De la nueva ministra de salud en Guatemala (Crónicas de una Inquilina) Lucrecia Hernández Mack, ministra de Salud de Guatemala Foto : Prensa Libre.com Por Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado Ayer (27/07),...

De la nueva ministra de salud en Guatemala (Crónicas de una Inquilina)

L-Hernandez-Mack

Lucrecia Hernández Mack, ministra de Salud de Guatemala

Foto: Prensa Libre.com

Ilka Oliva Corado

Por Ilka Oliva Corado

@ilkaolivacorado

Ayer (27/07), escribí un comentario en mi cuenta de Facebook, sobre la nueva Ministra de Salud en Guatemala. Primera mujer en la historia del país.

El comentario literal fue éste: “‪#‎Guatemala La cólera que han de estar sintiendo los que aprueban la impunidad, y solapan los crímenes de lesa humanidad, al saber quién es la nueva Ministra de salud en Guatemala. Yo cuando lo supe pensé en su mamá y en lo feliz que ha de sentirse en donde quiera que esté. Es sin lugar a dudas un abrazo de la vida, la reivindicación de una lucha generacional. La semilla siempre florece si fue sembrada con amor y en tierra fértil”.

Para mi sorpresa el resto de la tarde y noche pasé recibiendo comentarios por mensaje privado (la gente es buena para fanfarronear en público, pero teme dar su opinión en público), donde me decían que la nueva Ministra de Salud era una traidora por aceptar un puesto en el gobierno de Jimmy Morales y que cómo era posible que yo estuviera apoyando algo así. ¿Y quién soy yo para que mi opinión cuenta en algo así?

Yo a Lucrecia Hernández Mack no la conozco, sé quién es, sé quién es su mamá y quién es su tía (por que lo he leído de la historia política y social del país). A ella nunca la he tratado; es más, ella ni siquiera sabe que existo. Así que mi comentario no tiene nada que ver con afectos de amistad o por el estilo. Tiene que ver con la alegría que me da como mujer guatemalteca la designación de una persona como ella, con su capacidad y compromiso político y humano para un puesto en el Ministerio de Salud. El bien que le hará al sistema de salud guatemalteco.

No me asombró que quienes la acusaron de traidora sean personas de la ultra izquierda guatemalteca, patriarcal, misógina y machista. No diré nombres porque tampoco se trata de señalar y mandar a la hoguera, además el nombre es lo de menos, cuestiono la actitud.

Lindos ellos con 19 años de fracaso rotundo de la Firma de la Paz, en lo que han tenido que ver mucho. ¿Con qué moral cuestionan su decisión de haber aceptado un cargo en el presente gobierno? ¿Qué han hecho ellos desde la ultra izquierda para el cambio del país? Nada, absolutamente nada, más la hunden.

Gente que fue a lanzar bocanadas a las manifestantes masivas del año pasado, dándose golpes de pecho y que después dieron el voto por Jimmy Morales. Si pues. Gente que aceptó que el Tribunal Supremo Electoral les impusiera las votaciones, gente que no tuvo las agallas para un cambio real. ¿Con qué moral y consecuencia política cuestionan que una persona acepte un cargo en el gobierno actual? Si ese gobierno ellos lo impusieron al dejar que las votaciones se realizaran. ¿Qué creen que los cambios se hacen con una sonrisa para la cámara y un cartel en sábado de salir a broncearse?

Esa gente que publica libro tras libro en salones de embajadas, que dicta conferencias aquí y allá, día y noche, que alardea de intelectualidad, de pertenecer a la crema y nata del gremio revolucionario guatemalteco, y que la vieja escuela y que no sé qué y que no sé cuánto. ¿Con qué derecho cuestionan que una persona que tiene los arrestos para tomar al toro por los cuernos acepte un cargo público? ¿Han hecho ellos algo similar en estos 19 años del fracaso de la Firma de la Paz?

Yo solo quiero decir que en Guatemala, un país de cachurecos, criticones, haraganes, hipócritas, aguados y fanfarrones; que una mujer tenga las agallas que tuvo Lucrecia Hernández Mack para aceptar un puesto público y contribuir al cambio desde la entraña de la impunidad, se debe de aplaudir, valorar y apoyar. Porque esa acción dice mucho de ella como ser humano y como profesional de la salud. ¿Qué creen pues que con la foto del recuerdo en las manifestaciones del año pasado ya estuvo? No, hay que picar piedra parejo, hay que romperse el lomo, ¿quiénes están dispuestos a hacerlo? ¿Qué dijeron, pues, que era sólo de soplar y hacer botellas?

Lujo hubiera sido que llegara al Ministerio de Salud Pública, en un gobierno como el de Árbenz, pero la vida y la realidad actual es otra cosa y hay que ponerle el pecho. No la tiene fácil, le tocó en un gobierno de vasallos vendepatrias. El que ella esté ahí es una reivindicación a su mamá (que le creará úlceras a más de uno que quiere que siga hundiéndose Guatemala), a las tantas personas que han luchado para cambiar Guatemala. Es la esperanza de que, dentro de la pudrición, hay personas honestas y comprometidas con el cambio social.

Fácil es hablar, fanfarrear citando frases de grandes pensadores, revolucionarios de antaño y abrazarse a la nostalgia de los días pasados, de lo que pudo ser. Pero para sacar Guatemala adelante se necesita acción, valor e integridad, ante todo unidad.

Guatemala es un jarrón roto, una tierra destrozada, y es obligación de todos desde donde estemos, aportar para su reconstrucción. Pero si de grandes soplados seguimos criticando, sentenciando y desvalorizando a quien se atreve a hacerlo, nunca lo vamos a lograr.

Así es que yo, como inmigrante, a miles de kilómetros de mi terruño amado, me alegro y felicito a la nueva ministra por su decisión, somos muchas las personas que la apoyamos y estamos felices con su designación. Quienes me conocen saben que aborrezco la labia, este escrito no busca en ningún momento quedar bien con nadie, es solo mi opinión.

Y lo vuelvo a repetir, me alegra mucho por su mamá, por su tía, por las mujeres guatemaltecas, por la justicia y el pueblo guatemalteco que será el más beneficiado.

¿Alguien vió la portada impresa de Prensa Libre hoy? Es para enmarcarla. La vida reivindica, la venia devuelve a su dueño original lo que por derecho le corresponde, en el tiempo justo.

Y para quienes critican y señalan ya es tiempo que dejen la mediocridad y se comprometan con Guatemala, que nos necesita a todos. Dejemos de ser jaurías y convirtámonos en legión.

Fuente: Crónicas de una Inquilina