Tarifazos: Un rechazo contundente La imagen que ilustra esta nota es contundente. Expresa un sentimiento popular entre la bronca y la impotencia, que revela la insensibilid...

Tarifazos: Un rechazo contundente

Macri - Estufa

Director Editorial 2013

La imagen que ilustra esta nota es contundente. Expresa un sentimiento popular entre la bronca y la impotencia, que revela la insensibilidad del gobierno macrista para llevar a cabo su plan entreguista y conservador, como lo definiera el ex Diputado Nacional Jorge Cardelli en la entrevista que le realizara Andrés Sarlengo durante el Acampe por la Definitiva Independencia de los Pueblos.

Si bien la movilización comenzó a través de la campaña realizada por el Frente Popular Darío Santillán que, no obstante, olvidó la verdadera significación de la palabra "cacerolazo" pues es acuñada por nuestra benemérita clase media, pronto estalló la bronca a través de las redes sociales a una velocidad inusitada con diversas autoconvocatorias. Sucedió algo que veníamos viendo venir, que la protesta iba a comenzar por ese medio pelo argentino, como bien definió Jauretche a los pequebús, acompañada por diversos sectores populares.

A pesar de la lluvia, muchas y muchos tomaron las calles para protestar contra un incremento tarifario que afecta a los más pobres, en su gran mayoría y que le dolió a aquellas y aquellos votantes de los globos amarillos que, en rigor de verdad, pertenecen a los sectores medios de la sociedad argentina; es decir, les tocaron el bolsillo y no tuvieron otro remedio que sumarse al clamor popular.

Sin embargo, no hay que engañarse con esta primera visión de lo acontecido. El Gobierno Nacional creyó que este aumento en las tarifas de los servicios públicos iba a pasar entre sus votantes y solamente contaba con una previsible protesta de la clase trabajadora. Se equivocó de cabo a rabo. Porque también afectó a varios sectores de la actividad económica y de quienes hacen diversas tareas de índole social. Desde fábricas a empresas recuperadas, de clubes de barrio a comedores barriales, de teatros independientes a centros culturales se vieron ante la imposibilidad de pagar las nuevas tarifas. Por supuesto, las y los trabajadores se vieron con una verdadera confiscación de sus ingresos, al igual que las personas con discapacidad electrodependientes o no, mientras cerraron las paritarias con un promedio de un 25 o 30% y pensiones miserables que no llegan a una jubilación mínima. Ni hablar de los jubilados, desde luego, a pesar de la mentada tarifa social que tan sólo cubre el consumo de una heladera y una lamparita de luz...

El rechazo fue contundente y se evidenció en las calles. No hubo protocolo antipiquetes que lo pudiera parar. Apenas alcanzaron a vallar la Plaza de Mayo para evitar el acercamiento a la Casa Rosada. Ocurre que la burguesía aprendió de lo ocurrido en el 2001.

En una segunda visión, podemos advertir que, más allá de lo que suceda con el fallo de la Cámara Federal de La Plata, que suspendió el aumento de las tarifas del gas, todavía no existe una movilización capaz de hacerle frente al gobierno macrista. Pero fue un aviso de lo que se puede venir en los próximos meses, más allá del probable fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que, ahora, goza del privilegio de viajar en primera clase, pagando clase turista, en sus traslados aéreos.

Sucede que está ausente la protesta y el paro nacional de las y los trabajadores. Cuando ello se materialice, y con seguridad se reafirmen los incrementos dispuestos por el ministro Aranguren, accionista y ex CEO de la Shell, podremos afirmar que será el principio del fin de los globos amarillos.

Las CGT se unificarán junto con las dos CTA. Las burocracias sindicales se han dado cuenta que esta coyuntura los puede llevar puestos. Pero la CTA - A pierde la oportunidad de liderar la protesta y desmarcarse de Moyano, Caló y Barrionuevo. Y esto es grave, porque hiere de muerte los fundamentos con los cuales la fundó Germán Abdala, aquel luchador que enfrentó al menemismo a pesar de la cruel enfermedad que se lo llevó.

En una primera conclusión, podemos afirmar que se está prendiendo la mecha de la rebelión popular. No obstante, todavía falta un tiempo para que la ofensiva popular sea aún mayor. Pero otra vez será el medio pelo, por desgracia, el que comenzará a darle impulso. Será cuestión que las organizaciones políticas y sociales se unan para hacer escuchar la voz de los trabajadores y el pueblo. Sin egos. Sin protagonismos berretas.

Aquí lo que importa es detener el genocidio conservador, continuador de la dictadura genocida. El enemigo ya sabemos quien es. Pero que no sea cosa que nos enfrentemos entre compañeras y compañeros. Es hora de lucha compartida. Es tiempo de unión verdadera pues, de lo contrario, nos comen los de afuera y los de adentro...