Colombia: ¡ Y ahora la paz ! Por Horacio Duque Giraldo Despues de la firma del Acuerdo de paz, viene su construccion con derechos y conquistas para el pueblo colombia...

Colombia: ¡ Y ahora la paz !

Paz en Col

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Por Horacio Duque Giraldo

Despues de la firma del Acuerdo de paz, viene su construccion con derechos y conquistas para el pueblo colombiano

Firmado el acuerdo de paz ahora lo que viene es su construcción.

La paz proyecta un escenario de luchas y accion ciudadanoa para hacer efectivos los derechos conquistados.

Trascendental X Conferencia de las FARC

No fue inútil el trabajo perseverante de los delegados plenipotenciarios del gobierno y de las Farc en la Mesa de diálogos de La Habana, desde el segundo semestre del año 2012, recogiendo un acumulado previo, construido silenciosamente en distintos escenarios para preparar el Acuerdo especial que sirvió de plataforma a las rondas de negociación para terminar el conflicto social y armado.

El resultado es un complejo y detallado documento que contiene el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera (http://bit.ly/2c4Sqlj).

Texto que se tilda de mamotreto farragoso, incomprensible, confuso y de difícil acceso para millones de seres humanos, convocados para el próximo 2 de octubre a un plebiscito en el que debe darse un pronunciamiento que lo legitime.

Consideración demagógica que parece tener el asentimiento de muchos, pero que en realidad es bastante deleznable si se atiende a la experiencia humana respecto de tales procedimientos.

Pretender que un fenómeno, tan complejo y prolongado, como la guerra civil que nos ha carcomido a lo largo de más de medio siglo, se despache en un acuerdo de dos páginas es una tontería descomunal.

En la sociedad todo lo complejo y denso es así. Lo es la vida religiosa recogida en gigantescos textos bíblicos, de miles de páginas. Lo es la acción penal organizada en extensos códigos sustantivos y de procedimiento. Lo es la organización del Estado condensada en amplias cartas con normas superiores y genéricas.

Hay que ver los ladrillos en que se han convertido los planes nacionales de desarrollo, los departamentales y municipales. Los Planes de Ordenamiento Territorial. Y, aun así, cumplen su tarea.

El Acuerdo alcanzado por las partes en Cuba será la carta de navegación de la sociedad en los próximos años, pienso yo hasta el 2055. Sera necesario convertirlo en un documento obligado de consulta  permanente para entender el sentido de los hechos políticos que vendrán.

Ahora, en gran medida, tenemos la paz por la entrada en vigencia del cese bilateral al fuego y de hostilidades estable y permanente. Pero sigue su construcción paciente en un contexto de mucho conflicto social porque lo pactado será la programática sustantiva de la demanda popular.

Si la Agenda de los Diálogos de la Paz iba al corazón mismo del origen y permanencia del conflicto armado, lo coherente es saltar, en lo consensuado, del papel a los hechos, en todos los campos: en el agrario, en el de la apertura democrática, en el de justicia, en el de las víctimas, en el de las garantías políticas para las FARC así como en su representación pública, en el de los cultivos de uso ilícito, en el de la implementación, en el de la verificación, en la erradicación eficaz del paramilitarismo y en el de la amnistía e indulto a cientos de presos políticos aun en las penitenciarías gubernamentales.

Será preciso vencer muchas resistencias y superar la arraigada inconsistencia de las elites, inclinadas a desconocer y distorsionar los compromisos establecidos. Toca ir paso a paso. Toca darle forma a las instituciones creadas para el efecto.

En ese sentido es inevitable avanzar en la proyección, constitución y organización de un potente movimiento social y popular que articule las diversas expresiones de la protesta ciudadana, del sindicalismo y de las organizaciones de la izquierda comprometidas en transformaciones de más largo alcance.

Por la experiencia reciente y dado el agravamiento de la crisis económica y fiscal del Estado y el aparato productivo, como prolongación de la devastadora recesión global iniciada desde el 2008, la agenda posterior al plebiscito debe asumir los retos de una acción popular de mucha envergadura que trascienda el simple juego electoral y la componenda de candidaturas, para asumir los graves problemas que azotan sin contemplación a los trabajadores y demás segmentos excluidos de la sociedad. La paz no puede ser una mampara para esquilmar a los más pobres.

El reto es desencadenar, impulsar, promover, con todos los repertorios correspondientes, la movilización más contundente del pueblo colombiano. A nivel nacional. En lo regional y en lo local, sin ahorrar recurso político alguno.

A tales efectos se deberá canalizar la nueva infraestructura alcanzada con el acuerdo de paz, como la representación en las cámaras legislativas, los medios de comunicación alternativos, las circunscripciones electorales especiales, el marco de garantías para los nuevos movimientos sociales y los esquemas y planes de seguridad para los dirigentes que, colectivamente, realicen las gestiones políticas encomendadas en el contexto de las zonas veredales de ubicación y los campamentos de transición.

Con el Acuerdo de Paz, el pueblo, la multitud, quedó dotada de una potente herramienta de cambios

Los campesinos, casi 13 millones, disponen de una base de acción para acceder en condiciones de integralidad al derecho a la tierra en sus regiones naturales. Las mujeres avanzan en su constitución como sujeto de primera línea en una épica y autónoma marcha por la conquista de sus derechos esenciales. De igual forma, los indígenas y los afrodescendientes.

La apertura democrática consagrada debe ser la máxima plenitud de los derechos y libertades políticas para que millones de colombianos puedan disputar a las oligarquías locales, regionales, nacionales e internacionales nuevas formas de organización colectiva, nuevos sentidos de época, nuevas formas de gestión política que superen la corrupción, el consumismo y el individualismo neoliberal y sus funestas manifestaciones como el extractivismo minero y la agroindustria depredadora.

La justicia para la paz, distinta a la corrupta jurisdicción  ordinaria, debe garantizar los derechos de las víctimas y la acción frontal contra el paramilitarismo y sus promotores financieros.

Así que la construcción de la paz, en su dimensión ontológica, debe permitir conquistar nuevos escenarios en los que se determinen los cambios más profundos de la sociedad y el Estado, favoreciendo las demandas más sentidas de los excluidos.

Discrepo de quienes dibujan, con los acuerdos consolidados, un paisaje de derrota y claudicación de la resistencia campesina y popular. En peores momentos hemos estado.

Discrepo, por supuesto, del triunfalismo y las ínfulas de las voces del oficialismo gubernamental.

Votaremos sin vacilaciones el Sí a la paz y a la vida en el plebiscito del 2 de octubre, sabiendo que un apoyo mayoritario en tal sentido implica trascender el pantano de la violencia y alcanzar el plano de la creatividad y la imaginación para profundizar la resistencia popular y las posibilidades del socialismo.