El patojo al que obligamos a delinquir (Crónicas de una Inquilina) Por Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado Ayer, al filo del medio día vi un video que publicaron en las redes sociales, era de unos policí...

El patojo al que obligamos a delinquir (Crónicas de una Inquilina)

Patojo

Ilka Oliva Corado

Por Ilka Oliva Corado

@ilkaolivacorado

Ayer, al filo del medio día vi un video que publicaron en las redes sociales, era de unos policías en San Marcos, Guatemala, quitándole la venta a un niño de aproximadamente unos 15 años de edad. Llegaron infraganti en la patrulla y mientras él ofrecía su venta y se alejaba de su puesto que estaba a la orilla de la calle, ellos aprovecharon y se llevaron su fuente de alimentación. El niño corrió e intentó subirse al pick-up para rescatar su venta pero no pudo y encima lo agredieron y se la tiraron. Entré al enlace de la noticia y leí que supuestamente se le dará seguimiento para investigar qué fue lo que sucedió y si la policía incurrió en faltas de protocolo.

¿Protocolo quitarle la única fuente de sustento a un niño de 15 años para obligarlo a delinquir? La imagen del niño corriendo atrás de la patrulla se me repite constantemente en la memoria, siento su angustia, su enojo y su frustración.

¿Qué tipo de sociedad obliga a un niño a ganarse la vida en las calles, a su suerte? ¿Qué tipo de sociedad acepta un sistema y un gobierno aniquilador que no invierte en políticas sociales? ¿Que como proyecto cultural y educacional ofrece un canasto de trompos y el verbo abrumador de un presidente charlatán y pérfido, aparte de cachureco y misógino?

Un sistema que le tira a la basura su única fuente de alimentación y no le ofrece los recursos que, por derecho, le corresponden para un desarrollo integral y una vida saludable, física y emocionalmente.

Este niño que representa en el imaginario colectivo a todos los niños que sufren explotación laboral y que no tienen la oportunidad de asistir a la escuela y llevar la vida de un niño de su edad que, en otro tipo de sociedad y democracia, sería la de no tener más pena que la de estudiar y jugar.

Este niño se verá obligado a emigrar para buscar el sustento en otro suelo, para convertirse en estadística de desaparecidos o muertos en tránsito migratorio o bien en inmigrantes indocumentados muertos en vida en países ajenos. ¿Y con qué moral les vamos a cuestionar que se marcharon para nunca regresar? ¿Con qué cara si en principio no tuvieron que ser obligados a la explotación laboral y padecer carencias de todo tipo en un país tan rico como Guatemala?

Y si se queda, se verá obligado a delinquir, por una sociedad de doble moral que no supo verlo cuando debía y que no peleó por sus derechos. Una sociedad que cuando lo ve convertido en drogadicto, alcohólico, utilizado por las bandas delictivas que pululan en grandes mafias desde las vertientes gubernamentales y de la oligarquía, pide a gritos la pena de muerte para eliminarlo como peste de la sociedad. Y lo trata entonces como escoria, como desperdicio, como la repugnancia de un estercolero.

¿Desconoce que es causa y efecto? ¿Desconoce que él no quiso estar ahí y que fue obligado por esa misma sociedad que lo quiere desaparecer? ¿Qué tipo de sociedad permite que la infancia sea expuesta, violentada, explotada y desaparecida? ¿Qué tipo de sociedad permite que un sistema de gobierno corrupto, patriarcal y oligarca la mangonee a su antojo? ¿Qué tipo de sociedad pide la pena de muerte para niños y adolescentes que ella misma obligó a delinquir? ¿Qué tipo de sociedad ve esto todos los días y no actúa? Insensible, clasista, racista y desigual.

¿De qué estamos hechos los guatemaltecos que somos incapaces de cambiar el sistema y hacernos respetar? ¿De qué estamos hechos que no vemos lo visible por cruel?¿Cuándo seremos nosotros como sociedad los que tomemos las riendas de nuestro propio país y cambiemos los cimientos podridos por un país que no obligue a nadie a emigrar o a delinquir desde la exclusión social?

La próxima vez que pensemos en la pena de muerte, en las cárceles llenas a rebalsar de niños y adolescentes o en violencia común, imaginemos al niño corriendo atrás de su venta y a los policías golpeándolo y tirándola a la basura. En que a esas horas debió estar estudiando o jugando.

Para no ir tan lejos, veamos las esquinas de los semáforos llenas a reventar de niños que buscan ganarse la vida de mil maneras, los que están ahí obligados por la explotación laboral, los que cargan bultos en los mercados, los que viven en los basureros. Y pensemos también en las niñas y adolescentes que son violadas todos los días a todas horas en los bares y casas de citas, en nuestras propias narices de cachurecos e hipócritas. Pensemos en nuestro silencio, doble moral y falta de agallas para cambiar de una vez por todas Guatemala.

Fuente: Crónicas de una Inquilina