Por Claudia Rafael
(Ape).- “Bandolero” y “criminal”, catalogaron al chamán mocoví que lideraba a los resistentes de Napalpí, 90 años atrás. “Pseudo cacique” e “ignorante”, caracterizan los hombres de Insfrán al qarashe qom Félix Díaz que reclama por la tierra.
El poder pone en su mira. Estereotipa. Acusa. Vapulea. Amenaza. Odia. Hiere. Mata. Corre a las fronteras de la historia a los vulnerados mil veces. “Nos duele mucho lo que está pasando. Parece que estamos hechos para sobrevivir por siempre. No estamos para vivir”, dijo Félix Díaz a APe. Horas después de esas palabras fue ratificado como qarashe por su comunidad que votó “no dejar el barco vacío” porque “siempre tiene que tener la tripulación completa. Si saltamos, saltamos todos. Cuidemos a Félix, cuidemos nuestra lucha, porque Félix nunca vendió y entregó nuestra lucha, ésa es nuestra fortaleza”.
Hacía exactamente una semana, el hijo de Félix Díaz y Amanda Asijak había sido apaleado junto a un amigo por una patota. No era la primera vez. No lo era para él pero menos aún para su pueblo.
“La vida humana es una lucha constante. Sólo cuando uno muere, abandona luchar. Pero la verdad es que ando mal porque no tengo descanso. No me siento bien por muchas razones. Hay demasiadas razones económicas. Y uno no sabe cómo salir del tema cuando uno tiene hambre. No sirve el apoyo a la distancia. No es lo mismo decir ´llevamos a la comunidad tal cosa´ que estar. Estando acá en el lugar, no es fácil vivir. Hay que estar en el lugar para entender lo duro y difícil que es. No es fácil ser indígena y hablar como indígena, porque no es aceptado por el Estado”, decía Félix Díaz en entrevista con APe.
“Procedan con rigor para los sublevados”, ordenó. Habían transcurrido 24 años desde el primer día del siglo XX. La voz del gobernador Fernando Centeno se escuchó y fue obedecida a rajatabla. La policía chaqueña rodeó con rigor la Reducción Aborigen de Napalpí, y sostuvo en su mira a niños, mujeres y ancianos tobas y mocovíes durante 45 minutos interminables de fusiles y sangre, de masacre y odio. 200 “sublevados” cayeron bajo la bala fácil destinada a derrotar la semilla de rebeldía que atentaba contra la explotación terrateniente. 200 “sublevados” que danzaban interminablemente mientras el plomo los atravesaba.
Cincuenta años antes, la masacre había olido a perfume siniestro de conquista. El general Manuel Obligado tenía que correr a la chusma del origen y abrir paso a las grandes compañías forestales. “Conquista al desierto”, la llamaron. Y la clave era llevar a los dueños de la tierra a las reducciones, como Napalpí y, sino, a la muerte. Miles cayeron esa vez para asegurar la explotación de los quebrachales, exterminados con tanta severidad como los pueblos del origen.
El quebracho fue aniquilado, como tobas y mocovíes. Y fue el algodón la nueva excusa para la esclavitud. Resiste, resiste, resiste, se susurraban los indígenas en voz de lucha. El chamán mocoví Pedro Maidana lideraba con sus pares la rebelión que terminó en la masacre de Napalpí. La historia del poder y la muerte repite sin hartazgos. Calza de estereotipos y dibuja las excusas perfectas para la muerte. “Bandolero” y “criminal”, le adosaron. “Bandolero” y “criminal”, le arremetieron con muerte y horror. Sus testículos y una de sus orejas se exhibieron por largo tiempo en la Comisaría de Quitilipi. Había que escarmentar.
“Pseudo cacique” e “ignorante”. José Leonardo Gialluca eligió con precisión cada adjetivo. Los paladeó en su boca. Y los rumió largamente antes de soltarlos. Sus palabras no son sus palabras sino el fruto creativo del poder político de su provincia, Formosa, socia de los gobiernos de turno, que lo avalan y se nutren de él. “No nos vamos a cansar de repetir que el único culpable de éstas y otras diferencias y violencia injustificable es el producto del proyecto de Félix Díaz de querer erigirse en referente de algo, cuando ni siquiera puede lograr obtener algo positivo o bueno para su Comunidad Qom, en donde los jóvenes que lo siguen, lamentablemente no poseen ningún tipo de futuro, ya que es esencial que sean educados y formados para la vida en familia y también en sociedad”, escribió luego Gialluca en la página web de la Defensoría del Pueblo de Formosa. Hablaba del ataque a Abelardo, el hijo del medio de Félix Díaz, el qarashe de la comunidad Potae Napocna Navogoh, La Primavera.
“Pseudo cacique” e “ignorante”, catalogó al hombre que en esa misma semana el Consejo de cinco ancianos, cinco ancianas, cinco hombres adultos, cinco mujeres adultas, cinco jóvenes hombres, cinco jóvenes mujeres avaló como su “líder natural”. “Pseudo cacique” e “ignorante”, repitió y muchos medios formoseños avalaron sin dudar. Y otros, socios y escribas del poder redujeron hasta la mínima expresión.
“Nos sentimos inseguros. Pero salir de todo esto no depende de mí. Depende de la justicia, de las personas que tienen responsabilidad en esto. Necesitamos que se respeten nuestros derechos, que se respete al indígena, que se nos considere argentinos, ciudadanos, seres humanos. Pero lastimosamente no tenemos esa mirada de parte del gobierno formoseño. Somos indígenas y no nos consideran seres humanos. Por eso nos hacen sufrir de esta manera”.
“El indígena -decía Félix Díaz a APe- tiene que ser peronista para que se le reconozcan los derechos. O ser radical para que se le considere como ciudadano. Indígena puro no tiene cabida para el Estado. No es que tenemos problemas con la sociedad ni con la militancia social. Es con el Estado. Para el Estado no existimos”.
“Acá no hay nada. No hay nada que hacer. Si hubiese voluntad política se podrían resolver estas cuestiones sociales. Pero es el Estado el que por abandono de persona, promueve el alcoholismo y la drogadicción. Dejan que estas cosas pasen para que los jóvenes se maten. Son estrategias de exterminio. Después salen con esto de que los jóvenes son borrachos, que se matan entre ellos, que nadie tiene la culpa, que los padres somos borrachos. Y que todos somos borrachos y delincuentes. No nos consideran como seres humanos. Entonces, eso a mí me deja inseguro”, insistió el qarashe qom.
Vosotros empezasteis la violencia, dijisteis: ya no es tuya la tierra. ¿No es mía? ¿No tiene mi rostro la patata? ¿No es mi título la espalda desgarrada por la bestia? ¿No es mío el sitio donde me sedujeron los helechos?, escribió el ecuatoriano Adoum.
La misma historia se reescribe una, diez, cientos de veces. La misma marca sobre el rostro. El mismo golpe. El idéntico mazazo sobre los sueños. Una, cien, miles de veces. Como una vieja cantinela de la historia.



Pablo Sanagachi, de 19 años e hijo de Colman Sanagachi y de María Poli, había emigrado desde la ciudad de Formosa a Buenos Aires con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida, conociendo las deficiencias por las cuales atraviesan los integrantes del Pueblo Qom en la Comunidad La Primavera, al igual que en otras, tales como las enfermedades evitables no tratadas, la falta de acceso al agua, la discriminación, entre otros, cuya causa principal es la pobreza.
No sorprende. Pese a que todavía no se incorporó el informe del perito de parte, el fiscal Arturo Cabral solicitó el cierre de la causa por la muerte de Juan Daniel Asijak, tras afirmar que estaba "alcoholizado" y que no existían indicios para imputar a las personas que estuvieron con el sobrino de Félix Díaz durante el día anterior a su fallecimiento y la mañana del pasado 9 de enero.
Mediante un comunicado, el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) afirmó que el genocidio contra los pueblos originarios aún continúa, de otra manera, en nuestro país.
Mediante un comunicado, la comunidad de Félix Díaz dió a conocer la actividad del juez Mauriño, a cargo de la causa por la muerte de Juan Asijak, con respecto a ella durante la represión sufrida en 2010.
Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel y otros garantes de la Mesa de Diálogo por el conflicto de la comunidad qom La Primavera presentaron ayer un informe de lo ocurrido desde la formación de ese organismo, en mayo de 2011, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La violencia no cesa contra el pueblo qom. El pasado sábado, Juan Carlos Díaz, sobrino del líder de la Comunidad La Primavera, fué herido de un puntazo por dos personas en moto, las cuales circulaban en sentido contrario por un sendero de la comunidad, sin mediar palabra y tras la agresión, fugaron.
Afirmaron que debieron recurrir a Benjamina, la esposa de Samuel, quien concurrió a la sede de AMRA Formosa junto a la abogada Morales Ríos, que representa legalmente a la Comunidad, para ratificar la internación de su marido en su condición de cónyuge. Posteriormente, se trasladaron al lugar donde se hospedaba el compañero junto al Escribano Torres Barberis para, luego, vencer la oposición de los funcionarios mencionados y trasladarlo al Hospital Central de Formosa.
Otra vez las balas volvieron a surcar las tierras de la Comunidad La Primavera. Ayer por la tarde, Jorge Saucedo, un vecino, disparó contra tres jóvenes qom que estaban recorriendo la zona para encontrar miel, pero no llegó a herir a ninguno de ellos.