Reproches (Crónicas de una Inquilina) Por Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado ¿Cuándo se van a regresar? Pregunta mi papá cada vez que hablamos por teléfono. Véngase, aquí au...

Reproches (Crónicas de una Inquilina)

Madre-e-hija

Ilka Oliva Corado

Por Ilka Oliva Corado.

@ilkaolivacorado

¿Cuándo se van a regresar? Pregunta mi papá cada vez que hablamos por teléfono. Véngase, aquí aunque sea frijoles comemos. ¿Qué están haciendo tan lejos de la familia?, eso no es vida. Yo le digo que los hijos crecen y hacen sus propias vidas, algunos se van lejos y otros se quedan cerca, pero es la ley de la vida.

No llamo por teléfono a mi familia en Guatemala, desde hace algunos años dejé de hacerlo, pero mi hermana - mamá está en comunicación constante con ellos, y hay ocasiones en las que me dice: “tu Tata pide hablar con vos, contestále el teléfono” y me da el teléfono y es así como hablo con él. Ahora pide hablar conmigo constantemente, pero en mi infancia me rechazó desde que nació mi hermano varón, dejé de existir para él y no tiene noción lo terrible que fue para mí su rechazo. Y nunca fuí lo suficiente capaz ante sus ojos, simplemente porque no era niño, era niña: inservible.

Durante muchos años fui parte de las remesas puntuales, de los envíos por encomienda, de las llamadas telefónicas, de la angustia propia de la añoranza de quién se va. Pero un día me cansé de tanto agravio y cuando vi a mis hermanos encaminados, que se podían valer por sí mismos con un título de diversificado me alejé. Había cumplido con mi responsabilidad de crianza. Les dí lo que nunca tuve en la vida. Y lo dí porque no iba a permitir que ellos vivieron lo mismo que yo. De vuelta no llegaron ni las gracias, pero uno no lo hace por eso, ni por recibir nada a cambio; quien cría lo hace por amor, por amor humano mucho más allá del lazo sanguíneo.

Mi hermana - mamá y yo nos criamos solas, trabajando desde niñas y también criamos a mis hermanos, mis papás prácticamente solo nos trajeron al mundo, de dicha logramos criarnos a reventones de cara. Cabe decir que la que más se sacrificó en todo sentido fue mi hermana - mamá. Mi reverencia a ella será hasta la muerte.

Nosotras hemos experimentado lo que millones en el mundo, nuestro caso no es aislado: a mi mamá le tocó criar a sus hermanas, a los hermanos mayores de mi padre les tocó criar a los hermanos pequeños. Todos los días vemos niños criando niños, a sus hermanitos menores y es común pero injusto y desequilibrado. Los responsables de la crianza y el cuidado deben ser los padres. ¿Cuándo nos vamos a deshacer de esta norma patriarcal?

Cuando mi papá me pregunta que cuándo voy a regresar le contesto a manera de reflexión, (porque ya pasaron los años de cólera y de reproches) que me tuvo 23 años de su vida y no me supo valorar. Que fueron tantos los fines de semana que se emborrachaba con sus amigos y nos obligaban él y mi mamá a mi hermana y a mí a servirles, a pedir carne fiada y cocinarles mientras nosotros comíamos tortilla con sal. A ir a pedir licor fiado a la tienda para que ellos estuvieran contentos. Mientras nosotros no teníamos ni ropa interior, mucho menos zapatos.

Amigos que nunca fueron, porque eran ricos que lo veían como peón y mandadero, amigos a los que él les llamaba “jefes” para halagarlos. Y sirviéndoles se sentía parte de ellos. Nosotras niñas, nos dábamos cuenta que lo utilizaban. Que no lo veían más que como un sirviente. Esa afrenta nunca la olvidaré en la vida, y es mi cólera de clase que emerge constantemente en mis artículos de opinión.

Que fueron tantas las ocasiones en las que nos libramos de ser violadas por sus amigos, ebrios todos. Estando él y mi mamá ahí. Que nos tocaba servir y cuidar a mis hermanitos pequeños. Que toda la responsabilidad de la casa nos tocó a mi hermana y a mí porque él tenía amantes, su vicio de jugar gallos y sus borracheras constantes con sus amigos. Que con qué derecho me cuestiona que esté lejos si fue un padre ausente. ¿No ha pensado en los 8 hijos que engendró fuera del hogar y que nunca reconoció? ¿Cómo se sentirán?

Yo sí pienso mucho en ellos, y los he buscado para conocerlos y decirles que nosotros tampoco lo tuvimos, que no se perdieron de mucho. Pero me ha sido imposible dar con ellos. Muchas veces le he dicho que los busque, que de la cara, y que reconozca su poca humanidad ante ellos. Nunca lo hará.

Le digo que nunca estuvo y que cuando estuvo, fuí invisible para él. Y soy la única hija que tiene el valor para encararlo, mis otros hermanos dicen que así es la vida. No, la vida no es así, nosotros con nuestras acciones hacemos el día a día y somos responsables de sus consecuencias. Mi mamá dice que así son los hombres y que uno como mujer ya sabe a lo que va. No, los hombres no son así. Son los patrones de crianza, es seguir manteniéndolos, es no transformar la sociedad, las normas.

¿Te recordás, papá cuando me ibas a ver jugar fútbol? -le digo- me gritabas que no servía, que no podía jugar, que me sacaran del partido porque estorbaba. Mi padre nunca me vio anotar un gol porque me doblegaba su presencia, me sentía maneada. En cambio tenía porra que iba a verme, y en mi haber muchos trofeos de goleadora. Él, sin embargo, nunca me vio anotar un gol. Así de colosal era su negatividad y su rechazo hacia mí, nunca fuí buena porque era niña, lamentaba que la futbolista fuera yo y no, mi hermano varón. Que la que ame los deportes sea yo, que la que le heredara su amor por la bicicleta sea yo y no, mi hermano.

¿Te recordás cuando negaste a tu esposa y a tus hijos, y te ibas a casar con una jovencita de 18 años, casi mi edad cuando yo tenía 17? ¿Te recordás? Ahí estaba, estaba en tu casa, y me negaste y negaste a tus otros hijos por una calentura sexual. Y entonces mi hermana quiere quitarme el teléfono de las manos, y la alejo y me encierro en el cuarto y echo llave, ¿pedías hablar conmigo? Pues ahora me vas a escuchar -le digo-, ¿te recordás las veces que llegaste borracho a la una de la mañana con gallos de pelea muertos, y nos levantabas a esa hora para pelarlos y prepararlos cuando al otro día teníamos que ir a estudiar y trabajar? Nuestros días empezaban a las 3 de la mañana, ¿lo recordás?

¿Cuándo me llevabas de niña a la Terminal a ver tus amantes y me dejabas sentada en una silla mientras vos te acostabas con ellas? ¿Lo recordás? ¿Recordás ese comedor? Yo sí lo recuerdo. Recuerdo todo, tus ausencias, las tantas veces que mi mamá me maltrató y no moviste un dedo ante la injusticia de su maltrato.

Las tantas veces que, de niñas, corrimos hacia la farmacia en la madrugada para ir a pedir medicina fiada para mis hermanos, porque vos no tenías un centavo por tus peleas de gallos y tus amantes.

¿Volver? ¿Para qué? ¿Llamarte constantemente para decirte que te quiero? ¿Para qué? Si ya sabés que te quiero, no te lo tengo que recordar, mi actitud ante la vida es mi forma de quererte, de honrarte. ¿Que vaya a darte un abrazo? Tuviste 23 años de mi vida y no me abrazaste, ¿para qué querés abrazarme hoy que soy una mujer adulta? ¿Te pesa la ausencia? Imagináte lo que fue para mí tu rechazo.

Nuestra vida en familia ya fue, es pasado. Tenemos lo que queda de ella, con sus alegrías y tristezas. Mi hermana toca la puerta, que deje de estar perturbando a mi papá. Yo le digo que se aguante, que para qué me dio el teléfono.

Le digo a mi papá: bueno Tatoj, fuiste hombre para andar con amantes, en tus vicios, en tus ausencias, también sé hombre ahora que estoy lejos y que he tomado la decisión de no volver por mi propio pie. Y que si me deportan sabé que me voy a otro país. Que no necesito verte a los ojos y volverte a abrazar, te veo todos los días y te toco todos los días cuando me veo al espejo, soy tu vivo retrato.

Sigo comiendo piña todos los días, como reverencia a los primeros años de mi vida junto a vos, cuando existía para vos, de nuestras idas a la Terminal a comprar verduras. Que sigo tocándole la panza a las sandías, con la yema de los dedos, así como vos me enseñaste. Que no me depilo las cejas porque son idénticas a las tuyas y me fascinan. Que me paro igual que vos, que amo la naturaleza como vos. Que amo las madrugadas como vos. Es mi forma de decirte que te quiero. Que guardo como talismanes los momentos de alegría porque, al final de cuentas, soy la hija que más te ha sufrido y la que más te gozó.

¿Regresar? El tiempo no regresa papá, debiste haberlo pensado cuando me tuviste a tu lado y te necesitaba, debiste haberte disfrutado mi infancia y mi adolescencia. ¿Ahora querés disfrutarte mi edad adulta? ¿Ahora sí querés pasar navidades en familia? Pues ahora soy yo la que quiero mantenerme lejos. Es mi única razón de mantenerme en Estados Unidos, la distancia física.

Ya fuimos, Tatoj. Fuimos…

Me despido de él y le digo que si no nos volvemos a ver en la vida es lo de menos, que lo llevo en mi actitud, en mis pasos, en mi visión. En los pocos recuerdos felices cuando existía para él. En mi pasión por el fútbol. De la misma manera en la que llevo a mi mamá, cuando hablo de frente y viendo directo a los ojos.

¿Reproches? No, verdades sí. Y las verdades duelen. La vida misma duele.