
Foto: David Fernández
Tariq Ali estuvo en Madrid para presentar su último libro. Este pensador y cineasta analiza el fenómeno del extremo centro, partidos con mandato neoliberal y sin relación alguna con las personas a quienes dicen representar.
Por Pablo Elorduy y Mariajo Castro
Que Tariq Ali es un hombre informado lo demuestra que salpica sus respuestas, cortas y expresivas, con detalles de las noticias que ha leído en el periódico. Esta mañana ha visto que Podemos presentaba a su fichaje para defensa, el militar Julio Rodríguez, jefe de estado mayor con el PSOE, y Ali lo critica por “oportunismo” y porque cree que “no funcionará” presentarse como un partido inofensivo para la OTAN: “intentas cambiar tu imagen y pierdes electorado”.
Ha estado en España para presentar "El Extremo Centro" (Alianza), un libro dedicado a Hugo Chávez, en el que Tariq Ali, referente del movimiento de la nueva izquierda británica, alerta del peligro en el que se encuentra la democracia por el auge de lo que ha denominado “extremo centro” una síntesis en forma de partidos políticos que es fruto del suicidio o el derrumbe de la socialdemocracia europea. Entre lo que plantea Ali, destacamos este párrafo:
“Las élites dirigentes de Estados Unidos y Europa, que tan enérgica y desvergonzadamente publicitaron su sistema político para ganarse el apoyo de los pueblos de Europa oriental, ahora están desembarazándose sigilosamente de ese mismo sistema. El capitalismo contemporáneo requiere un andamiaje jurídico adecuado, tanto nacional como internacional, y árbitros que se pronuncien sobre las disputas entre las empresas y sobre los derechos de la propiedad, pero en realidad no necesita una estructura democrática, salvo como escaparate. Durante cuánto tiempo nuestros gobernantes se tomarán la molestia de preservar las formas de la democracia, al tiempo que la vacían de cualquier contenido real es el argumento de un serio debate”.
D: -¿Cuándo se produce el momento de auge de lo que llamas extremo-centro?
TA: -Creo que el extremo centro llegó a su auge justo antes del crash de 2008, porque se sentía muy confiado, pensaba que nada le afectaba, el capitalismo era un sistema muy exitoso, no había alternativa, no se enfrentaba a desafíos reales. Y se comportó de esa manera prepotente y altiva. No solo en España, donde está muy claro: PP y PSOE tuvieron su propio mecanismo clientelar para pagar, sobornar… se enriquecieron, eran corruptos, estaban muy vinculados al sector de la construcción.
Pero pasaba lo mismo en otras partes de Europa: en Francia se juzgó a varios políticos socialistas por corrupción, por sus negocios con oligarcas; en Reino Unido ahora sabemos, porque se ha hecho público, que Tony Blair se hizo multimillonario usando su puesto de Primer Ministro y que muchos integrantes del partido laborista británico propiciaron la privatización de empresas en las que luego acabaron trabajando; y en Italia… qué vamos a decir: es un culebrón de corrupción.
Alemania, de hecho, posee el extremo centro con más tradición en la historia europea por sus orígenes: los gobiernos de coalición SPD / CDU empezaron poco después de la Segunda Guerra Mundial; pero era algo excepcional, y ese modelo ya no es excepcional.
Y el factor adicional que hay que tener en cuenta es que este nuevo extremo centro se desarrolla durante un periodo de hegemonía estadounidense: hegemonía militar, ideológica, política… entonces, la política se “estadounidiza”. Así se vio a Veltroni, uno de los líderes del Partido Demócrata, gritando en una calle de Roma “Yes we can! Yes we can!” como Obama.
¿Qué significa eso para el electorado italiano? Es la política dominada por spin doctors, intervenciones mediáticas, etc. Eso empieza a llegar a su fin con la crisis de 2008, surgen nuevos retos –algunos fuertes otros débiles–, pero ha perdido su auge, y ahora está en crisis. Lo vemos en España, en Gran Bretaña… en Francia de la extrema derecha está alcanzando unas cifras elevadas en intención de voto… no es que sea la izquierda la única al acoso, pero el extremo centro está sitiado.
“Me preocupa mucho lo que va a pasar en el Estado español en diciembre. Creo que Podemos tomó decisiones equivocadas y cometió errores estratégicos”
D: -¿En qué se diferencia de los partidos tradicionales?
TA: -Son partidos sin democracia interna… los partidos básicamente son grandes aparatos burocráticos con escaso contacto cotidiano con las personas que les han votado, sin mecanismos de representación del electorado dentro del partido porque los partidos han pasado a estar muy aislados de las personas. Esto explica la rebelión entre los votantes que, o no votan, o votan por algo distinto; la mayoría, todavía no, pero sí una minoría considerable. Eso es lo que sucede en la política europea.
D: -Esa rebelión anticipa la gran batalla entre la democracia real y los partidos del extremo centro?
TA: -Ahora vemos grandes enfrentamientos políticos entre movimientos populares (de derechas e izquierdas) contra el extremo centro. El problema de la izquierda es que no puede actuar como la derecha populista, primero por su política y, segundo, porque no deberíamos comportarnos como ellos en nada, necesitamos un programa político bien definido. Pero la izquierda ha sufrido una gran derrota en Grecia.
No concuerdo con la postura de (Pablo) Iglesias, no se puede decir al público que ni de derechas ni de izquierdas, y menos en España, donde el electorado es inteligente y sabe de dónde viene cada uno, ¿qué quiere decir que ni derechas ni de izquierdas? Nada, y está pensado para no decir nada, solo: “Confía en nosotros”. Pero la gente no confía en ti salvo que seas claro con lo que vas a hacer.
D: -¿Hay una resaca a partir del derrape de Tsipras en Grecia?