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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 24/05/09, POR JORGE RULLI

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 24/05/09, POR JORGE RULLI.


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From: Rulli Jorge E

Sent: Sunday, May 24, 2009 10:44 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 24/05/09, POR JORGE RULLI

EDITORIAL DEL DOMINGO 24 DE MAYO DE 2009

Hoy como hace ciento noventa y nueve años, la Patria vive las vísperas de algo que aún no sabemos qué puedes ser, pero que suponemos será el final de una etapa y el comienzo de algo nuevo, de algo que estaría por nacer. En aquellos tiempos Buenos Aires era casi una aldea paupérrima, recostada sobre el río color de león, donde las esclavas negras lavaban la ropa y la tendían al sol sobre las piedras de tosca, para que se blanqueara mientras charloteaban y cantaban. Una ciudad pérdida en la pampa infinita, con calles de barro y con olor a sangre y matadero, donde el guaraní competía con la lengua española y donde todavía la sociedad de castas determinaba los modos de vestir y los oficios. El orden colonial había sido, seriamente lesionado por la intentona inglesa, cuatro años antes, de apropiarse del territorio del Virreinato del Río de la Plata y aunque el intento fuera derrotado, había constituido probablemente, uno de los hechos más importantes en el camino que llevará a la constitución de la futura República argentina. En aquel entonces, la participación del pueblo en la Reconquista, además de generar una importante autoestima local, había permitido y estimulado la organización de milicias armadas, tanto por parte de los criollos como de los españoles, y la historia ya no volvería a ser la misma desde entonces. En España, mientras tanto, el ejército napoleónico, que intentaba arribar por tierra a esa colonia aliada de Inglaterra que fuera Portugal, ocupaba gradualmente la península, y bajo la férrea voluntad de Napoleón, se desmoronaba la Corona de Castilla. Con su Rey prisionero y reasumiendo la propia soberanía, la rebelión popular se extendía como un incendio, en especial, luego de la farsa de Bayona en que Fernando séptimo devolvió la corona a su padre y éste abdicó a favor de José Bonaparte, el hermano de Napoleón. La guerra en los países centrales implicaba desde la Revolución Francesa, la existencia de dos visiones del mundo, dos modelos de sociedad, y la derrota de la flota francesa y el dominio absoluto de los mares por parte de la Gran Bretaña, obligaba a Napoleón a bloquear todos los puertos europeos y aislar por tierra a la isla cuya fuerza decisiva era la de ser productora masiva de mercancías de exportación. La guerra era fundamentalmente una guerra comercial en la que el consumidor, no importaba bajo qué bandera estuviese, se sometía a los dictados de la nueva metrópoli. En el caso de las invasiones inglesas en el Río de la Plata, esa guerra en buena medida parecía perdida, pese a la tremenda victoria habida en el campo militar. Los buques de la armada invasora, además de soldados, llegaron sobrecargados en sus bodegas de todo tipo de mercancías inglesas. Esas cargas fueron desembarcadas en Montevideo y llegaron a las tiendas de Buenos Aires por el río en chalupas y en carros de altas ruedas que acercaban los grandes fardos a la costa, mucho antes que llegara el enemigo mismo, con sus gaitas militares y sus cañones de avancarga. La victoria posterior fue militar, y dejó para siempre una marca imborrable en el pueblo de Buenos Aires, pero el proyecto portuario que alentaban los intereses del comercio ingles, ya no retrocedería y lamentablemente, contra la opinión y los intereses de los pueblos del interior, refundaría un orden colonial desde los intereses de esa misma burguesía comercial porteña.

Pero aquella jornada del 24 de mayo, muchas cosas que luego sucederían no podían presentirse. Reinaba una sorda indignación en los círculos patriotas. El Cabildo abierto del 22, había decidido por una mayoría de vecinos y a instancias del Coronel Saavedra, que se depusiera al Virrey Cisneros y se asumiera la autoridad en el Cabildo, hasta la formación de una Junta de Gobierno. Sin embargo y pese al clima caldeado de las pasiones políticas de Buenos Aires, ese día 24 por la mañana y sesionando a puertas cerradas, el Cabildo procedió a constituir la Junta, pero dejando a cargo de ella al mismo Virrey a quien la mayoría depusiera el día anterior. Al difundirse la noticia de la constitución de la Junta con Cisneros a la cabeza, la indignación se extendió, así como los sentimientos de haber sido estafados por los funcionarios del Cabildo. Saavedra y Castelli renunciaron a los puestos de vocales que se les ofrecían y la tensión creció, anticipando una jornada de revuelta y de fuertes definiciones. Fueron muchos los milicianos que esa noche desvelada, alistaron sus pistolones y mosquetes, algunos también prepararían las cintas partidarias que en la mañana se repartirían entre los vecinos que, en una jornada histórica, reclamarían saber de qué se trataba en los conciliábulos del poder local… No hay certeza sobre los colores probables de esas cintas, pero no podrían ser más que, el blanco y el rojo de la Junta de Cádiz o acaso, el blanco y el celeste que usaran como divisa los gauchos en 1806, y provenientes de cortar en tiras la túnica y la capa de la virgen, como distintivo religioso con que se enfrentó al invasor inglés, y que era también, el color emblemático del escudo Borbón.

Hoy también, como hace tantos años vivimos con seguridad, las vísperas de lo que ocurrirá con la Patria en algún tiempo más, y cuando se discute su destino a puertas cerradas, quisiéramos vocear para saber de qué se trata… Cuando los discursos ya no expresan lo que pretenden decir, cuando los significantes han extraviado sus propios significados, cuando el proceso de vaciamiento de los discursos políticos ha llegado a tal grado que deja de importarnos lo que dicen… Volvemos gradualmente a reconocer por debajo de las escenografías asistenciales, ese clima de desfondamiento de las instituciones que diagnosticábamos en épocas ya no tan lejanas. Superpuesto a la crisis política profunda que enfrentamos, una crisis que es el tocar fondo de los modos de la representación ciudadana, están los pendientes de una historia inconclusa que arrastramos como pesada losa… Es probable que en los próximos meses el examen a una generación y a una conducción política, nos remita una vez más a la plaza del primero de mayo de 1974. Muchos miembros de aquella generación ahora están en el poder, y parecieran continuar alimentando sus querellas fantasmales con la historia. En aquel momento pretendieron irse por izquierda, hoy es evidente que juegan para los agronegocios corporativos de las transnacionales. Nunca segundas partes fueron buenas, y en este caso las consecuencias de lo que está por venir, inevitablemente obligarán a revisar y a replantear la historia de los años setenta.

Toda la bulla en torno al glifosato y a las políticas de la Corporación Monsanto, ha legitimado lo que durante años veníamos afirmando sobre un modelo criminal de agricultura que despobló el campo, enfermó a las poblaciones, empobreció los suelos, modificó la cultura y los patrimonios de los argentinos y nos convirtió en una republiqueta sojera. Si ahora algunas denuncias y debates parecen consentidos, no solo es consecuencia de la presión de tanta gente honesta, el clima preelectoral lo posibilita, y también, lamentablemente, se debe a que nuevas tecnologías, modelos productivos y mercados calificados se van implementando en las políticas globales de las grandes empresas. El glifosato no solo está cuestionado en la Argentina, también en diversas partes del mundo se alzan voces similares a las de muchos científicos argentinos que nos recuerdan las investigaciones olvidadas durante años que verificaban sus terribles efectos sobre la salud de las poblaciones. Las empresas del Agronegocio, sin embargo, saben mejor que nadie acerca de sus propios crímenes y ya tienen planeadas soluciones para reforzar o renovar sus herbicidas cuestionados, nuevas semillas transgénicas resistentes a las nuevas formulaciones que se preparan para salir a los mercados, nuevos negocios que demorarán probablemente muchos otros años para que logremos como ahora, probar su intrínseca capacidad de contaminar, de enfermar y de difundir la muerte. O sea que pretenden volver a burlarse como hicieron en el año 1996, del principio precautorio y descubriremos otra vez que los venenos no son inocuos, cuando como ahora, las víctimas sean incontables…

A esas empresas les preocupa en medio de la actual debacle internacional, crear nuevos estímulos para la formulación de las relaciones financieras y de los mercados globales. Es por ello que están implementando los mercados calificados, con mesas redondas en que agrupan a víctimas y victimarios, a socios y a cómplices de las Corporaciones, y en esos espacios ensayan los discursos y los protocolos que establecerán las nuevas certificaciones de la soja y de otros paquetes Bio y nanotecnológicos que se encuentran en experimentación. La próxima reunión de la Mesa Redonda sobre Soja Responsable (RTRS, en inglés), será el  28 de Mayo en Campiñas (Brasil). Este foro les permitirá certificar como responsable la soja MG Roundup Ready, a pesar de que en realidad, la promoción y el uso de esta soja es responsable del uso masivo de agrotóxicos, de la deforestación de grandes superficies de bosques así como de la expulsión forzosa de pequeños productores de sus tierras. En Campiñas las Corporaciones planean establecer las normativas internacionales para las sojas y los biocombustibles que pretenden ahora certificar como responsables, con lo que según proyectan, conseguirán entrar en el rentable mercado de los bonos de carbono que lucran con los cambios climáticos. Suponen también, que, de esa manera, mejorarán su imagen en relación a los consumidores a la vez que dinamizarán los mercados globales. De allí la renovada presión sobre el Vaticano, para que acepte la propuesta corporativa de que los transgénicos podrían resolver el hambre en el mundo, operatoria en que nuestro país participó pocos días atrás, mediante la presencia del presidente de la CONABIA, el biólogo Moisés Burachik. Los estrategas de las corporaciones necesitan anticiparse a las nuevas resistencias y denuncias, constituyendo los campos de confrontación y los límites en que se dirimirán las batallas del maña

Una vez más, pretenden involucrarnos en el gran juego de los sicópatas que gobiernan el mundo. Nuestro deber es, por lo contrario, persistir en buscar caminos de Emancipación. Las denuncias como la del Doctor Andrés Carrasco y otras muchas, que corroboran todas aquellas que hemos estado presentando en los últimos años, respecto a los impactos de los tóxicos liberados al ambiente, requieren y justifican plenamente que el Gobierno asuma medidas de cierta urgencia. Creemos que deben ser anuladas y revisadas las medidas administrativas que dieron lugar a la aprobación del Glifosato, del 2.4D, del endosulfan, del paraquat, así como de otros muchos tóxicos de uso habitual en el actual modelo productivo de la sojización. Creemos también, que, comprobada la enorme responsabilidad de los organismos del Estado en la aprobación ligera y sin verificaciones propias de los informes con que las empresas acompañaron las solicitudes de aprobación de esos tóxicos y la probable catarata de juicios indemnizatorias al Estado que los numerosísimos afectados entablarán en demanda de justicia, el Poder Ejecutivo debe intervenir ya mismo el SENASA y la CONABIA. Los pronunciamientos del Doctor Carrasco no solamente ponen sobre el tapete y dan crédito a los cuestionamientos y verificaciones realizadas por diversas instituciones contra el glifosato, sino que, tanto sus propias declaraciones como la respuesta del Ministro de Ciencia y Tecnología, nos conducen y obligan a un debate sobre la Ciencia en la Argentina que no podemos rehuir. Nos consta que gran parte de las Universidades, tanto como las instituciones de ciencia y tecnología como el INTA, dependen de contratos con las empresas corporativas, que esas empresas determinan las líneas de investigación y que nuestras instituciones les forman los cuadros que ellas necesitan. La falta de decoro es tan grande que sus propios responsables lo confiesan públicamente. Esta situación configura un nuevo modelo de colonialismo corporativo. Estamos en las vísperas de mayo en que nuevamente se dirime si continuaremos siendo colonia o si un proyecto hegemónico y portuario reemplazará los intereses del imperio por el de una burguesía y un funcionariado rapaz aliado a los nuevos poderes globales. Que no hayan pasado tantos años en vano, que ahora no podremos decirle a nuestros hijos que no sabíamos cómo sigue esta película.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07

Jorge Eduardo Rulli

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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 17/05/09, POR JORGE RULLI

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 17/05/09, POR JORGE RULLI.


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From: Rulli Jorge E

Sent: Sunday, May 17, 2009 10:43 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 17/05/09, POR JORGE RULLI

 

Cada período previo a las elecciones provoca fragmentaciones sociales, desconcierto y confusión de la conciencia, extravíos y retrocesos de las luchas populares. El que vivimos es particularmente significativo y hasta original en varios sentidos, en especial en que ha exasperado todas las tensiones y aumentado hasta el paroxismo tanto las sobreactuaciones como el sentimiento generalizado de irrealidad. Sin embargo, en esta oportunidad no se ha logrado impedir como en otras tantas ocasiones, que los problemas pendientes continúen manifestándose y que la agenda de la gente, se subordine sólo parcialmente, a las reglas que son propias de la política partidaria. Ocurre que tras 25 años de democracia representativa, el desgaste y el vaciamiento de lo que denominamos en términos ordinarios la política partidaria y sus mecanismo de delegación, no sólo alcanzan límites de escándalo, sino que amenaza con tocar un fondo en que se justificarían cambios importantes y hasta revolucionarios, al menos, en relación a la representación política de los ciudadanos en el Gobierno y en el Estado, y esto convoca a repensar los marcos constitucionales, para intentar acomodarlos a una Argentina cada vez más compleja, cada vez más demandante y cada vez más faltante de una relación de algún tipo con aquellos que dicen expresarla, al menos que no sea de manera asistencial o clientelar. De allí que, se justifique menos que en anteriores oportunidades, el axioma repetido, de que, para cambiar el estado crítico de la política, debe uno sumarse para participar y cambiarla desde adentro, desde adentro de la política partidaria misma. Me temo que eso como posibilidad cierta, ya ni siquiera es pensable, que todos los caminos de la representación se encuentran viciados, que el modo de reproducirse y de controlar poder por parte de las dirigencias partidarias, ha llegado a un punto de no retorno. Que ese punto de no retorno, expresa tanto la ignorancia de las propias reglas que rigen sus mecanismos de reproducción, como el uso irrestricto de los instrumentos jurídicos del Estado, en la subordinación de lo colectivo a los intereses particulares. Viciada la representación territorial, ausente la manifestación de una mayor tradición partidaria, carentes de toda propuesta política significativa que vaya más allá de los discursos, las viejas cáscaras se intercambian ante la mirada desorientada del votante, como en los juegos prohibidos de las ferias callejeras, pero en este caso sin sus resonancias lúdicas, sino tan solo como el final anunciado de una tragedia que nos arrastra con su inercia, hasta que hallemos un nuevo modelo de convivencia institucional.

En ese sentido, cada dirigente social que se suma a una lista cualesquiera, arriesga una nueva frustración personal, alienta las esperanzas en un camino que el común cada vez más da por concluido, y resta su participación y su esfuerzo a la lucha que llevamos por generar un movimiento que produzca el cambio. Lamentablemente, lo que parece estar claro para muchos, no lo está tanto para el común de los llamados militantes del campo popular, confundidos y entontecidos por una prédica pertinaz alentada por las usinas innombrables y por los fantasmas del pasado, a los que se convoca para justificar las dependencias y las iniquidades del presente. A diario debemos confrontarnos, con un pensamiento escarmentado y resignado a la aceptación de migajas en nombre del temor a que todo cambio empeore la actual situación, y conste que no discuto la posibilidad de que ello pueda ser cierto, sino que me rebelo a considerar los análisis de lo político de una manera tan ramplona, en especial cuando muchos que, ahora nos proponen elegir lo malo en nombre de lo peor que podría sobrevenir, negaron en su momento con irracional obstinación, que lo mejor fuese enemigo de la bueno.

Podríamos preguntarnos, qué sería peor que, como se hace ahora, dejar las manos libres a la Barrick Gold a lo largo de nuestra cordillera, permitir como se ha hecho, la tala indiscriminada de los bosques, continuar los crecimientos que se nos proponen sin sustentabilidad y sin ferrocarriles; y por último, mantener a todo precio tanto ambiental como de impactos sobre la vida y la salud, el modelo de la sojización, profundizándolo hacia un creciente compromiso con los polos biotecnológicos y las refinerías de agrocombustibles. Pero aún sin hacerlo, tendríamos que analizar algunos modos actuales bastante generalizados de pensar la política. Se trata, en tantos antiguos militantes, de que parecen situarse en un imaginario plano y acotado, como si pensáramos lo político sobre una mesa de billar en que los partícipes se ubican a izquierdas y derechas como las bolas sobre el paño verde, cada uno cumpliendo roles asignados y todos conscientes de los límites y de las reglas que les son comunes. En ese plano imaginario, nuestro interlocutor suele realizar un balance precario y superficial de la acción del gobierno y nos dice como quién regurgita una opinión solemne: que muchas cosas no las comparte, pero que no puede dejar de destacar y reconocer la política en derechos humanos o en algunos otros temas, tales como el de la renovación de la Corte…

Yo me pregunto, si con ese criterio de hacer un balance casi propio de tenderos, de poner en una columna lo bueno y en la otra lo malo, sin tener en cuenta de dónde se viene o a dónde se va, sin valorar con qué posibilidades se contaron para ensayar otros proyectos de país, qué ocasiones y capitales se perdieron, y especialmente sin intentar ver qué modelo se estaría instalando por debajo y entre las patas de la mesa de billar y cuánto se comprometería con ello a las próximas generaciones, aún por nacer… me pregunto, si pensáramos siempre de modo tan superficial e indulgente, qué gobierno podría salir desfavorecido en semejantes cálculos contables? Me pregunto asimismo, si acaso pensando de ese modo es posible generar algo que pueda denominarse, un pensamiento político? Me lo pregunto con tristeza, porque estimo a todos aquellos con los que debato, con los que debato o inclusive discuto, que por otra parte no es lo mismo. Debato con los que tengo mayor interés en persuadir, discuto tan solo con los que me impacientan y con los que, aunque extravío el interés por convencerlos aún despiertan mi preocupación. No lo hago ni lo hacemos, con los que consideramos como casos perdidos. Y si repaso los debates anteriores de tantos correos en los que polemizo y de tantas conversaciones políticas enmarañadas en las que participo, siempre encuentro un similar antecedente, un desgarramiento causal de este modo precario de comprender y de enfrentar el mundo. Me dice uno: vengo de creerme uno de los puros revolucionarios de la vanguardia iluminada y pura. Pero perdimos…perdimos y ahora, la sociedad está hecha mierda. Ayer hablábamos con dos compañeros, todos muy críticos, y sentimos, no sólo razonábamos, que nos vamos deslizando hacia la peor de todas las derechas, la más brutal y criminal: racista y clasista como en el Oriente boliviano, sólo que más sutil, porque el contraste de la piel no es tan notorio aquí como en la América profunda.

Sí, a más de lo significativo de no sentirse propiamente parte de esa América profunda, allí mismo está expuesta la herida que se arrastra, el síndrome de la “irrealidad” que se padece y la aproximación al origen de que nos hablaba Salvador Pániker en sus libros. Allí reside también, la posibilidad del chantaje, y la confirmación con que se abruman, la confirmación de los fantasmales climas destituyentes y las reinstalaciones regresivas… La posibilidad misma de un imaginario generado desde el síndrome de la irrealidad, no reside en la realidad misma que los rodea, sino en el propio quiebre personal subyacente, en ese sentimiento penoso del que surge la expresión: perdimos! Y no es uno ni diez, son una legión los que llenan los salones de la Biblioteca de Alejandría y las solicitadas de página doce… son parte de los tantos que sienten todavía que fueron derrotados y no pueden hacer siquiera un examen crítico de su propio y colectivo fracaso como generación, y de su cuota de responsabilidad en la derrota, ahora si, de su cuota de responsabilidad en la derrota del proceso de la Revolución nacional de los años setenta. Fueron escarmentados por la historia que, sencillamente, no resultó ser tal como la imaginaron, y ahora con treinta y tantos años más, peinando canas y con los paradigmas en los que creyeron en estado de agonía, han cancelado los sueños y las esperanzas que alguna vez tuvieron. Hoy, tal como el emblemático Pepe Mugica del Uruguay, le proponen a su pueblo que coma arroz transgénico con caroteno y que en la tierra donde por razones agronómicas no vaya la sojaRR planten eucaliptos para provisión de las pasteras… así nomás de simple, de progresista y de espantosamente globalizada la desesperanza que alimentan. En realidad, la sociedad no está hecha mierda como piensan, ellos son los que están hechos mierda. Ahora, en vez de continuar haciendo negocios tal como lo han hecho durante los últimos treinta años, pretenden perpetuarse en los manejos del poder y de la cosa pública, tal vez no tanto por el poder mismo, sino porque en ello encuentran el flaco consuelo a tanto sentimiento insoportable de derrota.

Lo hemos dicho más de una vez, tal vez porque leímos en su hora, las máximas de la conducción que aquellos tantos no leyeron. En política como en la vida, resulta natural una cierta cuota de elección o de construcción del enemigo. Lo que no tiene retorno es el pecado de construir al enemigo empeñando una lógica de la racionalidad instrumental, todo el poder de los medios y una estrategia puesta en la mera inmediatez, para luego ser derrotados por la propia construcción que hiciéramos. Eso no tiene perdón del Dios de la política, si ese Dios existiera. Tal vez porque al hacerlo se contrariaron principios insoslayables. Tengo ante mí, los viejos escritos que el General firmaba bajo el seudónimo Descartes, a mediados del siglo pasado en el diario Democracia. Allí el autor refiere una y otra vez a la necesidad de ganar la paz más que de ganar la guerra, aún más todavía, dice Descartes taxativamente: es menester saber ganar la paz… Y lo decía nada menos que un militar entrenado para la guerra: el desafío por parte de un político es siempre el de saber ganar la paz, tarea difícil, porque exige grandeza del ánimo y un espíritu valiente. Más adelante explica cómo ciertas prácticas políticas que solo siembran vientos, llevan inexorablemente a que luego se cosechen tempestades, y lo que se alcanza con ese método, nos dice, es aumentar el número de enemigos ocultos, que si sirven por temor lo hacen solo aleatoriamente… Sería bueno entonces, cuando el síndrome de irrealidad nos ahoga como en estos momentos, que volviéramos a Descartes…

Frente a las actuales sumisiones individuales, la fragmentación que nos aísla de los otros, el desgarramiento de la Comunidad, la falta de horizontes colectivos, recogemos las experiencias de aquellas resistencias que se generaron a partir del convencimiento de que cada cuál portaba en su mochila el bastón de mariscal. Aquella convicción que tuvimos, de que cada cuál hacía la historia y de que se era siempre el centro de un combate decisivo, no difiere demasiado del sentido de la responsabilidad personal que ha inculcado en la sociedad el Ecologismo, ni tampoco difiere de los sentimientos libertarios que animan a buena parte de nuestros jóvenes, sentimientos que han conducido a tantos a explorar propuestas de Decrecimiento y caminos alternativos de nueva sociedad o de retorno al campo, y que condujeron y conducen asimismo, a las enormes movilizaciones contra la globalización y en defensa de nuestros bienes comunes, amenazados por las Corporaciones. Resultan patéticos los viejos revolucionarios sumergidos en un vendaval de cambios que, simplemente no pueden ver, porque tienen, como la mujer de sal, quedada la mirada en el pasado. Aferrados a viejos paradigmas, dejaron hace tiempo de interpretar el presente que los rodea y hacen acuerdos con aquellos que conducen los negocios corporativos, convencidos de dar continuidad a los viejos proyectos ahora en los altares de un crecimiento y de un progreso ilimitado y a cualquier costo, sin comprender que, sencillamente se pasaron de bando, y que, precisamente, son tiempos en que vivimos dramáticamente los límites de ese progreso y de ese crecimiento capitalista que son, asimismo, los límites de la ecología y de nuestra vida sobre la tierra.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07

Jorge Eduardo Rulli

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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 26/04/09, POR JORGE RULLI

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1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 26/04/09, POR JORGE RULLI.


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From: Jorge E Rulli

Sent: Sunday, April 26, 2009 11:17 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 26/04/09, POR JORGE RULLI

Distintas razones, que van desde circunstancias coyunturales de la política menor, propias de un año electoral, a comprensibles evoluciones en la conciencia pública, así como legítimas acciones de sus víctimas, han terminado por poner sobre el tapete el gran tema de la sojización y de sus consecuencias e impactos. No es un tema menor. Los debates abiertos significan la esperanza de poder pensar otro país, expresan además, la voluntad de resistir las actuales circunstancias y de hallar otro modelo. No será fácil, pero tampoco son pocos los pasos dados. ¿Qué no llegamos a estas circunstancias por el camino encomiable de la pura lucha por la justicia? No, claro que no. Llegamos como se pudo, como la historia quiso y como la realidad que suele ser mezquina, lo ha permitido, con dosis de oportunismo y de contumacia, y más como resultado de una confrontación irracional, fruto de miradas esquizofrénicas, que de una comprensión política de los escenarios nacionales.

Todavía, cuando hablamos de sojización, nos vemos obligados a enfrascarnos en debatir acerca de la 125... Siguen sin comprender ni querer ver los enormes negociados que se llevaron a cabo mientras se construía el gigantesco circo de la confrontación. Por otra parte, es verdad que, tanto unos como otros prefieren la discusión miserable sobre cómo repartir las ganancias del modelo, a enfrentar el pavor de las consecuencias de ese modelo: miles de niños nacidos con deformaciones irreparables y el cáncer convertido en epidemia. La conciencia argentina no lo soporta. No soportamos la verdad de esa milanesa de soja que engullimos, que engullimos igual que cuando nos decíamos: “por algo será” y dábamos vuelta el rostro para dejar de ver lo que no podíamos afrontar. No soportamos ver el otro lado de esa cuatro por cuatro que tanto nos impresiona, ni tampoco el otro lado de ese plan trabajar del que vivimos malamente. Nos hemos negado por años a comprender, nos hemos negado a ver y a relacionar lo que tenemos delante de los ojos. Decía alguien, que, como si fuésemos productos de un mestizaje con el avestruz, acostumbramos a meter la cabeza en un hoyo cada vez que se habla de ciertos temas.

La película de Nicolás Sarquís denominada: Soja, ¿panacea alimentaria o arma silenciosa? Que fuera respaldada por la Secretaría de Cultura de la Nación, se exhibió por el canal oficial innumerables veces a lo largo del año 2003. A raíz de que la mencionara en una editorial anterior y de que muchos se propusieron encontrarla, hemos comprobado que pocos la recuerdan, parece que se nos borró de la memoria o acaso no existió y estamos fantaseando… Por qué no, podríamos estar enloqueciendo tal vez y desvariamos sobre algo en lo que creemos haber participado, pero el común niega que haya existido… podría ser… pero vamos a Internet y resulta que la película existe, que Nicolás Sarquís existió y fue su director, que el gran encuentro de responsables de proyectos del Estado que en número de más de 500 se dieron cita en la Biblioteca nacional para discutir el tema en julio del 2002 existió, aún más todavía, y está en Internet, con fecha febrero del 2003 el Consejo de políticas Sociales de la Presidencia de la Nación, hace público el librillo denominado “Consideraciones sobre la Soja en la Alimentación”. En la página 12 bajo el título Conclusiones, este documento oficial del Gobierno argentina, dice claramente: “La soja no debe usarse nunca como sustituto de la carne, ya que si bien puede cubrir las necesidades proteicas cuando se la complementa adecuadamente con cereales, el hierro que puede aportar es inferior en cantidad y biodisponibilidad al hierro de las carnes”. Dice también: “Existen factores negativos de la soja en la alimentación infantil, por los cuales no se recomienda su utilización antes de los cinco años. Otro punto añade: La bebida de soja no debe usarse nunca como sustituto de la leche. Se debe considerar que la soja y el bebible de soja están contraindicados para niños menores de dos años. La soja, como alimento central, no es nutricionalmente adecuado para la recuperación en casos de desnutrición”. No lo soñamos. Fue dicho e impreso por el Estado Argentino en el 2003 y en medio de las presiones insoportables de la pobreza extrema y cuando las corporaciones impulsaban la Campaña Soja Solidaria, para que los argentinos pobres se alimentaran con el infame poroto en reemplazo de los alimentos que habían dejado de existir o cuyo precio era inalcanzable. Se apagó con guisos de soja la protesta social de aquellos años. Pero miles de niños, debido a una alimentación inadecuada, no tendrán jamás los desarrollos intelectuales que pudieron haber tenido.

Me pregunto, aquellos niños alimentados con soja en el 2002 y en el 2003 tendrán alguna relación con estos pibes esclavizados por el paco, para los que ahora se pide la pena de muerte, esos pibes chorros que son hoy la mano de obra barata y descartable de algún autopartista, y que son capaces de asesinar en el intento de levantar un auto por el que recibirán no mucho más de 200 pesos? Por años, instituciones como la Fundación Felices los niños.., Caritas o el Rotary distribuyeron soja en los comedores, en algunos lugares los propios municipios lo promueven, en la Provincia de Buenos Aires se distribuirían todavía alimentos mezclados con generosas bases de harina de soja que se solventarían desde el Ministerio de Bienestar Social de Nación. Es parte de la esquizofrenia, parte del doble discurso, modos de negar hacer Estado desde el Estado mismo. Es lo que tenemos, un Estado horriblemente colonizado por las corporaciones, un Estado cooptado por las empresas, donde los que aportan los subsidios para la educación de nuestros jóvenes y para los trabajos de nuestros científicos fijan las líneas estratégicas del discurso científico y de la investigación en la Argentina. Ya ni sorprende, tal como ha ocurrido recientemente en la ciudad de Rosario, la obscenidad de algunas instituciones universitarias que se jactan abiertamente de formar científicos para la empresa Monsanto. Me viene a la memoria un viejo lema jauretchiano, que tantas veces repetimos en épocas pasadas que pareciera retornaran: Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre. Si, queremos ser una Argentina libre…

Volvamos entonces, y hablando de pretender ser una Argentina libre, al gran tema de la sojización y de la desojización. Prohibir el hacer soja transgénica en los predios militares es importante aunque tardío, que algunos institutos del Estado se aboquen a estudiar los aspectos negativos del uso de los tóxicos de la agricultura es importante, aunque no basta. El Estado debió haber considerado estos aspectos al ser aprobado esos tóxicos en vez de dar por buenos los informes con que los acompañaban las empresas, algunas veces sin siquiera pedirles que los presentaran en el idioma que nos es propio. Ahora preparémonos para una catarata de juicios indemnizatorios que, sin duda serán justos pero que todos pagaremos, lamentablemente, a menos que modifiquemos la Ley y le hagamos pagar a los funcionarios responsables y sumisos a esos intereses, así como a las corporaciones que estuvieron por detrás de esas políticas del Estado colonizado. Se ha iniciado ahora, la etapa de poner el modelo de la sojización en la agenda pública. No sabemos todavía, si acaso estamos afrontando el desafío de abandonar el modelo de la soja, aún no quedan claros los propósitos, pero sabemos que el respaldo a las Biotecnologías y la promoción de la industria aceitera continúan siendo escandalosos. Tal vez se está solo amagando por razones electorales, sin comprender que jugar con fuego en medio de la rebelión de las víctimas del modelo y en una Argentina siempre al borde del estallido, puede llevar más lejos de lo que ellos se proponen. El discurso contra la soja se impone por razones políticamente mezquinas, e incluye a muchos que sabemos tienen sus propios sojales ocultos y se los conocemos, pero nos decimos, que si conviene ese discurso, deben haber razones de peso y no podremos nosotros dejar de jugar, aunque sepamos que no se proponen cambiar el modelo ni siquiera se proponen voltearlo, sino que es tan solo probablemente una de las típicas extorsiones pre electorales.

Nosotros, desde el GRR y desde la Campaña Paren de Fumigar, no solamente jugaremos el juego, nosotros vamos por todo y por eso nos importan menos los sórdidos propósitos de los que especulan con la situación coyuntural. Lo hemos dicho muchas veces, recogiendo la consigna de nuestro amigo alpargatista: la soja mata, sembrarla es un crimen. Y con la autoridad moral que nos proporciona el reconocimiento público de una lucha muy larga, queremos decir ahora, en medio de la exasperación de los discursos y de la fiesta de los conversos, de los improvisados y de los recienllegados, queremos decir que de la Republiqueta sojera no se sale con discursos ni con anatemas, que se sale tan solo con una estrategia desde el Estado, con una estrategia de políticas agrarias que posibiliten construir alternativas de cultivos y que permitan una transición hacia un nuevo modelo de país. Que esa transición debería ser con productores reconvertidos y recapacitados para descubrir o redescubrir lo que sabían antes de la soja y que olvidaron o se les enseñó a olvidar, desde organismos del Estado como el INTA. Que esa transición no podría de manera alguna ser corta, lamentablemente, porque las corporaciones y sus hombres en el Estado colonizado, a lo largo de los últimos años, han quemado todas las naves y el retorno a un país soberano dependerá tan solo de nuestro esfuerzo colectivo y de nuestra capacidad de innovar sobre la marcha. No vemos actualmente esa voluntad de reconstrucción de la Soberanía, tampoco vemos paradójicamente, ninguna estrategia que no sea la de continuar profundizando el modelo biotecnológico hacia la producción de agrocombustibles y la exportación de biogenética y de tecnologías de escala. Por eso no creemos que haya propósitos que vayan más allá de lo electoral y de lo partidario. No vemos esos propósitos porque ni siquiera podemos retornar a la matanza local para abaratar la carne, o volver a tener leche fresca en las localidades y en los barrios, como tuvimos siempre… cómo podríamos entonces creer en que se nos propone un cambio? Y decir esto nos apesadumbra, porque nos gustaría creer como tantos otros, que el Estado en su entraña tiene un proyecto nacional. Sabemos que muchos intentan persuadirse y persuadirnos de ello y comprendemos con enorme pena el cansancio de una generación que también es la nuestra. Pero el cansancio y las innumerables derrotas y fracasos, no justifican dejar de reconocer la terrible realidad en que vivimos, y ese fue el corazón de una enseñanza a la que nos debemos siempre. En definitiva, ser leales con nosotros mismos y decir la verdad, al menos la verdad de lo que pensamos y de lo que vemos. Las obediencias debidas son un anacronismo aunque muchos intenten continuarlas… y solo dan vergüenza ajena. Tenemos por delante una enorme oportunidad, que las miserias de este modelo y sus terribles externalidades sobre la población, externalidades que se develan a diario por los medios, sean un acicate para plantearnos un cambio profundo que implique reconstruir el Estado, volver a repoblar el campo con familias rurales, reivindicar los patrimonios culturales que extraviamos y en definitiva, recuperar la Soberanía Nacional. Ojalá sepamos aprovechar esta oportunidad.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07

Jorge Eduardo Rulli

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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 19/04/09, POR JORGE RULLI

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    1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 19/04/09, POR JORGE RULLI.


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From: rtierra

Sent: Monday, April 20, 2009 2:27 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 19/04/09, POR JORGE RULLI

EDITORIAL DEL DOMINGO 19 DE ABRIL DE 2009

El mundo en estos días parece sacudido por sucesivos y generalizado terremotos, terremotos económicos como la debacle de los bancos y de los mercados, terremotos ideológicos como el conflicto de los paradigmas que desubica a la izquierda convencional y que los lleva a jugar una y otra vez el juego de las Corporaciones, terremotos y crisis de autoridad como la del papado y la de prácticamente todas las máximas autoridades civiles, terremotos en nuestras emociones y sentimientos, causados por matanzas y nuevos genocidios como en Palestina, y además, la crisis superior a todas las crisis, porque es la que pone en riesgo la casa del hombre: la crisis ecológica, la contaminación generalizada y los acelerados cambios climáticos. Es un momento en que el mundo requiere conducciones firmes y basadas en principios morales. Lamentablemente no es lo que abunda. Todo lo contrario, sobreabunda a nivel de los líderes, la improvisación, el oportunismo, la mirada clavada en horizontes cercanos y coyunturales, y la falta de mística. Hoy se produce el extraño fenómeno de que los pueblos parecen ser más lúcidos que sus presuntos líderes. Grave situación que anticipa fuertes e inevitables desgarramientos institucionales. En la Argentina, lo vivimos y experimentamos a diario. Es evidente que la zona del dengue coincide como un guante con el territorio en que se extienden los monocultivos de la soja. No obstante, parece que a ningún funcionario se le ocurre reflexionar sobre tal casualidad, como para interrogarse al menos, acerca de la desaparición masiva en ese inmenso espacio, de todos los depredadores naturales del mosquito, como consecuencia de la saturación de tóxicos por parte del modelo productivo que respaldan.

Mientras tanto, el descubrimiento tardío de alguna prensa progresista de los impactos causados por los agrotóxicos sobre las poblaciones, es una mera demostración de que todo resulta válido en la confrontación electoral para “limar” al adversario. Algunos dirigentes han pasado de esa manera en no mucho tiempo, de impulsar en sus zonas los cursos de capacitación para cocinar con soja a la denuncia furibunda contra los sojeros. Muy bien, uno se dice y les dice, bienvenidos compañeros, a la pelea contra la soja y la biotecnología. Pero no, les hablamos y ellos no nos responden, en realidad no nos ven o hacen cómo que no nos ven. No nos ven y tampoco nos mencionan, sencillamente, de pronto hemos dejado de existir…. Hemos sido invisibilizados, nos hemos convertido en exiliados mediáticos ignorados por los nuevos discursos políticamente correctos, mientras los cursos rápidos sobre el campo y los transgénicos suben el valor de sus acciones, debido a la demanda creciente en el campo del oportunismo. No se apuren compañeros, esfuércense y con algún tiempo de repetir esas palabras tan raras como transgénicos, glifosato, surfactantes, 2.4D, endosulfán, Roundup Ready y organismos genéticamente modificados, lograrán la correcta pronunciación aunque les lleve todavía un tiempo saber a qué están refiriendo… Es un año electoral y sabemos bien que vale todo, que los discursos tienen poco que ver con la realidad y que vivimos en el reino de las promesas rotas y del photoshop. Lo sabemos, lo sabemos hace mucho tiempo, aunque ahora vivamos una especie de paroxismo del malgusto generalizado, que tal vez anticipe un final de fiesta sin pizza y sin champaña…

Decíamos a principios del años 2006 como resultado de los dos primeros años de Campaña contra las Fumigaciones, en nuestro primer informe a la opinión pública y las autoridades políticas: “La creciente expansión de los monocultivos de soja RR ha barrido con los cinturones verdes de producción de alimentos locales y también que oficiaban como morigeradores de los impactos propios de la agricultura con agrotóxicos, que rodea los pueblos. Estos corredores estaban generalmente constituidos por montes frutales, criaderos de animales pequeños, tambos y chacras de pequeños agricultores. Ahora los monocultivos llegan a las primeras calles de las localidades, y las aerofumigaciones impactan en forma directa e inmisericorde sobre las poblaciones. Además, las máquinas fumigadoras se guardan y se lavan dentro de las zonas urbanas contraviniendo toda norma de prevención, los aerofumigadores suelen decolar de los aeroclubes de las propias localidades y cruzan los pueblos chorreando venenos cuando se dirigen o cuando retornan de sus objetivos sin que la autoridad municipal lo impida. Los granos se almacenan por razones de comodidad de los sojeros en enormes silos ubicados generalmente en zonas céntricas de los pueblos, y diseminan con el venteo de los granos partículas tóxicas que afectan el corazón de las pequeñas urbanizaciones. Caravanas de miles y miles de camiones cargados de porotos de soja cruzan los pueblos ribereños hacia los puertos, dejando a su paso regueros de muerte en las poblaciones que viven a orillas de las rutas.

La agricultura industrial de la soja es sinónimo de desmontes, degradación de suelos, contaminación generalizada, degradación del medio, destrucción de la Biodiversidad y expulsión de poblaciones rurales. Sin embargo, puede haber consecuencias aún mucho más horrendas. Creemos haber descubierto a partir del caso de las madres del barrio Ituzaingó, los elementos necesarios para confirmar una vasta operatoria de contaminación sobre miles de poblados pequeños y medianos de la Argentina. Se esta configurando una catástrofe sanitaria de envergadura tal, que nos motiva a imaginar un genocidio impulsado por las políticas de las grandes corporaciones y que solo los enormes intereses en juego y la sorprendente ignorancia de la clase política logran mantener asordinado. El cáncer se ha convertido en una epidemia masiva y generalizada en miles y miles de localidades argentinas y el responsable es sin lugar a dudas el modelo rural”.

Sí, lo dijimos, lo dijimos, inclusive, en estos mismos micrófonos de Radio Nacional, lo dijimos sin que hubiese oídos oficiales que registraran lo que decíamos. Los asesinos seriales continuaron su festival de víctimas y alguna vez en alguna de las localidades los vecinos nos confesaron con tremenda compasión, que ya no luchaban contra los sojeros y los fumigadores contra los que habían comenzado las denuncias, no muchos años antes. Que todos habían muerto de cáncer en el transcurso de esos pocos años, y que ahora estaban luchando, contra los hijos de aquella anterior generación de productores y de contaminadores. Y decir esto que decimos es importante para nosotros, porque esta Campaña ha sido tremendamente desgastante y comprometida, pero ha sido una campaña sin odios con el otro. Ha sido como todas las luchas ecologistas, una lucha por la vida, también por la vida del otro. Del otro que nos contamina y que también es víctima, más que de su codicia, de su propia ignorancia. Y aquí estamos llegando al corazón de un pensamiento, al corazón de una reflexión necesaria en estos momentos en que el genocidio queda al descubierto, y cuando los que recién descubren la matanza, comienzan a buscar culpables. En el común de la gente, tanto del campo como de la ciudad, las instituciones que forman opinión pública, sembraron muy firmemente la idea de que los tóxicos de la agricultura son “remedios” y esta palabra remedio es una palabra clave para develar ahora la terrible conspiración de que fuimos víctimas por parte de las Corporaciones. Todavía los informes oficiales del Estado argentina refieren a Fitosanitarios, no a tóxicos de la agricultura. Y esos informes que hablan de fitosanitarios, no están escritos precisamente, por los fumigadores. No, están escritos por profesionales capaces en su materia, profesionales que estudiaron en las Universidades argentinas donde el Pueblo pagó sus estudios, esos profesionales tienen títulos y doctorados asimismo, en Universidades extranjeras en cursos y post grados, que el Estado Argentino solventó, esos profesionales trabajan en oficinas y escritorios alejados de todo riesgo de contaminación y cobran sueldos mensuales que multiplican por cien o por doscientos, el de un pobre banderillero al que se lo convenció, de que debía soportar con estoicismo el baño químico, cada vez que el avión o el mosquito fumigador llegaba al límite ese del campo, en que él estaba allí parado, haciendo la marcación con su banderita roja… Ahora como es un año electoral, parece que los sojeros son los meros convictos, los sojeros y los aplicadores, entonces, los autores intelectuales de este modelo genocida, se permiten recordarnos que ellos son progresistas y señalan a los culpables, que no son en cierta medida sino las víctimas también de las políticas de Estado que se planearon y ejecutaron, desde la Secretaría de Agricultura, pero en especial desde el INTA y el SENASA.

Ahora, porque es un año electoral, resulta que hasta el CONICET descubre que esos doscientos millones de litros anuales que se han estado arrojando cada año, sobre las tierras y los pueblos argentinos, son altamente tóxicos. Pero han transcurrido doce años en que ese crimen fue avalado día por día, doce años en que se silenció a quienes lo denunciábamos, doce años en que perdimos nuestros trabajos en el Estado, doce años en que acallaron los informes de centros de investigación que de manera valiente denunciaban los daños crecientes a los ecosistemas y a la salud humana, mientras toneladas y toneladas de tóxicos se continuaban derramando en forma implacable sobre los pueblos del interior… Ahora, desde la prensa adicta resulta aceptable reconocer, en un año electoral, el poder letal de esos productos que hasta ayer llamaban fitosanitarios, y que insistían con infinita crueldad e irresponsabilidad, en que podían beberse como el agua sin perjuicio alguno para la propia salud. Y eso no solo lo hemos escuchado de notorios sojeros como el Dr. Víctor Trucco de AAPRESID, la Asociación de siembra directa. Recuerdo que lo dice en la película que hiciéramos con Nicolás Sarquís en el año 2003 desde la Secretaria de Cultura de la Nación, película que se llamaba “Soja ¿panacea alimentaria o arma silenciosa?” y que fuera transmitida reiteradamente por la televisión nacional con el respaldo del entonces secretario de Cultura Rubén Stella. En esa película Sarquís lleva la cámara a repetir de manera graciosa para el público, el gesto teatral de Trucco de echarse al garguero una copita de glifosato.

Que el glifosato se podía beber como agua fue dicho innumerables veces, también, alguna vez por altos funcionarios tales como los Secretarios de medio ambiente de las provincias de Santa Fe y de Entre Ríos, que lo han manifestado en público sin sonrojarse. Aún más todavía, he podido escucharlo de boca de un humilde profesor frente a sus alumnos adolescentes, en una escuela agraria del partido de Saladillo, lo cual resultó además de penoso, de una tan extrema peligrosidad que conmueve por sus posibles consecuencias sobre el alumnado joven. No han sido solamente los empresarios entonces, los que han asegurado tal desmesura, sino que han estado por detrás los técnicos y los científicos avalando tales sandeces, en los marcos de una Argentina claramente colonizada por Monsanto. Y quien dude de ello, que se interrogue acerca del papel de nuestro Ministro de Ciencia y tecnología en estos asuntos tan delicados, que tienen que ver con lo que llamamos la Sociedad del Conocimiento y que una vez más, y con ropajes actualizados, refieren a la vieja colonización pedagógica de que nos hablaba don Arturo Jauretche. Y por último, en medio de la actual fiesta mediática en que funcionarios y prensa oficial reconocen al fin que los fitosanitarios provocan malformaciones embrionarias y otros daños espantosos, me permito recordar que actualmente me encuentro querellado por calumnias e injurias ante el Señor Juez Federal Norberto Oyarbide, por un funcionario de SENASA que habría aprobado esos mismos agroquímicos. Quiero recordarlo porque no sea cosa que tenga yo que festejar desde Villa Devoto la razón de lo que hace tantos años venimos afirmando.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07 

Jorge Eduardo Rulli

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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 08/03/09, POR JORGE RULLI

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    1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 08/03/09, POR JORGE RULLI.


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From: Jorge Rulli

Sent: Sunday, March 08, 2009 9:24 PM

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Subject: EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 08/03/09, POR JORGE RULLI

En primero y principalísimo lugar, corresponde que agradezcamos a todos quienes hicieron posible este pequeño y maravilloso milagro de que podamos estar de nuevo en el aire y conectados con todos ustedes, con ustedes que nos escuchan ahora, con los que nos escucharán mañana o en los días subsiguientes gracias a viento social y a la página Web del GRR, así como a tantas FM que nos retransmiten. Asimismo, agradecemos que podamos estar de nuevo conectados con todos aquellos a los que llegan los editoriales a través del correo y de Internet. Que podríamos llegar a ellos de todas maneras, aún sin este micrófono, sí, es verdad, pero esos escritos no tendrían la magia de haber sido hablados previamente, no tendrían la fuerza de la palabra hablada que llevan, el peso gravitante de lo que fue dicho, que fue dicho además, en Radio Nacional y para oídos receptivos que estaban atentos y aguardando a que esas ciertas palabras fuesen pronunciadas. Gracias a todos ustedes estamos de nuevo en la Radio de todos, en la radio del Estado. Y decir las cosas que decimos desde estos micrófonos, acrecienta el hecho extraordinario de poder decirlas cada domingo, el hecho extraordinario de expresar aquellas cosas para las que no hay lugar en los medios ni en los debates ramplones que hacen del pensamiento político un desierto o un monocultivo de ideas y opiniones.

Hemos tratado de reverdecer esos desiertos tal como lo hicieran Masanobu Fukuoka y sus discípulos, entre los que ahora, humildemente, nos contamos. Hemos tratado de recuperar esos ecosistemas arrasados de la conciencia nacional. Por eso agradecemos también tanta palabra amiga recibida en estos últimos días, el sollozo de alguno en el teléfono, los abrazos callados y las expresiones de solidaridad maduras volcadas en cartas y correos, escritos desde la propia afirmación y desde una ciudadanía que no se deja doblegar. Gracias por tanto coraje. Gracias por proporcionarnos el valor que muchas veces nos falta para proseguir. Hemos llevado una lucha dura en estos años para generar pensamientos nuevos y no ha sido fácil. Nos pesa la incomprensión de muchos. Alguna vez nos dieron de baja una cátedra que teníamos como GRR en la Facultad de sociales, porque refiriéndose a Adolfo, dijeron que no podía ser que un experto en batatas, intentara desarrollar pensamientos filosóficos. En esta misma casa, algunos piensan que este es un programa rural, o sea para el campo, y lo equiparan a los programas del INTA aunque con otro signo. Otros hacen referencia a nosotros como aquellos que afirmamos que la soja no es buena para la salud. Es lo que les impresionó de nuestro discurso o el cachito de realidad que les quedó en la memoria de lo que somos. No falta el que destaca mi particular encono con los Montoneros y resaltan el que alguna vez dijera que la muerte de Rucci fue un crimen de lesa humanidad. Un importante dirigente sindical tomó a broma la idea de comerse un asado en mi casa, dado que soy ecologista y confundía de esa manera, torpemente, el vegetarianismo con una postura política que se propone el cambio radical de la sociedad y la instalación de nuevos paradigmas de pensamiento. Para muchos dirigentes políticos actuales vengo a ser algo así como un objeto de museo, un ser extraño que refiere a épocas referenciales que no conocieron y que reverencian. No obstante, soy consciente que cuando comienzo a exponer sobre organismos genéticamente modificados, mercados globales, bio y nanotecnologías, postglobalización y poder del conocimiento, es como que cambiaran la frecuencia de la escucha o que les hablara en un lenguaje que dejan de comprender.

En medio de la devastación, hemos persistido en preparar la tierra para la siembra, la hemos alimentado con el compostaje de los propios residuos, pero también con mucho, mucho amor. Hemos sembrado las semillas del año anterior o las que intercambiamos con los amigos innumerables que participan de las nuevas redes. Somos muchos, cada día somos muchos más. Pensamos que, aparte de respetar los ecosistemas que nos rodean, hay una regla superior que debemos obedecer siempre, esa ley es que la biodiversidad que nos rodea tiene que ser siempre aumentada y que debemos hacerla cada vez más y más compleja. Esto quiere decir que debemos añadir nuevas especies y variedades, y dejar que la Naturaleza busque nuevos equilibrios. Qué, a diferencia de lo que hace la ciencia empresarial que separa y diferencia, que hace variedades genéticas por separación de líneas de caracteres, nosotros deberíamos, por lo contrario, ayudar a la Naturaleza, enriqueciendo los pooles genéticos, tanto de plantas como de animales, añadiendo mediante aportes nuevos caracteres, y dejando que los equilibrios, los ajustes y las adaptaciones se produzcan mediante crecientes complejidades.

Esa ley de aumentar siempre la diversidad y la biocomplejidad, vale para la agricultura, pero también vale para el huerto, para el jardín y para toda la vida en sociedad. Vale para la lucha política y para la generación de pensamientos, vale también, para construir las alternativas que generen el nuevo poder que permita detener la infelicidad generalizada, el sufrimiento, el despojo, la humillación de la conciencia nacional y el extravío de todo sentido de patria y de justicia. Si frente a la debacle que viene sobre la Argentina, de manera inexorable, porque así como ayer vivimos la caída del muro de Berlín y la implosión de la URSS, hoy estamos viviendo la caída del Imperio americano; si frente a esos horizontes de desastre no hacemos sino canjear autos y calefones, apostar al consumo y al asistencialismo, estaremos perdidos. No solo porque quienes la implementan podrían equivocar la estrategia, sino porque por estulticia y por contumacia, carecen de un plan B. Dice Alfredo Zaiat en Página 12 del sábado 28 y hablando de las regresiones, que “no sería recibido con mucha seriedad que… propongan como modelo empresario el regreso a formas de organización con exclusivo trabajo manual en las fábricas. Tampoco tendría mucho eco entre los productores agropecuarios una iniciativa que impulse el retorno al arado manual de los campos”.

Uno comprende desde este lugar nuestro, el pensamiento mágico de los que apuestan al progreso, el problema es que ellos no nos comprenden a nosotros. Ellos, no solo son absolutamente excluyentes, sino que están convencidos que las prácticas de simulacro que permitirían que la gente se organice ante eventuales situaciones de desastre, convocan por si mismas a los desastres. Por eso no existen ensayos o prácticas en la Argentina que predispongan ante situaciones de evacuación como en Tartagal. Por supuesto, ellos se ven a sí mismos como los científicos serios y a nosotros nos ven como los cultores del pensamiento mágico…nos ven como los que hablamos de la soja o esos a los que despectivamente se confunde como vegetariano… Repetimos, ante lo que viene, no tienen plan B alguno, porque proponer la venta local de leche fresca, las ferias de productores o los desarrollos locales carecería de seriedad… y porque en el fondo creen que convocaría mágicamente al fracaso del modelo progresista al que apuestan en exclusiva. Además, es en esa estrategia excluyente donde ponen los huevos de sus negocios prebendarios. Entonces, se apuesta decididamente al recambio de automóviles, de los calefones y de las heladeras… sin ninguna alternativa que escape a una misma visión estrecha de un mundo pensado por gente como uno y además, para gente como uno….

Los sueños y las pesadillas dijo Galeano se hacen con la misma materia prima. Debemos cambiar esta pesadilla por los sueños que siempre tuvimos. Eso es todo. Sabemos bien que pensar y hablar sobre el camino no es lo mismo que recorrerlo. Es lo que hacemos, hablamos del camino pero además lo recorremos. No sabemos con certeza adonde conduce, pero lo recorremos, avanzamos con firmeza y somos muchos… No nos proponemos llegar a ninguna parte en especial y esto nos hace invencibles. No podemos ser derrotados porque no nos medimos con la vara del éxito ni por horizontes de toma del poder, tampoco pensamos en ganar elecciones, menos aún podríamos ser chantajeados por aquellos cucos de la supuesta “restauración conservadora” con que tantos intelectuales de izquierda encubren los meganegocios y las intensas connivencias con las corporaciones y en particular con los exportadores. Las actuales estrategias de alimentar la tensión social, favorecen la fragmentación de los colectivos, los desmigajan. Día a día vemos como todos pelean entre sí, como los medios disfrutan de los enfrentamientos, de las palabras fuertes con que unos castigan a los que ayer eran sus allegados. Es la estrategia de la tensión que se genera desde las usinas que continúan sosteniendo el viejo adagio, de que dividiendo se reina mejor…

Somos un país laboratorio, no sólo porque producimos en relación a territorio y población, muchos más organismos genéticamente modificados que ningún otro país en el mundo, sino también porque bastante más del 75% de lo que comemos contiene transgénicos, más precisamente soja y maíz RR. Es el horror absoluto que consintió de buen grado nuestra dirigencia política, intelectual y religiosa, en la más demencial de las traiciones a su propio pueblo. Somos el laboratorio de las Corporaciones que ensayan con nosotros sus semillas y sus alimentos genéticamente modificados. En algún observatorio de esas empresas transnacionales, con seguridad estará previsto investigar cómo será la próxima generación de argentinos, de la misma manera que se ensaya con la mosca de la fruta o los cobayos. Pero además de hacernos comer transgénicos sin que lo sepamos, con el simple recurso de que el grueso de nuestros alimentos son reelaborados por las cadenas agroalimentarias, además de eso, nos amontonan como en esos experimentos con monos, en que se meten muchos en una jaula, para medir su creciente agresividad… se vacía el campo y se nos concentra en megalópolis.

El territorio está destinado en exclusividad a los monocultivos y a las mineras, también y en menor escala, a plantaciones de árboles para pasta, incineradoras de residuos y basureros a cielo abierto. El modelo es absolutamente extractivo, y conduce inexorablemente a la catástrofe y al hambre. La capacidad de producción biológica de la Argentina aporta a otros centros de poder y esa dependencia, se incrementa debido a nuevos procesos tecnológicos de producción y apropiación transnacional, como la minería con cianuro, la biotecnología y otros recursos corporativos. De hecho, corremos graves riesgos de perder el capital biológico indispensable para nuestra propia supervivencia como pueblo, capital que está constituido por los suelos, el agua, los glaciares, los bosques y el petróleo. En la Argentina, hoy se vive en conurbanos y como el empleo no alcanza para todos, están los planes asistenciales, donde se derivan los ingentes dineros que dejan las exportaciones. Los planes asistenciales no son para salir de la pobreza sino para reproducirla. Es claro, entonces, que los discursos se distancian definitivamente de las cosas y debemos vivir en la esquizofrenia programada. La tercera generación de indigentes carece de conciencia de clase o de espíritu organizativo, son la masa de maniobras de la política venal o un problema que se resuelve con la policía. Los brotes histéricos de los que reclaman se mate a los que matan, son repetidos al infinito por la televisión y aportan a la estrategia de la tensión que nos enloquece, que nos fragmenta, que nos aísla en medio de una sociedad hostil compuesta de otros tantos individuos tan aislados como nosotros mismos, y que sospechan de sus prójimos, tal como nosotros sospechamos de ellos. Somos de esa manera, conducidos a votar chantajeados y a vivir reclamando reglas cada vez más duras, reglas que aplicarán los mismos que alimentaron la situación insostenible en que vivimos.

Frente a este panorama se requieren miradas nuevas. Pensar en términos de izquierdas y derechas resulta funcional al sistema. Es como aceptar debatir sobre un terreno plano y acotado, cuando debemos ser capaces de visualizar en profundidad y en altura, los modelos vigentes que determinan la dependencia colonial. Pensar que podríamos salir del encierro del capitalismo sin debatir sobre el sentido de las tecnologías y de las escalas, resulta ingenuo y presupone creer que estos patrones civilizatorios depredadores pueden continuar siendo soportados por el Planeta. Estamos convencidos que esta es una época decisiva, una época de inflexiones históricas, y que estamos obligados a tener el valor de pensar otro mundo. Esa es la tarea en la que estamos desde Horizonte Sur y celebramos hallarnos tan acompañados en la misión que no hemos dado, celebramos volver a dialogar con todos ustedes a los que debemos este espacio de reflexión y de construcción alternativa. Gracias, una vez más por marchar juntos en este camino que estamos recorriendo. Como diría el monje: el camino es el mismo de antes, el mismo de siempre, lo que ha cambiado es nuestro corazón.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07

Jorge Eduardo Rulli

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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 22/03/09, POR JORGE RULLI

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    1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 22/03/09, POR JORGE RULLI.


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From: Jorge Rulli

Sent: Sunday, March 22, 2009 9:01 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 22/03/09

Tratar de mantener el modelo agro exportador de commodities transgénicas frente a la debacle internacional, resulta a todas luces una insensatez. Sin embargo, es lo que se intenta, si bien se lo trata de enmascarar con algunas reformas, con innovaciones, y envolturas que nos presentan lo viejo como renovado, lo que se persiste en mantener, sigue siendo el mismo modelo sojero de los años noventa inspirado en las políticas de Monsanto y de Cargill. Las tensiones actuales entre el campo y el gobierno reflejan esos acomodamientos dolorosos que, alguna vez en el año anterior y durante la llamada crisis del campo, denominamos como: reconfiguración del modelo agro exportador sojero, hacia un modelo similar pero de mayor concentración y con mayores paquetes tecnológicos. Una legión de chacareros devenidos rentistas, y una cantidad de pequeños tamberos o criadores de ganado que se subsidian a sí mismos, haciendo soja en una parte de su campo, conforman una masa de sectores medios rurales que se resiste a desaparecer y que, contra toda lógica, se aferran a prácticas y producciones que dejan de ser económicas por la propia dinámica del proceso de capitalismo agrario que ellos mismos condujeron. Esos productores y rentistas rurales son acompañados por una buena parte de lo que resta del tejido rural, de las pequeñas y medianas localidades en que habitan, las poblaciones dispersas que ofician los servicios de la agricultura industrial y las memorias rotas de un pasado que ya no puede volver.

El estado de rebelión rural generalizada configura un cataclismo social en que los bandos carecen de conciencia suficiente y de discursos apropiados. El bando del campo mientras protesta contra el gobierno, esta seriamente amenazado de ser engullida por los grandes pooles, los acopiadores, la industria aceitera, los feedloteros, los dueños de frigoríficos, los que construyen las refinerías para agrocombustibles y las Corporaciones exportadores. Todos ellos, parecieran haber conformado un bloque cerrado y centralizado en torno a intereses comunes: los de mantener pero sobre todo ahondar, el actual modelo de monocultivos transgénicos. No parece haber demasiadas posibilidades para los primeros, para los productores de soja que arriendan el campo en quintales de porotos o que aún producen soja por sí mismos, generalmente en negro, para un acopiador que, generalizadamente se encuentra asociado a los exportadores. No parece haber demasiadas posibilidades, al menos en la medida en que no son capaces siquiera de visualizar ni comprender, su propio rol sacrificable en el esquema colonial del que participan, también, porque a falta de un propio discurso incorporan antiguas arengas gorilas que les ganan la animadversión generalizada de las poblaciones urbanas que sobreviven en buena medida, gracias a los planes asistenciales que se financian con las retenciones a la soja.

Mientras las tensiones sociales se exasperan, el complejo aceitero sojero exportador se beneficia de una legislación generosa, pensada a la propia medida del Agronegocio, una legislación que les permite expropiar con impunidad a los productores y arrendatarios de buena parte de sus ganancias, descontándoles las retenciones o derechos de exportación a nombre del Estado y quedándose con ingentes diferencias a titulo de subsidios que les son concedidos, en la medida en que ellos procesan los porotos en aceites, lecitinas, pelets, agrocombustibles o los transforman en proteína animal. Una vez más, al igual que durante la Dictadura, lo que tenemos es una oligarquía prebendaria, cuyas principales ganancias provienen de las arcas del Estado o al menos de las riquezas que el Estado les permite apropiarse. Juegan del lado del Gobierno pero no son leales. Roma no paga traidores y menos aún los Elsztain, los Werthein y los Grobocopatel, que aprovechan el terrible desgarramiento de la sociedad argentina para apropiarse con impunidad de la renta de una enorme cantidad de productores y arrendatarios, muchos de los cuales trabajan en negro, y a los que de todos modos se les descuentan los derechos de exportación. Lo que para ellos es todavía tanto o más importante, es que aprovechan el momento para extender sus capitales por América del Sur y proponer sus empresas como nuevas corporaciones transnacionales de los agronegocios. Ellos no tienen nada que perder en esta disputa del campo con el Gobierno y del Gobierno con el campo. Una disputa en que son los principales protagonistas y a la vez, sorprendentemente, unos espectadores aparentemente ajenos al conflicto. Ellos tienen sus ganancias aseguradas y la decisión a que se arribe sobre las retenciones, no los afecta porque se ha institucionalizado que los derechos de exportación se los descuentan al productor, y que el productor lo acepta dócilmente, aunque esté en negro, lo cual significa un negocio fantástico para el bloque aceitero exportador: el de ser recaudadores en nombre del Estado y a la vez quedarse con los dineros de los contribuyentes…. Ellos tienen sus ganancias aseguradas, porque las retenciones condicionan los precios en el mercado interno, pero no afectan el precio internacional en el que venden. Ellos tienen sus ganancias aseguradas, porque no solo son exportadores sino que se han adentrado en el propio territorio con factorías que han reemplazado a los antiguos acopiadores. Ellos tienen sus ganancias aseguradas, porque los puertos han sido privatizados y en ellos actúan a discreción de sus propios intereses, y porque el país carece de flota mercante y se desangra pagando fletes y otros gravámenes. Ellos tienen sus ganancias aseguradas, porque sus víctimas son a su vez sus socios menores y sus cómplices, y ellos han aceptado la relación de servidumbre y prefieren enfrentar con discursos regresivos, tanto al Gobierno como al Estado, en vez de hacer el esfuerzo y tener el coraje de imaginar un país para todos y un Estado en construcción, donde sus propios derechos a un precio justo y a vivir en el campo, estén contemplados y protegidos.

El complejo del Agronegocio, esa alianza de pooles, aceiteros y exportadores, no son leales siquiera con un Gobierno que les ha permitido, no solo mantener y acrecentar sus privilegios, sino que les ha consentido quedarse con la fabulosa suma, de más de mil setecientos millones de dólares comprobados, recaudados ilegalmente gracias a ciertos retoques realizados durante el año 2008, en la ley sobre retenciones por el Senador Urquía. Ellos dejan que el gobierno que tanto los ha favorecido, se hunda lentamente en los desaciertos, en la incapacidad de elaborar políticas agropecuarias, en la imposibilidad de comprender el sentido de sus propias acciones y en especial, en la ceguera de leer el propio destino.

Justamente, el próximo 24 de marzo nos convoca a reflexionar sobre aquellas intensas experiencias vividas por nuestros sectores medios en los años setenta, y en el modo en que esa etapa deviene, en paradigma de todo pensamiento, en patrón ineludible de cualquier interpretación histórica, en la forma que fija conductas y reflejos, y en cómo se reproduce en una nueva generación más joven. Asimismo, nos convoca a reflexionar en cómo nos convertimos en una Republiqueta sojera útil para expandir las semillas transgénicas de Monsanto, hacia los países vecinos, mientras manteníamos conceptos y discursos contra la oligarquía vacuna, conceptos vigentes cincuenta años atrás. Algunos funcionarios e intelectuales que no son precisamente de derechas, alientan la esperanza de que, no sólo continuemos siendo una “potencia” en producción de aceites y biocombustibles, sino que, además, exportemos maquinaria agrícola e insumos, para los mismos propósitos de sembrar soja que nos han colonizado. De igual manera, esos funcionarios sueñan con que reproduzcamos en nuestros laboratorios, tanto para nosotros como para el resto de América Latina, una Biogenética atada a la propiedad intelectual de los conocimientos y de los patentamientos de las Corporaciones. Si no somos capaces de resolver los desafíos del presente, que pasan por establecer políticas de soberanía y de emancipación, perderá su sentido ante la historia que continuemos encarcelando a los verdugos del proceso militar, porque seguiremos cumpliendo con el mandato impuesto por el golpe genocida del 24 de marzo que fue, justamente, el de mantener las dependencias en el mundo globalizado.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07

Jorge Eduardo Rulli

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OPINION - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 15/02/09, POR JORGE RULLI

SUMARIO

   1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 15/02/09, POR JORGE RULLI.

  


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EDITORIAL DE HORIZONTE SUR, DEL 15/02/09, POR JORGE RULLI

La apropiación de los bienes que nos proporciona la Naturaleza, esos bienes que las corporaciones y los técnicos denominan con supuesta lejanía y objetividad, como recursos naturales, constituyen la principal razón de las corporaciones en su interés por nuestros países. Es el gran problema de esta época: que las corporaciones se apropian de nuestros recursos. La liberación nacional pasa hoy justamente, por retomar el dominio de esos bienes y todas las luchas de América Latina van por esos caminos, de recuperar el petróleo, e instaurar la soberanía en la montaña o en la selva. No comprenderlo es hacerle abiertamente, el juego al imperio. No comprenderlo conduce además a tragedias terribles como la de Tartagal. Durante mucho tiempo continuaremos debatiendo las causas de los deslaves de la montaña y de los gigantescos aludes de barro. Debatirán los expertos si fueron la consecuencia de los que desmontaron para hacer soja, para llevarse la madera o fueron acaso las empresas petroleras que hendieron los cerros con picadas como si los acuchillaran y generaron enormes cárcavas que a su vez desestabilizaron y derrumbaron las laderas en cadena, hasta que las masas de lodo y de árboles tronchados, terminaran llevándose todo por delante. Lo primero que expresaron sin embargo, los políticos mediocres que nos gobiernan, es que habría sido imposible prever o evitar lo que ocurrió. Uno se pregunta entonces, ¿qué hace ese hombre de Chivilcoy como ministro, de qué oficia además, el secretario de medio ambiente? ¿Por qué razón consideran que sus deberes, además de calzarse las botas de goma y pasearse entre el barro para la foto de rigor, es abrir la boca para decir sandeces? Y el intendente a su vez, buscará con comentarios banales, zafar de sus propias responsabilidades, como si no fuera suyo el más importante de los aserraderos de la zona, y como si no hubiese sido él mismo quien le permitió a la gente más humilde, asentar sus viviendas en el valle de inundación del río. Todos lavarán de esa manera, sus culpas en las aguas turbias por la decapitación de los cerros, y encubrirán sus groseros incumplimientos de funcionarios públicos, con mayor obra pública y con asistencialismo que pagaremos todos. Es una vez más, la perinola argentina, donde unos ganan, mientras todos ponen.

La mayordomía del hombre sobre la Naturaleza se encuentra en discusión absoluta, fundada en razones de evidente incompetencia. Los modelos productivos en vigencia, continúan amenazando la suerte del planeta de la manera más alevosa, sin que podamos hasta el momento morigerar con un poquito de sentido común, la marcha enloquecida hacia el abismo, y sofrenar la codicia y las ambiciones desmedidas. Fue necesario tanto dolor y tanta devastación, para que luego de catorce meses de cajoneo, se reglamentara la famosa Ley de Bosques…sin embargo, nos preguntamos si acaso debemos alegrarnos por ello. La Ley de bosques replica esa doctrina aprobada durante el menemismo de fragmentar los bienes y los recursos de la Nación entre las provincias, a la vez que hacer que el Estado renuncie a responsabilidades que durante mucho tiempo pensáramos indelegables. Así como antes fuera con el petróleo, con la biodiversidad o con la minería, el territorio nacional continúa transformándose en una sumatoria de parcialidades, y la subasta de los patrimonios se dispersa en un puñado de gobiernos locales carecientes del sentido histórico y de la vocación de constituir una Nación.

Los bosques y las selvas de Salta serán de esa manera la responsabilidad del propio gobierno provincial, un gobierno que en los últimos años ha permitido la deforestación con impunidad, de millones de hectáreas de bosques y de selvas. El lobo se hará cargo, con legitimidad del gallinero. De hecho, la actual ley de ordenamiento territorial que prepara la provincia, calcula en un millón seiscientas mil hectáreas la zona verde que quedaría sujeta a desmontes y numerosas voces hacen oír sus temores, acerca de que se inicie una nueva etapa de generosos permisos para deforestar. En ese marco, la Corte dictó el 29 de diciembre de 2008 y a solicitud de la Universidad de Salta, una medida cautelar mediante la cual dispuso el cese provisional de los desmontes y talas de los bosques nativos que habían sido autorizados por la provincia de Salta durante el último trimestre de 2007. La Corte Suprema decidió por ese motivo y en una decisión histórica, llamar a una audiencia publica el próximo miércoles 18 a las 10 de la mañana en la Ciudad de Buenos Aires, frente a la Plaza Lavalle, dado que, dicen los cortesanos: "los hechos denunciados exigen el ejercicio del control encomendado a la Justicia sobre las actividades de los otros poderes del Estado".

Es una penosa realidad, el que los discursos políticos en nuestro país, discurran por unos carriles, mientras que las decisiones que hacen a los modelos de la nueva colonización, vayan definitivamente por otros. Lo terrible es que esta esquizofrenia entre las cosas y lo que se dice sobre las cosas, habrá de concebirse y de institucionalizarse, a nombre de un movimiento histórico que, tuvo uno de sus máximos de gloria precisamente en la convención constituyente del 49, en que respecto de los patrimonios, fue establecido el concepto de bien imprescriptible e inalienable de la Nación. Las cosas estaban claras. Se decía: es mejor hacer que decir, es mejor realizar que prometer…La naturaleza de aquel movimiento está, en mi parecer, y respecto a sus actuales presuntas representaciones, absolutamente en cuestionamiento. Los contrabandos y los cambios de paradigmas que se produjeran a partir de los años setenta, fructifican hoy malsanamente, en una corporación política que pareciera haber extraviado toda idea de lo nacional. No obstante, miles de intelectuales nucleados en Carta Abierta, continúan embarullando y aturullando los discursos para que no se vea lo evidente, para que sigamos ocupándonos de cómo se dicen las cosas y evadiendo en cambio la tragedia de las cosas mismas, que resulta asimismo la tragedia de la gente. Porque hablar de la selva y de Tartagal es inevitablemente hablar de la gente que allí vive, hablar de la agricultura industrial es referirnos asimismo a la gente que enferma como moscas y que muere fumigada. Los dicentes de la Biblioteca ven como algo extraño que amemos la selva, tal como la amamos, que defendamos la biodiversidad tal como la defendemos o que propongamos otra agricultura, tal como lo venimos haciendo batalladoramente, hace tantos años… Ocurre que a ellos no se los lleva el río ni les matan los hijos los herbicidas que acompañan a la soja o al arroz. El mundo de las cosas en que viven sumidos el grueso de los argentinos, es un universo tremendo, es el mundo según Monsanto, el mundo según la Barrick Gold o el mundo según las petroleras. Queremos cambiar ese mundo, no solamente pretendemos modificar los discursos tal como parecieran pretender los amigos de Carta Abierta que, de tan ilustrados y leídos, terminan oficiando de encubridores de los universos cotidianos en que la avalancha de lodo nos lleva hasta la vida.

Jorge Eduardo RULLI 11.08.07

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