De cómo me fui aislando (Crónicas de una Inquilina) Por Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado También hubo una razón para ese cambio en mi vida: la escritura. Yo iba a seguido a cumpleaños, ...

De cómo me fui aislando (Crónicas de una Inquilina)

aislamiento

Ilka Oliva Corado

Por Ilka Oliva Corado

@ilkaolivacorado

También hubo una razón para ese cambio en mi vida: la escritura.

Yo iba a seguido a cumpleaños, casamientos, posadas, convivios y eventos sociales de la comunidad latinoamericana en la ciudad. Como miembro de la comunidad conocí muchas personalidades, fui a reuniones comunitarias que tenían que ver con migración, política, cultura y deportes. También fui engañada en infinidad de ocasiones por esas organizaciones “pro” Guatemala y Centroamérica que hacen negocio con la nostalgia de los inmigrantes indocumentados, porque hasta ahí no me había dado cuenta de su finalidad.

A todo decía que sí porque para mí era importante apoyar y estar ahí presente, aunque fuera para mover sillas y cambiarlas de lugar. Sí estuve, nadie me puede acusar que nunca apoyé. Vivo a las afueras de la ciudad, y cada participación era de agarrar camino y conducir 125 kilómetros de donde vivo hacia la ciudad. Por tiempo, horarios y distancia nuca fue fácil pero siempre asistía.

Infinidad de veces lloré escuchando "Luna de Xelajú" en las veladas culturales de la comunidad, en las que los bocaditos guatemaltecos valían el triple y el triple pagábamos los indocumentados con tal de sentir el calor de otra gente del mismo país o de Centroamérica. A mí nadie me va a venir a hablar de melancolía porque es la razón por la que comencé a escribir.

Ver a aquellos negociantes vendiendo playeras, llaveros, gorras y todo tipo de suvenires a precios exorbitantes, y el indocumentado los sigue comprando porque es parte de su proceso, de su nostalgia. Siempre habrá inmigrantes indocumentados que necesiten eso que el negociante, que las organizaciones “pro” patria le venderán a precios de alarma. Y siempre existirá ese clan inescrupuloso que hace de la nostalgia del paisano su mejor negocio.

También fui a reuniones de la comunidad guatemalteca con el consulado de Chicago, solo a darme cuenta de que también en la diáspora uno vale por los contactos que tiene, donde la gente también o se pone a gatas o de alfombra. Donde se crean enemistades por estarse peleando por un hueso en una organización, por una silla en tal o cual evento y por el espacio en la fotografía oficial. Donde todo mundo quiere ser el presidente de algo. Donde cualquier descarado crea una organización sin fines de lucro que le permite abultar la cuenta bancaria. Viajar a conferencias anuales de “empresarios” guatemaltecos en el extranjero.

Esas organizaciones que manejan dinero en paleta cuando llegan los eventos del día de la Independencia de los países nuestros. Entonces arman un corral gigantesco en algún parque, ponen música, venden comida típica, contratan a dos o tres charlatanes para maestros de ceremonia para que entretengan al público, y cobran pues la nostalgia en dólares. Y ellos con ese dinero cambian de carro cada año y compran y compran casas, y se van de vacaciones alrededor del mundo. La fachada es que van a los países de origen a donar el dinero: claro a donarlo a sus propias familias, cosas de las que nunca se enteran quienes pagaron la comida típica al triple y lloraron rememorando años hermosos en el terruño.

Era más accesible, definitivamente. Para ese tiempo escribía dos o tres textos al mes y los enviaba por correo electrónico a mis conocidos en Guatemala. Es decir aquí nadie sabía que escribía y eso me hacía ser invisible y parte del conglomerado de parias que asistía por pura nostalgia a los eventos sociales y culturales.

Todo cambió cuando mis textos tomaron su propio rumbo y se dieron a conocer internacionalmente, entonces para ellos dejé de ser Ilka la empleada doméstica insignificante, tan paria como todos los indocumentados, y me convertí en Ilka la escritora, materia para explotar.

Fue un giro sorprendente, comenzaron las labias, las invitaciones a los eventos de la crema y nata de la comunidad centroamericana en Chicago. A esos que no asistimos los parias indocumentados porque no tenemos ni la alcurnia ni, ni los contactos ni la educación. Asistí en unas cuantas ocasiones y sirvió para decepcionarme por completo. Ví desde dentro la pudrición.

Me presentaban como escritora y poeta y me pedían encarecidamente que no dijera que limpiaba casas porque eso me quitaba prestigio. Me presentaron con escritores, pintores, deportistas, cónsules y con el chucho y el coche. Con “promotores” culturales, eso que se creen iluminados. En más de una ocasión me insultaron poniéndole precio a mis letras: ya fuera escribiendo para partidos políticos, a favor de tal o cual organización o bien yendo a eventos en representación de y recitar poesía.

Me ofrecieron publicarme libros si firmaba de pertenecer a tal o cual asociación cultural. Me ofrecieron reconocimientos, me invitaron a fiestas VIP para que me codeara con “gente importante”.

De pronto gente que discriminaba por ser empleada doméstica, mil usos e indocumentada comenzó a tratarme con cercanía, como si de grandes amigos se tratara, ser escritora entonces merecía que yo tuviera la cercanía de ellos, pensaron. Me convertía automáticamente en parte de su clan.

Comenzaron las invitaciones para ser jurado de eventos de poesía y escritura. A ser el rostro en tal evento, que fuera voz de no sé qué, que participara en no sé dónde. Y todo amañado con dinero por debajo de la mesa, siempre en nombre de la honra de los guatemaltecos inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

Gente que nunca me trató, que nunca contestó a mi saludo, gente que en las reuniones sociales me discriminaba porque como empleada doméstica no estaba a su altura, de pronto comenzó a utilizar mi nombre de escudo: decían que eran amigos íntimos de la escritora Ilka Oliva Corado, otros hasta el día de hoy dicen que son mi familia. Y con esto consiguen que se les abran puertas.

De pronto querían que yo estuviera en todas las fotos oficiales, ellos aparecer a la par mía, cuando era invisible nunca existí para ellos, era una indocumentada más que llegaba a hacerles bolsa con su nostalgia.

Comenzaron a llegar las invitaciones para eventos en universidades y consulados, en tal hotel del centro de la ciudad. Para recitales de poesía. Para exposiciones artísticas. ¿Qué fue lo cambió? Me preguntaba yo, ¿acaso solo porque escribo cambió mi condición humana? ¿Escribir me vuelve persona? ¿Y antes, qué era entonces para ellos?

No solo eso, sino que en cualquier fiesta o reunión me pedían que por favor escribiera una crónica del evento y la publicara en mi blog. A medio día del siguiente día me estaban llamando para preguntarme a qué hora la escribiría y publicaría. Que me mandaban fotos si necesitaba y me decían los nombres que debía mencionar y en qué orden.

De pronto ya no me invitaban como Ilka, una persona más como todas las demás, me invitaban porque esperaban que yo hiciera una reseña, me invitaban como periodista, como entrevistadora, como gente de prensa.

Y yo si con algo soy delicada en la vida es con los afectos y si hay algo que aborrezco con todas las fuerzas de mi ser es la labia. Ahora querían que yo firmara docenas de comunicados y fuera parte de campañas políticas (la última como apoyando el voto en el extranjero y al candidato Jimmy Morales).

Me ofrecieron ser directora de revistas y periódicos centroamericanos si me hacía de la vista gorda y daba mi nombre y mi letra en respaldo al asalto que estos truhanes hacen a los indocumentados. Me pidieron textos para ser publicados en tal o cual revista, poemas para recitarse en tal o cual evento. Que asistiera como invitada especial.

Dejé de ser parte de la comunidad para convertirme en esa persona con la que medio mundo quería fotografía, de la que medio mundo decía que eran amigos íntimos. ¿En qué momento sucedió? ¿En qué momento dejaron de verme como persona para convertirme en objeto de explotación?

A todo esto dije que no, a todo. Entonces me odiaron y crearon una campaña de difamación, entre tantas cosas me llaman arrogante porque ya estoy volando en las alturas (según ellos) y se me olvidó cuando asistía a los eventos sociales como empleada doméstica. No, no se me ha olvidado y porque no olvido quién soy y de dónde vengo es que he dicho no y me he aislado.

Porque no olvido quién soy y cuál es la razón de mi escritura es que he ido construyendo mi soledad, palmo a palmo. He reestructurado las prioridades en mi vida, he desechado la luz que da el recibir la labia y dejarse utilizar para aprovecharse de las circunstancias con fin personal. Ahora son muchos los que dicen que son amigos íntimos de la escritora Ilka Oliva Corado, y esos muchos niegan a la empleada doméstica indocumentada.

A mí no me interesa tener amistades que se ensalcen con mi oficio de escritora, no me interesa recibir invitaciones que busquen algo a cambio. No me interesa recibir reconocimientos que después me va a tocar que pagar de una u otra forma.

No me interesa fotografiarme con ninguna personalidad, pues personas somos todos en todos lados del planeta. No me interesa el aplauso, no me interesa el trato fino con doble fin.

Me interesan sí, y disfruto sí, de la compañía de personas reales, humanas, conscientes, que aporten al cambio de este mundo. Que construyan caminos, que abracen con el alma, que cuando miren lo hagan directo a los ojos, que cuando hablen lo hagan con la humildad de saberse viento, un instante fugaz en la inmensidad del tiempo.

Cada día me aíslo más, cada día me alejo del bullicio, de la fanfarronería. Es por esa razón que nunca he realizado presentaciones de mis libros en Chicago ni en ningún lugar, porque mis libros, mi escritura es algo tan íntimo, tan de mi vena, de mi caos que no lo iré a exponer frente a cualquier persona que esté ahí porque sienta que me está haciendo un favor con su presencia. Que sienta que me tiene que comprar un libro para ayudarme económicamente. Que esté ahí porque después me va a pedir algo a cambio. No me interesa hablar de mi intimidad frente a personas con las que no tengo ningún lazo. Frente a personas que no van a entender mi razón de escribir. Frente a personas que dejaron de verme como persona y prefirieron verme como objeto.

Es por eso que en las fotografías oficiales de las presentaciones de mis libros estoy sola, aislada, en un jardín, en la reserva forestal, frente al lago porque son lugares que disfruto, que son parte de esta soledad que he construido, y las publico en mi blog, donde me siento a gusto, porque es mi casa y si a alguien yo como escritora le debo respeto y agradecimiento es al lector de mi blog.

Podrán leerme en cualquier medio internacional y lo agredezco, pero valoro tanto a quien lee desde mi fuente de publicación, porque es respeto mutuo. Es como una caricia, como un juego de ronda infantil, como estar sentada con mis amigos del arrabal jugando don camarón tintero, como una noche de copas en la cantina Las Galaxias, como jugar una chamusca, como correr en manada por los campos, como saltar cercos y trepar palos cortando jocotes. Así los siento.

Bueno, me tengo que ir a trabajar, les deseo a todos un buen día y fin de semana. Quería contarles un poquito de la razón por la que cambié el bullicio por el encanto del silencio y la soledad. Hay prioridades en la vida, nada que venga de afuera y con doble estándar es de beneficio para nuestra salud física y mental, aunque algunas veces para aprender eso es necesario que nos demos en las narices de vez en cuándo, esto nos ayuda a darnos cuenta que no somos inmunes y que estamos expuestos todo el tiempo. Ante todo, a la manipulación de nuestro ego.

Besos, mis amores.

Fuente: Crónicas de una Inquilina