Bulto Magno: Un alegato parakultural Por el Prof. Juan Carlos Sánchez Todo comienza al entrar al teatro. Como cual Parakultural, aquel templo del underground de los ' 80 y...

Bulto Magno: Un alegato parakultural

Bulto Magno 2

Por el Prof. Juan Carlos Sánchez

Todo comienza al entrar al teatro. Como cual Parakultural, aquel templo del underground de los ' 80 y ' 90 del siglo pasado, los personajes se van presentando e invitan con un trago de tinto para calentar el ambiente en un caleidoscopio urdapilletano. Con absoluta naturalidad van sorprendiendo a quienes van llegando para la función, preparando a las y los espectadores en el medio del desenfado para romper con la hipocresía y el cinismo de nuestra sociedad.

En nueve cuadros, casi sin separación, va apareciendo el legado de Urdapilleta, aquel actor que prefería no definirse como tal y que participara de diversas obras junto a Batato Barea, Humberto Tortonese y otros artistas. De alguna forma, "Alfonsina y el mal", "El método de Juana", "La carancha", "Mamita querida", "Poemas decorados", "Carne de chancha", "Urdapilleta en llamas" y "La moribunda" están en la actuación y el espíritu de estos jóvenes actores dispuestos a romper cabezas como lo hacía él.

Desde el ¡ Concha ! inicial hasta el cierre, aparece esa mordacidad urdapilletiana que arremete contra la iglesia y el aborto, desnudando la discriminación provocada por los mandatos sociales y religiosos. No falta la histeria y el recuerdo musical de aquellos años, con temas propios del mundo gay, con una coreografía ingeniosa y llena de sorpresas. Destrozan la hipocresía con humor en cada uno de los monólogos que van pasando y desnudan el cinismo de esta sociedad consumista a cada instante.

Sin dudas, es una obra que desafía los mandatos, que nos lleva al deseo en pleno homenaje reviviendo a Urdapilleta, constituyendo un verdadero acto político de resistencia cultural. Y ello no es poca cosa en tiempo de represión acelerada, de manipulación informativa y de mensajes religiosos que continúan pontificando sobre lo familiar, eludiendo la aceptación de la diversidad de género.

No son actores encumbrados. No hay estrellas. El espectáculo es el protagonista junto con los espectadores en interacción total. Y vale la pena verla para darnos cuenta de lo que nos pasa, de aquello que nos reprimimos y callamos. Tal vez salga con otra mirada acerca de un mundo que también existe, como el de la comunidad LGTBI.