El otro crimen de guerra en los Balcanes Slobodan Milosevic Por Manuel E. Yepe El Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY, por las siglas en inglés), en La Haya, ha e...

El otro crimen de guerra en los Balcanes

milosevic

Slobodan Milosevic

Manuel Yepe

Por Manuel E. Yepe

El Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY, por las siglas en inglés), en La Haya, ha exonerado al difunto Presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, de toda culpabilidad por los crímenes de guerra cometidos durante la guerra de Bosnia de 1992 a 1995, incluyendo la masacre de Srebrenica.

Lejos de conspirar con el convicto líder serbobosnio Radovan Karadzic, Milosevic condenó la limpieza étnica preconizada por éste y trató de evitar la guerra que desmembró a Yugoslavia.

Tal constatación, de hecho, desmiente la propaganda dirigida a justificar la ilegal agresión de la OTAN contra Serbia en 1999. Milosevic murió prisionero en una celda de la prisión de alta seguridad con tecnología avanzada de Scheveningen, en La Haya. Fue víctima de un ataque al corazón en el año 2006, cuando estaba siendo sometido a una pantomima de “tribunal internacional” tras serle negada una cirugía cardíaca que podría haber salvado su vida. Su fallecimiento impidió que aportara comprometedores testimonios contra sus captores estadounidenses y europeos.

La reconocida escritora norteamericana y activista contra las guerras Sara Flounders, quien participó como testigo de la defensa en el proceso contra Milosevic, consideró en un artículo que tituló “Un asesinato político en el cual se culpa a la víctima” que “nadie que se haya reunido con el Presidente Milosevic en los últimos cuatro años creería que éste sería capaz de suicidarse antes de terminar su juicio. Y nadie que haya visitado la penitenciaría de Scheveningen en La Haya, podría creer las afirmaciones de que él de alguna manera pudo introducir allí, en secreto, medicamentos no autorizados para inmolarse. En todo caso, llegarían a la conclusión de que las autoridades responsables de su encarcelamiento trataban desesperadamente de encubrir sus propios crímenes”.

Milosevic estaba en una unidad especial dentro de una prisión de alta seguridad con tecnología avanzada. Estas unidades son especialmente vigiladas por guardias de las Naciones Unidas. Hay cámaras por todas partes. Cada movimiento de los prisioneros es observado y controlado. Las autoridades de la prisión sostienen que Milosevic había tomado rifampicin, un antibiótico muy raro y difícil de obtener, que se usa para tratar la lepra o la tuberculosis y que tiene la especial condición de anular el efecto del medicamento que le estaba indicado para el control de la presión arterial.

Cuando la citada rifampicin fue supuestamente encontrada en la sangre de Milosevic, el 12 de enero, la TICY ocultó el reporte de sus efectos hasta del mismo Milosevic y sus médicos, quienes se quejaban de que algo muy extraño estaba dañando la salud del prisionero. Mientras que su comité de defensa y sus abogados asistentes demandaban información sobre la salud del prisionero, los oficiales de la TICY mantenían en secreto este reporte.

Igual de alarmantes fueron las aseveraciones de que Milosevic fingió su propia enfermedad para postergar el juicio cuando en verdad fue la fiscalía quien lo postergó, primero para agregar acusaciones en contra del prisionero cuando se dieron cuenta de que no tenían elementos que justificaran las acusaciones originales de crimen de guerra, y posteriormente para agregar cientos de testigos que generaron 500.000 páginas de supuestos testimonios desde febrero del 2002 hasta febrero del 2004.

Milosevic estaba decidido a utilizar el juicio no sólo como plataforma para defenderse a sí mismo sino también al pueblo yugoslavo, y acusar a Estados Unidos, Alemania y los poderes de la OTAN por su papel en la destrucción criminal de su país. Veía el juicio como la única manera de aportar antecedentes para la historia. En sus declaraciones en la corte, constantemente reiteraba que, no obstante su estado de salud, estaba resuelto a continuar.

En una carta dirigida a la embajada rusa dos días antes de su muerte, Milosevic escribió que no había tomado ningún antibiótico en más de cuatro años. Advirtió que estaba seguro de que lo estaban envenenando y que su vida corría peligro.

Dijo que el TICY no es en verdad una corte internacional con capacidad para enjuiciar a cualquier persona acusada de crímenes de guerra. Es una corte política establecida por el Consejo de Seguridad de la ONU ante la insistencia de Estados Unidos en 1993 en violación a la Carta de las Naciones Unidas. Su objetivo es castigar a los crímenes cometidos contra los agresores y absolver a los imperialistas que invadieron, bombardearon, despedazaron y forzaron la privatización de Yugoslavia.

Ahora le han pedido al mundo que crea que el acusado es el responsable de su propia muerte. Es un argumento increíble, una elaborada historia de suicidio que es tan improbable como los cargos que Milosevic enfrentaba. Los medios masivos corporativos aceptan y diseminan la historia de su muerte de la misma manera servil que aceptaron la existencia de esta corte ilegal y justifican la destrucción de Yugoslavia.