YPF, La estatización, los buitres, el antiimperialismo y el verso K Por Gustavo Robles Como en todo lo que hace el kirchnerismo, desde el 2012 ha logrado instalar en el país el verso de que YPF ha sido “es...

YPF, La estatización, los buitres, el antiimperialismo y el verso K

YPF - BUITRES 2

Gustavo Robles

Por Gustavo Robles

Como en todo lo que hace el kirchnerismo, desde el 2012 ha logrado instalar en el país el verso de que YPF ha sido “estatizada” y que, por lo tanto, pertenece a todos los argentinos. Del mismo modo, le está haciendo creer a amplios sectores de nuestra sociedad que está llevando a cabo una lucha sin cuartel contra los buitres que asolan a los pueblos del mundo. Habría que pedirles a estos tergiversadores profesionales de la realidad, que den su definición de “buitres”, porque parece que hay muchos saqueadores que quedan fuera de ella en el imaginario “antiimperialista” K.

La primera contradicción con que se chocan los dichos y los hechos del oficialismo, se encuentra al informarse sobre cómo la empresa YPF se considera a sí misma. Al recorrer sus estatutos, queda en claro que estamos tratando con una Sociedad Anónima que cotiza en bolsa y tiene participación estatal, no con una empresa “del Estado”. Hay que reconocer que la propia CFK lo ha dicho en alguno de sus discursos al principio de la expropiación de la parte que le pertenecía a Repsol, pero tanto ella como su entorno fomentaron una “concientización” diferente hacia las masas respecto del tema. El asunto es que YPF no le pertenece a los habitantes de este país, sino que es una S.A. manejada con los mismos “principios” que una empresa capitalista. Por eso, el reparto de los beneficios no los goza el pueblo, que sólo ve cómo aumenta constantemente el precio de los combustibles (más del 240% en dos años), sino sus dueños y accionistas.

¿Y quiénes son esos dueños? Pues bien, es allí donde, una vez más, queda plasmado en los hechos el verso kirchnerista, ya no sólo sobre la “estatización” de YPF, sino de su lucha contra los “buitres”. Hace unas semanas atrás la presidenta, en una de sus tantas bravuconadas, acusó a los dueños de la empresa Donelley de ser un fondo “buitre” que quería sembrar terror en nuestro país al fraguar su propia quiebra y cerrar la firma. Pues bien, el propietario de Donelley es el fondo de inversión Black Rock, obviamente buitre como todo patrón imperialista, que, casualmente, es, también… accionista de YPF. Es decir, socio del Estado que maneja CFK. Con dos millones de acciones, es dueño del 0,55% de la empresa, y recibe los beneficios del crecimiento de la petrolera. Curiosamente, a la señora Fernandez de Kirchner se le escapó ese detalle cuando hizo la descripción de Black Rock. Se ve que la “lucha” del kirchnerismo contra los buitres es acotado y en escenarios “criteriosamente” seleccionados.

YPF, entonces, no es la vieja empresa estatal, tal como le quieren hacer creer a los argentinos. El 26% pertenece al Estado Nacional, el 25% a las provincias petroleras, y el resto se reparte entre capitalistas, entre los que podemos nombrar: Carlos Slim, el hombre más rico del planeta, a través de su Grupo Financiero Imbursa (5,68%) y de la empresa radicada en la Argentina Inmobiliaria Carso (2,49%), es el mayor tenedor privado con 8,17% del paquete accionario; el Fondo Lazzard Asset Managment LTD, posee el 4,38%; Mason Capital Managment LLC, otro fondo de inversión, 4%; Soros Found Managment, del magnate George Soros, buitre defensor del kirchnerismo ante otros buitres, 3,5%; Richard Found, 1,86%; el Fondo Buitre Third Point LLC de Dan Loeb, 1,59%; Fidelity Managment & Research, 1,47%; Morgan Stanley, 1,45% y Repsol vendió casi todas sus acciones que le quedaban después de la expropiación, un 12%, quedándose con 0,48%, las cuales fueron compradas por Morgan Stanley, que a su vez las colocó en diferentes fondos de inversión.

Estos son los que reciben los beneficios del crecimiento de la empresa YPF S.A., y que abultan aún más sus bolsillos cada vez que, por ejemplo, a Galuccio se le ocurre subir el precio de los combustibles para que paguen los argentinos desde los suyos. Un claro ejemplo de “redistribuición” de la riqueza al estilo K.

Un aparte sobre la indemnización a Repsol por parte del Estado, después de habernos saqueado y vaciado todas nuestras reservas de petróleo durante 20 años: más allá de lo que ya ha cobrado la empresa española (entre el pago del Estado Argentino y la venta de los bonos ya ha embolsado unos 5.000 millones de dólares, sin contar lo obtenido por la venta del 12% restante), nuestro país se ha comprometido en una operación financiera con bonos que le significará un desembolso de entre 10.000 y 12.000 millones de dólares hasta el año 2033, por el 51% de la empresa. Vale señalar que la cotización de YPF S.A. en la Bolsa de Nueva York en febrero de 2014 era de 10.728 millones de dólares por el 100% de sus acciones.

Lamentablemente, estas cosas, esta ENTREGA, se mantiene oculta al conocimiento popular. Y lo peor, es que aquellos que defienden al gobierno, víctimas también de estas políticas, se ofenden con los que intentamos informar sobre lo que está pasando y luchar contra ello, y nos acusan de “gorilas” y de “cipayos”. A ese nivel de fanatización y confusión conceptual ha llevado el kirchnerismo a amplísimos sectores de la población. Resulta ahora que Rockefeller, Soros o Slim “no son gorilas”, y sí los que luchamos para que no vengan a explotar a nuestros laburantes. Y quienes les entregan nuestras riquezas “no son cipayos”, y sí los que peleamos para que no saqueen nuestro patrimonio como pueblo, vaciándonos de presente y de futuro. De la misma manera, quieren llamar “buitres” sólo a una parte de ellos, porque a los buitres a los que les rinde pleitesía y les llena los bolsillos con el sacrificio de nuestro pueblo, los llama de otra forma. “Inversores”, entre otras cosas.

El kirchnerismo en decadencia será recordado entonces, no sólo por el servicio material que le ha hecho y le sigue haciendo a los saqueadores imperialistas, sino por el convencimiento que ha logrado en millones de habitantes de este suelo, para que se inflen el pecho de orgullo creyendo que de esa manera se defiende a nuestro pueblo y se logra la definitiva soberanía e independencia de nuestro país.

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