Lápices, López y Paula (APE) Por Carlos del Frade (APe).- Semana cargada de memoria, impunidad y sueños colectivos inconclusos. Cuarenta años de la noche de los lápi...

Lápices, López y Paula (APE)

Lapices

Carlos Del Frade

Por Carlos del Frade

(APe).- Semana cargada de memoria, impunidad y sueños colectivos inconclusos.

Cuarenta años de la noche de los lápices, el secuestro y desaparición de más de una decena de estudiantes secundarios en la ciudad de La Plata, aquel 16 de septiembre de 1976, marcaba la implacable señal del capitalismo en Argentina, en particular, y en América Latina, en general. Las pibas y los pibes serán consumidores obedientes o no serán. Los convertirán en desaparecidos, desocupados y delincuentes pero jamás volverán a enamorarse de la palabra revolución. La marca de la bestia apocalíptica, aquel 666 del evangelio de San Juan pero que, en este caso concreto de historia real argentina, demuestra que seis de cada diez desaparecidos era menor de treinta años, que seis de cada diez desocupados tiene la misma edad y que seis de cada diez hacinados en las cárceles del país también tienen menos de treinta años. No hay bestia del averno, se trata de la configuración del capitalismo en los últimos cuarenta años de desarrollo colectivo en estos arrabales del mundo.

Diez años de la segunda desaparición del valiente albañil que con solamente segundo grado cursado fue capaz de denunciar la planificada brutalidad represora de La Bonaerense, en tiempos de Miguel Etchecolatz y que los llevó a prisión perpetua ahora amortiguada por los tiempos macristas. Jorge Julio López, el 18 de septiembre de 2006, fue desaparecido por segunda vez y no parece haber rastro alguno sobre este trabajador que levantaba casas para otros y que siempre soñó que ninguno se quedara sin casa ni vivienda digna. Su desaparición en democracia demuestra el poder mafioso intacto que todavía tienen distintos nichos que funcionan con el interés de mantener el miedo como principal herramienta de domesticación social en la Argentina del tercer milenio.

Y ese mismo día, el 18 de septiembre -algo así como el día del desaparecido en democracia- de 2011, cinco años atrás, Paula Perassi, en la ciudad de San Lorenzo, sur de la provincia de Santa Fe, aquellas tierras en las que San Martín iniciara su sueño de la patria grande, hoy devenidas en la geografía que más dinero genera por la exportación de los derivados de la soja, era secuestrada para practicarle un aborto no querido y nunca más se supo de ella. Hay media de docena de policías provinciales involucrados, un empresario, una obstetra y otra mujer implicados pero el cuerpo de Paula no se encuentra. “Un huesito quiero de ella”, viene reclamando desde hace cinco años Alberto Perassi, el papá de Paula que ahora, junto a su mujer, están criando a sus dos nietos, hijos de la chica desaparecida. Dólares y poder político, repite Alberto, como causas de la impunidad.

Cuarenta años después de la Noche de los Lápices, las pibas y los pibes menores de treinta años son los que pueblan las noticias policiales en las principales provincias argentinas y muchos de ellos son víctimas de las balas de las fuerzas estatales.

Diez años después de la segunda desaparición de Jorge Julio López, la mayoría de los albañiles no tiene empleo en blanco y los que tienen más de cincuenta años no poseen un empleo genuino y con derechos laborales plenos.

Cinco años después de la desaparición de Paula Perassi, los femicidios y la trata no son juzgados por especialistas sino que, todo lo contrario, parecen reducirse a detalles insignificantes para muchos integrantes de los servicios públicos de justicia, tanto federales como provinciales, que tienen una mirada machista y clasista.

La memoria, de tal manera, no se estanca en el pasado, cuestiona el presente y demanda respuesta sobre la realidad concreta en la que se encuentran las pibas, los pibes, los trabajadores mayores de cincuenta años y las chicas explotadas.

En estos días, una vez más, la lucha de los que intentan un presente distinto hará que los estudiantes secundarios desaparecidos hace cuarenta años, Jorge Julio López secuestrado hace diez años y Paula Perassi asesinada y esfumada hace cinco años, sean recordados en relación directa con la impunidad y la injusticia reinantes en cada pedacito de la Argentina.