Su dolor no es mi dolor Por Gustavo Robles Mi dolor no es su dolor, “señor” presidente. No lo diga más. Me ofende. Me toma el pelo. Me subestima. Sépalo: no soy ...

Su dolor no es mi dolor

Macri - Dolor

Gustavo Robles

Por Gustavo Robles

Mi dolor no es su dolor, “señor” presidente. No lo diga más. Me ofende. Me toma el pelo. Me subestima. Sépalo: no soy estúpido.

A mí me duele el irrespeto más que el bolsillo. Y eso que el bolsillo duele… Y mucho.

Me falta el respeto cuando se pone por encima de mí, cuando me quiere engañar, cuando me quiere hacer creer que no veo lo que veo. Que no escucho lo que escucho. Que no siento lo que siento.

Me falta el respeto cuando me dice que se opone a una ley que impediría que me despidan, que me dejen sin trabajo, y que lo hace por mí. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta que le está haciendo un favor a los intereses de mi patrón. Él sí está muy contento, no le duele nada tener que prescindir de mí y de mis compañeros. No me diga que eso es lo que me conviene. Ciento cincuenta mil trabajadores despedidos en 5 meses, 150 mil historias de angustia, desesperación, despojo y marginación, son suficiente prueba de la falsedad de sus palabras. Más teniendo en cuenta que usted es el gran “despedidor” en el Estado.

¿Dónde está su mano tendida para aliviar tanta injusticia?

Me insulta cuando me discursea sobre las bondades de los bestiales aumentos en los servicios esenciales para que pueda aspirar a llevar una vida digna. Tengo derecho al agua que usted, en su concepción ideológica, quiere negar al considerarla un bien de uso y de consumo, y por eso puede autorizar un aumento del 500% en la tarifa ¡¡ 500% !! ¿sabe lo que eso significa? Tengo derecho a calefaccionarme en el invierno, a no pasar frío, a no enfermarme, a proteger a mis hijos de las inclemencias del clima; no me mande a cubrir con frazadas porque, según usted, debe aumentar el gas un 400% ¡¡ 400% !! ¿Usted lo hace? Obviamente que no, usa el gas que produce y es propiedad de la sociedad toda, sin limitaciones. Los gobernantes debieran sufrir las mismas vicisitudes que el pueblo que gobiernan. Y entonces sí, pensarían dos veces lo que hacen. Pero no. Usted puede derrochar la luz que a nosotros nos niega al aumentarnos su precio un 700% ¡¡ 700% !! Qué bestialidad… ¿de dónde quiere que lo saquemos, si encima pone techo a las paritarias, a nuestras aspiraciones salariales, o directamente nos deja sin trabajo? No me diga que le duele, porque si no, no lo haría, o se alumbraría con velas como lo tengo que hacer yo… O les preguntaría a los empresarios qué hicieron todos estos años con los subsidios que les entregó el Estado, y los obligaría a pagar a ellos y no a nosotros.

Usted elige a quién beneficiar y a quién hacerle llevar el peso de la crisis. Está claro para dónde patea.

Usted no tiene que pagar el doble el transporte público, porque nunca viajó en tren o en colectivo. Usted siempre tuvo vehículos de lujo y chofer. No me diga que le importa lo que los laburantes pagamos de boleto, esos que ha aumentado un 100% en estos meses. No me diga que tiene que fijarse en el combustible justo usted, que construía automóviles… con autopartes contrabandeadas. En cambio, nosotros tenemos que contentarnos con nuestros viejos autos de más de 10 años… ó 20… ó 30.

Para usted no significa nada el aumento de la canasta alimentaria. Jamás faltó el pan en su mesa. Jamás tuvo que caminar para ahorrar un manguito al comprar la comida. Nunca añoró los cortes más caros de las carnes, los pescados más sabrosos, los mejores vinos. No sabe lo que es desear y no tener. Mucho menos, necesitar lo más básico para subsistir. No sabe y no le interesa. Por eso mira para otro lado cuando sus colegas empresarios aumentan y aumentan nuestro alimentos.

No me diga que le duele mi dolor. El dolor de mis compañeros de clase. No es verdad, ni siquiera es posible, porque no lo conoce. Usted sólo lo ve desde afuera y desde lejos. Nos ve como bichos raros, sucios pero pintorescos, molestos… pero necesarios. ¿De dónde, sino, quedarse con el plusvalor que le damos a las cosas a través del trabajo que usted jamás ejerció? Y llevárselo luego para Panamá, junto con su padre colaborador de la dictadura…

No me diga que nuestro dolor es su dolor, porque si no, no nos obligaría a nosotros a pagar lo que a los patrones les exime. A ellos los exceptuó de cargas impositivas, los liberó de retenciones… y todo ese vacío en las arcas del Estado lo tenemos que pagar nosotros, los asalariados, con nuestro sacrificio. El gobierno anterior subsidió a las empresas, según decía, para que realizaran mejoras en los servicios públicos, obras que nunca se hicieron. El gobierno anterior no controló y les llenó los bolsillos a los empresarios. Usted, en vez de hacer que devuelvan lo nuestro, nos hace pagar a las víctimas y exime a los victimarios.

No es verdad que le duele nuestro dolor, señor presidente.

No mienta, se le nota.

Usted tiene una misión de clase y la está cumpliendo a rajatabla. Así es su naturaleza y no puede cambiarla, es el escorpión que pica a la rana que lo ayuda a cruzar el charco, aún a costa de ahogarse. Su misión es aceitar la maquinaria de explotación capitalista y poner a cada quién en el lugar que su concepción ideológica le dicta: los ricos cada vez más ricos, explotando a los pobres cada vez más pobres.

Nuestro dolor no es el mismo. Es más, el suyo y el mío son contradictorios.

A usted, le duelen mi rabia y mi protesta.

A mí me duele, su soberbia repugnancia.