Por Mario Daniel Villagra
Para todos y todas, de jóvenes y de adultos, alquilar, por lo general, es la solución a la salida de la casa de los padres y madres. Desde entonces, con ayuda y suerte; decididos a estudiar o a trabajar, asalariadamente o no, al alquilar aparece la figura del inquilino. El tiempo pasa y las cosas, aparentemente, no parecen cambiar. Sólo aparentemente, pues nada más que en Buenos Aires, en 2014, la cantidad de inquilinos aumentó el 10%. Así, en todo el país, los inquilinos e inquilinas depositan sumas que equivalen al 35% de los sueldos percibidos por la remuneración de sus trabajos productivos y reproductivos.
De manera tal que el alquiler es un mecanismo de acumulación de la renta urbana de los capitalistas, similar a la que se entrega con un préstamo del banco o con cuotas a plazos fijos. Como dice el autor del libro Ciudades Rebeldes, “el valor creado en la producción puedes ser recuperado por la clase capitalista mediante los elevados alquileres que los propietarios de viviendas cobran a los trabajadores por su alojamiento”. Ahora bien, la pregunta actual sería, ¿por qué ningún partido político, cualquiera que sea, toma el tema de los alquileres en el marco de las campañas presidenciales del 2015, siendo que es algo que interpela a millones de ciudadanos?, ¿nos condenaran a vivir en nuestras casas, gobernados con el yugo del monopolio de la renta, por siempre?.
Los alquileres, en manos de los rentistas, es un eslabón en la cadena de producción de ganancias, que parte de la renta de la tierra urbana, pasa por el sector de la construcción y también el mercado inmobiliario, antes de llegar al inquilino. Como en una cadena, un eslabón se concatena con otro, en un proceso dialéctico entre individuos y grupos, y así vamos conformando nuestro hábitat. Al habitarlo, cabría hacerse otro interrogante, ¿de qué manera queremos seguir habitándolo? Además de ser productores y reproductores de bienes y servicios, que por esos nos pagan, ¡¿cuándo tiempo más vamos a seguir entregando parte de nuestro sueldo para tener un techo digno?!.
La magnitud del caso, amerita que se tome conciencia: El porcentaje global de inquilinos, en Argentina, es del 14.3% de los encuestados en el último censo. Es decir, el problema es social, y no simplemente político; pero sin dudas debe ocupar un lugar en la agenda pública, de los funcionarios, y fundamentalmente de la sociedad civil que es quien los elige. De lo contrario, seguirá estando en manos del mercado y los rentistas.
En las manos del mercado, la vivienda, en vez de gozarse como un bien de uso, se trasforma en un bien de cambio, en una mercancía; y esto hace que con el alquiler, una vivienda, sea igual a un pantalón o una camisa. Ahora bien, ¿cuál es la particularidad que diferencia la mercancía de la vivienda? Que ésta se lleva, por lo general, más del 35% del sueldo mensual, y que, a diferencia de otra mercancía, la vivienda es un derecho.
Los inquilinos tienen historia



En seis provincias de las veintitrés que componen Argentina, el martes 28 de febrero no comienzan las “clases” formales según el calendario académico para el año 2012. Para ese día se prevén marchas y movilizaciones. Gremios, Sindicatos, trabajadores de la educación y los gobiernos experimentan con la educación, entre métodos y verdades.