominaron el análisis de la democracia en Colombia han sido relegados por nuevas preocupaciones teóricas y políticas a raíz del proceso de paz, como las tratadas por De La Calle.

Resulta fundamental analizar y comprender estas transformaciones en toda su magnitud, transformaciones que son gestoras de nuevos mapas políticos (todavía en formación) que prefiguran inciertos panoramas en nuestra nación. En particular, lo que nos interesa destacar es que el derrotero del proceso de construcción democrática propio del ultimo lustro, ha gestado un nuevo piso de debate y esto, quizás, a causa de la intervincularidad de tres procesos sobresalientes: la consolidación fáctica de la democracia electoral; la difusión de una profunda insatisfacción con los resultados de esa democracia electoral y clientelar; y, lo que más nos interesa poner de relieve, la proliferación de experiencias de innovación y profundización democrática que está resignificando la idea misma de democracia como lo hemos podido observar con los paros agrarios, la Minga indígena, campesina y afro y la movilización en curso por el SI en el Plebiscito (http://bit.ly/2asalSu).

Intrínsecamente vinculado con el fenómeno de difusión de crisis políticas significativas montadas sobre un inusitado ciclo de protestas, se da la ampliación del campo de la política cristalizado en la proliferación de experiencias de innovación y profundización democrática basada en principios de generalización del ejercicio de los derechos, apertura de los espacios públicos con capacidades decisorias, participación política de los ciudadanos y reconocimiento e inclusión de las diferencias.

"A partir de los años recientes, diferentes movimientos sociales han desarrollado un nuevo ciclo de protestas que inauguran novedosas formas de acción y deliberación, ligadas a la ampliación del canon democrático. Posiblemente lo más seductor de este ciclo de experiencias de conflicto y crisis sea que no se trata de hechos aislados, sino de factores emergentes que evidencian tiempos de cambio que es necesario sostener", plantea Capece Woronowicz. (http://bit.ly/2asalSu).

Todo orden democrático está definido por su carácter conflictivo, abierto y plural en tanto que la vitalidad de la democracia radica en su capacidad de reinvención permanente. En este sentido, la relevancia de este tipo de análisis actualizados sobre el desarrollo democrático se sostiene en la consideración necesaria sobre la problematicidad del clima social de los años recientes, caracterizado por grandes acciones de masas que han cuestionado el modelo neoliberal, especialmente en su componente agrario.

Es precisamente la protuberancia de este campo de experiencias sociales, síntoma evidente del surgimiento de un nuevo período que marca un momento de inflexión histórica, lo que ha dado lugar a un florecimiento del debate sobre la democracia. En la producción teórico - analítica propia del actual debate asociado a la convocatoria del Plebiscito para refrendar los Pactos finales de Paz, podría afirmarse que las Ciencias Políticas desarrollan dos horizontes diagnósticos respecto del estado de avance de la apertura democrática. Por un lado, puede constatarse la presencia y vigencia de un diagnóstico del derrotero de Colombia a lo largo de los años ' 90 y primera década del siglo XXI, que pretende dar cuenta de un crónico y multidimensional déficit democrático, que la Constitución de 1991 intentó superar, que, de modo consecuente, se materializa en un sobrextendido pesimismo sobre la democracia. Por otro lado, la perspectiva en tensión, delineada desde comienzos del actual proceso de paz, se orienta a realzar cierta tendencia a la revigorización de la política derivada del interés renovado en la reconstrucción del espacio público como ámbito en el que se definen los rumbos y modalidades de la convivencia colectiva. Esta segunda perspectiva signada por cierto optimismo hacia un desarrollo democrático diferente, da cuenta de experiencias novedosas que, en nuestro caso, se expresan manifestando un nuevo compromiso colectivo, de afianzamiento democrático. De hecho, esta segunda perspectiva no confronta explícitamente con la anterior, sino que se puede considerar que el ánimo de ambas coexiste y, en simultaneidad, alimentan un nuevo campo de interpretación sobre el desarrollo democrático en momentos de paz. "Este ánimo se expresa incluso en el espacio de las Ciencias políticas, donde el debate sobre la democracia se amplía, desvinculándose de las contribuciones más economicistas y neoinstitucionalistas reinantes durante la década anterior", considera Capece Woronowicz (http://bit.ly/2asalSu).

Renovar el debate político

Hasta hace muy poco tiempo, la reflexión y el debate políticos habían perdido vitalidad y contenido entre nosotros. En este sentido es que se plantea que requieren ser renovados y promovidos. Los análisis referidos a la democracia existente han ganado espacio, no obstante, la construcción de una cartografía teórico-analítica que habilite nuevas interpretaciones y líneas sustantivas explicativas de lo que sucede fuera del ámbito institucional, como los paros y mingas étnicas, en términos de desarrollo democrático, es un elemento prácticamente ausente. En virtud de este diagnóstico es que asumimos la tarea de desarrollar el concepto de demodiversidad  y a partir de él, dar cuenta de las experiencias que en la región invitan a una reinterpretación de la democracia en términos de construcción colectiva posible.

La lucha por la demodiversidad y la importancia del plebiscito

El nuevo ciclo de movilizaciones sociales y populares vinculadas con el proceso de paz que se adelanta en la Mesa de negociaciones de La Habana tiene como substrato común la lucha por la demodiversidad. (1)

Colombia: ¿Para cuándo y cuántos votos por el Plebiscito de paz? (Kaos en la Red)

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Por Horacio Duque Giraldo

La fecha de realización del Plebiscito, su campaña y votos por el SI, son dos puntos centrales en la terminación de la guerra en Colombia.

No hay que permitir que el señor César Gaviria desvíe la naturaleza y fines del Plebiscito de paz dados sus pésimos antecedentes como gestor del neoliberalismo y de 25 años más de guerra contrainsurgente, con los bombardeos criminales de la Uribe en el año 1990.

Dos datos son claves respecto del plebiscito de paz que recibió el visto bueno de la Corte Constitucional con el fallo del 18 de julio, cuyo texto aún no se conoce en su integridad.

Me refiero a la fecha de su realización y al número de votos por el SI que lo consolidaran como el mecanismo excepcional de refrendación y legitimación del Acuerdo final que firme el gobierno del Presidente Santos con la delegación plenipotenciaria de las FARC.

Sobre la fecha

Respecto de la fecha de las votaciones es necesario considerar los siguientes elementos.

La Corte Constitucional, según informó el martes 19 de julio, dará a conocer en los próximos días el texto completo de la sentencia. A partir de allí, el fallo será remitido al Congreso. De allí, tiene que ser enviado a la Presidencia para su respectiva sanción. Todo este proceso no debería tardar más de 15 o 20 días, como máximo, lo que quiere decir que eso ocurrirá hacia la tercera semana de agosto.

Adicionalmente, el Presidente Santos sólo podrá informar oficialmente al Congreso que convocará un plebiscito cuando tenga en la mano el Acuerdo Final de Paz. Para ello debe esperar a que en la Mesa de Negociación de La Habana se terminen las conversaciones, lo que implica, entonces, que deben evacuarse no menos de 50 temas pendientes que no fueron resueltos cuando se cerraron las discusiones de cada uno de los seis puntos de la agenda, además de establecer un consenso sobre el estratégico tema de los ajustes institucionales a la maquinaria del gobierno para adecuarla a la implementación de los acuerdos de paz, que, obviamente, deben trascender la retórica de los modelos neoliberales de la Nueva Gestión Publica que promueve e impone la OCDE y sobre la convocatoria de una Constituyente social que profundice los acuerdos.

En esas circunstancias, es probable que en la primera semana de octubre terminen cada uno de estos procesos previos para que entre a rodar el mes de pedagogía y promoción del Pacto final, ordenado por la Corte, con las FARC, lo que conduce a inferir que será a mediados o en la tercera semana del mes de noviembre que se den las votaciones. O tal vez, ello ocurra el 1º de diciembre como sucedió en el plebiscito de 1957 que se realizó en tal día.

Sobre los votos por el Plebiscito

Hay varias hipótesis alrededor del número de votos que se deben depositar por el SI en el Plebiscito, para que se legitime y consolide el potencial político de este mecanismo extraordinario de paz y transformación democrática.

Al respecto, coloquemos, en primer lugar, como un elemento de referencia las encuestas que se conocen hasta el momento sobre el tema.

De un lado, la primera encuesta conocida esta semana, después del fallo de la Corte, pone de presente no sólo que un 47,6% de los consultados está en contra de lo negociado en La Habana, contra un 34,4% que lo apoya, sino que al preguntárseles sobre qué harían para oponerse a la aprobación del plebiscito, el 51,9% dijo que no iría a las urnas y un 36,3% que votaría “No”.

Hasta ahora las encuestas conocidas no permiten arrojar una única conclusión: según la Gran Encuesta de SEMANA y RCN, el 36 por ciento de los colombianos votaría por el Sí, el 25 por ciento por el No y el 36 por ciento no votaría; para el Centro Nacional de Consultoría, el 74 por ciento de los votantes marcaría el Sí y el 26, el No; y para Cifras y Conceptos, el 65 por ciento de los ciudadanos acudiría a las urnas, y de ellos más del 70 por ciento -que equivale a 8 millones de votos- escogería el Sí.

Pero independientemente de los sondeos, el Sí cuenta con mucha artillería. La bandera de la paz, aunque esta sea percibida como imperfecta, es taquillera y esperanzadora, afirma la revista Semana.

Dos observadores políticos de reconocida solvencia analítica plantean las siguientes hipótesis sobre la cifra adecuada por el SI en el Plebiscito.

Francisco Gutiérrez Sanín, en el diario El Espectador, plantea que los amigos de la paz deberían plantearse una meta mínima de votos a obtener en esta elección trascendental. Algo así como siete millones, como piso (http://bit.ly/29XtyHP).

García Duarte se hace la siguiente reflexión sobre la materia: en principio, la misma firma de la paz debiera traer una inmediata reorientación en las actitudes, las que ahora serían más favorables a consignar el SÍ respecto del Acuerdo. Que este flujo de nuevas reacciones en los individuos no se disipe pronto, dependerá de la eficacia simbólica con las que las fuerzas progresistas enfrenten la coyuntura.

De hecho, unos 7 millones de votos, o poco menos, debieran respaldar dicho acuerdo, una especie de plante en las apuestas armadas con la baza de la paz. Son los mismos votos que resultan de sumar los 3 millones de electores independientes y de izquierda, con los cerca de 4 millones, conquistables por el santismo; es decir, el caudal movilizable por las invocaciones de la coalición de gobierno.

De ahí en adelante, cualquiera movilización adicional, estaría configurando una encrespada ola por la reconciliación. De la cual, podría hacer parte una auténtica constelación de iniciativas políticas y ciudadanas. Sería un evento tremendamente estimulante desde el punto de vista del espíritu de cambio, en un país derechizado por la guerra. Aunque el plante de 6.800.000 votos o incluso de los 7 millones, ya sugeridos, no estaría nada mal, sostiene (http://bit.ly/2aiBIx2).

"En todo caso", como lo afirma Gutiérrez Sanín, "yo les aconsejaría a todos los amigos de la paz que no den por descontado que esto va a ser tarea fácil. Por un lado, está la oposición del uribismo -que es una corriente de opinión nada despreciable, al menos si el criterio es el tamaño (otra cosa es si el criterio es su retórica)-. Por otro, está el desgaste del Gobierno, el despelote de los partidos pro - paz, y la apatía de grandes sectores de opinión".

"El problema inmediato consiste", agrega, "en que el plebiscito puede perderse de tres maneras. Primero, quizá no exceda el modesto umbral que tiene que conseguir. Segundo, el ' sí ' tal vez alcance menos votos que el ' no '; muy improbable, pero aún así una opción que tiene que ser considerada. Pero también es posible, en tercer lugar, que el ' sí ' pase el umbral raspando. Una victoria basada en 4.600.000 votos sería pírrica, y dejaría intactas todas las condiciones para que la orientación desestabilizadora de la oposición de extrema derecha se mantuviera.

La campaña política por el SI

Colombia: El Plebiscito y una nueva concepcion de la democracia (Kaos en la Red)

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Foto: TeleSur

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

El Plebiscito especial para la paz pone a temblar el viejo modelo de la democracia liberal oligarquica colombiana. Hay que elaborar y construir una nueva concepcion de la paz

El proceso de paz esta transformando el regimen de democracia liberal colombiana y con el Plebiscito para la terminacion del conflicto lo que se espera es un reconfiguracion de la democracia para propiciar una nueva relacion entre Estado y sociedad civil.

El Plebiscito especial que se realizará en Colombia en los proximos meses para legitimar el Acuerdo de paz está modificando los viejos parametros de la democracia representativa y del partidismo clientelar.

La nueva democracia ampliada que se expresara en el Plebiscito deja en el aire los agentes de la violencia y del uso de las armas como instrumentos de coaccion politca.

Daremos nuestro respaldo al plebiscito con un SI al Acuerdo final que se firme entre el gobierno del Presidente Santos y las FARC, momento en que se inicia la campaña para las votaciones que refrendaran el fin del conflicto social y armado, que bien pueden ser en octubre o una fecha posterior, pues aún faltan varios temas por pactar en la Mesa de Conversaciones..

Haremos la pedagogía para la paz para comprometer más ciudadanos con la paz y la convivencia.

Para ganar millones de colombianos que rechacen la violencia, realizaremos todas las tareas que sean convenientes. Nada está seguro hasta el momento y, hacer las cuentas de la lechera, con la entelequia de los 10 millones de votos es puro folclorismo barato que afecta la construcción de una consistente voluntad nacional por el fin del conflicto.

Conseguir votos es una tarea muy difícil. Convencer a la gente no es fácil. Por eso no pecamos de ilusos ni nos pegamos a fantasías politiqueras acompañadas de la consabida crematística clientelar.

Los impactos democráticos del Plebiscito

Como quiera que el Plebiscito es un acontecimiento político de envergadura. Un proceso extraordinario que pocas veces se da en la sociedad, resulta necesario reflexionar sobre sus implicaciones e impactos en la democracia liberal colombiana.

Los interrogantes

Las preguntas que nos hacemos son las siguientes: ¿transformará el plebiscito de la paz la democracia limitada que prevalece en el sistema político colombiano? ¿Permitirá una relectura de la democracia como modelo de organización y relacionamiento político de los integrantes de la sociedad?, en ese sentido  también conviene plantearse: ¿Cómo caracterizar la actual democracia colombiana? ¿Cuáles son los problemas que la afectan en su funcionamiento? ¿Cuáles son los nuevos paradigmas de la democracia en la actualidad?

ABC del plebiscito de la paz

Abordar estas cuestiones implica, en primer lugar, establecer el contenido y los alcances del Plebiscito que se convocara próximamente. Claramente no se trata de un procedimiento rutinario en la gestión de las instituciones liberales. Su realización se encadena al proceso de paz y al enfoque de la democracia ampliada pactada en el consenso sobre participación política. Es fruto de la apertura democrática que ocurre con ocasión de las conversaciones de paz con la guerrilla de las FARC.

El plebiscito sólo es posible y explicable como recurso para salir de la crisis que propicia la violencia y la lucha armada.

Comprender las dimensiones de dicho evento supone aproximarse con la mayor objetividad a la Ley que lo reglamentó (1) como una herramienta especial para legitimar la paz y a la sentencia con el pronunciamiento de la Corte Constitucional que determino su exequibilidad.

Allí hay mucha tela que cortar.

La ley salió como entró a la Corte. Justo a la medida de los requerimientos y exigencias de la coyuntura.

Los aspectos nodales de la jurisprudencia son muy concretos: se trata de un plebiscito especial para la paz; el umbral es del 13%, esto es, casi 4.500.000 votos; son los sufragios que debe sacar el SI para que triunfe; los funcionarios públicos podrán y deben participar en la campaña correspondiente; su aprobación tiene efectos vinculantes para el Presidente que lo convoca, pero no para el resto de poderes públicos; los ciudadanos podrán conformar comités promotores del SI o el NO, según reglamentación que expida el Consejo Nacional Electoral; la votación mayoritaria por el SI blinda el Acuerdo final de Paz hacia el futuro como un compromiso y obligación de Estado; si se impone el NO, habrá que comenzar de nuevo con los Diálogos de Paz; la campaña se inicia al momento de la firma del Acuerdo definitivo de Paz; no vale el voto en blanco; la campaña dura un mes y debe incluir una amplia pedagogía de la paz; nadie puede utilizar el plebiscito para promover campañas presidenciales o candidaturas a cargos de representación;  y los medios de comunicación, todos sin excepción, tiene la obligación de adecuar espacios para la promoción del plebiscito.

Para intentar aclarar la incidencia de este evento político excepcional en la democracia realmente existente, asociada con la exclusión, la desigualdad, la abstención, la apatía, la corrupción y el clientelismo, es necesario intentar caracterizar de manera muy objetiva el tipo de régimen político prevaleciente en el Estado.

Previamente hay que hacer un punteo de orden histórico.

Algunas consideraciones históricas sobre la democracia colombiana

En Colombia, la incorporación de la democracia representativa, no fue precisamente producto del proceso de industrialización y modernización como en los países del occidente europeo y los Estados Unidos, sino que fue introducida tempranamente como parte del ordenamiento jurídico y político que siguió al proceso de independencia de 1810. En muchos casos, estuvo completamente desligada de la realidad política y socio - cultural en que se debatían las incipientes mayorías nacionales, y por tanto, no cumplió la función homogeneizadora de las sociedades avanzadas.

Particularmente en el caso colombiano,  la democracia liberal se asentó sobre una sociedad heterogénea, en la que no se cumplía el principio de la democracia representativa como cuantificación de la voluntad colectiva, porque el porcentaje de población habilitada como ciudadana para ejercer sus derechos políticos era mínima (en virtud del voto censitario), pero sobre todo porque no existían las condiciones materiales para la liberalización del individuo y su incorporación en el mercado (prerrequisito liberal de la igualdad económica), que recién se cumplieron con las reformas liberales de los años 30.

Las reformas de López Pumarejo, Eduardo Santos y Alberto Lleras, significaron un importante momento en ese recorrido porque sentaron las bases de la democratización social por la vía de la reforma agraria (ley 200), la construcción del mercado (reforma laboral), y por tanto, del individuo libre de la tutela latifundaria, junto a la conquista iniciática del voto universal. Sin embargo, este proceso resultó limitado por varias razones, entre otras, porque no logró encarar el problema de la diversidad estructural del país, sino que se basó en la supuesta homogenización social bajo la categoría de pueblo que encubrían una realidad social mucho más compleja.

Más adelante, la política discurriría en la confrontación antagónica de los ciclos de la violencia agraria. Con las movilizaciones por la recuperación de la democracia a fines de la década de los ' 50, se incorporó plenamente la democracia representativa al acervo político.

No obstante, siempre se planteó la cuestión, con ocasión del régimen bipartidista del Frente Nacional y el post Frente Nacional, sobre el rol efectivo de la democracia representativa, en un país en que las definiciones de los procesos políticos pasaban por núcleos de poder que monopolizaban los recursos estratégicos de la política. Es decir, quien ganaba las elecciones por cuenta de los privilegios burocráticos y electorales y además tenía apoyo de parte del ejército, accedía al poder. En el fondo, estábamos delante de  la existencia de núcleos decisivos donde se dirimía la política más allá de la mera cuantificación anónima del voto. Realidad que remite a la reflexión sobre la eficacia de la democracia representativa -un hombre un voto- como expresión de la voluntad política colectiva.

Con la prevalencia de la democracia representativa y los agregados de la reforma constitucional de 1991, se dio un ciclo histórico protagonizado por los partidos políticos como sujetos exclusivos de la representación política y, al igual que en otros contextos democráticos latinoamericanos, los principales problemas han girado en torno a la administración de la gestión pública, una débil institucionalidad, y una cultura política caudillista, clientelista y patrimonialista. En el caso colombiano, el patrón de interacción partidaria denominado democracia bipartidista que dominó desde los años ' 60, provocó distorsiones en el ámbito de decisiones políticas; así, mientras el Estado promovía un proceso de modernización económica (Carlos Lleras, López, Turbay y Gaviria), la gestión estatal era sostenida sobre el patrimonialismo hacendario corporativo del pasado y el influjo de las corporaciones financieras.

En síntesis, desde la fundación de la República en 1810, hemos vivido una sistemática separación entre un Estado formalmente montado sobre normas y leyes, y una dinámica social que mediante la acción organizada y medidas de presión, ha podido acceder ocasionalmente a escenarios de decisiones políticas, como se refleja en la actual coyuntura.

La caracterización de la democracia

Para caracterizar la democracia colombiana actual recurro al análisis de Duque Daza (2), quien se refiere a una realidad democrática que podemos caracterizar como deficitaria.

"En la actualidad", dice Duque Daza, "Colombia constituye una democracia con adjetivos". Una de las clasificaciones más difundidas, la del diario The Economist, la califica como una democracia defectuosa.

"La democracia colombiana", agrega Duque, "en las últimas tres décadas ha sido estudiada y calificada con adjetivos negativos".

"Durante las décadas del setenta y del ochenta", prosigue Duque, "a la vez que se enfatizaba en la larga tradición de civilidad y de ausencia de dictaduras militares, así como de una larga sucesión de elecciones periódicas, los estudios y análisis coincidían en aplicarle adjetivos que expresaban un faltante en términos de cierre, de restricciones". Diversos análisis utilizaron denominaciones como democracia oligárquica (3), democracia restringida (4), democracia limitada (5) y democracia cerrada.

"Desde comienzos de la década del noventa", plantea Duque Daza, "tras una serie de reformas institucionales que propiciaron una mayor apertura, nuevos escenarios y espacios de participación, los adjetivos referidos a la democracia dieron un giro y expresaron un acento en la presencia en el sistema político de actores extralegales de poderes fácticos que incidían en la funcionalidad de la democracia, emergieron denominaciones como democracia asaltada (6), democracia sitiada (7), democracia mafiosa, según el Observatorio de Derechos Humanos, 2005 y hasta paracracia" (8). Los más recientes análisis la ubican como una subpoliarquía o una democracia de baja calidad (9).

"Este conjunto de denominaciones apuntan", considera Duque, "por un lado, a expresar una especificidad en clave defectuosa de un faltante, por otro lado, a resaltar la presencia de actores que inciden de forma importante en su funcionalidad (el narcotráfico, las guerrillas, los paramilitares) y, en tercer lugar, sin negar la existencia de componentes propios de las democracias electorales, a señalar su déficit". "Estas dimensiones son relevantes para una aproximación a la caracterización de la democracia colombiana, lo cual implica preguntarse por la naturaleza del faltante, de lo defectuoso, del déficit, y auscultar cuáles es y en qué consiste la incidencia de actores extralegales en la funcionalidad democrática", se pregunta Duque Daza.

Los mínimos de la democracia

"Lo primero", agrega Duque Daza, "el faltante y lo defectuoso, sólo se puede asumir respecto a un referente, el cual corresponde en la literatura politológica con los mínimos procedimentales o mínimos universales por debajo de los cuales un régimen no puede considerarse democrático, esto es: sufragio universal masculino y femenino; elecciones libres, competitivas, recurrentes y correctas; existencia de más de un partido; presencia de fuentes alternativas y diferentes de información, respeto a las libertades básicas" (10).

Las interferencias a la democracia

"Lo segundo", plantea, "en relación con lo anterior, implica considerar que la presencia de actores extralegales interfieren en el proceso electoral (el carácter libre y competitivo de las elecciones por la presencia de formas coactivas de inducción del voto y de constreñimiento a la competencia); afectan las libertades de expresión, organización, asociación; la corrección y limpieza en los procesos con prácticas de manipulación y fraude en los procedimientos de conteo y escrutinio".

"A partir de los déficits, Colombia ha sido clasificada como un régimen no democrático, por lo menos, no plenamente democrático: se ha denominado semidemocrática (11), ha sido incluida en el grupo de países semidemocráticos y parcialmente libre por parte de Fredom House en el periodo 1989 - 2012; Larry Diamond (12) la incluyó junto con Venezuela y Paraguay dentro de los regímenes ambiguos de América Latina, y Andreas Shedler (13) la clasificó como un régimen autoritario electoral, definiendo estos como los regímenes en los cuales, a diferencia de las democracias electorales (diferentes a las democracias liberales, que desarrollan el ámbito de los derechos también) no se cumplen todos los componentes de la cadena democrática (elecciones democráticas e inclusivas, libertad de oferta política, protección para la expresión de las preferencias electorales, sin coacciones y sin corrupción; igualdad del voto; acceso a fuentes alternativas de información). En esta perspectiva, las elecciones sólo pueden ser democráticas si cumplen con todos los requerimientos, de tal forma que expresiones como democracias parciales, cuasidemocráticas o semidemocráticas no tendrían cabida", afirma Duque Daza.

"En la clasificación de Leonardo Morlino (14), Colombia está ubicada dentro de los regímenes híbridos de democracias sin ley, condición que se ha mantenido sin que se presente en las últimas décadas una transición hacia una democracia (plena), pero tampoco hacia un régimen autoritario", agrega.

"El entorno turbulento con presencia de actores extrainstitucionales armados genera una dinámica de interferencia en los procesos funcionales democráticos, que los desvirtúan e impiden que el caso colombiano constituya la expresión de una democracia de mínimos, por el contrario, identifica un régimen democrático de submínimos. Se ubica por debajo del umbral, con el cual un régimen puede considerarse democrático. Esto implica, como lo señalaron Pizarro y Bejarano en el texto ya citado, una relación entre dos escenarios o campos: uno institucional (los procesos democráticos) y otro extrainstitucional (los actores armados ilegales: las guerrillas, los grupos paramilitares y las organizaciones neoparamilitares que en el lenguaje oficial se han denominado Bacrim o bandas criminales) que lo afecta y lo desvirtúa. Esta articulación y traslapamiento entre ambos campos se complejizó aún más durante la última década (2002 - 2012) por las evidencias de penetración de los grupos paramilitares en los procesos políticos, en las elecciones y en las instituciones de representación popular, y la incidencia de la criminalidad organizada en el manejo de las instituciones, en lo que ha sido denominado captura parcial del Estado", sostiene Duque Daza.

De forma complementaria a esta tesis de los campos en interconexión, durante la última década el proceso electoral, se vio distorsionado afectándose el carácter de las elecciones que dejaron de ser libres, correctas y competitivas, tanto por la coacción ejercida por los grupos armados ilegales, como por el hecho de que los propios actores del juego político desconfían de la limpieza de los resultados, y en reiterados casos lo han cuestionado. El Estado ha sido incapaz de regular y garantizar la realización de elecciones limpias en todo el país, la corrupción en el sector público ha alcanzado grandes dimensiones (incluyendo las instituciones electorales) y la alta impunidad opera como un incentivo a la delincuencia organizada y a la violación de las libertades y derechos fundamentales de la población. Asimismo, ante la no provisión de bienes y servicios por el Estado a amplios sectores de la población, sectores políticos asumen un papel de intermediación particularista creando redes de clientela que se han traslapado con los actores ilegales (15).

Así, Estado precario y democracia deficitaria integran una diada, en la cual el primero constituye un factor determinante de lo segundo. En Colombia las deficiencias estatales, su captura parcial por parte de actores ilegales y las características de los partidos políticos (la deformación de su tradicional función de representación, así como los vínculos establecidos por algunos de ellos y por congresistas y dirigentes locales en otros, con organizaciones criminales) constituyen las variables que generan las limitaciones y los déficits centrales de la democracia, dándole el carácter de una democracia de submínimos, de subpoliarquía, es la tesis de Duque Daza, que, en la perspectiva de una democracia sin ley, se trata de una situación en la cual se combinan condiciones de ilegalidad con institucionalidad precaria. El Estado es incapaz de mantener y garantizar la funcionalidad de los procesos electorales que caracterizan las democracias liberales, tampoco está en condiciones de garantizar una adecuada protección de los derechos civiles, lo cual genera un inadecuado funcionamiento, o la inexistencia, de instituciones legales. Las deficiencias estatales afectan la competencia política por presencia de coacción y violencia contra partidos y candidatos, de constreñimiento a los electores, de manipulación de los resultados.

Si además de los aspectos propios de la poliarquía consideramos, según Duque Daza, también los resultados, la democracia colombiana es además deficitaria. En esta perspectiva se ubican los trabajos que abordan actualmente la calidad de la democracia, y que  incluyen dimensiones procedimentales y sustanciales: los resultados en términos de igualdad y de libertades, así como de responsabilidad en el cumplimiento de las funciones de los gobernantes y de la estructura del Estado (16). Hay un gran contraste entre la formalidad que consagra los derechos y libertades en la Constitución Política de 1991 y sus desarrollos y su concreción en la realidad. Aunque están consagrados los derechos, estos no se concretan.

Límites de los derechos civiles y políticos

Hay grandes limitaciones a los tres componentes de dignidad personal, derechos civiles y derechos políticos, no hay garantías para la seguridad y la integridad de los ciudadanos ni para el ejercicio pleno de las libertades básicas; los ciudadanos están expuestos a toda serie de amenazas, son muy vulnerables, y el Estado es débil a la hora de actuar como garante universal de los derechos, si bien las instituciones jurídicas dan cada vez más cabida a la defensa de los ciudadanos a través de mecanismos legales como la acción de tutela. Se presenta un contraste entre la formalidad y la realidad. En cuanto a los indicadores de derechos políticos y civiles, denotan poco respeto a los derechos humanos, los derechos de asociación y organización y de autonomía personal, incluidos también los derechos económicos. Según las categorías de Freedom House (17), Colombia sigue siendo catalogada como un país parcialmente libre. En libertades civiles se ha presentado un relativo avance en los últimos años, pasando de parcialmente libre a libre, aunque en el umbral mínimo. El peor indicador corresponde al que da cuenta del condicionamiento de libertades y derechos por la presencia de actores armados.

La desigualdad social

Por otra parte, Colombia es el país con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza de América Latina y el cuarto más desigual del mundo. En Colombia un alto porcentaje de su población carece del acceso a bienes y servicios básicos, no cuenta con derechos sociales, económicos y culturales, y desde las instancias gubernamentales no se han dado respuestas a las necesidades de la población que permitan superar esta realidad. El índice Gini en promedio 0,569 para el periodo 1995 - 2011 (frente al promedio de América Latina en 2010, solo en Guatemala era mayor). Aunque han disminuido en la última década, la pobreza y la indigencia todavía son de las más altas del continente (pobreza del 40%), siendo mayor en las áreas rurales y presentando diferencias importantes entre regiones; en el Atlántico y el Pacífico -con mayoría de población afrodescendiente- los índices de pobreza son más altos. En cuanto a la población económicamente activa, más de la tercera parte trabaja en la informalidad, desempleo disfrazado o subempleo ambulante en las calles de las ciudades o en actividades familiares que impiden acceder a la seguridad social básica. Asimismo, en Colombia el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (IDH) es de 0,710, considerado alto, pero teniendo en cuenta el ajuste por desigualdad se reduce drásticamente a 0,479.

En suma: comparados con los mínimos procedimentales propios de las democracias, Colombia, sin constituirse en una autocracia, presenta déficits importantes que afectan a la mayoría de las dimensiones propias de la poliarquía, y presenta rasgos de una sub-poliarquía. Se trata de una democracia defectuosa, con déficits importantes. "Y en términos de sus resultados se caracteriza por ser una democracia de baja calidad", es la conclusión de Duque Daza (18).

Para entender mejor este cuadro del régimen democrático colombiano conviene acudir al análisis que ofrece la filosofía política en sus autores clásicos.

Veamos.

Lecturas de la democracia y la crisis de sus paradigmas

Colombia: Paz y campo politico (Kaos en la Red)

Santos confiesa 2

horacio-duque

Por Horacio Duque

La paz transforma el campo politico colombiano, las relaciones de poder y las visiones de la democracia

El fin del conflicto social y armado y la construcción de la paz transforma el campo político trascendiendo lo puramente institucional.

Las concepciones del poder, la democracia y el conflicto se transforman para propiciar el protagonismo de la multitud y de las masas populares.

La transformación de la guerrilla de las Farc en un movimiento político y social ha suscitado una importante controversia alrededor de lo que sería su presencia en las cámaras legislativas, la introducción de circunscripciones electorales especiales en las regiones de mayor conflictividad y los espacios en las redes y los medios masivos de comunicación.

El debate induce el análisis más amplio sobre la política y el campo político, más allá de lo puramente institucional, en la nueva etapa de construcción de la paz.

Aparecen ahora nuevos elementos para repensar el campo político colombiano desde el ángulo del poder, la política y la democracia.

En la perspectiva de la paz y en  términos conceptuales, priorizamos el concepto de campo político y no así el de sistema, para ampliar la visión de lo político hacia la sociedad civil, hacia las formas de existencia de la política y el poder fuera de los ámbitos institucionales, desde donde devienen maneras complementarias o alternativas de darse lo político como las mingas, cumbres agrarias, asambleas, los cabildos, los sindicatos, las comunidades indígenas, los sindicatos agrarios, donde se generan y recrean prácticas y habitus políticos, que dan cuenta de la coexistencia de diversos modos de ejercicio democrático -de la demodiversidad-.

Igualmente, resaltamos la categoría de conflicto (no post) -campo de conflictividad- como central para la reconstitución del proceso social ya que permite no sólo la constitución y visibilización de los actores estratégicos, sus luchas y discursos, sino también las contradicciones y fracturas sociales, así como la dinámica de la democracia. Así, la categoría de conflicto nos aparta de una visión esencialista del sujeto.

Sin duda, aquellos elementos teórico conceptuales que resultaban útiles para comprender la dinámica política durante las últimas décadas, signada por el ejercicio de la democracia representativa o seudo participativa, la práctica electoral y la gestión partidaria, pierden fuerza en la medida en que surgen nuevos elementos de la realidad que complejizan esta concepción básicamente institucional de la política, y resultan insuficientes para comprender los acontecimientos políticos que marcan el proceso de paz jalonado por los diálogos de La Habana desde el segundo semestre del 2012.

Tanto el acuerdo sobre democracia ampliada, participación política y la movilización civil de las FARC, hace imprescindible ampliar la visión de lo político y del poder a partir del concepto de campo político, y de la ubicación de los espacios de poder en los intersticios de la vida cotidiana de la sociedad trascendiendo el ámbito político - institucional; también incorporar la noción de campo de conflicto como el lugar en que se dirime la disputa por el poder y donde se constituyen los sujetos, y por último, reelaborar las categorías de democracia e institucionalidad en el marco de la historia y de las distintas lecturas e interpretaciones sobre el tema, partiendo de la necesidad de ampliar este concepto.

El campo político

Por tanto, resulta útil, en primer lugar, retomar el concepto de campo político propuesto por Bourdieu (2001) (1) porque esta categoría permite abarcar una dimensión más amplia de la acción, instituciones, sistemas y discursos políticos con que operan los sujetos o actores. El campo político, visto como un campo de fuerzas, revela los principales espacios de conflicto y los actores que se constituyen en torno a la disputa por los capitales o recursos en juego; en definitiva, pone en evidencia la disputa por el poder.

Colombia: Paz sin paramilitarismo (V) (Kaos en la Red)

Parapolitica

horacio-duque

Por Horacio Duque

Hay que atacar en los territorios al paramilitarismo. Es allí donde están sus raices

El combate al paramilitarismo debe priorizar un enfoque territorial, veredal y municipal.

El paramilitarismo tiene su hábito en los territorios veredales, locales, municipales y regionales, pero con tentáculos en otros niveles y apoyos de macroestructuras nacionales e internacionales que lo justifican y promueven.

Erradicar esta lacra violenta requiere generar un dispositivo territorial para combatirlo en sus madrigueras.

El reciente caso del municipio de Pijao en el Quindío y de Tierralta en el departamento de Córdoba está mostrando los alcances y las geografías de esta máquina violenta.

Vamos a referirnos hoy a otros aspectos del trascendental acuerdo del gobierno con las FARC para combatir el paramilitarismo en las veredas, los municipios y departamentos.

Programa Integral de Seguridad y Protección para las comunidades y organizaciones en los territorios

Se creará un programa integral de seguridad y protección para las comunidades y organizaciones en los territorios, a instancias del Ministerio del Interior, que tendrá como propósito la definición y adopción de medidas de protección integral para las organizaciones, grupos y comunidades en los territorios, de manera que se contribuya a garantizar bajo un modelo efectivo, la implementación de las medidas de prevención y protección de las comunidades y sus territorios. Este programa en su elaboración y aplicación contará con la participación activa y efectiva de las organizaciones sociales, incluyendo a las de mujeres, y las comunidades en los territorios. Entre otras se promoverán las siguientes medidas:

Implementación de medidas integrales de seguridad y protección: en desarrollo de lo establecido en el punto 2.2.4 del Acuerdo de Participación Política, el Programa Integral de Seguridad y Protección tendrá en cuenta en la elaboración del Plan de Prevención y Protección, medidas de desestigmatización, incluidas aquellas contra la estigmatización por razón del género y la orientación sexual, mecanismos de difusión amplia, campañas de legitimación y reconocimiento de los defensores y defensoras de derechos humanos, tanto en áreas rurales como urbanas, y creación y difusión de medios de comunicación comunitarios y de interés público para el impulso de los derechos humanos y la convivencia.

Promotores / as Comunitarios de Paz y Convivencia

Será un programa a cargo del Ministerio del Interior en coordinación con el Ministerio de Justicia.

Los promotores / as comunitarios de paz y convivencia tendrán carácter voluntario y naturaleza no armada. El programa impulsará los mecanismos alternativos de solución de conflictos en los territorios, promoverá la defensa de los Derechos Humanos, estimulando la convivencia comunitaria en las zonas previamente definidas para ello. El programa apropiará los recursos necesarios para su ejecución y garantía.

Protocolo de Protección para Territorios Rurales

El Ministerio del Interior creará un protocolo especial de protección para las comunidades rurales que fueron afectadas por el conflicto, el cual será concertado con las comunidades y organizaciones de cada territorio, incluidas las de mujeres, y con el Sistema Integral de Seguridad y Protección.

Dentro de este protocolo, las comunidades rurales y sus organizaciones elaborarán su propio escenario de evaluación y definición de riesgos, con un enfoque diferencial y de género.

Apoyo a la actividad de denuncia de las organizaciones de Derechos Humanos en los Territorios: El Ministerio del Interior elaborará un programa de fortalecimiento de la capacidad de denuncia de las organizaciones de derechos humanos en los territorios rurales, el cual estimulará las medidas de prevención con un énfasis en la comunicación escrita y audiovisual, junto con los instrumentos que sirvan para documentar posibles violaciones a los derechos humanos. Dentro de este programa se pondrán a disposición de las organizaciones de derechos humanos, oficinas y locales, así como dotación y equipamiento de los anteriores, en apoyo de la actividad de los defensores/as y sus organizaciones en los territorios, con el objeto de estimular y promover el cumplimiento de sus fines. Estas oficinas y locales deberán ser de gestión colectiva por parte de las organizaciones de derechos humanos.

Instrumento de prevención y monitoreo de las organizaciones criminales objeto de este acuerdo

En concordancia con lo definido en el “Acuerdo de Participación Política”, en el punto 2.1.2.1, literal b, se creará en la Defensoría del Pueblo, de manera coordinada con el Gobierno Nacional y la Unidad Especial de Investigación, creara un nuevo sistema de prevención y alerta para la reacción rápida a la presencia, operaciones y/o actividades de las organizaciones y conductas criminales objeto de este acuerdo, en cuyo diseño participará la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad.

Colombia: Paz sin paramilitarismo (IV) (Kaos en la Red)

Paraco

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Hay que aplicar la presuncion constitucional y legal del riesgo para enfrentar el paramilitarismo y garantizar la proteccion de los integrantes de las FARC en movilizacion politica

En la protección de los militantes de las FARC que haran su movilizacion politica hay que partir de la presuncion constitucional y legal del riesgo y la amenaza de los grupos paramilitares que siguen muy activos.

Erradicar el paramilitarismo demanda una estrategia y un plan integral dada la amplitud de dicha maquinaria de muerte y violencia.

El paramilitarismo como gestión de la violencia de las elites dominantes para someter al pueblo, fue implantado por las misiones militares norteamericanas desde finales de la década de los ' 40 del siglo XX.

Los oficiales gringos aplicaron en Colombia y en el Ejercito toda la experiencia acumulada en China donde asesoraron al General liberal Chiang Kai SheK y al Kuomintang en su guerra de exterminio de los campesinos que apoyaban a Mao Tse Tung en su lucha revolucionaria contra los invasores japoneses; la experiencia acumulada en el exterminio de los comunistas de Tailandia, donde se generalizaron las masacres, torturas y desapariciones para eliminar al partico comunista en los años ' 60; y la experiencia de la guerra de Corea, donde participaron soldados colombianos al servicio del imperialismo.

Ese modelo se implanto acá desde los años ' 60 por los gobiernos del Frente Nacional, específicamente el de Carlos Lleras Restrepo, y se expandió en los años noventa merced a los dineros de la mafia de las drogas que canalizo recursos para armar los ejércitos anticomunistas de las autodefensas de Carlos Castaño, con el apoyo de reconocidos políticos como Álvaro Uribe Vélez empeñado en el despojo de las tierras de los campesinos para expandir el latifundio que promovía su padre en Antioquia y Córdoba.

Veamos hoy otro componente del acuerdo logrado en La Mesa de La Habana para erradicar el paramilitarismo y sus tentáculos sociales e institucionales.

Me refiero al Plan estratégico de seguridad de los combatientes guerrilleros que se movilizaran políticamente cuando se llegue a un acuerdo definitivo.

Plan estratégico de seguridad y protección de las FARC

Los lineamientos y criterios del Plan Estratégico de Seguridad y Protección para el nuevo partido o político que surja del tránsito de las FARC - EP a la actividad legal, derivada de su situación de riesgo.

Dicho Plan estará conformado por todas las medidas integrales que contiene el acuerdo, entre ellas las medidas de tipo inmaterial, colectivas o políticas destinadas a prevenir y generar un ambiente de confianza, y otras de carácter material que se definirán en los protocolos de seguridad y protección, así como también todas aquellas que la Mesa Técnica amplíe para su ejecución.

Componentes del Protocolo de Seguridad

El Protocolo de seguridad y protección estará conformado por los siguientes componentes:

Programas y esquemas de prevención, seguridad y protección; Personal del Cuerpo de Seguridad y Protección -Selección y Formación-; Logística y alistamiento del Cuerpo de Seguridad y Protección -dotación y recursos financieros-, junto con programas de análisis de riesgo y coordinación entre los elementos del Sistema de Seguridad.

Las medidas que se apliquen a la población objeto de este acuerdo se implementarán en concordancia con los contenidos de este acuerdo incluidos en el punto 3.4.7.3 y los protocolos de desarrollo, los cuales deberán ejecutarse de forma oportuna y eficaz.

El protocolo de protección contemplará los medios de transporte que sean requeridos de acuerdo a las necesidades de desplazamiento de las personas protegidas.

En concordancia con las decisiones que tome la Mesa Técnica estarán previstos los apoyos de reubicación temporal, medios de comunicación, atención psicosocial, y todos aquellos que sean necesarios para garantizar la protección efectiva de la población objeto de este acuerdo.

El Estado garantizará, atendiendo las definiciones de la Mesa Técnica, todas las medidas de protección necesarias para la seguridad integral de las sedes e instalaciones del nuevo partido o movimiento político en que se transformen las FARC - EP y de los domicilios de las personas objeto de protección contempladas en este acuerdo, de conformidad con el nivel de riesgo.

Los esquemas de prevención, seguridad y protección, en lo que concierne a alistamientos, logística, intendencia, movilidad, derechos laborales del personal y demás requerimientos para su óptimo funcionamiento y sostenibilidad, serán definidos por la Mesa Técnica, atendiendo criterios de confiabilidad y cumplimiento que en este campo brinden los operadores al nuevo movimiento o partido político en que se transformen las FARC - EP.

El Protocolo de Seguridad y Protección, será elaborado por parte de la Mesa Técnica y aprobado por la Mesa de Negociación antes de la firma del Acuerdo Final de Paz.

Cuerpo de Seguridad y Protección

Colombia: Paz sin paramilitarismo (III) (Kaos en la Red)

Paras-1

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Hay que prevenir la repeticion del caso de la Union Patriótica con el nuevo partido que organicen las FARC

En la construccion de la paz, las FARC organizaran su movilizacion politica con un nuevo partido. Hay que implementar ya todas las medidas de proteccion  de sus mimebros acordadas para prevenir la repeticion del exterminio de la Union Patriótica.

El drama vivido por la Unión Patriótica no puede ser repetido. El exterminio espantoso de sus militantes por los grupos paramilitares es una amenaza que debe ser conjurada.

El paramilitarismo que es el alma y  esencia del Estado oligárquico colombiano mutará e intentara acribillar a los integrantes del nuevo partido político que organicen las FARC y el movimiento social agrario en su legitima acción política.

En ese sentido, son prioritarias las medidas acordadas en la Mesa de Conversaciones de La Habana entre el gobierno y la delegación guerrillera para generar un sistema de seguridad efectivo para el ejercicio de la política democrática y transformadora.

Acá queremos referirnos a este punto neurálgico en la construcción de la paz, el cual fue acordado el pasado 23 de junio y que requiere ser implementado rápidamente, especialmente en las regiones y zonas donde el conflicto ha sido más agudo.

Veamos pues los detalles de lo consensuado.

Se creará un Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política

El Sistema Integral desarrollará un nuevo modelo de garantías de derechos ciudadanos y protección para los movimientos y partidos políticos, incluyendo el movimiento que surja del tránsito de las FARC - EP a la actividad política legal, las comunidades rurales y organizaciones sociales, de mujeres y defensoras de derechos humanos respetando lo acordado en el consenso sobre Participación Política.

Medidas de protección, seguridad personal y colectiva

El Gobierno Nacional y las FARC - EP, considerando que en el Acuerdo de Participación Política fue pactado “Un Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política”, el cual debe complementarse y definir sus contenidos respecto a las garantías en materia de seguridad y protección para las personas destinatarias de este sistema, y con el fin de brindar garantías de seguridad para el nuevo movimiento político que surja del tránsito de las FARC - EP a la actividad política legal, para sus integrantes -hombres y mujeres- en proceso de reincorporación a la vida civil, además de la aplicación del modelo de prevención, seguridad y protección de los territorios y las medidas de protección inmaterial definidas en el marco del “Acuerdo de Participación Política, apertura democrática para construir la paz”, acuerdan:

Instancia de Alto nivel del Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política

En cumplimiento de lo establecido en el punto 2.1.2.1, literal a, del acuerdo de participación política (http://bit.ly/298kHFA), la instancia de Alto Nivel tendrá como propósito la implementación del Sistema de Seguridad para el ejercicio de la política, garantizando su funcionamiento, articulación y supervisión. De igual forma será el espacio de interlocución y seguimiento para la seguridad y protección de las y los integrantes de los partidos y movimientos políticos y sociales, especialmente los que ejerzan la oposición, y el nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC - EP a la actividad política legal y de sus integrantes en proceso de reincorporación a la vida civil.

La Instancia de Alto Nivel del Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política (Acuerdo de Participación Política: numeral 2.1.2.1 ver http://bit.ly/298kHFA) desarrollará e implementará, los siguientes componentes del Sistema de Seguridad:

- Protección especializada, sobre la base de una evaluación del nivel de riesgo y en coordinación con las Entidades del Estado correspondientes, para las siguientes personas:

Quienes hayan sido elegidas popularmente, quienes se declaren en oposición política y líderes/as de partidos y movimientos políticos, con enfoque diferencial y con presencia nacional y regional, así como su instancia de evaluación de riesgos a nivel regional y local, a los que se refiere el inciso 2.1.2.1. literal c. del Acuerdo de Participación Política: Apertura Democrática para construir la Paz. Tanto los estudios de nivel de riesgo como las medidas de protección especializada, aplicarán protocolos de género que aseguren la idoneidad respecto a la condición sexual y la identidad de género de las personas.

- Sistema de planeación, monitoreo y evaluación con carácter interinstitucional, enunciado en el numeral 2.1.2.1. literal d. del Acuerdo de Participación Política: Apertura Democrática para construir la Paz.

- Comité de Impulso a las investigaciones por delitos contra quienes ejercen la política, teniendo en cuenta a las mujeres y la población LGTBI, consignado en el inciso 2.1.2.1. literal d. del Acuerdo de Participación Política: Apertura Democrática para construir la Paz.

La Instancia estará conformada por:

Colombia: Paz sin paramilitarismo (II) (Kaos en la Red)

Paramilitarismo

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Por Horacio Duque Giraldo

La construcción de una paz estable y duradera demanda la materialización de los acuerdos de paz para erradicar y extirpar el paramilitarismo.

Hay que proceder a la conformación inmediata de la Unidad Especial de investigación para el desmantelamiento de las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y para la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

A raíz de los trascendentales avances de las conversaciones de paz entre el gobierno del señor Santos y las FARC, el país y su campo político viven una innegable apertura democrática que adquiere las dimensiones de una democracia ampliada favorable para las libertades políticas, la conciencia, la identidad y organización de las masas populares.

Parte de esa dinámica, son los acuerdos firmados el 23 de junio del año en curso entre las delegaciones concurrentes sobre el delicado tema de la seguridad de los combatientes revolucionarios en tránsito a la movilización política desde las 23 zonas de ubicación y los 8 campamentos correspondientes, e igualmente para los movimientos sociales y populares duramente golpeados por las fuerzas oscuras de la violencia paramilitar que sigue vigente como un instrumento de los señores de la guerra: terratenientes, generales, gamonales y empresarios.

La erradicación del paramilitarismo es un desafío central en la construcción de la paz

En esta columna queremos aproximarnos a otros de los dispositivos acordados en la Mesa de La Habana y que se convierte en columna central de la nueva institucionalidad para actuar a fondo contra la violencia ilegal de estos paramilitares que registran una asombrosa capacidad de mutación. Tanto que el Fiscal encargado, Perdomo, ha dicho que los mismos no existen, aunque le confiere a las bandas criminales o Gao el mismo comportamiento de las autodefensas exterminadoras de la oposición democrática y popular.

Veamos en concreto este nuevo instrumento acordado en los diálogos de paz.

Se trata de la Unidad Especial de investigación para el desmantelamiento de las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y para la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

En el marco del fin del conflicto y con el fin de asegurar la efectividad de la lucha contra las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo las que hayan sido denominadas sucesoras del paramilitarismo, que representen la mayor amenaza a la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz, el Gobierno Nacional impulsará las medidas necesarias para la creación y puesta en marcha, en el marco de la jurisdicción ordinaria, de una Unidad especial de investigación para el desmantelamiento de las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo, de conformidad con lo establecido en el numeral 74 del punto 5.1.2 del Acuerdo Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Dicha Unidad se mantendrá durante el tiempo necesario para concluir su mandato.

Su mandato y misión será la investigación, persecución y acusación de las organizaciones criminales responsables de homicidios, masacres, violencia sistemática de género, o que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

La Unidad Especial, a través del cumplimiento de sus funciones en la Jurisdicción ordinaria, contribuirá al cumplimiento de los objetivos de la Ley de Justicia y Paz y de la Jurisdicción Especial para la Paz. En la medida en que aportará al fortalecimiento de la justicia y al desmantelamiento de las organizaciones que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo, garantizará a su vez la no repetición del fenómeno paramilitar, prevendrá la comisión de nuevas violaciones a los derechos humanos, y aportará así a la construcción de una paz estable y duradera.

Esta Unidad Especial de Investigación tendrá las siguientes características:

- Se creará por fuera de la Jurisdicción Especial para la Paz. Será parte de la jurisdicción ordinaria y de la Fiscalía General de la Nación. La Unidad decidirá lo necesario para su funcionamiento y la conformación de sus grupos de trabajo e investigación, promoviendo en estos espacios la participación efectiva de las mujeres. Tendrá autonomía para decidir sus líneas de investigación, llevarlas a la práctica y para emprender actuaciones ante cualquier jurisdicción.

- El Director / a de la Unidad será el responsable de la toma de decisiones respecto de cualquier función o competencia de la Unidad, pudiendo delegar dichas responsabilidades, en todo o en parte, en otros servidores/as públicos adscritos a la misma.

- La Unidad investigará, acumulará casos en lo que sea de su competencia, y de ser procedente presentará imputaciones y acusaciones ante la jurisdicción ordinaria o ante la de Justicia y Paz, siempre que no haya vencido el plazo legal para las postulaciones. La Unidad podrá solicitar ante el órgano competente la acumulación, en el juzgado de mayor instancia, de las competencias judiciales por todos los delitos cometidos por la organización criminal, dentro de la respectiva jurisdicción.

- La Unidad realizará sus funciones sin sustituir las ordinarias de la Fiscalía General de la Nación ante la jurisdicción de Justicia y Paz ni ante la jurisdicción ordinaria.

- Su Director / a deberá ser jurista, satisfacer criterios de idoneidad técnica y transparencia y deberá tener experiencia en el campo de las investigaciones penales y haber demostrado resultados en la lucha contra el crimen organizado, y será designado/a por un período de 6 años. Al Director / a de la Unidad le será aplicable el régimen de inhabilidades e incompatibilidades de los funcionarios / as de la Fiscalía General de la Nación. En ningún caso el Director / a de la Unidad podrá ser destituido/a del cargo por faltas que no sean consideradas gravísimas conforme al régimen disciplinario vigente. Los procesos disciplinarios que se adelanten contra el Director / a de la Unidad serán conocidos en única instancia por la Comisión Nacional Disciplinaria.

- Esta Unidad desplegará su capacidad de investigación con un enfoque territorial, diferencial y de género, para enfrentar la amenaza, con énfasis en zonas donde confluyen variables que ponen en peligro las comunidades y la construcción de la paz, priorizando la investigación de estructuras de crimen organizado que se encuentren dentro de su competencia.

- Contará con una unidad especial de Policía Judicial conformada por funcionarios /as especializados / as de la Fiscalía y la Policía Judicial de la Policía Nacional, experto / as en distintas materias, que deberán tener conocimiento del desarrollo y la consolidación de las organizaciones de crimen organizado, incluyendo conocimiento del fenómeno paramilitar y de las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo. Se buscará que dichos funcionarios / as tengan conocimiento en violencia y justicia de género. El Director / a ostentará el mando funcional de los funcionarios / as del CTI adscritos a su Unidad, y el mando funcional de los demás funcionarios / as de la Policía Judicial adscritos a la misma.

- Los servidores / as públicos que la integren serán elegidos / as por el Director / a de la Unidad, aplicando mecanismos especiales de selección, incorporación y seguimiento al desempeño de sus funcionarios / as, priorizando altos estándares de transparencia, efectividad y conocimiento en la aplicación del enfoque de género en el ejercicio público.

Colombia: Paz sin paramilitarismo (I) (Kaos en la Red)

Paramilitarismo

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Que se implementen de manera inmediata los acuerdos entre el gobierno y las FARC para erradicar el paramilitarismo.

Es urgente implementar, sin más dilaciones, la estrategia acordada entre el gobierno del Presidente Santos y las FARC para erradicar el paramilitarismo de las elites locales, regionales y nacionales que lo promueven y financian con el fin de mantener sus privilegios y exterminar la oposición democrática y popular.

Hay que vincular a la sociedad civil en la ejecucion del acuerdo alcanzado en esta materia en la Mesa de Conversaciones de La Habana.

Entre la delegación del gobierno del señor Santos y los representantes de las FARC se ha tejido un documento clave para combatir el paramilitarismo y rodear de garantías a los combatientes revolucionarios de la insurgencia que harán su tránsito a la movilización política legal. De su construcción se han encargado Oscar Naranjo, Policía del gobierno y Pablo Catatumbo, plenipotenciario de la guerrilla.

Se trata de un muy sólido instrumento político para ejecutar la estrategia  de erradicación del paramilitarismo como fenómeno violento que acompaña el Estado oligárquico colombiano desde finales de la segunda guerra mundial y con ocasión de la participación de soldados colombianos en la infame guerra contra el pueblo de Corea.

El paramilitarismo fue implantado por los asesores gringos de las Fuerzas Armadas Colombianas en plena Guerra Fría, como parte de la ofensiva anticomunista y contrainsurgente de los gobiernos norteamericanos.

Dicho material se refiere a las garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

Dada su trascendencia y sus alcances iniciales es conveniente verlo en detalle. Analizarlo y compartirlo directamente con las comunidades agrarias y populares para exigir su estricta aplicación en las localidades y regiones donde pulula esta perversa organización criminal de paramilitarismo que además de ser una agencia es una cultura y una patología de las elites dominantes.

Quiero abordar en este primer artículo el aspecto de la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad para el desmantelamiento de las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones delincuenciales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz, que en adelante se conocerá como la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad.

En cumplimiento de lo acordado en el punto 2.1.2.1 relacionado con el Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política, literal d, (http://bit.ly/298kHFA) que trata sobre la implementación de la Comisión de Seguimiento y Evaluación del Desempeño del Sistema Integral de Protección y de los Avances en el Desmantelamiento de organizaciones criminales y de todas aquellas que amenacen el ejercicio de la política, el Gobierno Nacional y las FARC - EP acuerdan que el Gobierno creará y pondrá en marcha la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, la cual tendrá como objeto:

- El diseño y hacer seguimiento de la política pública y criminal en materia de desmantelamiento de cualquier organización o conductas de que trata este acuerdo que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

- La Comisión también armonizará dichas políticas para garantizar su ejecución.

- El seguimiento y evaluación del desempeño del sistema integral de protección se realizará en la Instancia de Alto Nivel que se incluye en el 3.4.7.1.1 de este acuerdo.

- La Comisión la preside el Presidente de la Republica.

La Comisión Nacional de Garantías de Seguridad será presidida por el Presidente de la República, estará conformada por el Ministro del Interior, Ministro de Defensa, Ministro de Justicia, Fiscal General de la Nación, Defensor del Pueblo, Director de la Unidad Especial de Investigación -punto 74 de la Jurisdicción Especial para la Paz-, Comandante General de las Fuerzas Militares, el Director General de la Policía Nacional, dos (2) representantes del nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC - EP a la actividad política legal, dos (2) voceros en representación de las plataformas de derechos humanos y paz, y podrá invitar representantes de los partidos y movimientos políticos. La comisión podrá invitar organismos nacionales e internacionales especializados con presencia en los territorios y podrá apoyarse en experto/as sobre la temática cuando lo estime conveniente. La Comisión se conformará antes de la entrada en vigor del Acuerdo Final. En la conformación de la Comisión se promoverá la participación efectiva de las mujeres.

Mientras se surte el proceso de formalización del nuevo partido político que surja del tránsito de las FARC - EP a la actividad política legal, la Mesa de Conversaciones definirá dos expertos / as independientes para integrarla.

El enfoque de su trabajo

El trabajo de la Comisión estará enfocado a: