3J: De la marcha a la realidad Foto de la marcha desde un drone de La Izquierda Diario Impacta la imagen que ilustra esta nota. Creemos que es el fiel reflejo de la mag...

3J: De la marcha a la realidad

Ni una mas - LID

Foto de la marcha desde un drone de La Izquierda Diario

Director Editorial 2013

Impacta la imagen que ilustra esta nota. Creemos que es el fiel reflejo de la magnitud que tuvo la marcha a un año del Ni Una Más, pero también de las diferentes agrupaciones feministas que participaron. También no faltaron los hombres que rechazan el mandato impuesto por el patriarcado, derivado del mismo capitalismo en el cual vivimos, para apoyarlas a ellas cuando algunos continúan afirmando que es el "sexo débil". Pero la realidad nos marca otra cosa: los feminicidios y travesticidios siguen en aumento. Y no lo decimos nosotros, sino las estadísticas de "La Casa del Encuentro" aunque debe señalarse una notable omisión, la de las mujeres en las cárceles...

Desmontar la estructura patriarcal de nuestra sociedad requiere de una concientización que debe comenzar en las instituciones educativas, pero también de nosotros, los varones, cuando educamos a nuestras y nuestros hijos en nuestras casas. Desde luego, que la cuestión de fondo es la existencia de este sistema que ha impuesto roles de acuerdo al género. No obstante ello, podemos afirmar que todavía se puede modificar esta imposición de la cultura represora, como bien afirma Alfredo Grande. Porque también no podemos olvidar que es una cuestón cultural, la que viene siendo acuñada por la misma Iglesia Católica -haz lo que yo digo y no, lo que yo hago- a pesar de los conocidos casos de pedofilia como aconteció con el fallecido Monseñor Storni y de su prédica acerca del concepto tradicional de familia -papá y mamá- que viene inculcando desde hace siglos.

Otra cuestión es la violencia de género. Hace unos años, conocíamos la oleada de feminicidios en España. Hoy en la Argentina nos enteramos de un nuevo caso casi todas las semanas. Desde policías a empresarios, nos encontramos con varones ávidos de violencia contra las mujeres. Para comprobarlo, basta con leer el Archivo de Casos de CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional). Sin embargo, esos ataques comienzan con el acoso callejero -el clásico piropo- o con el inicio de una relación basada en la admiración que, como le ha ocurrido a Julieta Gauto Petracca, terminó en un infierno de malos tratos aunque no llegó a un trágico final porque tuvo la valentía de denunciar a Dante Palma, quien era panelista de 678, en la justicia.

Primero, es un grito; luego, un zamarreo y suele terminar con golpizas hasta llegar a la muerte de aquellas mujeres que no se animaron a separarse o a denunciar los abusos y golpes que sufrían. Por supuesto, el Estado es responsable, como solía afirmar la fallecida compañera Adriana Calvo en ocasión de la lucha por la aparición con vida de Jorge Julio López, al no implementar los programas y capacitar al personal policial para este tipo de cuestiones. La misma policía está formada con prejuicios enmarcados en el patriarcado. Pero no podemos olvidar que forman parte del aparato represivo del Estado que defiende los intereses de la burguesía, la que sostiene y defiende al mismo patriarcado como forma de vida.

Una marcha no hace verano. Es algo simbólico pero también no deja de tener su importancia, cuando la Iglesia es un poderoso grupo de presión que cada vez adquiere más poder. Basta con recordar la lucha por la ley de divorcio.

El asesinato de Pepa Gaitán o el de Diana Sacayán también es un claro síntoma de la vigencia de lo patriarcal. Dos historias que marcaron un hito en las crónicas policiales y las referidas a la violencia de género. La primera, por su orientación sexual y la segunda, por ser travesti. Ambas comparten la matriz del patriarcado. Ni lesbianas ni travestis. Más temprano que tarde, la lucha de la compañera Lohana Berkins, quien falleció hace poco tiempo, denunciaba las cuestiones referidas al asesinato de aquellas que son diferentes y que tienen que dedicarse al oficio más viejo del mundo porque la sociedad y la economía decidieron que no podían hacer otra cosa.

Otra violencia que no es menor es la referida a las mujeres y adolescentes con discapacidad mental. No se pueden defender solas. Encerradas en el intramuro familiar, sus casos se conocen cuando llegan a un embarazo no deseado. Por supuesto, cuando ello trasciende públicamente debido a la necesidad del aborto por el riesgo que significa para sus vidas.

Es hora del necesario respeto hacia las mujeres, cualquiera sea su orientación sexual y a los varones que han elegido formar parte del género femenino. Para ello debemos pasar de la teoría a la praxis. Los hombres tienen que saber aceptar el no de una mujer. Uno de los carteles de la marcha lo evidenciaba claramente: yo elijo como me visto y con quien me desvisto. Las mujeres tienen que animarse a denunciar ante el menor atisbo de violencia verbal, psíquica o física y no caer en el miedo de perder a sus hijos o perdonar al novio o marido porque fue un mal día. En general, resulta un círculo vicioso que termina mal.

De la marcha a la realidad, todas y todos debemos tomar conciencia y exigirle al Estado que cumpla con su rol. Que el Ejecutivo disponga los recursos y las y los profesionales para quienes son agredidas; que el Poder Judicial no demore en actuar, como ha ocurrido en tantos casos y que las organizaciones sigan sumando sus experiencias para modificar este escenario que, a veces, da escalofríos. Porque la mujer no es un objeto; ante todo, es una persona y como tal merece ser protegida a pesar de los cantos de sirena de tantos machistas públicos y privados...