Venezuela y Cuba ante un período especial Por Manuel E. Yepe Para no pocos observadores de la política internacional, la difícil situación por que atraviesa la economía de Venezue...

Venezuela y Cuba ante un período especial

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Manuel Yepe

Por Manuel E. Yepe

Para no pocos observadores de la política internacional, la difícil situación por que atraviesa la economía de Venezuela, principal socio económico de Cuba pudiera conducir a la isla caribeña a una situación de penurias parecida a la que le provocó el derrumbe y desaparición de la Unión Soviética a inicios de la última década del pasado siglo. Para apoyar tales augurios, o bien para desvirtuarlos, muchos especialistas se han pronunciado en uno u otro sentido.

El especialista cubano Domingo Amuchástegui, radicado en Estados Unidos, por ejemplo, explora, compara y contrasta los dos diferentes escenarios en busca de conclusiones adecuadas:

En 1990, recuerda, en el momento de decretarse el llamado “período especial”, hubo una disminución del 85% de los vínculos económicos de Cuba con los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECOM, por sus siglas en inglés) -la mayor parte de ellos con la Unión Soviética-, cubriendo una amplia gama de productos y artículos, además de petróleo.

Entre 1990 y 1993, las importaciones cubanas cayeron en un 70 por ciento; la credibilidad financiera y disponibilidad de créditos para Cuba en las economías de los ex países socialistas de Europa desapareció completamente; casi todos los proyectos de inversión en la isla fueron total o parcialmente suspendidos.

La legislación del bloqueo estadounidense inició un proceso de reforzamiento con la aprobación de la llamada ley Torricelli (1992). Los niveles de legitimidad y reinserción internacional de Cuba fueron muy limitados y la mayoría de los expertos pronosticaron que un efecto dominó conduciría al colapso de su economía.

Cientos de periodistas extranjeros acudieron a La Habana para ser testigos del derrumbe inevitable e inminente de la experiencia cubana.

Los nexos de Cuba con Venezuela, en cambio, nunca han estado siquiera cerca de cómo fueron los vínculos con la Unión Soviética. Caracas es el principal socio de Cuba, pero las importaciones representan un tercio de las importaciones corrientes de Cuba y consisten sobre todo en petróleo. El factor energía hace muy sensible y vulnerable la situación, pero nunca comparable a los lazos con Moscú.

Los liderazgos cubano y venezolano estaban conscientes de ello incluso antes de la muerte de Chávez, por lo que la cooperación económica entre los dos países fue declinando y se dieron pasos y acciones tempranas llamadas a equilibrar tales contingencias.

Cualquier persona con un poco de sentido común, tendrá que admitir que hay diferencias sustanciales entre la década de 1990 y hoy en día. El gran signo de interrogación -según Amuchástegui- no está ahora en el lado cubano, sino en el de Venezuela.

El referendo (revocatorio) para forzar la dimisión de Maduro no parece tener muchas posibilidades de éxito. Sus implicaciones conducentes a confusión y enfrentamiento violento, son ya motivo de preocupación entre diversos sectores de la sociedad venezolana que comprenden que las elecciones presidenciales no están muy lejos y ese sería el momento de deshacerse de Maduro sin asumir los riesgos de
confrontación violenta, advierte el experto.

Los corredores internacionales de una solución pacífica y jurídica -Shannon de Estados Unidos, el ex Presidente dominicano Leonel Fernández y el ex Jefe de Gobierno español Rodríguez Zapatero- están conscientes de la importancia de evitar una colisión como resultado. Más allá de sus errores, debilidades y proclamas izquierdistas -opina Amuchástegui-, Nicolas Maduro no puede asumir toda la culpa de lo que está sucediendo. Circunstancias mundiales y regionales están aportando un impacto enorme. El Banco Mundial ha concluido que América Latina no crecerá en absoluto en 2016 debido al desmoronamiento de los precios de la energía y las materias primas.

La mayor preocupación ahora mismo -según el informe del Banco Mundial- es que la desaceleración actual tendrá lugar de forma desordenada debido a las crecientes diferencias en términos de crecimiento en estos países del área. En otras palabras, hay que evitar agregar “combustible” a tales tensiones, incluyendo conflictos civiles de carácter violento. Así que no sólo la oposición venezolana sino también el hemisferio occidental, incluyendo a Estados Unidos quieren y deben evitar esto y están dispuestos a convencer a la oposición de Venezuela a “jugar” de manera diferente. Cualquier efecto dominó sería extremadamente costoso para todo el mundo.

El gobierno de Maduro aún cuenta con gran respaldo, tiene el mayor partido político en el país, tiene un control considerable sobre las instituciones claves y por último, pero no con menor importancia, disfruta del enérgico apoyo de las fuerzas armadas, un activo nada despreciable, finaliza Amuchástegui.