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Kambalache.

Kambalache



gustavo robles 2
Por Gustavo Robles.



Cristina Kirchner - cadena nacionalQué jodido ser argentino, pobre y de izquierda hoy en día. Bah, seguramente nunca fue fácil, pero la cuestión es que hoy volvía a casa después de un día de laburo en mi autito modelo 91, y desde la radio se escuchó salir el anuncio de... otra cadena nacional y, por supuesto... la voz de "ella".


Es difícil soportar sus discursos que aluden a un país al que no tengo acceso, pero después de cargar nafta YPF a casi $ 6 (cuando todos creían que en manos de "ellos" el precio iba a bajar, pero no...: SUBIÓ, y conseguir la “súper” sigue siendo un milagro), y llegar a casa y encontrar la luz cortada en 30 manzanas, exactamente igual que ayer... Mi capacidad de indignación se multiplicó exponencialmente. Ni qué hablar cuando encendí la radio a pilas y "ella" seguía dándole a la lengua, muy cómoda entre empresarios y buitres corredores de bolsa, mientras yo intentaba encontrar las velas y llamar a Edesur por vigésima vez en lo que va del año. Claro, la presión arterial subía con cada frase que salía de la Bolsa de Comercio de Baires, Bolsa de Parásitos de Mierda con quienes tan a gusto estaba la presidenta de un país que me es ajeno, y más y más cuando ningún humano me atendía en la empresa eléctrica nunca reestatizada por los k para explicarme por qué otra vez toda la zona había quedado a oscuras. Llovía a cantaros, estaba a oscuras, sin luz, tv o internet... Cagado de frío porque hace rato no tengo gas porque no puedo pagarlo, con el riesgo de quedarme sin agua ya que no podía encender la bomba porque Aysa no envía el líquido elemento con la presión que corresponde... No me quedó otra que escucharla, entre intento e intento de comunicarme para que evacuaran mis inquietudes de “cliente cautivo”.


Y claro, entonces llegó la catarata ardiente de mentiras y confesiones inconscientes... La mentira, el famoso latiguillo del "desendeudamiento", mientras anunciaba el pago del Boden 2012, unos 2200 millones de dólares para las sanguijuelas que se quedaron a precio vil con los ahorros de la gente. “Desendeudarse” de una “deuda” fraudulenta, provocada por los mismos a los que se les está pagando... Los buitres financieros están más que contentos con “rebeldes” como los “K”. Claro, después confiesa que el país debe pagar sobre la deuda anterior a los 90 hasta el año 2034... Entonces... ¿de qué desendeudamiento habla esta buena señora? ¿cómo puede parlotear de la relación deuda - PBI como lo hace, tan suelta de cuerpo? Barre bajo la alfombra los intereses que se pagan por año, miles de millones de dólares... Como miente...  y no se le mueve un pelo de la cara (¿será por el botox?)




Miente con el indeK, miente con la deuda, hasta miente con el asunto de las barras bravas del fútbol, de las que dice “que no existen”.... Claro, su partido se nutre de ellas para conformar las patotas camisas pardas del kirchnerismo. Miente con las salidas de los presos, que sólo salen a los actos oficialistas y si son oficialistas... También futura mano de obra de esencia neofascista.


Miente tanto, que cómo no va a mentir con el asunto de los salarios de los trabajadores argentinos. O de los jubilados, a los que condena en su 80% a cobrar la mínima que, en setiembre, pasará a ser de $ 1900, menos de la tercera parte de una canasta familiar. Y encima, después de reconocer que el 80% de los trabajadores argentinos en blanco ganan menos que $ 5700, se siente orgullosa de que en los años de los gobiernos kirchneristas los parásitos de la Bolsa y los bancos “nunca ganaron tanto”... ¿¿de qué gobierno de los trabajdores me hablan?? Ver y escuchar la ovación del cipayaje oficialista ante esa afirmación, me revolvió el estómago de manera definitiva ¿¿DE QUÉ LIBERACIÓN ME HABLÁS, CAMPORITA??


La apología del capitalismo y la alegoría sobre el “por qué se cayó el muro” que improvisó la “señora” me llevó a preguntarme sobre los “comunistas - socialistas” que apoyan estas políticas, y hasta dónde pueden llegar la idiotez, la indignidad, el oportunismo y la traición humanas.


En Edesur nadie contestaba, yo estaba sin luz y cagado de frío y de bronca, y la presidenta seguía pintando el paraíso que sólo se vive en los barrios caros y en su casa de El Calafate.


La frutilla del postre fue cuando dijo que hubiese sido más fácil “expropiar el 100% de YPF, pero que había elegido hacerlo sólo en el 51% para seguir cotizando en Nueva York” y porque era “más difícil, y a ella le gustan las difíciles”... ¡Qué argumento, por favor! El cinismo y la mediocridad al mayor exponente. Así es como se construye una conciencia popular para le resignación. Así se construye una sociedad en la que los ricos son cada vez más ricos, y a los pobres se los contenta con “el orgullo de ser pobre”, porque nunca saldrán de la pobreza.


El discurso vergonzante concluyó, la cadena nacional terminó, y como en un milagro... La luz volvió, después de 4 hs. de corte por segundo día consecutivo. Sigo sin saber por qué cuernos cortan la electricidad a cada rato, pero al menos ya no me estoy cagando de frío... hasta el próximo corte.


Y la cipaya se calló... hasta la próxima cadena.

¡¡ Qué risa, todos votaban !! (La Tecl@ Eñe).

¡¡ Qué risa, todos votaban !! (La Tecl@ Eñe)


 


 


AlfredoGrande


Por Alfredo Grande



“en verdad os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que encontrar a Jaime” (aforismo implicado)



diputados1 - ypf - Gentileza La Tecla EñeEl genio de Dalmiro Saenz acuñó para siempre la frase: “que risa, todos lloraban”, ideal para usar en un velorio. Las sesiones del Poder Legislativo no fueron un velorio. Más bien fue una sala de partos donde la ley mas votada en los tiempos de la democracia fue parida sin fórceps ni molestas episiotomías con aliados desde el espanto. El brutal retroceso que implicó el menemismo da sustento a esta epifanía de los sentimientos, nacionales, populares y patagónicos.


Debo aclarar que la ley me parece justa. La ley. La expropiación de las acciones de Repsol deberá ser acompañada de cláusulas indemnizatorias por los años de saqueo sin memoria. Por supuesto, ese es el talón de Aquiles o las hemorroides de Zeus. Si alguien investigara la complicidad del gobierno actual con las prácticas predatorias de Repsol, creo que sería denunciado como conspicuo integrante de la gran cofradía gorila, cipaya y destituyente.


Como el fin justifica los olvidos, los arrugues de cerebro y las amnesias políticamente correctas, podemos cacarear memoria, verdad y justicia, pero nada decir sobre la privatización de YPF, sostenida, propiciada y hasta pagada por la invasión de la barbarie menemista. El paradigma es Dromi, el mismo que dijo que la Argentina estaba de rodillas ante el Imperio, y ahora trabaja con la obediencia De Vido. Pero además del olvido por mandato de La Cámpora sin camporistas, también está prohibido, o al menos, enérgicamente sugerido, no relacionar situaciones que podrían hacer empalidecer la gloria de los gladiadores K. Me refiero, obviamente, y seguramente recibiré muestras de simpatía, a la masacre de Once, responsabilidad de los buenos amigos cirigliano. O la ley antiterrorista, o el proyecto X, o la brutalidad de la megaminería a tierra abierta y destruida. Claro que ahora los tiempos y los espacios son otros. No entiendo como los profetas K no inventaron  el lema: “Vanderbroele o Repsol”.




Así, mientras expropiamos a los malos, permitimos emitir millones a los buenos. Una democracia como la nuestra, que ama la desmesura, que va por todo, que dice que peronismo es kirchnerismo, y que no ser kirchnerista es traición a la patria, no puede detenerse en hacer una sencilla auditoría sobre quienes votaron la privatización (piedra libre para Parrilli) y quienes votaron la expropiación y marcar con naranja las coincidencias. Ahora bien: ¿esto serviría para algo? Quizá en lo económico y político no. Al contrario: sería como lavarse con agua sucia. Tenemos memoria para poder marcar a lo absolutamente imperdonable, y hasta ahí.


En los crímenes de lesa humanidad no está incluída la Trata, solo para poner un ejemplo. Pero para la permanente construcción de una cultura emancipatoria, aunque los lobos se hayan hecho un implante de piel de cordero, deben ser denunciados. Incluso para permitirles el bien supremo de la autocrítica y que ofrezcan la otra mejilla. Que entre compañeros no es duplicar el castigo sino propiciar otra oportunidad. Entonces la figura de un Umberto Illia volvería a tener el lugar que merece, porque fue víctima de la más brutal operación destituyente, cuando se lo comparó con una tortuga. Luego que fue despojado el lobo Vandor brindó con Onganía. El discurso justificatorio fue la proscripción del peronismo. Y entonces la CGT y parte del peronismo partidario pactó con Onganía que proscribió a todos.


¿Se acuerdan del cursillismo? La versión pre 90 del pensamiento único. Por eso si las victorias se contextuaran con las derrotas, incluso con los fracasos, el horizonte de lo posible sería mucho más consistente. Se aplaudió de pie el default y se aplaudió la salida del default. Pero sin default y sin ajustazo (pesificación asimétrica) no hubiera sido posible esto que llamamos kirchnerismo. Si el acierto de hoy tuviera como referencia los derrapes de ayer, los aciertos de hoy serán más coherentes, más consistentes, más creíbles. No habría malos de ocasión, y según  la ocasión, cambiar a los malos.


¿Hay que elegir entre Hadad y Cristobal López? Yo creo que no. Pero aunque cambiemos a los malos de turno, el Gran Malo, por más serio que sea, seguirá trayendo penas y olvidos. Por supuesto que no pienso pedirle al Gobierno actual avances hacia el socialismo. Tampoco lo hice con Alfonsín. Lo terrible es creer que este capitalismo real va a caer solo. O lo que es peor: que hay formas de un capitalismo posible y que puede haber justicia en una matriz injusta. O derechos humanos con hambre y exclusión social. Lo único que lamento es que Menem no votó por la expropiación como había anunciado. Hubiera sido la parábola perfecta.  Pero no es necesaria la perfección. El buen entendedor, aunque lo inunden con palabras, no dejará de entender.


Se cambia la obra, se cambian los personajes, se cambia al director, incluso se cambia el desenlace, pero el teatro siempre tiene los mismos dueños. Y para no llorar preferí reír mientras todos votaban.

YPF: petróleo, historia y resistencias (APE).

YPF: petróleo, historia y resistencias (APE)


 


 


Silvana Melo 2


Por Silvana Melo   


 


ypf(APe).- Veinte años después el círculo se cierra en sí mismo. En el centro de lo redondo, en la panza de esta historia, centenares de miles de crónicas anónimas en destierro. Un país vaciado en sus vísceras. Una extensa y vergonzosa cadena de complicidades. Sangre que regó la tierra. Generaciones de infancias en el camino. Hijos del derrumbe condenados al suburbio social. La renacionalización de YPF, naturalmente imprescindible, llega tarde. Quedaron demasiados en la ceamse de la historia, sin reciclado posible. Mucho país herido de muerte, sangrando todavía.


Es que YPF, acaso el ícono más brutal de la enajenación de fin de milenio, el principal activo estratégico y económicamente viable del Estado argentino hasta 1992, es la médula de la agonía: la energía y los servicios básicos convertidos en empresas voraces en busca de rentabilidad a costa de la exclusión de millones y de la transformación del país en una pequeña isla de privilegios rodeada de un mar de náufragos con el agua en los labios.


El plan sistemático que comenzó la dictadura y terminó el menemismo -acompañado de la fanfarria de los grupos económicos, los medios y gran parte de la sociedad que compró el discurso del fin de la historia y la muerte de las utopías- tuvo un poder de destrucción asimilable a un huracán social. YPF había sobrevivido con dignidad a la rapiña de la dictadura. Pero su destino estaba marcado, como el de los trenes, por la misma locomotora: la creación de un estado de bienestar para privilegiados y otro estado, marginal y menesteroso, para las mayorías. El argumento fue que daba pérdidas. Como los trenes. Cuando el fin de una empresa pública es la rentabilidad social, la inclusión con igualdad de derechos, el esbozo de un país donde todos entren bajo el techo seguro. Sin embargo, la energía y los servicios en manos de trasnacionales y la maximización de ganancias como único objetivo condenó a millones a la inclemencia de la intemperie.


En veinte años la aplanadora de la historia secó sueños, ahogó utopías, marchitó generaciones que no se recuperarán jamás, quebró la cultura de trabajo y la unidad familiar, dualizó la sociedad y marcó una brecha tajante, creó disciplinadores sociales y eliminadores del descarte: desocupación, planes asistenciales, cocinas narco en los barrios pobres, chicos quemados por el paco, desvalorización de la vida propia y ajena, violencia nacida de la desigualdad feroz, etc.




Renacionalizar YPF es recuperar una foto de aquella historia. Prenderla en el pecho y marchar en su nombre, como por los miles de muertos sistémicos. Es imprescindible porque jamás debió dejar de ser estatal y pública. Jamás debió dejar 50.000 trabajadores en la calle, jamás debió cambiar de raíz la contextura de pueblos como Mosconi, Tartagal o Cutral Co, que vivieron y agonizaron alrededor del petróleo, jamás debieron morir Teresa Rodríguez y Aníbal Verón, jamás debió pasar de un promedio anual de 117 pozos exploratorios en los ´80 a los 26 anuales de Repsol entre 1999 y 2005, jamás debió enajenarse el motor de un país para que otros decidan dónde encalla o dónde se estrella.


Tan grande fue YPF -y lo es como ícono- que alrededor de su desguace nació la necesidad de los desterrados de visibilizarse en la ruta. Cuando ya habían sido cesanteados de su mundo y el corte los revivía en su condición de sujetos de reclamo. De sujetos de lucha. El piquetero original fue un ypefeano.


Pero la historia fue una aplanadora. Con la complicidad sindical, del monstruo peronista multifacético -de la revolución al neoliberalismo y viceversa suele haber sólo un par de lustros de diferencia-, de los gobernadores ávidos, de las legislaturas sometidas, de los diputados conversos, una y mil veces conversos, de los periodistas emblema del mercado. Una tragedia que se vuelve farsa veinte años después, resurrectos el arquitecto jurídico del saqueo (Roberto Dromi) hoy asesor de Julio De Vido y el fatuo y glamoroso títere del poder económico (Carlos Saúl Menem), hoy tal vez dispuesto a votar a favor de desarmar su obra maestra.


Difícil será regresar de la desolación. Los escombros sociales no volverán a ponerse en pie en décadas. Y lo que se perdió en humanidad, en niñez nacida y crecida sin el trabajo como dignidad medular, en piberíos depredados de futuro, en familias quebradas por el hacha del desempleo, no se recuperará nunca.


La vuelta de YPF debe ser un regreso a la soberanía popular. Fueron Néstor y Cristina los que abrieron las puertas de los Eskenazi para que compraran acciones de YPF a pagar con las ganancias. Que salgan los españoles y que se queden -o ingresen- los empresarios argentinos es un maquillaje que se caerá con la primera lluvia.


La vuelta de YPF debe ser la puerta que abra el final de todas las concesiones que han marcado la tragedia argentina: el derecho a la luz, al gas, a la energía, a viajar en tren, a no morirse, a no matarse, a nacer en una tierra que empuje a sus crías a la libertad, a la igualdad a pesar de donde nazca, a pesar de su piel y de sus dientes.


“La educación, la salud, la alimentación, la energía son derechos de la población. No importa quién amenace ni cuánto despotriquen. La región americana vive su tiempo histórico de recuperación de un proyecto emancipador. Es hora de que el país asuma el compromiso de protagonizar esa tarea en defensa de la soberanía y la integración regional, con un modelo donde la energía sea considerada un valor estratégico, tratada como un bien social y un derecho humano al que todos deben tener acceso” (José Rigane, secretario general de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina, secretario adjunto de CTA).


Pasaron veinte años. En manos de los cómplices está el derrumbe. Hay principios fundacionales que no se negocian, que no se mudan, que no se transforman. Quienes tuvieron en sus manos la posibilidad de resistir, eligieron aportar su piedra al cuello del país.


Veinte años después, ya no somos los mismos. Y la historia no comienza hoy. El pasado suele ejercer la docencia imprescindible de la memoria. Es la sustancia de la que estamos hechos. Es el dolor de lo irreparable y es, también, la semilla terca de la esperanza.

“Argentinización” del petróleo: Las cosas en su sitio.

“Argentinización” del petróleo: Las cosas en su sitio


 


Andres Figueroa Cornejo


Por Andrés Figueroa Cornejo  


 


combustibles-fosiles1. Si el contenido del Estado es síntesis de la hegemonía de la minoría capitalista, entonces sus políticas económicas, estratégicamente, expresan sus intereses. Incluso si el Estado siempre es representación -como en menor escala, cualquier territorio de relaciones de poder de una sociedad en un momento dado- de un campo en permanente disputa mientras existan clases sociales de intereses irreconciliables. Es decir, existe Estado porque existen clases sociales de intereses antagónicos. Que un buen día no haya Estado es síntoma simplemente de que no hay clases sociales. La maldición de que las grandes mayorías tengan que hacerse del Estado para implementar provisoriamente las tareas de planificación racional, orden y defensa, y promoción cultural, política y económica de sus intereses, es el trago amargo y tránsito hacia una sociedad gobernada directa y creativamente por la propia sociedad. Así y todo, ese Estado que todavía no existe, dada la acumulación histórica de los trabajadores y el pueblo, ya debe contener las formas de la democracia más radical y su control colectivo necesario para evitar, a como dé lugar,  la formación de una casta privilegiada que haga y diga a nombre de los intereses de las clases subalternas devenidas en hegemonía.  No vale la pena recordar los males de las experiencias no capitalistas del siglo XX; como en su momento, sí tiene sentido recordar sus aciertos respecto del capitalismo.


En general, bajo el capitalismo en su fase imperialista y para mantener su tasa de ganancia sobre el movimiento objetivo de la acumulación concentrada del valor socialmente producido versus la desigualdad realmente existente; del capitalismo gobernado por el momento financiero y especulativo sobre el resto de los momentos del capital; de la intensificación de la explotación del trabajo asalariado y la acumulación originaria incesante mediante el despojo de los recursos naturales y derechos sociales obtenidos en su fase anterior por la propia lucha de clases y relaciones de fuerza mundiales; el Estado funciona como arma, escudo y aval de las clases propietarias. Si las grandes mayorías tuvieran la organización y fuerzas suficientes, no sólo podrían arrancar superiores beneficios sociales del excedente de su propio trabajo acumulado por el Estado de los que mandan aún, sino que por dinámica objetiva –de la cual es parte sustantiva la voluntad y naturaleza de su propia conducción política, o conciencia resumida- tendrían que destruir el actual Estado, y construir otro en vistas a su extinción definitiva.


2. En Argentina y más allá, para los de arriba, la fiebre bipolar, maniquea, de caricatura de alto contraste, tiene como forma coyuntural la compra del 51 % de YPF por el Estado argentino. Por un lado, está el discurso multiplicado de un capitalismo acuartelado en sus fundamentos más primitivos y representado por el diario La Nación y su área de producción mediática de contenidos, que pone de modo delirante una medida política - económica casi a la altura de lo que significó la Revolución Cubana para los intereses de las clases dominantes. Soterradamente invoca a los cuarteles, dibuja a la versión peronista y pequeño burguesa del gobierno de turno como si fuera el Caballo de Troya de sus terrores y aleona a la oligarquía contra la iniciativa de la administración CFK. Es decir, sin contexto, sobreideologizadamente, sobreactuando, la conciencia más integrista de la clase mandante en Argentina -siempre dependiente, rentista y subordinada al gran capital sin patria-, excéntricamente, procura cautelar el programa abstracto, sin táctica y maximalista de los peores manuales del ultraliberalismo garabateados luego de la implosión de la URSS.


Por otra parte, el gobierno argentino, desde sus propios dispositivos mediáticos, transforma la compra y conversión en propiedad mixta de los recursos petroleros del país, en un acto soberanista también súper explotado en términos propagandísticos, cargado de emotividad “nacional” y argentinidad abstracta, sin sujeto. No importan tanto las causas, los procedimientos y los efectos que tendrá la medida de media recompra de lo que se privatizó en los ' 90, sino más bien, su dramatización para un público infantilizado políticamente.




3.
Independientemente de las maneras -aunque son inseparables de los contenidos salvo en su momento analítico-, desde los intereses históricos del pueblo trabajador, resulta un contrasentido situarse contra la medida del Ejecutivo, refrendada a veces clientelar y oportunistamente por el Legislativo entero ante los eventuales réditos electorales provenientes de la popularidad de la iniciativa. En términos inmediatos, ella era necesaria frente a la rapacidad de Repsol y la crisis energética del país que situaban sus intereses privados contra un capítulo delicado de la gobernabilidad y el mistificado “pacto social” por arriba. Asimismo, la readquisición del 51 % del petróleo a nivel nacional y provincial, avivan nuevamente el mito de la desconexión y la autarquía económica de Argentina en la época de la mundialización del capitalismo. La medida de alto impacto mediático, esperanza a un costado de la llamada izquierda nacionalista y de paso, opaca problemas cruciales como el trabajo informalizado y precario de la mayoría de la fuerza laboral, la profundización del modelo soyero y primario extractivo, la transnacionalización pura y dura de la economía argentina, la crisis educacional y sanitaria, la corrupción  y la relación social desigual del 80 / 20, donde el 80 % de los argentinos sobrevive al día, y el 20 % goza del trabajo ajeno, entre otras tragedias propias del capitalismo.


Resulta infantil que el anticapitalismo esté contra la medida. Como resulta infantil que algunos crean que existe una agenda secreta de horizonte socialista en la cabeza del grupo de interés que administra coyunturalmente el Estado. La "argentinización" del petróleo es el límite del programa de gobierno, no su punto de partida hacia una sociedad post capitalista. Las transformaciones estructurales en beneficio de las clases expoliadas son un desafío de las propias clases expoliadas. No caen verticalmente desde la ocurrencia, buena voluntad, filantropía o conspiración propopular de una administración gubernativa sin pueblo. Las fronteras de la democracia representativa, formal, caudillista, palaciega, resultan acotadas por muy populistas que sean o parezcan ser.


Ocurre que como la hegemonía precaria de los dueños de todo no ha tenido contratiempo alguno desde hace mucho tiempo, hasta una iniciativa que en rigor, no modifica el movimiento capitalista, resulta "peligrosa". Y más por su ejemplo en otras latitudes que por lo que pierde en lo inmediato. Sin contar siquiera con los efectos de la crisis económica en curso y que en la actualidad hinca uno de sus centros en Europa y en España en particular. Efectivamente, existe una lógica de alarma y reacción del estatismo corporativo o del corporativismo y sus propios Estados ante cualquier ademán que pudiera eventualmente dañar sus intereses estructurales. La burguesía no teme el gesto de la reapropiación del 51 % de YPF. Teme un nuevo ciclo de luchas sociales y recomposición política de los trabajadores y empobrecidos del mundo. Teme a la revolución social, no a un impuesto a la lucha de clases. Teme que de la disputa y competencia destructiva intercapitalista se pase abiertamente a un período de combate político entre explotados y explotadores.


Por ello las fuerzas anticapitalistas, su amplitud obligatoriamente generosa, unitaria, abarcadora, con proyecto para el siglo XXI, vocación de mayorías y no lo contrario, deben saludar sobriamente la "argentinización" del petróleo. Que nadie estime que las ruedas de la historia caminan por inercia hacia la felicidad humana y que un gobierno práctica y declarativamente capitalista realizará las tareas que le corresponden por necesidad y sin atajos a la voluntad de los populares. Tácticamente es conveniente para los pueblos la medida de CFK.  


En cuanto el movimiento real de las clases subalternas en pugna y organización ante el capital cobre vigor, la iniciativa parcial, absolutamente insuficiente de la presente administración política argentina, será un precedente para cambiar radicalmente la vida.


4. En otro contexto, bajo otras relaciones de fuerza, en el Chile de los años ' 60 y la "Alianza para el Progreso" impulsada por el imperialismo norteamericano a través del demócratacristiano Eduardo Frei Montalva, se sindicalizó al campesinado, se realizó una reforma agraria, hubo una reforma educacional que amplió la cobertura de la enseñanza pública y se "chilenizó" el cobre. Es decir, Frei Montalva -años después colaborador del golpe de Estado de 1973 y paladín de los intereses imperialistas en Chile-, compró el 51 % del cobre o "sueldo de Chile". Ello facilitó con creces la nacionalización plena (casi el 100 %) del metal rojo cuando el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular. Es cierto, lo descrito arriba no es transferible mecánicamente a lo que ocurre en el mundo y en la Argentina de 2012. Pero sí enseña al menos, que una medida que tenía como fin domesticar la lucha social mediante un proyecto desarrollista imposible bajo la dependencia de los polos imperialistas y la ausencia de una "burguesía nacional revolucionaria", sí puede facilitar -desde una alternativa política proveniente del pueblo concreto y en movimiento, y bajo una conducción política que exprese sus intereses genuinos- transformaciones que apunten a la descalcificación del orden de la minoría, y la creación de poder de la hegemonía multidimensional de los más, de los todos.

YPF: El dolor de lo que fue y el desafío de lo que es.

YPF: El dolor de lo que fue y el desafío de lo que es.


 


 


Adolfo Prez Esquivel


Por Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980.



La decisión presidencial de re-nacionalizar YPF es el camino correcto hacia la recuperación de la soberanía nacional. Camino difícil y lleno de obstáculos pero que hay que asumir y recorrer con mucha fuerza y esperanza.


Tenemos que apoyar a nuestra presidenta que tuvo el coraje y decisión política de asumir este reclamo popular de años y debemos aportar desde cada lugar para fortalecer la decisión gubernamental que ha provocado más de un cimbronazo de intereses económicos y políticos.


El gobierno español se escandaliza del gobierno argentino defendiendo lo indefendible, a una empresa como Repsol que tuvo grandes ganancias y pocas, o ninguna inversión en el desarrollo de la producción petrolera.


Se sabía de las actividades de REPSOL en otros países, pero la decisión del menemismo fue adjudicarle YPF y las consecuencias están a la vista.


No voy hacer comentarios de quienes apoyaron en las provincias las privatizaciones, y festejaban que eso era la gran solución a los problemas del país, pero debemos tener memoria y tener presentes a los diputados y senadores que aprueban leyes dañinas que después el país debe soportar para varias generaciones, como las leyes de impunidad, la ley antiterrorista y las privatizaciones, entre otras calamidades.


Recordemos a Aerolíneas Argentinas que Iberia desmanteló y fundió, llevándose equipos, motores, aviones y todo lo que pudo y  después del desastre, el gobierno argentino tuvo que asumir la re-nacionalización y hacerse cargo de la deuda y los desastres dejados  por las empresas.


Hoy, la nacionalización de YPF vuelve al mismo problema, la falta de inversiones, el desabastecimiento, los costos y las deudas, los activos y pasivos que deja REPSOL son enormes y es necesario tener mucha serenidad para volver a hacer rentable la empresa.


Muchas veces he señalado, y es casi un latiguillo, que un país que no controla sus recursos naturales y las empresas estratégicas necesarias para el desarrollo integral, es un país sin soberanía.


Este es un mal que afecta a la Argentina desde hace décadas y ha llevado a un peligroso atraso al país que supo privatizar casi todo y sigue acumulando una deuda externa e interna inconmensurable que costará grandes sacrificios y esfuerzos rediscutir.


REPSOL pretende cobrar a la Argentina y pasar por acreedor cuando es el gran deudor del pueblo argentino. El gobierno debe exigir a la empresa el pago de lo no cumplido.




Los países europeos protestan contra la Argentina y dicen que el país no es seguro para sus intereses. Quienes no son seguras son las empresas trasnacionales como Repsol y otras, que vienen a explotar y no a invertir para el desarrollo y la vida del pueblo. No esperamos caridad sino responsabilidad, y no la tienen.


Debemos hacer un fuerte llamado a los gobernantes y legisladores de que no es posible que  actúen según los vientos que soplan a su favor en la especulación política.


Hay que establecer leyes para impedir que un gobierno privatice los bienes y recursos que son patrimonio del pueblo y no de los gobernantes, tanto nacionales como provinciales.


La decisión sobre ese patrimonio debe ser decidido por el pueblo a través de consultas populares de acuerdo al derecho constitucional, evitando que se produzcan hechos semejantes.


Hay que salir de esta democracia delegativa donde los gobernantes hacen lo que quieren y no lo que deben, y construir una democracia participativa con decisión en los grandes temas del país, en las políticas de gobierno, evitando el feudalismo de las provincias.


Llegamos al agotamiento que acarrea más pobreza y marginalidad a nuestro pueblo.


YPF tuvo su etapa de esplendor y orgullo nacional, hoy es sólo un recuerdo y el gobierno actual debe remontar un pesado camino que deja la irresponsabilidad de REPSOL.


No puedo dejar de señalar que el petróleo no es la única asignatura pendiente en la recuperación de la soberanía nacional. No estoy hablando de los nacionalismos trasnochados. El gobierno debe actuar, antes que sea tarde, sobre las empresas mineras, que se llevan el 97% de lo extraído con una simple declaración jurada, y la venta del territorio nacional. El país ha dejado su derecho soberano para someterse a tribunales internacionales que no tendrán en cuenta el derecho del pueblo argentino. Ponen en peligro a la salud de los pobladores, a recursos como el agua y el medio ambiente todo y además generan los daños económicos a los pequeños y medianos productores. Ese es el fruto de la época de privatizaciones del gobierno de Carlos Menem que se sometió a los intereses extranjeros y provocó grandes daños al país.


Esperamos que la decisión presidencial de re-nacionalizar YPF avance y para lograrlo debemos apoyar decididamente la recuperación de la soberanía, con serenidad y firmeza.