Extranjera en Guatemala (Crónicas de una Inquilina) Por Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado En las entrevistas que me realizan sobre mi trabajo literario y mi faceta de articulista, cada v...

Extranjera en Guatemala (Crónicas de una Inquilina)

guatemala

Ilka Oliva Corado

Por Ilka Oliva Corado

@ilkaolivacorado

En las entrevistas que me realizan sobre mi trabajo literario y mi faceta de articulista, cada vez es más recurrente la pregunta, ¿por qué no soy publicada en Guatemala? Debo confesar que al principio era una pregunta que me incomodaba porque tocaba mis fibras y el inmenso amor que le tengo a mi terruño, y también tocaba mis emociones más desnudas porque la peor discriminación e invisibilidad la he vivido en mi país de origen. Ni aquí siendo indocumentada me han tratado como me trató la sociedad guatemalteca, siendo guatemalteca viviendo en Guatemala.

Poco a poco, con el paso del tiempo, es una pregunta a la que me he acostumbrado y que ya no causa encono en mí, no soy quién para dar la respuesta pues no soy editora en Guatemala ni estoy a cargo de ningún medio de comunicación, así es que no puedo decir qué es lo que tienen mis textos que son rechazados en Guatemala. Sí, rechazados porque en más de una ocasión me han pedido textos para publicarlos allá, pero resulta que son rechazados por los editores, la última vez (la semana pasada) por no tener la calidad.

Ve pues, se publican en los cinco continentes, se traducen al inglés, francés, portugués, italiano, danés, y de vez en cuando al alemán, pero en Guatemala no tienen la calidad. (Hoy sí, me vi tan fanfarrona, pura guatemalteca parezco). ¿No tienen calidad o yo no tengo el pedigrí? ¿Los contactos, el grado de escolaridad, la labia y la palabrería adecuada para adornar mis textos para que encajen en una sociedad de doble moral, clasista y racista? En una sociedad que no acepta, rechaza y acusa a quien es de arrabal y de pueblo. Porque eso son mis textos, la expresión pura de alguien que fue discriminada por su origen, su color de piel, por el lugar donde creció, en un país que siempre trató como extranjera y de tercera categoría.

No me asombra que no me publiquen en Guatemala, si estando allá fui invisible por paria, ¿cómo esperar que una sociedad clasista y racista publique a una empleada doméstica indocumentada que vive en Estados Unidos? Si en Guatemala una empleada doméstica es tratada como basura. ¿Cómo esperar que tomen en cuenta mi opinión si la opinión de una empleada doméstica en Guatemala no vale nada? ¿Cómo esperar que den un espacio a mi expresión si las personas de arrabal en mi país son acusadas de ladronas, asesinas y, piden la pena de muerte para exterminarlas?

¿Cómo esperar ser publicada en Guatemala si el inmigrante indocumentado solo importa al país por las remesas que envía? Distinto del emigrante que viaja a estudiar maestrías, a trabajar en empresas de renombre, a especializarse en doctorados con todos los recursos que su clase social le permite. Sé muy bien quién soy, de dónde vengo y lo que represento. No me ofende que no me publiquen, no me enoja, estoy acostumbrada al clasismo de mi país, lo conozco como la palma de mi mano, igual la discriminación.

Y por eso no cambiaré una sola palabra de mi expresión, no cambiaré el tono, no pretenderé escribir para agradar a nadie, ni para ganar espacios para mi beneficio personal. No traicionaré mi origen, mi cuna, el lugar donde crecí para pretender encajar en un lugar al cual no pertenezco. Mi denuncia es la viva hiel de la marginación que vive la periferia guatemalteca, y no la endulzaré para calentarle la oreja a nadie.

A veces tratando de cambiar mi forma de ver la vida, en la defensa que tengo de mi espacio, he abierto las puertas a propuestas que han llegado de Guatemala, para enviar textos para publicar, y todo para no sonar arrogante o engreída, mal agradecida y que piensen que no deseo colaborar o que no soy agradecida con la propuesta, y los escribo y los envío y son rechazados. En algunos lugares son claros: los desprestigia publicar a una arrabalera, sirvienta y encima indocumentada. En otros, porque no tengo el título universitario. El otro, el pedigrí. En otros, la calidad literaria.

Para ser sincera he aguantado muchas faltas de respeto en ese tema, en nombre de la unidad, de la coloración, del amor a mi país. Pero sobrepasé los límites. Y por eso escribo este texto, porque no quería decirlo en ninguna entrevista, esto merecía que lo escribiera en mi blog. Jamás en mi vida (así me deporten) volveré a escribir un texto para Guatemala. No aceptaré ninguna propuesta para publicar allá. No me interesa publicar allá. No me interesa publicar en un país en el que no existo por lo que soy y que se atreve a insultarme desvalorizando mi aporte.

Y que me tachen de arrogante o digan misa, me da igual. Cierro las puertas por completo a cualquier propuesta de publicar un texto de mi autoría en Guatemala. No autorizo ninguna publicación de mi trabajo literario o como articulista en mi país de origen. Mi blog es público y pueden tomar los textos de ahí siempre y cuando coloquen la fuente de información. También los pueden tomar de los medios internacionales, si gustan pero yo no aceptaré ninguna propuesta de ningún tipo.

No dejaré de escribir sobre Guatemala, ese derecho no voy a permitir que me lo quiten, lo haré hasta el día de mi muerte, así me duela, porque Guatemala me duele en el corazón, pero también la amo y por ese amor que le tengo a la infancia marginada; mi letra y mi expresión no van a dejar de ser y de honrar mi origen.

A donde quiera que yo vaya, a donde quiera que vaya mi letra, sépase que quien la escribe es una pueblerina y arrabalera, sin títulos universitarios, empleada doméstica, indocumentada, guatemalteca, pero sobre todo; paria, vendedora de mercado, comapanse y crecida en Ciudad Peronia, una de las periferias más marginadas del país. De ahí su hermosura, su caos y su fuerza. Aunque al clasismo y al racismo de país no le guste. En el arrabal también hay poesía y literatura, también nacen artículos de opinión.

Bueno, tenía que escribir esto, es la última vez que escribo al respecto (porque tampoco es feria) y quería hacerlo en mi blog.

Agradezco el amor de los lectores guatemaltecos que, desde Guatemala, comparten mis letras para que lleguen a la tierra que tanto amo. Agradezco a los lectores de las distintas partes del mundo, que me abrazan en una expresión de amor universal, eso somos los seremos humanos, universales sin frontera tan poderosa como para amurallar el alma.

Y sí, nunca me he sentido tan extranjera en mi vida como cuando viví en Guatemala, muy a mi pesar y a mi profunda melancolía.

Fuente: Crónicas de una Inquilina