OPINION - CLARA ANAHÍ, POR HUGO PRESMAN SUMARIO 1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - CLARA ANAHÍ, POR HUGO PRESMAN. ...

OPINION - CLARA ANAHÍ, POR HUGO PRESMAN

SUMARIO

1 - ARGENTINA, BUENOS AIRES: OPINIÓN - CLARA ANAHÍ, POR HUGO PRESMAN.


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From: HUGO PRESMAN

Sent: Thursday, July 23, 2009 1:10 PM

To: GACETILLAS ARGENTINAS - REDACCIÓN

Subject: CLARA ANAHÍ, POR HUGO PRESMAN

CLARA ANAHÍ      

hugopresman

Por Hugo Presman   

Chicha se mira en el espejo. La imagen que observa es la de una mujer que aparenta tener menos de los 85 años que transporta su cuerpo. De esas ocho décadas y un lustro, 32 años los dedicó obsesivamente a encontrar a su nieta. A Clara Anahí. Sabe que el tiempo corre en su contra. Muchas veces afirmó: “Caeré muerta en la búsqueda de mi nieta”. Hace poco, en junio del 2008, murió Alicia (Licha) de la Cuadra con quien fundaron “Abuelas con Nietitos Desaparecidos” que luego se llamó mundialmente Abuelas de Plaza de Mayo. La vida será mucho más injusta aún si le toca la misma suerte de Licha que murió sin poder abrazar a su nieta nacida en cautiverio. Licha tenía 92 años y desaparecidos a su hijo Roberto, obrero de YPF y a su hija Elena, embarazada de cinco meses. Por si fuera poco, también está desaparecido el marido de Elena, Héctor Baratti, obrero metalúrgico y dirigente del Partido Comunista Marxista- Leninista. Sabía que la hija de Alicia había tenido una nena a la cual le puso el nombre de Ana Libertad. ¡Que paradoja! piensa Chicha Mariani, que su madre prisionera y condenada a la desaparición le diera a su hija el nombre de Libertad. Vuelve a mirarse en el espejo. ¿ Como será mi nieta hoy? se pregunta. Sabe que ya tiene 32 años. Y se la imagina: “Seguramente con hijos, tan inteligente como eran sus padres y con la sensibilidad de ambas familias de origen. Me la imagino toda melenuda como cuando era bebé y alegre a pesar de todo lo que pueda haber pasado”

Recuerda que el frío atravesaba la noche de invierno del último día de agosto del 2008. Hace menos de un año le escribió una carta a su nieta. Una botella al mar de la impunidad. Con la remota esperanza que encuentre a su destinatario. Siente deseos de volver a leerla. La busca. Es un papel observado infinidad de veces. Sobre el cual cayó más de una lágrima Que en forma de correo electrónico, manos amigas, han hecho circular infinidad de veces por Internet. La sabe de memoria, pero la vuelve a leer:

Querida nieta: Soy tu abuela "Chicha" Chorobik de Mariani, te busco desde el momento en que Etchecolatz, Camps y su tropa mataron a tu madre y te secuestraron de tu hogar en la calle 30 nº 1134 de La Plata, República Argentina. Era el 24 de Noviembre de 1976 y tenías 3 meses de edad. Desde ese momento con tu padre te buscamos hasta que a él también lo asesinaron.

A pesar de que trataron de convencerme de que habías muerto en la balacera, yo sabía que estabas viva. Hoy está comprobado que sobreviviste y estás en poder de alguien. Ya tienes 31 años y tu número de documento probablemente sea cercano al 25.476.305 con el que te anotamos. Yo quisiera pedirte que busques fotos de cuando eras bebé y las compares con las que acompañan este texto.

Quiero contarte que tu abuelo paterno se dedicó a la música y yo a las artes plásticas; que tus abuelos maternos se dedicaron a las ciencias, que tu mamá amaba la literatura y tu papá era licenciado en economía. Ambos tenían un gran sentido de la solidaridad y compromiso con la sociedad. Algo de todo esto tendrás en tus inclinaciones de vida porque, a pesar de que hayas sido criada en un hogar distinto, uno guarda internamente los genes de sus antepasados. Seguramente hay muchas preguntas sin respuesta que aletean en tu interior.

A mis más de 80 años mi aspiración es abrazarte y reconocerme en tu mirada, me gustaría que vinieras hacía mí para que esta larga búsqueda se concretara en el mayor anhelo que me mantiene en pie, el que nos encontremos.

Clara Anahí, mientras te espero seguiré buscándote.

Te abraza tu abuela "Chicha Mariani"

HACE 32 AÑOS

Chicha Mariani sabe que aquel día de noviembre de 1976, su vida cambió para siempre: “Estaba en mi casa de calle 44 y 21 esperando a Diana que me iba a traer a la beba para que la cuide, como hacía todos los miércoles y sábados, y me di cuenta del paso de tanques, helicópteros, patrulleros y efectivos, y tuve miedo por mi nuera. Yo no sabía nada de política en aquella época, pero sabía que estaban matando a muchos jóvenes. Me inquietó pensar que Diana iba a tener inconvenientes para llegar y fui a la casa de una amiga. Iba y venía, tejiendo una manta para Clara Anahí, mientras esperaba. Ese tejido está aun hoy en el punto en que lo dejé. Luego recibí un llamado de mi madre, que me avisaba que mi padre estaba enfermo, de modo que me fui a City Bell para estar con ellos. -Al regresar vi un tumulto de gente frente a mi casa, muchos lloraban. Los vecinos creían que estaba muerta dentro de la casa, porque había habido un tiroteo. Al ingresar encontré todo destrozado y medio metro de todas las cosas rotas, vidrios, cubiertos, ropa, aceite, café, lo que fuera que hubieran encontrado en la casa estaba roto y tirado, salvo lo que habían robado. Comencé a buscar los cadáveres. Con este objetivo me dirigí a la comisaría 5º. Allí un oficial me confirmó que mi hijo y mi nuera estaban muertos, pero que no podían entregarme los cuerpos. Asimismo, el policía me dijo que no habían encontrado ninguna beba. Con el correr de los días pude enterarme que mi hijo seguía vivo, porque él me llamaba periódicamente por teléfono. Daniel se había salvado porque quince minutos antes del ataque a su casa, viajó a Buenos Aires, donde trabajaba.

La búsqueda de Clara Anahí se inició a través de un matrimonio, compuesto por Omar Cerutti y Elvira Molina, conocidos de mi esposo. La familia Cerruti se acercó a mí cuando pasó ese atroz desastre de la casa de mi hijo. Elvira me convocó a su casa y me contó que la familia se reunía con su sobrina Elena Núñez –quien también declaró en el Juicio a las Juntas y confirmó el dato de que Clara Anahí salió con vida– y con su novio, un agente recién ingresado a la Policía. Era nada más y nada menos que Daniel del Arco. En mi desesperación ofrecí todos mis bienes a cambio de la entrega de la niña, siempre por medio de la familia Cerruti-Molina. Para mayor seguridad consulté al cónsul de Italia en La Plata, Luiggi Di Vita, quien me ofreció cuidar a mis padres y sacarme en un auto de la embajada. Yo pensaba que el cielo se abría para mí. Pero el plan se abortó porque el cónsul fue a ver al jefe de Policía, el coronel Ramón Camps. Al día siguiente, Di Vita me “reprochó” que había “mentido”. Camps le dijo que mi hijo había muerto hacía un mes, y que quería chantajearlo para que Montoneros se quedara con el dinero.”

LA CASA DE LA CALLE 30

Hoy es un museo. La Casa Museo Mariani – Teruggi, que fue declarada monumento histórico. En una crónica de Página 12 del 15-08-2008 se lee: “La casa de la Calle 30 de La Plata habla. Desde el revoque blanco del frente hasta el muro del fondo del terreno, su arquitectura detalla a través de cientos de impactos de bala la crónica del 24 de noviembre de 1976, en el que 150 uniformados al mando del represor Ramón Camps arrasaron la vivienda en la que vivían Diana Teruggi y Daniel Mariani junto a su hija Clara Anahí, quien con apenas tres meses de edad logró sobrevivir al operativo. Sólo que lo hizo en los brazos del efectivo que la secuestró entre el humo de la balacera, y aún permanece desaparecida… Prácticamente no hay rincón de la vivienda que no haya sido alcanzado por las balas de los hombres de Camps que buscaban destruir la imprenta clandestina que funcionaba en el fondo. La fachada parece una postal detenida en el tiempo. Allí están las marcas de los proyectiles de FAL en el portón gris del garaje, que pueden verse desde la vereda de enfrente. En el centro de la pared que daba al dormitorio de Clara Anahí, en el lugar que alguna vez ocupó una ventana con postigos, sólo queda el hueco que dejó el disparo de una tanqueta, que atravesó ese cuarto y el comedor y pegó contra uno de los muros del baño.


Aquel noviembre famoso de La Plata, la tropa represiva apoyada por dos helicópteros bombardeó el domicilio durante más de tres horas luego del mediodía. “Cuando terminó todo, todavía estaban servidas las milanesas del almuerzo en el comedor”, recordó ayer un vecino, que tenía menos de diez años cuando ingresó a la vivienda después del tiroteo.


En el operativo, Diana fue barrida por una ráfaga, igual que otros tres compañeros. Daniel, que no estaba en el lugar en ese momento, fue asesinado por fuerzas represivas ocho meses después, en una esquina platense. Y según varios testimonios, Anahí no fue alcanzada por el tiroteo gracias al reparo que le brindó una bañera vacía en la que fue depositada antes del ataque.”

LA CASA DE LOS CONEJOS

Laura Alcoba, hoy una talentosa escritora radicada en Francia y en 1976 una niña que con su madre vivieron en la casa de la calle 30 de La Plata cuenta en el libro que tiene por título el de este capítulo: “Mi madre y yo nos presentamos en una nueva casa donde conocemos a una joven pareja: sus nombres son Daniel y Diana, pero los llaman “Cacho” y Didí”. Diana está embarazada, pero casi ni se nota. Tiene el pelo largo, claro y ondulado, y grandes ojos verdes, extremadamente luminosos y dulces. Es muy hermosa, e increíblemente sonriente… Mi madre me dice que muy pronto viviremos con Cacho y Didí en otra casa, lejos del centro de la ciudad… Por fin nos mudamos a la casa de Cacho y Didí… Al frente de la casa hay una verja, oxidada por parte, que separa un patiecito ínfimo de una vereda que apenas si merece el nombre, llena como está de piedras, arena, baldosas y montículos de tierra... Después de franquear la puerta, uno entra en un corredor. A la derecha, el cuarto de Cacho y Didí se abre a este corredor. A la izquierda, una puerta permite acceder a un garaje. Son las dos únicas piezas que dan a la calle. Al final del pasillo hay una cocina relativamente grande, que sirve también de sala y comedor diario. Pasando esta habitación casi para todo uso, el corredor termina en otra puerta que da al patio del fondo. Abriéndose también directamente sobre el patio, hay un baño sin ventanas y bastante vetusto. Frente a la puerta de la cocina, otra puerta se abre sobre una habitación minúscula en la que dormimos mi madre y yo. Al fondo del pasillo y detrás de la pieza que nosotros compartimos, se encuentra un tinglado rudimentario, una suerte de cobertizo descalabrado que, contrariamente a lo que pensaría cualquier extraño al grupo, es el verdadero corazón de la casa. Fue por la existencia de este galpón en pésimo estado, apenas cubierto con algunas chapas de zinc acanaladas que, malamente, hacen las veces de techo; fue por este galpón que la conducción de Montoneros ha elegido la casa. Y que vivamos en ella” Bajo una fachada de la cría e industrialización de conejos en escabeche se construyó un embute en donde se imprimía “Evita Montonera”.

Escribe Laura Alcoba: “Salvo cuando Diana me pide que haga compras por el barrio, ya casi no salgo de la casa. Sobre la pequeña mesa de la cocina, pasamos largas horas empaquetando centenares de ejemplares de Evita Montonera.”

CHICHA RECUERDA

María Isabel Chorobik de Mariani afirma en un video: “La esperanza es eso que me mantiene viva esperando encontrar a mi nieta pero buscándola a la vez. Su memoria se localiza el 21 de noviembre de 1977. Alicia de la Cuadra, que fue la primera Presidenta, le informó a Chicha que el gobierno norteamericano enviaba a Cyrus Vance a buscar información sobre violaciones a los derechos humanos. Cuenta Mariani: “Fuimos con Licha a Buenos Aires y nos encontramos con otras madres de chicas embarazadas en Plaza San Martín. Ahí nació Abuelas bajo un jacarandá.” Casi ocho meses después que Madres. Continuaba una lucha que las llevó en los meses siguientes a recorrer todos los Juzgados de Capital y Provincia. Un rictus de amargura se dibuja en el rostro de Mariani. Así lo relató ante la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata en el ya lejano 7 de abril de 1999: “Otra búsqueda de Clara fue en la Iglesia. Todas las abuelas y madres hemos buscado en la Iglesia y alguien me recordó que mis hijos se habían casado en la Capilla donde estaba Monseñor Montes, no recuerdo el nombre. En la Capilla del Valle se había casado con profunda religiosidad Diana y Daniel; Diana era atea así que previamente hubo un bautismo de ella y todo eso lo hizo monseñor Montes. Fue un casamiento muy especial y el bautismo también. Cuando me recordaron que podía recurrir a monseñor Montes fui, pero previamente traté de conseguir una entrevista con monseñor Plaza, que por supuesto no me recibió y si lo hizo un agente que tenían en el sótano. Después me recibió monseñor Montes. Fui llorando porque acababan de matar a mi hijo… Le conté todo sin acordarme de darles los nombres. Me dijo que me iba a ayudar a encontrar a la niña. Me fui esperanzada. Una semana o diez días después volví. Estaba muy serio y me dijo que dejara de buscarla, que dejara de molestar y le dije a quien. Y me contestó a la gente que la tiene, porque la nena está bien y no se puede molestar a esa gente. Le contesto que es mi nieta y me contestó que estaba poniendo en peligro a la gente que la tenía. Insistí y, finalmente me dijo que rece. Y yo le pregunté que tenía que hacer. Y me dijo: señora rece. Le contesté que rezo desde el primer día, porque no tengo otra. Me dijo: a usted le falta fe, se puso de pie y me señaló la puerta. Me fui para siempre de la Iglesia.”

LA VIDA Y SU TRAMA IMAGINATIVA

Laura Carlotto y Daniel Mariani militaban en Montoneros. Laura decide mudarse y le pide ayuda a Daniel. El padre de Laura, Guido Carlotto le presta la camioneta. Se hace el traslado al nuevo domicilio. Por causas no esclarecidas Daniel vuelve al anterior domicilio de Laura, dejando la camioneta a varias cuadras de distancia. Pasan las horas y como no regresa Daniel con la camioneta, Guido Carlotto va a la casa, lo detienen las fuerzas represivas y lo llevan detenido. Chicha conoce los hechos por el relato de Guido cuando es liberado, por el matrimonio Aued que estaba en la casa y por una señora Hilda Caminos. “Le tiraron desde adentro- pretendió entrar y le tiraron- cayó herido en el piso y lo mataron a patadas y culatazos. Luego lo subieron a un vehículo y lo cubrieron con una manta”.

La vida y su trama imaginativa para desarrollar un drama. La segunda y la tercera presidentas de Abuelas de Plaza de Mayo entrelazadas por los destinos entrecruzados de sus hijos. Las dos, hasta ahora, no han podido recuperar a sus nietos Clara Anahí y Guido.

Ambas han logrado el milagro de devolverles la identidad a muchos nietos apropiados.

La vida es una libretista imaginativa. Podría cerrar esta historia con un final feliz.

Chicha y Estela han hecho lo imposible, para que Dios, si existe, se acuerde de ellas.

A 33 años del golpe criminal establishment- militar, Chicha y Estela saben que el tiempo juega en contra. Pero sus esperanzas son más fuertes que las tragedias que la han azotado.

LAURA ALCOBA RECUERDA

“Curiosamente, el momento de la despedida de Diana y Cacho se ha borrado por completo de mi memoria. El clima del país no era, precisamente, de fiesta, pero ¿habremos aprovechado para comer un conejo? Sin duda.

Diana, de eso si me acuerdo, ya estaba a punto de dar a luz. Me veo aún diciéndole lo triste que me ponía partir antes que naciera el niño. Más tarde, supe que ella y Cacho habían tenido una hija, Clara Anahí, el 12 de agosto de 1976.” Más adelante Laura cuenta como se entera de lo sucedido leyendo el libro “Los del 73 Memoria Montonera” de Gonzalo Leónidas Chávez y Jorge Lewinger: “ En un enfrentamiento producido ayer, poco antes de las 13,40 horas, cuando efectivos de seguridad procedieron a rodear la manzana situada entre las calles 29,30,55 y 56 se observó que la atención de los custodios de la ley estaba concentrada en una vivienda… con una placa en la que figuraba la inscripción Daniel Mariani, Licenciado en Economía… Poco antes de ser utilizado el mortero con el cual se acalló la resistencia, acudió al enfrentamiento el Comandante del Primer Cuerpo, General Carlos Suárez Mason, el Comandante de la Décima Brigada de Infantería, General Adolfo Sigwald, y el titular de la Policía Provincial, coronel Juan Ramón Camps” “Los tiros cesaron alrededor de las 16,55. Cuando la policía entró en la casa, encontró siete cadáveres: los de Roberto César Porfirio, Juan Carlos Peiris, Eduardo Mendiburu Elicabe y Diana Esmeralda Teruggi, más otros tres totalmente carbonizados, que no pudieron identificarse”

CHICHA, LAURA Y CLARA ANAHÍ

Entre el 11 de marzo de 1973 y el 24 de marzo de 1976 apenas transcurrieron tres años. Un tiempo muy reducido donde se pasó del sueño a la pesadilla. De la esperanza a los años de plomo. En el medio se produjo la muerte del político argentino más importante del siglo XX. El Rodrigazo fue un anticipo de lo se divisaba en el horizonte. La Triple A un ensayo borroso y premonitorio de convertir a las tres fuerzas armadas en una gigantesca triple A. Sin embargo el gobierno de Isabel fue desplazado no por sus groseros errores sino por algunos aciertos y por ser una representación deformada, pero representación al fin de la soberanía popular. El golpe era inexorable desde la muerte del fundador del peronismo. Ahora si serían eficaces para demoler el modelo de sustitución de importaciones. Desindustrializar para terminar con el monstruo que habitaba en sus entrañas: la clase obrera y los sindicatos. Y la clase media radicalizada pagaría con su vida o el exilio el intentar unir su destino con los sectores populares. A ello resultarían funcionales los grotescos errores de la guerrilla que reemplazó la política de masas por el terrorismo y el militarismo.

Chicha, Laura, Clara Anahí son símbolos de una enorme derrota popular. Son testigos, testimonios y víctimas de ese sueño convertido en pesadilla. Chicha perdió a su hijo, a su nuera y su nieta fue apropiada, lo que demuestra hasta que grado el poder económico en la Argentina puede llegar. Campos de concentración, torturas, apropiación de lo hijos recién nacidos de las prisioneras embarazadas y después de parir ser arrojadas vivas al mar. Clara Anahí es el botín de una cacería desatada después del 24 de marzo. Realizado bajo la cobertura de una guerra inexistente, que no respetaba ni siquiera las leyes implícitas de una contienda bélica. Laura, según sus propias palabras: “Voy a evocar al fin todas aquella locura argentina, todos aquellos seres arrebatados por la violencia. Me he decidido porque muy a menudo pienso en los muertos, pero también porque ahora sé que no hay que olvidarse de los vivos. Más aún: estoy convencida de que es imprescindible pensar en ellos. Esforzarse por hacerles, también a ellos, un lugar. Esto es lo que he tardado tanto en comprender, Diana. Sin duda por eso he demorado tanto…..quiero hacerte una última confesión: que si al fin hago este esfuerzo de memoria para hablar de la Argentina de los Montoneros, de la dictadura y del terror, desde la altura de la niña que fui, no es tanto para recordar como por ver si consigo, al cabo, de una vez, olvidar un poco”

En un reportaje a la revista VIVA, Laura confesó: “Lo que me llevó a escribir fue volver por primera vez a la casa, en el 2003. Antes había viajado a la Argentina, pero nunca había visto la casa. Volví con mi hija de pocos meses…”

UN ENCUENTRO Y UNA AUSENCIA

La historia del encuentro entre Chicha y Laura está narrado en el libro de esta última  “La casa de los conejos”: “Acompañada por Chicha, casi treinta años después, en La Plata, pude volver a ver lo que queda de la casa de los conejos. Hoy una asociación se ocupa de ella y trata de convertirla en un espacio de recordación. Chicha está al frente.

En ese lugar, aún puede distinguirse el emplazamiento de la imprenta clandestina. Una placa explica de que servía este extraño espacio estrecho, encerrado entre dos muros, hoy en gran parte devastados. Pero la palabra embute no aparece, ni siquiera entre comillas.

Si. Creo que ha desaparecido definitivamente. Todo muestra que el ataque fue de una violencia inaudita. No existen palabras para la emoción que me invadió cuando descubrí, en cada cosa recordada, las marcas de la muerte y de la destrucción. Un solo disparo de mortero horadó dos paredes. Perforó la fachada y luego abrió un agujero idéntico en el muro que separaba el cuarto de Diana y Cacho de la cocina.

En el garaje, aún está la furgoneta: un resto de naufragio oxidado y acribillado a balazos. El techo de la casa fue incendiado casi completamente. En la parte de atrás de la casa, allí donde se encontraban los conejos y la imprenta, no quedan sino ruinas de lo que yo había conocido. Ruinas y escombros. Nada más.

Yo quería visitar la casa. Quería sobre todo hablar con Chicha, y tratar de saber más, cuanto fuera posible……Yo ya sabía que Chicha Mariani era alguien notable, pero cuanto más la miro más se me imponen su fuerza y coraje. Esta mujer que bajo la dictadura perdió a su único hijo y a su nuera, sigue buscando a su nieta desaparecida, Clara Anahí, sin duda entregada a una familia cercana al gobierno ( de entonces).”

Si esta nota sirve para aproximar a Chicha a Clara Anahí, sentiré que borronear papeles y distribuirlos por Internet es más importante de lo que creo. Porque como dice Laura Alcoba: “Clara Anahí vive en alguna parte. Ella lleva sin duda otro nombre. Ignora probablemente quiénes fueron sus padres y como es que murieron. Pero estoy segura, Diana, que tiene tu sonrisa luminosa, tu fuerza y tu belleza.

Eso, también, es una evidencia excesiva”

16-07-2009

clara anahi 2

 

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