Mostrando las entradas con la etiqueta plebiscito. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta plebiscito. Mostrar todas las entradas

Colombia: El desplome uribista (Kaos en la Red)

Si-Paz

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Con pocos dias de recorrido la campaña por el Si a la paz y la vida en el plebiscito del 2 de octubre desbarata la mentira de la ultraderecha uribista.

Con la campaña plebiscitaria caminando, la sociedad colombiana saca a relucir sus mejores reservas políticas y democráticas para rechazar los pregoneros de la guerra y la mentira.

Crece la audiencia del Si a la paz en el plebiscito del 2 de octubre.

Uribe Vélez y su camarilla viven el repudio generalizado de los colombianos. De la multitud entusiasmada con la reconciliación.

Coincido con la regla de oro del debate respetuoso y tolerante hacia el adversario, reconociendo su derecho a discrepar y a sustentar sus tesis y postulados.

El plebiscito convocado para refrendar el Acuerdo de Paz es uno de esos momentos en que tal conducta debe primar, por encima del señalamiento, la descalificación o el estigma.

Los del Si tenemos nuestros argumentos y reflexiones para pedir el apoyo ciudadano a los consensos alcanzados en la Mesa de Diálogo de La Habana, que sobresalen por su fuerza ética y coherencia política, por su lógica y coincidencia con la realidad.

Los del No, cuando se trata de personas de buena fe, influidas por la desinformación o la mentira, los asumo en la diferencia y natural diversidad que acompaña la percepción e interpretación del proceso de la paz.

Sin embargo, encuentro absurda y disparatada la campaña adelantada por la ultraderecha que encarna el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su núcleo más cercano.

Por más que el caudillo paisa se ufane de usar argumentos y razonamientos coherentes para demeritar los consensos de paz, las mentiras y la manipulación deliberada se pone de manifiesto a cada paso. Es un campeón del engaño y la falacia. Su deshonestidad brota por doquier. Es así con la cuestión agraria, para desconocer el sentido de justicia de lo pactado. O con el tópico de justicia cargada de verdad, rigor y audacia como instrumento contra la impunidad y la corrupción. Y con el tema de los derechos políticos, sociales y económicos consagrados para los combatientes revolucionarios comprometidos con la acción política sin armas en los escenarios proyectados para el denominado post conflicto.

Colombia: ¿Fracasara el SI en el Plebiscito de la paz? (Kaos en la Red)

plebiscito-Col 2

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Las encuestas indican que el No a la paz se impondría en el Plebiscito santista.

Varios errores explican el desplome del SI en el Plebiscito de la paz convocado arbitraria y unilateralmente por la elite politica de la Casa de Nariño, desconociendo el Acuerdo especial de agosto del 2012, entre las FARC y el Estado.

¿Cuál es el afan de hacer un plebiscito en 6 semanas, bajo la conducción de una desacreditada clase política de gamonales corruptos y desconociendo a la sociedad civil y a los movimientos sociales y populares?

¿No será el momento de proyectar la Asamblea Constituyente de la paz, soberana y popular?

La legitimación de la paz mediante el plebiscito que se ideó el señor Santos a su manera, no parece convencer a la mayoría de los colombianos según lo indican las más recientes encuestas sobre las votaciones por el SI o el No en la fecha que se establezca en su momento para definir este delicado tema que produce grandes tensiones y controversias.

La frialdad e indiferencia de millones de personas es la nota más sobresaliente en la cultura política de los colombianos frente a los avances del proceso de paz y la eventual realización de una refrendación.

La Revista Semana ha hecho pública una encuesta de Ipsos para RCN Radio y Televisión, La F.m. y SEMANA en la que se evidencia que la mayoría de los colombianos están afectados por el derrotismo y el escepticismo. Solo tres de cada diez personas tienen esperanzas en que los diálogos de paz lleguen a buen término, y siete de cada diez sienten que las cosas van por mal camino (http://bit.ly/2aSmsXZ).

Por primera vez los ciudadanos que afirman que votarían No al plebiscito con el que se busca refrendar los acuerdos de paz son más que los que votarían por el Sí. Mientras, en junio, el 39 por ciento señalaba que votaría No; ahora, cuando la convocatoria al plebiscito es una realidad, la cifra de los opositores asciende al 50 por ciento. En cuanto al número de personas que respaldan el Sí, en las últimas seis semanas esta cifra pasó del 56 al 39 por ciento, es decir, 17 puntos. El número de indecisos se duplicó, al pasar del 5 al 11 por ciento (http://bit.ly/2aSmsXZ).

¿Cómo explicar esta tendencia coyuntural de la ciudadanía?

Mi reflexión intenta dar respuesta a tal cuestión en los siguientes términos:

Colombia: Plebiscito y demodiversidad (Kaos en la Red)

demodiversidad

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

Humberto de La Calle, delegado del gobierno en los Diálogos de Paz de La Habana, abre un interesante debate sobre la democracia ampliada que propicia la apertura democrática.

La demodiversidad, como expresion de una democracia no institucional, es un referente que enriquece el proceso plebiscitario y la democracia ampliada que propicia la apertura democrática del proceso de paz que se adelanta entre el Estado colombiano y las FARC.

Las tesis de Humberto de La Calle, planteadas recientemente, son un trascendental aporte en el debate civilizado sobre los desafios que las conversaciones de paz le plantean a la sociedad respecto de la construccion de un nuevo regimen de libertades y derechos civiles.

Bienvenidas sus interesantes y sustentados análisis, poco frecuentes en el ambito de la elite dirigente nacional. Las acogemos con todo el respeto y las valoramos con el rigor correspondiente.

El proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC ha suscitado una importante reflexión sobre la democracia colombiana y sus nuevos escenarios.

Humberto De La Calle, delegado del gobierno para los diálogos, ha planteado en reciente artículo del portal "La Silla Vacía" (http://bit.ly/2amyFnx), un conjunto de consideraciones al respecto, sustentadas en la premisa que insinúa un vaciamiento de contenido de la democracia colombiana, que bien puede caracterizar ese sistema político en el momento; valoración acentuada a partir de los Diálogos de La Habana para poner fin al conflicto con las FARC.

Los problemas estructurales de la idea liberal

Agrega que primero están los problemas estructurales de la idea liberal.

Indica que las troneras son varias: la idea de la igualdad ha sido reemplazada por la visión postmodernista de lo específico. Y dice, en esencia, es la noción misma de ciudadanía la que está en quiebra.

Sostiene que ahora tenemos una democracia que juega en diversos tableros. La irrupción de los movimientos sociales es una realidad que desborda los conceptos originarios (http://bit.ly/2amyFnx).

La segunda tronera viene de un examen microscópico del poder: influencia de los grandes capitales, financiación de la política, dañado y punible ayuntamiento entre el Ejecutivo y los flamantes “representantes del pueblo”. Es decir, democracia aparente como mascarón de proa de un sustrato plutocrático.

La tercera tronera viene de la ética: corrupción, beneficio personal, finlandización de las decisiones por interés inconfesable.

Y concretando, hace este diagnóstico sobre el caso específico nacional: en realidad, pese a la multifacética apelación a la democracia participativa en la Constitución del ' 91, la práctica ha sido bien distinta. Lo que sí ha ocurrido, es un crecimiento inorgánico de mecanismos informales de participación ciudadana, arropados bajo el manto de la insatisfacción (http://bit.ly/2amyFnx).

Dignidades campesinas, paros caminoneros, la desvelada voz étnica, el clamor por la apropiación de la identidad sexual, en fin, manifestaciones superpuestas y fragmentarias cuyo denominador común es la protesta y la antipolítica.

El riesgo no es la protesta, agrega. El riesgo son las limitaciones de la protesta. La incapacidad de encauzar acciones y metas mediante procedimientos eficaces. La protesta no como medio, sino como fin.

Y en el territorio de la democracia participativa, surge una cuarta tronera de reciente cuño: Democracia no es tanto método para decidir por mayoría, sino instrumento para proteger las minorías. Los derechos pesan más que la estadística.

¿Qué sigue?, se pregunta De La Calle.

Primero hay que refinar el diagnóstico sobre el sitio preciso en que nos encontramos. Una especie de GPS que señale si estamos en el ocaso de la democracia liberal, o en el amanecer de una nueva gobernanza postmodernista. O también, aunque suene difícil, si las sombras son pasajeras y hay un nuevo futuro para la democracia representativa (http://bit.ly/2amyFnx).

En Colombia hay un mosaico de acciones centrífugas, precisa.

Una “clase política” miope prefiere seguir en el banquete sin pensar en las consecuencias

Segmentos bien intencionados, en cambio, trabajan en las refacciones del edificio, con la creencia de que la estructura está sana: normas sobre partidos políticos, financiación de campañas, sistema electoral, ampliación y refinamiento de la representación.

Otros buscan por el lado de los movimientos sociales. Una pista alternativa como suele ocurrir en ciertos festivales del arte pictórico: un salón de rechazados. No digamos que un circo de dos pistas para no caer en la ácida diatriba.

No pocos juegan el juego ciego de la insatisfacción que se nutre a sí misma, plantea.

Y la mayor porción de nuestros ya casi cincuenta millones de habitantes, bastante desentendidos, embargados en la lucha por el condumio, la faltriquera, léase la simple supervivencia.

La disyuntiva no se resolverá súbitamente. No se ve algo que ocurra de la noche a la mañana.

Pero lo que sí es cierto es que el armazón representativo que hoy tenemos está mostrando grietas, sostiene HDLC.

Las ideas de La mesa de La Habana

De la Mesa de La Habana surgen ideas, por ahora acaballadas en los dos escenarios: mejoramiento del funcionamiento representativo pero a la vez revisión de sus linderos a fin de buscar una arquitectura más incluyente.

Antes de un diagnóstico final, que quizás se demore, lo que sigue en el inmediato futuro es escoger entre la nostalgia del autoritarismo o la acción cuidadosa y transicional buscando conducir las aguas de los conflictos sin desbordamientos cataclísmicos.

Lo que sí es cierto es que terminado el conflicto interno militar, el conflicto social perdurará. El reto es no matar el tigre y asustarse con el cuero. Ante el fragor social, lo peor sería dar marcha atrás y llamar a somatén para reiniciar la guerra.

Ese será el momento de la serenidad, de la mente abierta para asimilar el conflicto y para impulsar el cambio. No será el momento del retroceso, se plantea.

Una visión sin arrogancia, sin temor del “ensayo y error”, distribuyendo el ojo y el oído de la autoridad en un escenario genuinamente plural para ir construyendo con paciencia de abeja obrera un nuevo tejido que permita una gobernanza sostenible, recomienda.

No se puede menos que coincidir con estas sugerentes cavilaciones del representante del gobierno del presidente Santos en las conversaciones para poner fin a la guerra.

Ampliar el ejercicio reflexivo sobre una nueva democracia

Sin embargo, el reto consiste en profundizar el ejercicio de pensar los términos de lo que la apertura política en curso ha propuesto como democracia ampliada y lo que puede significar el Plebiscito por la paz.

"El denso y fecundo comienzo de un nuevo ciclo político, deja en evidencia, una vez más, los síntomas del agotamiento del modo de producción de conocimiento vigente y todavía dominante en nuestra sociedad", afirma Capece Woronowicz (http://bit.ly/2asalSu). Más específicamente, consideramos que la peculiar cartografía (cartas geográficas) social, gestada durante al menos las dos últimas décadas, escenario de una renovada conflictividad y vitalidad social, vuelve a colocarnos frente a la necesidad y la posibilidad de una transformación epistemológica de las Ciencias Políticas. Nos plantea la autora: "Ubicamos estas líneas reflexivas", al hilo de Capece Woronowicz, "en el marco de un contexto crítico y transicional de la producción de conocimiento en Colombia que demanda un pensamiento capaz de elaborar la incertidumbre y de comprender la organización transformativa de los pueblos. Ya difundida y generalizada cierta conciencia preliminar sobre la indispensable necesidad de reformulación conceptual, analítica, y epistemológica, ahora se impone un esfuerzo de extraordinaria imaginación que nos permita captar la esencia de la doble dinámica de lo social, expresada en una rica y múltiple imbricación de fases y procesos que se orientan tanto a la recomposición como a la descomposición de lo social, en el análisis de Svampa" (http://bit.ly/2ajHUGY).

Experimentando el tipo de realidad social radicales transformaciones y alterándose de modo también sustancial el tipo de participación que el individuo tiene en la producción de esa realidad, es de esperar también que la capacidad de creación de conocimiento se desarrolle mucho más allá de los límites conocidos.

Esta reflexión sobre el plebiscito en su relación con la demodiversidad pretende participar y nutrir el actual debate sobre la ampliación de la democracia.

Los campos problemáticos que durante los años noventa y primera década del siglo XXI, dominaron el análisis de la democracia en Colombia han sido relegados por nuevas preocupaciones teóricas y políticas a raíz del proceso de paz, como las tratadas por De La Calle.

Resulta fundamental analizar y comprender estas transformaciones en toda su magnitud, transformaciones que son gestoras de nuevos mapas políticos (todavía en formación) que prefiguran inciertos panoramas en nuestra nación. En particular, lo que nos interesa destacar es que el derrotero del proceso de construcción democrática propio del ultimo lustro, ha gestado un nuevo piso de debate y esto, quizás, a causa de la intervincularidad de tres procesos sobresalientes: la consolidación fáctica de la democracia electoral; la difusión de una profunda insatisfacción con los resultados de esa democracia electoral y clientelar; y, lo que más nos interesa poner de relieve, la proliferación de experiencias de innovación y profundización democrática que está resignificando la idea misma de democracia como lo hemos podido observar con los paros agrarios, la Minga indígena, campesina y afro y la movilización en curso por el SI en el Plebiscito (http://bit.ly/2asalSu).

Intrínsecamente vinculado con el fenómeno de difusión de crisis políticas significativas montadas sobre un inusitado ciclo de protestas, se da la ampliación del campo de la política cristalizado en la proliferación de experiencias de innovación y profundización democrática basada en principios de generalización del ejercicio de los derechos, apertura de los espacios públicos con capacidades decisorias, participación política de los ciudadanos y reconocimiento e inclusión de las diferencias.

"A partir de los años recientes, diferentes movimientos sociales han desarrollado un nuevo ciclo de protestas que inauguran novedosas formas de acción y deliberación, ligadas a la ampliación del canon democrático. Posiblemente lo más seductor de este ciclo de experiencias de conflicto y crisis sea que no se trata de hechos aislados, sino de factores emergentes que evidencian tiempos de cambio que es necesario sostener", plantea Capece Woronowicz. (http://bit.ly/2asalSu).

Todo orden democrático está definido por su carácter conflictivo, abierto y plural en tanto que la vitalidad de la democracia radica en su capacidad de reinvención permanente. En este sentido, la relevancia de este tipo de análisis actualizados sobre el desarrollo democrático se sostiene en la consideración necesaria sobre la problematicidad del clima social de los años recientes, caracterizado por grandes acciones de masas que han cuestionado el modelo neoliberal, especialmente en su componente agrario.

Es precisamente la protuberancia de este campo de experiencias sociales, síntoma evidente del surgimiento de un nuevo período que marca un momento de inflexión histórica, lo que ha dado lugar a un florecimiento del debate sobre la democracia. En la producción teórico - analítica propia del actual debate asociado a la convocatoria del Plebiscito para refrendar los Pactos finales de Paz, podría afirmarse que las Ciencias Políticas desarrollan dos horizontes diagnósticos respecto del estado de avance de la apertura democrática. Por un lado, puede constatarse la presencia y vigencia de un diagnóstico del derrotero de Colombia a lo largo de los años ' 90 y primera década del siglo XXI, que pretende dar cuenta de un crónico y multidimensional déficit democrático, que la Constitución de 1991 intentó superar, que, de modo consecuente, se materializa en un sobrextendido pesimismo sobre la democracia. Por otro lado, la perspectiva en tensión, delineada desde comienzos del actual proceso de paz, se orienta a realzar cierta tendencia a la revigorización de la política derivada del interés renovado en la reconstrucción del espacio público como ámbito en el que se definen los rumbos y modalidades de la convivencia colectiva. Esta segunda perspectiva signada por cierto optimismo hacia un desarrollo democrático diferente, da cuenta de experiencias novedosas que, en nuestro caso, se expresan manifestando un nuevo compromiso colectivo, de afianzamiento democrático. De hecho, esta segunda perspectiva no confronta explícitamente con la anterior, sino que se puede considerar que el ánimo de ambas coexiste y, en simultaneidad, alimentan un nuevo campo de interpretación sobre el desarrollo democrático en momentos de paz. "Este ánimo se expresa incluso en el espacio de las Ciencias políticas, donde el debate sobre la democracia se amplía, desvinculándose de las contribuciones más economicistas y neoinstitucionalistas reinantes durante la década anterior", considera Capece Woronowicz (http://bit.ly/2asalSu).

Renovar el debate político

Hasta hace muy poco tiempo, la reflexión y el debate políticos habían perdido vitalidad y contenido entre nosotros. En este sentido es que se plantea que requieren ser renovados y promovidos. Los análisis referidos a la democracia existente han ganado espacio, no obstante, la construcción de una cartografía teórico-analítica que habilite nuevas interpretaciones y líneas sustantivas explicativas de lo que sucede fuera del ámbito institucional, como los paros y mingas étnicas, en términos de desarrollo democrático, es un elemento prácticamente ausente. En virtud de este diagnóstico es que asumimos la tarea de desarrollar el concepto de demodiversidad  y a partir de él, dar cuenta de las experiencias que en la región invitan a una reinterpretación de la democracia en términos de construcción colectiva posible.

La lucha por la demodiversidad y la importancia del plebiscito

El nuevo ciclo de movilizaciones sociales y populares vinculadas con el proceso de paz que se adelanta en la Mesa de negociaciones de La Habana tiene como substrato común la lucha por la demodiversidad. (1)

Colombia: ¿Para cuándo y cuántos votos por el Plebiscito de paz? (Kaos en la Red)

plebiscitos-paz

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

La fecha de realización del Plebiscito, su campaña y votos por el SI, son dos puntos centrales en la terminación de la guerra en Colombia.

No hay que permitir que el señor César Gaviria desvíe la naturaleza y fines del Plebiscito de paz dados sus pésimos antecedentes como gestor del neoliberalismo y de 25 años más de guerra contrainsurgente, con los bombardeos criminales de la Uribe en el año 1990.

Dos datos son claves respecto del plebiscito de paz que recibió el visto bueno de la Corte Constitucional con el fallo del 18 de julio, cuyo texto aún no se conoce en su integridad.

Me refiero a la fecha de su realización y al número de votos por el SI que lo consolidaran como el mecanismo excepcional de refrendación y legitimación del Acuerdo final que firme el gobierno del Presidente Santos con la delegación plenipotenciaria de las FARC.

Sobre la fecha

Respecto de la fecha de las votaciones es necesario considerar los siguientes elementos.

La Corte Constitucional, según informó el martes 19 de julio, dará a conocer en los próximos días el texto completo de la sentencia. A partir de allí, el fallo será remitido al Congreso. De allí, tiene que ser enviado a la Presidencia para su respectiva sanción. Todo este proceso no debería tardar más de 15 o 20 días, como máximo, lo que quiere decir que eso ocurrirá hacia la tercera semana de agosto.

Adicionalmente, el Presidente Santos sólo podrá informar oficialmente al Congreso que convocará un plebiscito cuando tenga en la mano el Acuerdo Final de Paz. Para ello debe esperar a que en la Mesa de Negociación de La Habana se terminen las conversaciones, lo que implica, entonces, que deben evacuarse no menos de 50 temas pendientes que no fueron resueltos cuando se cerraron las discusiones de cada uno de los seis puntos de la agenda, además de establecer un consenso sobre el estratégico tema de los ajustes institucionales a la maquinaria del gobierno para adecuarla a la implementación de los acuerdos de paz, que, obviamente, deben trascender la retórica de los modelos neoliberales de la Nueva Gestión Publica que promueve e impone la OCDE y sobre la convocatoria de una Constituyente social que profundice los acuerdos.

En esas circunstancias, es probable que en la primera semana de octubre terminen cada uno de estos procesos previos para que entre a rodar el mes de pedagogía y promoción del Pacto final, ordenado por la Corte, con las FARC, lo que conduce a inferir que será a mediados o en la tercera semana del mes de noviembre que se den las votaciones. O tal vez, ello ocurra el 1º de diciembre como sucedió en el plebiscito de 1957 que se realizó en tal día.

Sobre los votos por el Plebiscito

Hay varias hipótesis alrededor del número de votos que se deben depositar por el SI en el Plebiscito, para que se legitime y consolide el potencial político de este mecanismo extraordinario de paz y transformación democrática.

Al respecto, coloquemos, en primer lugar, como un elemento de referencia las encuestas que se conocen hasta el momento sobre el tema.

De un lado, la primera encuesta conocida esta semana, después del fallo de la Corte, pone de presente no sólo que un 47,6% de los consultados está en contra de lo negociado en La Habana, contra un 34,4% que lo apoya, sino que al preguntárseles sobre qué harían para oponerse a la aprobación del plebiscito, el 51,9% dijo que no iría a las urnas y un 36,3% que votaría “No”.

Hasta ahora las encuestas conocidas no permiten arrojar una única conclusión: según la Gran Encuesta de SEMANA y RCN, el 36 por ciento de los colombianos votaría por el Sí, el 25 por ciento por el No y el 36 por ciento no votaría; para el Centro Nacional de Consultoría, el 74 por ciento de los votantes marcaría el Sí y el 26, el No; y para Cifras y Conceptos, el 65 por ciento de los ciudadanos acudiría a las urnas, y de ellos más del 70 por ciento -que equivale a 8 millones de votos- escogería el Sí.

Pero independientemente de los sondeos, el Sí cuenta con mucha artillería. La bandera de la paz, aunque esta sea percibida como imperfecta, es taquillera y esperanzadora, afirma la revista Semana.

Dos observadores políticos de reconocida solvencia analítica plantean las siguientes hipótesis sobre la cifra adecuada por el SI en el Plebiscito.

Francisco Gutiérrez Sanín, en el diario El Espectador, plantea que los amigos de la paz deberían plantearse una meta mínima de votos a obtener en esta elección trascendental. Algo así como siete millones, como piso (http://bit.ly/29XtyHP).

García Duarte se hace la siguiente reflexión sobre la materia: en principio, la misma firma de la paz debiera traer una inmediata reorientación en las actitudes, las que ahora serían más favorables a consignar el SÍ respecto del Acuerdo. Que este flujo de nuevas reacciones en los individuos no se disipe pronto, dependerá de la eficacia simbólica con las que las fuerzas progresistas enfrenten la coyuntura.

De hecho, unos 7 millones de votos, o poco menos, debieran respaldar dicho acuerdo, una especie de plante en las apuestas armadas con la baza de la paz. Son los mismos votos que resultan de sumar los 3 millones de electores independientes y de izquierda, con los cerca de 4 millones, conquistables por el santismo; es decir, el caudal movilizable por las invocaciones de la coalición de gobierno.

De ahí en adelante, cualquiera movilización adicional, estaría configurando una encrespada ola por la reconciliación. De la cual, podría hacer parte una auténtica constelación de iniciativas políticas y ciudadanas. Sería un evento tremendamente estimulante desde el punto de vista del espíritu de cambio, en un país derechizado por la guerra. Aunque el plante de 6.800.000 votos o incluso de los 7 millones, ya sugeridos, no estaría nada mal, sostiene (http://bit.ly/2aiBIx2).

"En todo caso", como lo afirma Gutiérrez Sanín, "yo les aconsejaría a todos los amigos de la paz que no den por descontado que esto va a ser tarea fácil. Por un lado, está la oposición del uribismo -que es una corriente de opinión nada despreciable, al menos si el criterio es el tamaño (otra cosa es si el criterio es su retórica)-. Por otro, está el desgaste del Gobierno, el despelote de los partidos pro - paz, y la apatía de grandes sectores de opinión".

"El problema inmediato consiste", agrega, "en que el plebiscito puede perderse de tres maneras. Primero, quizá no exceda el modesto umbral que tiene que conseguir. Segundo, el ' sí ' tal vez alcance menos votos que el ' no '; muy improbable, pero aún así una opción que tiene que ser considerada. Pero también es posible, en tercer lugar, que el ' sí ' pase el umbral raspando. Una victoria basada en 4.600.000 votos sería pírrica, y dejaría intactas todas las condiciones para que la orientación desestabilizadora de la oposición de extrema derecha se mantuviera.

La campaña política por el SI

Colombia: El Plebiscito y una nueva concepcion de la democracia (Kaos en la Red)

Plebiscito-Col

Foto: TeleSur

horacio-duque

Por Horacio Duque Giraldo

El Plebiscito especial para la paz pone a temblar el viejo modelo de la democracia liberal oligarquica colombiana. Hay que elaborar y construir una nueva concepcion de la paz

El proceso de paz esta transformando el regimen de democracia liberal colombiana y con el Plebiscito para la terminacion del conflicto lo que se espera es un reconfiguracion de la democracia para propiciar una nueva relacion entre Estado y sociedad civil.

El Plebiscito especial que se realizará en Colombia en los proximos meses para legitimar el Acuerdo de paz está modificando los viejos parametros de la democracia representativa y del partidismo clientelar.

La nueva democracia ampliada que se expresara en el Plebiscito deja en el aire los agentes de la violencia y del uso de las armas como instrumentos de coaccion politca.

Daremos nuestro respaldo al plebiscito con un SI al Acuerdo final que se firme entre el gobierno del Presidente Santos y las FARC, momento en que se inicia la campaña para las votaciones que refrendaran el fin del conflicto social y armado, que bien pueden ser en octubre o una fecha posterior, pues aún faltan varios temas por pactar en la Mesa de Conversaciones..

Haremos la pedagogía para la paz para comprometer más ciudadanos con la paz y la convivencia.

Para ganar millones de colombianos que rechacen la violencia, realizaremos todas las tareas que sean convenientes. Nada está seguro hasta el momento y, hacer las cuentas de la lechera, con la entelequia de los 10 millones de votos es puro folclorismo barato que afecta la construcción de una consistente voluntad nacional por el fin del conflicto.

Conseguir votos es una tarea muy difícil. Convencer a la gente no es fácil. Por eso no pecamos de ilusos ni nos pegamos a fantasías politiqueras acompañadas de la consabida crematística clientelar.

Los impactos democráticos del Plebiscito

Como quiera que el Plebiscito es un acontecimiento político de envergadura. Un proceso extraordinario que pocas veces se da en la sociedad, resulta necesario reflexionar sobre sus implicaciones e impactos en la democracia liberal colombiana.

Los interrogantes

Las preguntas que nos hacemos son las siguientes: ¿transformará el plebiscito de la paz la democracia limitada que prevalece en el sistema político colombiano? ¿Permitirá una relectura de la democracia como modelo de organización y relacionamiento político de los integrantes de la sociedad?, en ese sentido  también conviene plantearse: ¿Cómo caracterizar la actual democracia colombiana? ¿Cuáles son los problemas que la afectan en su funcionamiento? ¿Cuáles son los nuevos paradigmas de la democracia en la actualidad?

ABC del plebiscito de la paz

Abordar estas cuestiones implica, en primer lugar, establecer el contenido y los alcances del Plebiscito que se convocara próximamente. Claramente no se trata de un procedimiento rutinario en la gestión de las instituciones liberales. Su realización se encadena al proceso de paz y al enfoque de la democracia ampliada pactada en el consenso sobre participación política. Es fruto de la apertura democrática que ocurre con ocasión de las conversaciones de paz con la guerrilla de las FARC.

El plebiscito sólo es posible y explicable como recurso para salir de la crisis que propicia la violencia y la lucha armada.

Comprender las dimensiones de dicho evento supone aproximarse con la mayor objetividad a la Ley que lo reglamentó (1) como una herramienta especial para legitimar la paz y a la sentencia con el pronunciamiento de la Corte Constitucional que determino su exequibilidad.

Allí hay mucha tela que cortar.

La ley salió como entró a la Corte. Justo a la medida de los requerimientos y exigencias de la coyuntura.

Los aspectos nodales de la jurisprudencia son muy concretos: se trata de un plebiscito especial para la paz; el umbral es del 13%, esto es, casi 4.500.000 votos; son los sufragios que debe sacar el SI para que triunfe; los funcionarios públicos podrán y deben participar en la campaña correspondiente; su aprobación tiene efectos vinculantes para el Presidente que lo convoca, pero no para el resto de poderes públicos; los ciudadanos podrán conformar comités promotores del SI o el NO, según reglamentación que expida el Consejo Nacional Electoral; la votación mayoritaria por el SI blinda el Acuerdo final de Paz hacia el futuro como un compromiso y obligación de Estado; si se impone el NO, habrá que comenzar de nuevo con los Diálogos de Paz; la campaña se inicia al momento de la firma del Acuerdo definitivo de Paz; no vale el voto en blanco; la campaña dura un mes y debe incluir una amplia pedagogía de la paz; nadie puede utilizar el plebiscito para promover campañas presidenciales o candidaturas a cargos de representación;  y los medios de comunicación, todos sin excepción, tiene la obligación de adecuar espacios para la promoción del plebiscito.

Para intentar aclarar la incidencia de este evento político excepcional en la democracia realmente existente, asociada con la exclusión, la desigualdad, la abstención, la apatía, la corrupción y el clientelismo, es necesario intentar caracterizar de manera muy objetiva el tipo de régimen político prevaleciente en el Estado.

Previamente hay que hacer un punteo de orden histórico.

Algunas consideraciones históricas sobre la democracia colombiana

En Colombia, la incorporación de la democracia representativa, no fue precisamente producto del proceso de industrialización y modernización como en los países del occidente europeo y los Estados Unidos, sino que fue introducida tempranamente como parte del ordenamiento jurídico y político que siguió al proceso de independencia de 1810. En muchos casos, estuvo completamente desligada de la realidad política y socio - cultural en que se debatían las incipientes mayorías nacionales, y por tanto, no cumplió la función homogeneizadora de las sociedades avanzadas.

Particularmente en el caso colombiano,  la democracia liberal se asentó sobre una sociedad heterogénea, en la que no se cumplía el principio de la democracia representativa como cuantificación de la voluntad colectiva, porque el porcentaje de población habilitada como ciudadana para ejercer sus derechos políticos era mínima (en virtud del voto censitario), pero sobre todo porque no existían las condiciones materiales para la liberalización del individuo y su incorporación en el mercado (prerrequisito liberal de la igualdad económica), que recién se cumplieron con las reformas liberales de los años 30.

Las reformas de López Pumarejo, Eduardo Santos y Alberto Lleras, significaron un importante momento en ese recorrido porque sentaron las bases de la democratización social por la vía de la reforma agraria (ley 200), la construcción del mercado (reforma laboral), y por tanto, del individuo libre de la tutela latifundaria, junto a la conquista iniciática del voto universal. Sin embargo, este proceso resultó limitado por varias razones, entre otras, porque no logró encarar el problema de la diversidad estructural del país, sino que se basó en la supuesta homogenización social bajo la categoría de pueblo que encubrían una realidad social mucho más compleja.

Más adelante, la política discurriría en la confrontación antagónica de los ciclos de la violencia agraria. Con las movilizaciones por la recuperación de la democracia a fines de la década de los ' 50, se incorporó plenamente la democracia representativa al acervo político.

No obstante, siempre se planteó la cuestión, con ocasión del régimen bipartidista del Frente Nacional y el post Frente Nacional, sobre el rol efectivo de la democracia representativa, en un país en que las definiciones de los procesos políticos pasaban por núcleos de poder que monopolizaban los recursos estratégicos de la política. Es decir, quien ganaba las elecciones por cuenta de los privilegios burocráticos y electorales y además tenía apoyo de parte del ejército, accedía al poder. En el fondo, estábamos delante de  la existencia de núcleos decisivos donde se dirimía la política más allá de la mera cuantificación anónima del voto. Realidad que remite a la reflexión sobre la eficacia de la democracia representativa -un hombre un voto- como expresión de la voluntad política colectiva.

Con la prevalencia de la democracia representativa y los agregados de la reforma constitucional de 1991, se dio un ciclo histórico protagonizado por los partidos políticos como sujetos exclusivos de la representación política y, al igual que en otros contextos democráticos latinoamericanos, los principales problemas han girado en torno a la administración de la gestión pública, una débil institucionalidad, y una cultura política caudillista, clientelista y patrimonialista. En el caso colombiano, el patrón de interacción partidaria denominado democracia bipartidista que dominó desde los años ' 60, provocó distorsiones en el ámbito de decisiones políticas; así, mientras el Estado promovía un proceso de modernización económica (Carlos Lleras, López, Turbay y Gaviria), la gestión estatal era sostenida sobre el patrimonialismo hacendario corporativo del pasado y el influjo de las corporaciones financieras.

En síntesis, desde la fundación de la República en 1810, hemos vivido una sistemática separación entre un Estado formalmente montado sobre normas y leyes, y una dinámica social que mediante la acción organizada y medidas de presión, ha podido acceder ocasionalmente a escenarios de decisiones políticas, como se refleja en la actual coyuntura.

La caracterización de la democracia

Para caracterizar la democracia colombiana actual recurro al análisis de Duque Daza (2), quien se refiere a una realidad democrática que podemos caracterizar como deficitaria.

"En la actualidad", dice Duque Daza, "Colombia constituye una democracia con adjetivos". Una de las clasificaciones más difundidas, la del diario The Economist, la califica como una democracia defectuosa.

"La democracia colombiana", agrega Duque, "en las últimas tres décadas ha sido estudiada y calificada con adjetivos negativos".

"Durante las décadas del setenta y del ochenta", prosigue Duque, "a la vez que se enfatizaba en la larga tradición de civilidad y de ausencia de dictaduras militares, así como de una larga sucesión de elecciones periódicas, los estudios y análisis coincidían en aplicarle adjetivos que expresaban un faltante en términos de cierre, de restricciones". Diversos análisis utilizaron denominaciones como democracia oligárquica (3), democracia restringida (4), democracia limitada (5) y democracia cerrada.

"Desde comienzos de la década del noventa", plantea Duque Daza, "tras una serie de reformas institucionales que propiciaron una mayor apertura, nuevos escenarios y espacios de participación, los adjetivos referidos a la democracia dieron un giro y expresaron un acento en la presencia en el sistema político de actores extralegales de poderes fácticos que incidían en la funcionalidad de la democracia, emergieron denominaciones como democracia asaltada (6), democracia sitiada (7), democracia mafiosa, según el Observatorio de Derechos Humanos, 2005 y hasta paracracia" (8). Los más recientes análisis la ubican como una subpoliarquía o una democracia de baja calidad (9).

"Este conjunto de denominaciones apuntan", considera Duque, "por un lado, a expresar una especificidad en clave defectuosa de un faltante, por otro lado, a resaltar la presencia de actores que inciden de forma importante en su funcionalidad (el narcotráfico, las guerrillas, los paramilitares) y, en tercer lugar, sin negar la existencia de componentes propios de las democracias electorales, a señalar su déficit". "Estas dimensiones son relevantes para una aproximación a la caracterización de la democracia colombiana, lo cual implica preguntarse por la naturaleza del faltante, de lo defectuoso, del déficit, y auscultar cuáles es y en qué consiste la incidencia de actores extralegales en la funcionalidad democrática", se pregunta Duque Daza.

Los mínimos de la democracia

"Lo primero", agrega Duque Daza, "el faltante y lo defectuoso, sólo se puede asumir respecto a un referente, el cual corresponde en la literatura politológica con los mínimos procedimentales o mínimos universales por debajo de los cuales un régimen no puede considerarse democrático, esto es: sufragio universal masculino y femenino; elecciones libres, competitivas, recurrentes y correctas; existencia de más de un partido; presencia de fuentes alternativas y diferentes de información, respeto a las libertades básicas" (10).

Las interferencias a la democracia

"Lo segundo", plantea, "en relación con lo anterior, implica considerar que la presencia de actores extralegales interfieren en el proceso electoral (el carácter libre y competitivo de las elecciones por la presencia de formas coactivas de inducción del voto y de constreñimiento a la competencia); afectan las libertades de expresión, organización, asociación; la corrección y limpieza en los procesos con prácticas de manipulación y fraude en los procedimientos de conteo y escrutinio".

"A partir de los déficits, Colombia ha sido clasificada como un régimen no democrático, por lo menos, no plenamente democrático: se ha denominado semidemocrática (11), ha sido incluida en el grupo de países semidemocráticos y parcialmente libre por parte de Fredom House en el periodo 1989 - 2012; Larry Diamond (12) la incluyó junto con Venezuela y Paraguay dentro de los regímenes ambiguos de América Latina, y Andreas Shedler (13) la clasificó como un régimen autoritario electoral, definiendo estos como los regímenes en los cuales, a diferencia de las democracias electorales (diferentes a las democracias liberales, que desarrollan el ámbito de los derechos también) no se cumplen todos los componentes de la cadena democrática (elecciones democráticas e inclusivas, libertad de oferta política, protección para la expresión de las preferencias electorales, sin coacciones y sin corrupción; igualdad del voto; acceso a fuentes alternativas de información). En esta perspectiva, las elecciones sólo pueden ser democráticas si cumplen con todos los requerimientos, de tal forma que expresiones como democracias parciales, cuasidemocráticas o semidemocráticas no tendrían cabida", afirma Duque Daza.

"En la clasificación de Leonardo Morlino (14), Colombia está ubicada dentro de los regímenes híbridos de democracias sin ley, condición que se ha mantenido sin que se presente en las últimas décadas una transición hacia una democracia (plena), pero tampoco hacia un régimen autoritario", agrega.

"El entorno turbulento con presencia de actores extrainstitucionales armados genera una dinámica de interferencia en los procesos funcionales democráticos, que los desvirtúan e impiden que el caso colombiano constituya la expresión de una democracia de mínimos, por el contrario, identifica un régimen democrático de submínimos. Se ubica por debajo del umbral, con el cual un régimen puede considerarse democrático. Esto implica, como lo señalaron Pizarro y Bejarano en el texto ya citado, una relación entre dos escenarios o campos: uno institucional (los procesos democráticos) y otro extrainstitucional (los actores armados ilegales: las guerrillas, los grupos paramilitares y las organizaciones neoparamilitares que en el lenguaje oficial se han denominado Bacrim o bandas criminales) que lo afecta y lo desvirtúa. Esta articulación y traslapamiento entre ambos campos se complejizó aún más durante la última década (2002 - 2012) por las evidencias de penetración de los grupos paramilitares en los procesos políticos, en las elecciones y en las instituciones de representación popular, y la incidencia de la criminalidad organizada en el manejo de las instituciones, en lo que ha sido denominado captura parcial del Estado", sostiene Duque Daza.

De forma complementaria a esta tesis de los campos en interconexión, durante la última década el proceso electoral, se vio distorsionado afectándose el carácter de las elecciones que dejaron de ser libres, correctas y competitivas, tanto por la coacción ejercida por los grupos armados ilegales, como por el hecho de que los propios actores del juego político desconfían de la limpieza de los resultados, y en reiterados casos lo han cuestionado. El Estado ha sido incapaz de regular y garantizar la realización de elecciones limpias en todo el país, la corrupción en el sector público ha alcanzado grandes dimensiones (incluyendo las instituciones electorales) y la alta impunidad opera como un incentivo a la delincuencia organizada y a la violación de las libertades y derechos fundamentales de la población. Asimismo, ante la no provisión de bienes y servicios por el Estado a amplios sectores de la población, sectores políticos asumen un papel de intermediación particularista creando redes de clientela que se han traslapado con los actores ilegales (15).

Así, Estado precario y democracia deficitaria integran una diada, en la cual el primero constituye un factor determinante de lo segundo. En Colombia las deficiencias estatales, su captura parcial por parte de actores ilegales y las características de los partidos políticos (la deformación de su tradicional función de representación, así como los vínculos establecidos por algunos de ellos y por congresistas y dirigentes locales en otros, con organizaciones criminales) constituyen las variables que generan las limitaciones y los déficits centrales de la democracia, dándole el carácter de una democracia de submínimos, de subpoliarquía, es la tesis de Duque Daza, que, en la perspectiva de una democracia sin ley, se trata de una situación en la cual se combinan condiciones de ilegalidad con institucionalidad precaria. El Estado es incapaz de mantener y garantizar la funcionalidad de los procesos electorales que caracterizan las democracias liberales, tampoco está en condiciones de garantizar una adecuada protección de los derechos civiles, lo cual genera un inadecuado funcionamiento, o la inexistencia, de instituciones legales. Las deficiencias estatales afectan la competencia política por presencia de coacción y violencia contra partidos y candidatos, de constreñimiento a los electores, de manipulación de los resultados.

Si además de los aspectos propios de la poliarquía consideramos, según Duque Daza, también los resultados, la democracia colombiana es además deficitaria. En esta perspectiva se ubican los trabajos que abordan actualmente la calidad de la democracia, y que  incluyen dimensiones procedimentales y sustanciales: los resultados en términos de igualdad y de libertades, así como de responsabilidad en el cumplimiento de las funciones de los gobernantes y de la estructura del Estado (16). Hay un gran contraste entre la formalidad que consagra los derechos y libertades en la Constitución Política de 1991 y sus desarrollos y su concreción en la realidad. Aunque están consagrados los derechos, estos no se concretan.

Límites de los derechos civiles y políticos

Hay grandes limitaciones a los tres componentes de dignidad personal, derechos civiles y derechos políticos, no hay garantías para la seguridad y la integridad de los ciudadanos ni para el ejercicio pleno de las libertades básicas; los ciudadanos están expuestos a toda serie de amenazas, son muy vulnerables, y el Estado es débil a la hora de actuar como garante universal de los derechos, si bien las instituciones jurídicas dan cada vez más cabida a la defensa de los ciudadanos a través de mecanismos legales como la acción de tutela. Se presenta un contraste entre la formalidad y la realidad. En cuanto a los indicadores de derechos políticos y civiles, denotan poco respeto a los derechos humanos, los derechos de asociación y organización y de autonomía personal, incluidos también los derechos económicos. Según las categorías de Freedom House (17), Colombia sigue siendo catalogada como un país parcialmente libre. En libertades civiles se ha presentado un relativo avance en los últimos años, pasando de parcialmente libre a libre, aunque en el umbral mínimo. El peor indicador corresponde al que da cuenta del condicionamiento de libertades y derechos por la presencia de actores armados.

La desigualdad social

Por otra parte, Colombia es el país con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza de América Latina y el cuarto más desigual del mundo. En Colombia un alto porcentaje de su población carece del acceso a bienes y servicios básicos, no cuenta con derechos sociales, económicos y culturales, y desde las instancias gubernamentales no se han dado respuestas a las necesidades de la población que permitan superar esta realidad. El índice Gini en promedio 0,569 para el periodo 1995 - 2011 (frente al promedio de América Latina en 2010, solo en Guatemala era mayor). Aunque han disminuido en la última década, la pobreza y la indigencia todavía son de las más altas del continente (pobreza del 40%), siendo mayor en las áreas rurales y presentando diferencias importantes entre regiones; en el Atlántico y el Pacífico -con mayoría de población afrodescendiente- los índices de pobreza son más altos. En cuanto a la población económicamente activa, más de la tercera parte trabaja en la informalidad, desempleo disfrazado o subempleo ambulante en las calles de las ciudades o en actividades familiares que impiden acceder a la seguridad social básica. Asimismo, en Colombia el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (IDH) es de 0,710, considerado alto, pero teniendo en cuenta el ajuste por desigualdad se reduce drásticamente a 0,479.

En suma: comparados con los mínimos procedimentales propios de las democracias, Colombia, sin constituirse en una autocracia, presenta déficits importantes que afectan a la mayoría de las dimensiones propias de la poliarquía, y presenta rasgos de una sub-poliarquía. Se trata de una democracia defectuosa, con déficits importantes. "Y en términos de sus resultados se caracteriza por ser una democracia de baja calidad", es la conclusión de Duque Daza (18).

Para entender mejor este cuadro del régimen democrático colombiano conviene acudir al análisis que ofrece la filosofía política en sus autores clásicos.

Veamos.

Lecturas de la democracia y la crisis de sus paradigmas

Brexit: Mirando más allá de la nariz (ANNCOL)

brexit

Por Tortilla con Sal

La votación en el Reino Unido para salir de la Unión Europea es muy importante pero quizás no por los motivos que dicen los medios corporativos de desinformación o la falange de economistas ortodoxos; quienes, durante años, han asegurado que la economía productiva europea no funciona. El referendo del 23 de junio marcó la segunda vez en los últimos doce meses en los que una población europea tuvo la oportunidad de decidir un asunto político fundamental de manera verdaderamente democrática. En julio de 2015, el pueblo griego votó en contra de la tiranía económica impuesta por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. La votación no cambió nada. El gobierno griego fue forzado a aceptar las imposiciones de la Unión Europea en contra de la clara voluntad de su pueblo.

Ahora los pueblos del Reino Unido (Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda del Norte) han votado sobre si permanecer o no en la Unión Europea y dos, Inglaterra y Gales, han votado claramente a favor de retirarse. En Inglaterra la ventaja para la opción de salirse fue de más del 8%, en Gales fue de más del 5%. Ahora es muy probable que Escocia va a volver a hacer un referéndum para independizarse y es muy posible que Irlanda del Norte podría optar por votar sobre si finalmente debe unirse a la República de Irlanda. De todos modos, el resultado de la votación de ayer provoca un trastorno constitucional e institucional no solamente en la Unión Europea sino también en el Reino Unido. Queda por verse hasta donde llegarán las élites corporativas occidentales en sus intentos de maniobrar para anular el impacto del resultado por medio del laberinto administrativo y judicial de las normas aplicables dentro del marco legal de la Unión Europea.

Ha sido muy instructivo leer los medios dominados por la opinión socialdemócrata británica; por ejemplo, The Guardian o the Independent. Sus analistas apenas se preocupan por esconder su desdén y menosprecio para la población de las regiones afuera de Londres que votaron a favor de la salida de la Unión Europea. La población de Londres votó masivamente a favor de quedarse, con una ventaja de 60% contra 40%. De hecho, fueron los medios de derecha los que estuvieron más en consonancia con el sentir general de la población inglesa. Sin embargo, eso no quiere decir que se trate de una votación de progresistas contra derechistas. Es cierto que la gente menor de 24 años votó de manera abrumadora para quedarse en la Unión Europea. Pero aún así, parece que la votación fue determinada principalmente por la realidad de clase, con las regiones menos prósperas en rebelión contra las inútiles recetas económicas impuestas por burócratas despóticos en Bruselas y un Banco Central Europeo disfuncional.

Una pregunta fundamental es qué diferencia va a hacer el referéndum para el desarrollo económico de la región. A corto plazo, habrá un período de dudas e incertidumbre mientras se negocian los términos del divorcio del Reino Unido de la Unión Europea. Hay mucho mal humor irracional de parte de las y los dirigentes de la Unión Europea que no augura nada bueno para una negociación exitosa para el bien de todas las partes. Serán críticos los ajustes a la política migratoria y a las normas aduaneras. En importantes países de la Unión Europea, especialmente Francia, Holanda e Italia, se aumentará la presión para poder votar sobre su membresía de la Unión Europea, igual que lo ha hecho el Reino Unido. Muchos factores explican esta reacción; por ejemplo, la incapacidad de las élites europeas para resolver los problemas económicos de la región, o su fatal manejo del fenómeno de los refugiados, o su política contraproducente de sanciones contra Rusia, entre otros.

Joaquín V. González: El Profesorado en Ciencias Jurídicas sin currícula - Solicitan al Rectorado que convoque a plebiscito.

 


Durante el pasado mes de abril del corriente año, se realizaron elecciones para la renovación de autoridades en la Junta Departamental de Ciencias Jurídicas, las cuales resultaron escandalosas por las irregularidades en el escrutinio, las que llevaron al inicio de acciones de amparo por parte de docentes y estudiantes.


Dos proyectos en disputa. Y un Rectorado que tomó partido, legitimando a una porción minoritaria del Departamento que ahora pretende elevar la currícula correspondiente a la carrera de Ciencia Política, afectando a docentes y estudiantes. Cabe destacar que el sector mayoritario ya había elaborado un proyecto curricular para las cohortes 2009, 2010 y 2011, el cual no ha sido prorrogado y en consecuencia, no se abrió la inscripción en la carrera para el ciclo lectivo 2012 debido a la ausencia de una currícula aprobada por el Ministerio de Educación de la Ciudad, afectando la continuidad del Departamento en el tradicional instituto de formación docente.


La preocupación entre las y los estudiantes fue recogida por la Agrupación Alternativa Estudiantil, representantes estudiantiles en el Consejo Directivo del Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González", quienes lo expresaron mediante un comunicado de prensa titulado "Cs. Jurídicas y ¿Ciencia Política? Que decidan los estudiantes".


En su texto, mencionaron que "para nuestro pesar, las elecciones pasaron y ciegos y tuertos continúan con sus mezquinas disputas al interior de departamento, que entendemos no nos llevarán hasta la tan buscada unidad que necesita la defensa de la carrera y el título" y que "varios meses de la escandalosa elección, no hemos dejado de sostener en Consejo Directivo la necesidad de que el Rectorado y las autoridades encabecen la lucha contra los ataques del gobierno a la carrera, pero entendiendo que solo con una amplia participación de estudiantes y docentes en esa lucha puede avanzarse positivamente en ese sentido".




Con respecto a lo informado por el Rectorado acerca de la imperiosa necesidad de la elevación de la currícula correspondiente a la carrera de Ciencia Política, que fuese elaborado por uno de los sectores del Departamento de Ciencias Jurídicas, afirmaron que "esta carrera, en caso de abrirse, condicionará el futuro tanto de docentes como estudiantes de la carrera de Cs. Jurídicas" y por ende, sostuvieron que "no se puede resolver entre cuatro paredes el futuro de los estudiantes".


En vista de la situación planteada, solicitaron al Rectorado que convoque a una jornada institucional obligatoria para docentes y estudiantes con la finalidad de presentar ambos proyectos de currícula y que sean sometidos al debate de ambos claustros, como también se convoque a plebiscito para su votación.


Asimismo, informaron que el pasado sábado 29 de octubre, a las 9.30 hs, se debía reunir el Consejo Directivo, donde se exigiría la no elevación del proyecto de Ciencia Política sin consulta previa con los claustros. Y una vez más, no hubo quórum: "de los 7 consejeros docentes, a la reunión solo asistió uno de ellos" y repudiaron "cualquier intento de anular la discusión y desoír la voz de los estudiantes"


Con respecto a la situación institucional, afirmaron que "la democracia en las carreras y la representación estudiantil son cuentas pendientes en muchos departamentos, así como también la defensa del título de Cs. Jurídicas ante los ataques del INFOD y el futuro de todos los estudiantes de la carrera" y consideraron que es importante "la conformación de algo nuevo en el departamento, que apele a la opinión de todos para hacer fuerte la pelea por la defensa del título, la validez nacional, la reforma del reglamento de la carrera y que avance en la restitución del co-gobierno, hoy inexistente debido al no funcionamiento de la junta departamental"


Finalizaron, sosteniendo que "solo la organización estudiantil, la unidad de todos y la movilización, permitirá fortalecernos para defender lo que nos corresponde, el Joaquín y la educación pública"