En el nombre de los derechos de los niños y de las niñas (APE) Por Laura Taffetani (APe).- El sistema capitalista históricamente ha necesitado de intelectuales ambiguos para forjar una cultura con der...

En el nombre de los derechos de los niños y de las niñas (APE)

Justicia impar

Laura Taffetani

Por Laura Taffetani

(APe).- El sistema capitalista históricamente ha necesitado de intelectuales ambiguos para forjar una cultura con derechos del niño que tienen fecha de vencimiento antes de su nacimiento, frente al sagrado altar del dios mercado y a una sociedad edificada sobre la desigualdad. En ese contexto, el Decanato de la Facultad de Trabajo Social de La Plata acaba de dictar una resolución en la que prohíbe el ingreso de niños, niñas y adolescentes menores de edad sin el acompañamiento de un adulto responsable “hasta tanto puedan garantizarse condiciones que aseguren el desarrollo de interacciones que no pongan en riesgo la integridad psicofísica de ellos mismos, así como la de los adultos que allí trabajan, estudian y/o transitan cotidianamente, y/o hasta tanto se considere otra medida referida a este tema en el marco del cogobierno”.

La verdad es que no sorprendería tanto una resolución de estas características en una época tan amarga como ésta para nuestros niños, si no fuera que se origina en la decisión de las autoridades de una carrera que dice llamarse de Trabajo Social.

La normativa fundamenta la medida en “el incremento de interacciones violentas que involucran a personas que no forman parte de esta comunidad educativa, las cuales en las últimas semanas afectaron a trabajadores y estudiantes de la Unidad Académica, exponiendo a riesgos y perjuicios de diverso orden a todos los involucrados" y “que en el desarrollo de la mayoría de los hechos referidos tuvieron participación niños y/o adolescentes en evidente situación de vulneración de derechos”.

La resolución también detalla que la unidad académica ha recurrido en varias ocasiones a la intervención de organismos estatales obteniendo respuestas insuficientes o inadecuadas. Si bien reconoce que la institución es parte del Sistema de Promoción y Protección, evalúa no tener las condiciones para garantizar acciones de promoción y restitución de derechos en la unidad académica aunque estaría participando de dispositivos y estrategias en “diálogo” con instituciones y organizaciones sociales vinculadas en distintos puntos del territorio.

Demasiadas palabras camufladas en derechos que jamás abrigarán los cuerpos inermes de estas vidas desposeídas que vagan como espectros en el ambiente erudito, demasiado eufemismo para esconder que una vez más nuestras unidades académicas lejos están de capturar la realidad en sus aulas para poner el conocimiento al servicio de la transformación, esa aventura humana maravillosa que es ser protagonista de su propia historia y colocar la ciencia a su servicio.

La pregunta que surge irremediablemente frente a esta disposición es: ¿Y si la desobedecen qué? ¿Llamarán a la policía cuando sus voces irrumpan en la sacrosanta unidad académica, ajenos a resoluciones y leyes que borren sus presencias indeseables? ¿O se refugiarán haciéndose pasar por extras en la filmación de alguna ficción surrealista de las aulas de la Carrera de Cine que comparten el mismo predio?

Se entiende que resulta difícil tener adecuadas intervenciones cuando los chicos y las chicas que transitan delante de las miradas esquivas de una comunidad educativa se rebelan y se niegan a ser parte del paisaje natural de los pasillos con miradas esquivas de estudiantes. Claro que sí, así fue para las manos que día a día en las organizaciones sociales abrazan a tanto desamparo sin otra herramienta que su cuerpo y su porfía de que el ser humano no merece vivir de ese modo en esta tierra.

Paradojas del destino

Ocho años atrás nació en la misma ciudad la Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez como experiencia de resistencia frente a la feroz represión que sufrió un grupo de niños y jóvenes que se encontraban viviendo en la calle -bautizados por los medios de comunicación como la banda de la frazada- quienes fueron desalojados a golpes y amenazas de la Plaza San Martín, frente al Palacio de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires por una patota de indudable relación con las fuerzas seguridad.

Estudiantes, docentes y militantes sociales de organizaciones populares se reunieron no sólo para denunciar la brutal represión vivida por los niños sino en la búsqueda de salidas que pudieran dar respuesta a la situación que ellos vivían. De la asamblea también nacieron organizaciones como la Olla de Plaza San Martín y el Programa de Niñez, Derechos Humanos y Políticas Públicas de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata.

La Olla de Plaza San Martín fue, como suele suceder con las organizaciones sociales que asumen el desafío de cuidar de los colectivos humanos que el sistema descarta, construyendo un camino junto con esos niños y jóvenes, “callejeando”, compartiendo fríos y desamparos, pero también su soledad, la peor de todas ellas, la de las miradas indiferentes que invisibilizan para no incomodar ese bienestar de los pocos a costa de los muchos no incluidos.

El otro recorrido que surge de los mismos hechos fue el Programa de Niñez, Derechos Humanos y Políticas Públicas de la Facultad de Ciencias Sociales quienes presentaron, junto con la Asociación Miguel Bru, un amparo por estos niños y jóvenes que se encontraban en la calle.

Dos respuestas

Dos respuestas distintas para el mismo problema, dos respuestas para los mismos chicos y chicas que siguen deambulando por los pasillos de la Facultad de Trabajo Social que evidentemente en algún momento les dio el cobijo que hoy les niega. Y cuando decimos los mismos chicos, en realidad estamos hablando de aquellos que sobrevivieron a las muertes tempranas y las cárceles que diezmó al grupo original.

El amparo que encabezó la Asociación Miguel Bru junto con otras organizaciones e instituciones, entre las que se encontraban algunas de las cátedras de la Facultad de Trabajo Social, tuvo sentencia favorable en mayo del 2012 y le exigió al Estado Provincial y Municipal la implementación de las medidas que permitan a estos niños acceder a sus derechos más esenciales.

La sentencia fue apelada y luego el expediente dormitó el sueño de los justos que parece ser el lugar que la justicia reserva a aquellas causas que incomodan al poder político hasta mejor proveer y entonces, como parece que ahora ha llegado la hora, el mes pasado el expediente ha vuelto a salir a la luz y la Suprema Corte de Justicia ha llamado a las partes en audiencia para mañana para ver si la situación continúa como la dejó.

Pierre Rosanvallón llama la Paradoja de Bossuet a la situación por la que los hombres deploran en general aquello que consienten en particular, una paradoja que trajo como efecto no pensado la Suprema Corte de Justicia cuando mañana (30/06) en la audiencia le recuerde a la Facultad de Trabajo Social -que alguna vez fue denunciante-, que algunos de sus docentes y de sus alumnos decidieron no aceptar el orden establecido y volvieron a pensar en forma dialéctica entre los hechos y las palabras.